domingo, 26 de mayo de 2013

En casa de herrero.... mediums y hadas

     
      Hace muchos años, tantos que hasta el teatro era en blanco y negro, las clases primarias terminaban con el último día hábil del mes de noviembre. En ese entonces me tocaba a mi concurrir a esa clase de establecimientos. Normalmente mi cumpleaños, 5 de diciembre, se festejaba fuera de el año lectivo. Aunque algunos no lo crean por ese entonces, finales de los 70´, los teléfonos escaseaban. Los que habían logrado que se lo instale Entel (la empresa estatal que se encargaba de las telecomunicaciones, por llamarlo de algún modo) eran verdaderos privilegiados y los carteles de inmobiliaria y avisos clasificados destacaban la existencia de línea telefónica en una vivienda como quien hoy remarcaría la presencia de un jacuzzi o un playroom, un verdadero lujo. Por lo tanto, comunicar la fecha y hora de mi fiesta onomástica era una proeza. Si uno entregaba la tarjetita de invitación durante el período de clases, mis compañeros lo olvidaban y luego era extremadamente difícil ponerse en contacto con ellos, entre otras cosas porque mi propia casa carecía de teléfono.

      Allá por mi primera década de vida comencé a desarrollar el gusto por la lectura y nada me gustaba más que me regalaran en mi cumpleaños libros o dinero, que pasados unos días a la espera de algún pariente remolón que cobrara más allá del 10 de mes, se convertía en material de lectura. Lanús contaba con una bonita librería y papelería comercial llamada Rawson, que hasta tenía propaganda en fílmico en los cines del barrio. En medio de su salón de ventas un display giratorio de alambres blancos exhibía los libros de la colección Billiken. Desde allí pasaron a mi incipiente biblioteca los piratas de La Isla del Tesoro, los asombrados navegantes del Nautilus de 20.000 leguas de viaje submarino, los intrépidos aventureros del Cañón Club en su viaje De la Tierra a la Luna y muchos más. Casa de cocina comedor grande, de baldosas de granito verde, esperaba yo que mi vieja terminara de pasar el trapo y con el piso aún fresco a pesar de los primeros calores de los últimos días de la primavera, me sentaba en el suelo a enterarme como seguía la travesía de Phileas Fogg al rededor del planeta y ver si llegaría a dar La Vuelta al mundo en los 80 días apostados

     Pero una vez compré un ejemplar de un libro de la colección Billiken (por alguna razón no congeniaba con los amarillentos libros de la Robin Hood) que tenía por protagonista a un personaje que yo conocía por ese entonces sólo de oídas. Sus aventuras, a diferencia de la totalidad de las otras que ocurrían en selvas, superficies o profundidades marinas, desiertos y hasta en espacio exterior, transcurrían en ambientes totalmente urbanos. Virtualmente no utilizaba armas. Excepcionalmente al final de cada episodio escogía salir con su revólver encima para asegurarse de que el final de la aventura tuviera el cierre pretendido pero me cuesta recordar que en alguna de ellas lo hubiese disparado. Su mayor capital era su intelecto, su inteligencia, el formidable uso que él hacía del método hipotético deductivo. El nombre del libro era: "Las Aventuras de Sherlock Holmes"

     
      Nunca antes me había cruzado con un personaje así. La inteligencia que ponía en juego en la resolución de cada uno de sus cuentos me encandilaba. Era capaz de deducir elementos importantísimos de datos ridículamente simples. Con un sombrero determinaba que quien lo había perdido era una persona de unos 40 años, gordo, que estaba pasando problemas económicos y que su mujer (la del dueño del sombrero) ya no lo quería como antes. Y pasadas unas horas, venía el dueño del sombrero de efectivamente esa edad, excedido de peso, comentando de su mala suerte en los negocios y que, para peor, su mujer le estaba pidiendo el divorcio (¿Como hizo? Al final de la nota lo cuento). Y para mejor, don Holmes hacía lo que se le cantaba, que para un pibe de 10 años es el reflejo de lo que quisiera ser cuando grande. Vivía solo (al principio alquilaban juntos una pieza con el Dr. Watson en el 221B de Baker Street, Londres) medio como que odiaba o desdeñaba a las mujeres, tenía su cuarto en completo desorden de papeles, diarios y libros, dormía en el horario que le daba la gana y cuando tenía hambre, le pedía a la dueña de la pensión algo de comer. Todo un ídolo para un pre adolescente.

       Ahora bien. Uno espera y en la mayoría de los casos confirma, que un artista se parece a su obra. Una persona capaz de crear una delicada filigrana, en algún punto debe ser un tipo delicado. Generalmente uno no imagina a un violinista de orquesta sinfónica o un bailarín clásico eructando como vikingo después de haberse comido medio jabalí a mordiscones. Se juzga, con cierta razón que el autor de un poema o el escritor de una novela debería tener, cuanto menos, un lenguaje hablado tan florido como el escrito. Luego de haber leído algunas de las historias de Sherlock Holmes uno está tentado de imaginar que su autor Arthur Conan Doyle era una persona intelectualmente brillante y no solo eso, un racionalista in extremis. Pues fíjense que no.

     
      El amigo Doyle nació en Edimburgo en 1859. Según se cuenta, su padre Charles, se tomaba hasta la humedad de las paredes, así que el bueno de Arthur dependió de la buena predisposición de sus tíos para comenzar sus estudios. Las cosas se le enderezaron un poco y logró entrar a sus 18 a estudiar medicina en la Universidad de Edimburgo. Cuando cursaba medicina forense conoció al Dr. Joseph Bell y le pasó a él lo mismo que me pasó a mi cuando conocí a Sherlock. Quedo deslumbrado. El Dr. Bell era capaz de sacar conclusiones sobre las condiciones de vida, profesiones, situaciones familiares y demás con sólo inspeccionar a un cadáver. Como Conan Doyle ya venía escribiendo algunos relatos mientras estudiaba (de hecho antes de cumplir sus 20 ya publicaba en un diario de Edimburgo sus narraciones) adaptó las cualidades de Bell e inventó a su famoso detective. Se sabe que el Dr. Bell, ya siendo Sherlock famoso, exhibía cierto orgullo de ser el modelo que Conan Doyle había usado. Una vez recibido marchó hacia el África con intenciones de terminar su doctorado. Esa condición, la de haber vivido en las colonias británicas en África, es compartida con otro de sus personajes, fundamental en esta historia, tal como lo es el Dr. Watson, quien en la ficción conoce a Sherlock a su retorno desde el África y es quien nos relata las aventuras del detective. A pesar de vivir la mayoría de sus aventuras juntos, en ninguna novela ni cuento de Sherlock Holmes se pronuncia la frase: "Elemental, Watson"

      Sus historias están publicadas en 9 libros. Algunos son cuentos, aventuras relativamente cortas, y otros son novelas. Sin ningún tipo de dudas Arthur Conan Doyle (quien recibió el título de Sir en 1914) ha creado el arquetipo del detective, un monumento a la razón, el non plus ultra del método deductivo. Pero a título personal.....

   
      Uno de sus hijos, de nombre Kingsley murió de neumonía al volver de la I Guerra Mundial. Lo que no pudieron las balas lo logró un neumococo. La desesperación del Dr. Conan Doyle por haber perdido un hijo  (justificada por cierto) lo llevó a acercarse a la doctrina espiritista de Allan Kardec. Llegó a ser presidente de la Sociedad Espiritista Británica y hasta escribió algún libro al respecto. Contemporáneo del mago e ilusionista Harry Houdini sostuvo con el enconadas polémicas dado que el norteamericano tenía por costumbre desenmascarar falsos mediums (todos, virtualmente) y sostenía que Conan Doyle se dejaba embaucar con llamativa facilidad. Justo él, el adalid del razonamiento.

      Si su adscripción al espiritismo podría llegar a tener la atendible excusa de la pérdida de un hijo, lo que le vamos a contar a continuación no cuenta con ningún tipo de aliciente. En 1917, dos niñas de 10 y 17 años  llamadas Elsie Wright y Frances Griffiths aparecieron con 5 fotos donde podía vérselas en compañía de.....hadas. A pesar de que las chicas contaban la historia de las fotos contradiciéndose continuamente, a pesar de que resultó imposible ver las mencionadas hadas de otro modo que no fuera en las fotografías. A pesar de que las mismas hadas se parecían mucho a las ilustraciones aparecidas en una revista hacía poco tiempo, Sir Arthur Conan Doyle suscribió fervorosamente a la existencia de tales entidades. El fenómeno (mejor aún, el fraude) recibió el nombre de las Hadas de Cottingley y para hacerla sencilla en 1981 las niñas (ya viejas) reconocieron que todo era una farsa como todos los seres racionales sospechaban, excepción hecha de Arthur Conan Doyle.

      El tipo que había creado al personaje que mejor había hecho uso de la razón en toda la historia de la literatura, era irracionalmente arrastrado a la burla del resto de la prensa y engañado cándidamente por dos niñas de corta edad. Conan Doyle murió a los 71 años el 7 de julio de 1930 creyendo aún que las hadas fotografiadas eran reales. Me cuesta imaginar a otro artista tan alejado del espíritu de su obra

Espero que los haya entretenido la historia, buenas tardes.


(Lo prometido es deuda: Sherlock encuentra un sombrero y examinándolo le presenta esas deducciones, las del 4º párrafo a Watson. Dice que tiene unos 40 años puesto que dentro del sombrero hay pelos de su dueño. Algunos canos y otros negros. Si fueran todos negros sería más joven. Si en cambio fueran todos blancos sería más viejo. Por la proporción entre canas y pelos negros llega a concluir unos 40 años aproximados. La cinta interna del sombrero está marcada de sudor, como es invierno y no hace calor, Holmes deduce que el dueño debe transpirar de puro gordo. Para ese entonces Londres contaba con iluminación por faroles a gas, aún no había aparecido la luz eléctrica. Al ver en el sombrero manchas de vela, Sherlock concluye que la situación económica del dueño no le permite costear la instalación del nuevo sistema de iluminación. Por último el sombrero tiene una correa cosida por debajo para ajustarlo al mentón en los días de viento pero a su vez luce una ligera capa de polvo. De allí Sherlock colige que en su momento la esposa del dueño del sombrero le cosió la cinta afectuosamente pero que en la actualidad no se tomaba el trabajo de cepillárselo intuyendo que le había perdido el cariño)


         


domingo, 19 de mayo de 2013

El ex General Jorge Rafael Videla, ha muerto

Ha muerto el Ex General Jorge Rafael Videla. Su deceso se produjo a las 08:25 del día 17 de mayo de 2013 en su celda del Penal de Marcos Paz donde cumplía su pena de Reclusión Perpetua por delitos de Lesa Humanidad.

     
Afortunadamente, a cualquier lector menor de 30 años solo le queda imaginar hasta donde llegaban los tentáculos del gobierno de este ser humano (por llamarlo de algún modo) que acaba de fallecer. Intentaré entonces darles una mano para que siquiera comiencen a sospechar de que se trataba la cosa sin hacer mención, en la medida de lo posible, a nada que tenga que ver con los delitos por los cuales acabó con sus días merecidamente tras las rejas.  



Ha muerto el Ex General Jorge Rafael Videla. El hecho ocurrió a la prolongada y longeva edad de 87 años cuando la naturaleza y la biología así lo determinaron sin que haya sufrido apremios ilegales de ningún tipo. En una celda/habitación confortable y limpia tal como indica el artículo 18 de nuestra Constitución Nacional.

       Cualquiera de nosotros está en condiciones hoy de concurrir a cualquier kiosco de diarios o librería y comprar el libro, diario o revista que se nos antoje. Afortunadamente este comportamiento hoy no llama la atención de nadie. Sin embargo durante el período 76-83 en nuestro país las publicaciones sufrían de censura previa. Y no solo eso. Si alguien era encontrado con algún ejemplar de alguna publicación que había sido prohibida, se convertía en un delincuente con las consecuencias que podrán imaginar. Por supuesto que toda la literatura política estaba prohibida (desde El Capital de Marx para abajo) pero también cayeron en la volteada cientos de libros de literatura de cualquier género.

     
Desde la novela "Gracias por el fuego" de Mario Benedetti pasando por "La tía Julia y el escribidor" de Mario Vargas Llosa (un amor tangencialmente incestuoso pudiera ser la causa visible, pero la presencia de un personaje que odia abiertamente a los argentinos en la novela debería ser demasiado para los celosos ojos castrenses). Que estaba prohibido exhibir, vender y aún leer "Las venas abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano, casi se cae de maduro. Tampoco era posible encontrar en nuestras librerías ejemplares con los poemas de Pablo Neruda (declarado comunista, autor de la subversiva "Oda al Caldillo de Congrio"). El derecho de huelga estuvo, digamos, un poco suspendido por esos años. Por lo tanto que se hubiese declarado un cese de actividades en un circo era realmente inquietante. Aunque ocurriera en un cuento. Aunque el cabecilla huelguista de llamara Víctor y fuera un elefante. Esa fue la razón por la que durante esos años estuvo prohibido el libro infantil  "Un Elefante ocupa mucho espacio" de Elsa Bornemann. Afortunadamente se conserva el texto del decreto que lo prohibía (3155/77) que en sus fundamentos dice: " Se encuentran cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo".

     
El autoritarismo es un primo carnal de la estupidez. Queda este hecho cabalmente demostrado con la prohibición de cierto libro técnico. El funcionamiento de la batería de un automóvil o el de una pila puede esquematizarse mediante el uso de un dispositivo en el cual se ven los electrodos, se comprueba el paso de la corriente y se puede escoger el mejor vehículo para que los iones viajen de un polo a otro. Este aparato se llama "Cuba electrolítica". Un libro llamado así: "La Cuba Electrolítica" fue sacado de circulación debido a la manifiesta mención del enclave comunista de la isla del caribe. Electrolítica o no, Cuba no podía ser mencionada de ningún modo.

Ha muerto el ex General Jorge Rafael Videla. Cumplidos los trámites de rigor sus familiares dispondrán de sus restos para velarlo, enterrarlo, cremarlo, embalsamarlo, repartirlo entre sus deudos o momificarlo. Beneficio con el que no contaron ninguno de los familiares de sus víctimas.

      En 1973, por primera vez una película argentina llega a competir por el Oscar. Se trataba de "La Tregua". Luego de eso hubo que esperar hasta 1985 para que otra, "La Historia Oficial" no solo fuera nominada sino que lo ganara por primera vez. ¿Que pasó en el medio? Adivinaron. Jorgito y sus amigotes.

     
Durante la noche del gobierno militar se prohibieron más de 200 películas extranjeras. Las nacionales no hacía falta prohibirlas, si te pescaban filmando sin permiso, fuiste. Así no fue posible ver, sólo a modo de ejemplo, ni "Missing", ni "La Jaula de las Locas",ni "Norma Rae", ni "Feos, Sucios y Malos", ni "Solos en la Madrugada". En cambio, si pudimos disfrutar de "Dos locos en el Aire", "Comandos azules en Acción", todas las de "Los Superagentes", la impresentable "La Fiesta de Todos" que celebra en formato cine la obtención del Campeonato Mundial de Fútbol del 78. Extrañamente (les estoy guiñando un ojo, por si no lo notaron) toda la filmografía de Ramón "Palito" Ortega como director de desarrolla durante esa época. Nunca antes del 76 había dirigido y afortunadamente nunca después del 83 ha reincidido.

Ha muerto el ex General Jorge Rafael Videla. Con justo derecho, sus nietos e hijos, sabrán en que solar y bajo que placa depositar una flor en su memoria. Miles de hijos y cientos de nietos de sus víctimas nunca tendrán la oportunidad de hacer nada parecido.

     

En lo económico, el ministro designado por el gobierno del Dictador recientemente fenecido fue José Alfredo Martinez de Hoz. Lo primero que hizo este buen hombre fue congelar los salarios. De paritarias o cosa por el estilo, ni hablar dado que, ya que estaban, habían intervenido la CGT y toda actividad sindical estaba prohibida. Entre 1976 y 1980 el salario real de los trabajadores cayó un 40%. Llovía la guita desde el exterior en forma de créditos. El Fondo Monetario Internacional casi que nos regalaba la guita. Las empresas (las mismas empresas de hoy) tomaban crédito en el exterior a tasas muy bajas. ¿Invertían acaso en maquinarias o mejoramientos de infraestructura nacional? No m´hijito, de ninguna manera. Debido a la altísima inflación (solo en 1978 fue del 160%) los bancos locales pagaban una suculenta tasa de interés (de al rededor del 135% anual). La mecánica era fácil: Yo, en nombre de Sandunga S.A. tomo crédito en un banco del exterior a una tasa razonable. Deposito ese dinero en un banco local a una tasa exorbitante. Cobro los intereses del banco de acá, pago el crédito del banco de allá y me quedo con la diferencia. ¿Que fabricaba Sandunga S.A.? Nada obviamente. Este mecanismo se dio en llamar "Bicicleta Financiera"

      Si no le doy de comer a la vaca, en poco tiempo no voy a poder seguir ordeñándola. Y eso ocurrió en 1980. En ese año 37 bancos se fueron al demonio. Para poder "arreglar" un poco el desastre no tuvieron mejor idea que, en un solo mes, devaluar nuestra moneda un 35% con respecto al dólar con la consecuente caida del salario real del trabajador.


     
     
Se le quitaron las retenciones al agro (con los consabidos aplausos de la Sociedad Rural, que nunca dudo en manifestar su entusiasmo ante cada uno de los gobernantes que vistieron uniforme, pero que se hicieron los quisquillosos cuando el presidente vestía traje) y abrieron la importación sin ningún tipo de restricción. ¿Acaso las fábricas de topoletas aprovecharon para comprar una entopoletadora más rápida y eficiente? De ninguna manera m´hijito. Directamente importamos topoletas taiwanesas que valen la mitad y despedimos a todos los operarios de la linea de entopolización. ¿Imaginaron las consecuencias? Solamente la quiebra del grupo Sasetru (originalmente dedicada a la fabricación de comestibles) como consecuencia de una deuda de mas de 1.200 millones de dólares arrastró a otras 140 empresas más a su desaparición. Y con ella a la desocupación de miles de operarios. ¿Manifestaciones populares de descontento? ¿Cortes de ruta? ¿Cacerolazos? Ni pensarlo. El palito de abollar ideologías (gracias Quino) funcionaba en su mejor momento.


      No quiero dejar de mencionar, a pesar de no haber sido funcionario directamente de su gobierno sino de una etapa posterior del llamado Proceso de Reorganización Nacional a nuestro bien conocido Domingo Cavallo. Como titular del Banco Central dispuso la estatización de la deuda privada. Es decir, las empresas se habían metido en la bicicleta financiera hasta la pera, tenían endeudados hasta los calzones y ¿adivinen quien terminó pagando los costos del fraude? El Estado Nacional, o sea nosotros.

      ¿Hubiese sido posible llevar adelante tantos años de saqueo y maniobras fraudulentas sin una conducción política como la del recientemente occiso? ¿El comportamiento sangriento, criminal y brutal de las fuerzas de "Seguridad" de ese entonces respondía sólo a convicciones ideológicas? ¿Para poder hacer semejante estafa a los bienes del estado y bolsillos de los habitantes era indispensable sembrar el terror y la muerte? ¿Los tipos de traje, ocultos detrás de los tipos de uniforme, no son siempre los mismos antes que ahora, con más canas y más arrugas? 

Ha muerto el ex General Jorge Rafael Videla. No ha pasado por su cuerpo ninguna descarga de corriente eléctrica, nadie lo ha violado ni robado a sus nietos. Murió en su celda y no cayendo desde un avión sobrevolando el Río de la Plata.

     
 Finalmente, hoy, Internet mediante (Ares mediante) se puede bajar, copiar y escuchar el tema musical que se les cante el occipucio. 30 años atrás debía uno manejarse con más cuidado. Recién aparecía el cassette, medio por el cual podía uno gestionarse la grabación de la música que uno quisiera, siempre y cuando contara con un original desde el cual copiar. Éste original era invariablemente un disco. Grandes como una tapa de tarta, traían como mucho 12 temas. Con cierta habilidad, y un par de cables uno podía convertirse en su propio DJ. Pero, estos muchachos, caprichosos, también se habían metido con la música. Por ejemplo, las disquerías no vendían obras de Mercedes Sosa ni de Victor Heredia. Tampoco podían conseguirse los temas Cocaine de Clapton, Viernes 3 AM de Serú Girán (por apología del suicidio. Personalmente lo he escuchado cientos de veces y hasta el momento han fracasado en su supuesta incitación, como pueden comprobar). Cierto tema del insospechado Charles Aznavour de nombre "Camarada" (¿Comunista?) también figuraba en las listas de temas prohibidos, no solo en cuanto a su venta sino también con respecto a su difusión en radios. ¿"The Wall" de Pink Floyd? Ni hablar. También prohibido.

     
Aún recuerdo cuando cerca del 83 me llegó por parte de un amigo un cassette con ciertos temas pésimamente grabados. Eran de Piero y de Pedro y Pablo, todos prohibidos. Uno de ellos era "Para el pueblo lo que es del pueblo" del primero y el otro "Marcha de la bronca" de los segundos. Los escuchaba bajito, en un Ranser monoaural con una mezcla de admiración y miedo. Miedo que afortunadamente no deberán nunca sentir todos aquellos lectores que hace 30 años disfrutan de una democracia que costó tanto esfuerzo y sufrimiento conseguir

Ha muerto el ex General Jorge Rafael Videla. Su deceso ocurrió en prisión. Fue condenado a reclusión perpetua en un juicio que contó con abogados defensores, fiscales, jueces, testigos y peritos. Condiciones de las que no gozaron ninguna de sus victimas ya sean tanto culpables como inocentes. Una demostración de que la democracia no buscó contra él venganza sino justicia.

Nunca más.
Buenas tardes



      

domingo, 28 de abril de 2013

El Borda y la semiótica. Desde la estadística hasta Lincoln pasando por los medios de comunicación

     
Si bien es importante lo que se dice, no lo es menos como se dice. El modo y las palabras usadas para transmitir un mensaje modifican la percepción de quien lo recibe y existen profesionales del análisis del discurso capaces de hacer parecer importante la sandez más baladí o que parezca una tontería un hecho importantísimo. Normalmente no nos tomamos es tiempo para analizarlo, pero merecería que meditáramos la forma en la que nos llegan los mensajes de modo de no tragarnos un sapo y lo que es peor, que no lo andemos desparramando por ahí como verdades incuestionables sin haberlo pasado previamente por el tamiz de nuestro razonamiento.

   
El más claro ejemplo que se me ocurre para ilustrar es la manera en que actualmente las empresas se deshacen de los empleados que ya no cubren las expectativas deseadas. Hace algunos años, se utilizaba un directo y brutal: "Está despedido" con sabor a empujón y dolor de patada en el culo. Luego el mismo hecho (te quedaste sin laburo, por lo menos acá) se ilustró bajo el eufemismo: "La empresa prescinde de sus servicios" . Actualmente, los profesionales de los recursos humanos utilizan un aséptico: "Está desvinculado". Yo no te echo, es solo un vínculo que se rompe, como si se tratara de una acción involuntaria, un accidente. 

   
Con connotaciones más políticas y económicas, hace más de 10 años, los bancos se quedaron con nuestra plata. En el mejor de los casos nos la entregaron a cuentagotas y con miles de trabas en medio. Aquellos que tenían dinero ahorrado para lo que fuere, veían con estupor como pretendían cambiarle sus billetes por papeles pintados que decían "acá tenemos su plata pero ni locos se la vamos a dar". Esa confiscación grosera, ese latrocinio de guante blanco fue llamado por el gobierno de turno y aceptado y repetido por los medios de comunicación como "corralito". El corralito es un recinto donde uno coloca a sus hijos a fin de que no se lastimen, que no se caigan, que aprendan a mantenerse de pié. que jueguen sin peligros. En fin, el corralito es una protección parental en favor de sus hijos. Y la intención de quienes bautizaron de ese modo la medida bancaria no fue otra que la de suavizar el significado real de semejante atropello a los derechos de los ciudadanos. Bajo esta óptica los medios que utilizaron semejante circunloquio idiomático  no son menos que cómplices de semejante política. El mensaje implícito no es: "Vea, los estan robando" sino "tranquilo, lo estamos protegiendo de cosas peores".  El ejemplo inverso lo estamos viendo hoy. A fin de conservar las reservas monetarias del Banco Central y evitar la huida de capitales al exterior se han dispuesto restricciones en cuanto a la compra de dólares. Esta medida es perfectamente legal y forma parte de la implementación de políticas monetarias que son atribución del Estado. Sin embargo, al afectar ciertos intereses de los que algunos medios de comunicación son simpatizantes, tal medida de dio en llamar "cepo cambiario". Particularmente desde la Edad Media hasta que nos volvimos algo más civilizados, las plazas públicas de los pueblos contaban con un cepo, básicamente dos tablas con tres huecos para que pasen un cogote y dos muñecas, en donde se inmovilizaban los reos de algún delito a modo de castigo, ya sea por medio del escarnio público o del dolor que provocaba mantenerse inmovil en una incómoda posición durante muchas horas o días. 

      En resumidas cuentas, el corralito protege y el cepo castiga. 

     
El ejemplo más sorprendente de esta conducta ha ocurrido hace unos días. Sin entrar en demasiados detalles se enfrentó la Policía Metropolitana con un grupo de manifestantes, trabajadores, profesionales, periodistas y enfermos del porteño Hospital psiquiátrico Borda con un saldo de 80 heridos repartidos tanto entre los policías como del otro lado de los escudos. He pasado bastante tiempo buscando, para ilustrar la presente, algún otro caso en que una fuerza de seguridad hubiera entrado a sangre y fuego en el predio de un hospital con enfermos psiquiatricos en tratamiento vigente con resultado negativo. Ni en la Rumania de Ceausescu ni en la Alemania Hitleriana ni en la Rusia Zarista he encontrado un ejemplo similar. (Si alguno lo encuentra, con gusto lo incluyo y corrijo). Sin ánimo de polemizar, existió un hecho (el imepedimento por parte de la parte manifestante) de el ingreso de una cuadrilla que debía demoler un edificio y la respuesta de las fuerzas legales de evitar que tal impedimento tuviera éxito. La palabra que nuestro rico castellano guarda para tal comportamiento es represión. Para que no queden dudas, la definición oficial de la palabra represión es la que sigue: Es la pretensión de impedir un comportamiento o la de castigarlo una vez producido. 

   
Sin embargo, aquí al lado figuran las portadas de 20 medios digitales (son 20, les ahorro el trabajo de contarlos) que evitan utilizar el término represión. Pero aún ocurre algo más llamativo. Todos usan el mismo liviano y tenue "incidentes". Como si lo que allí hubiera ocurrido fuera fortuito y azaroso. Como si nadie tuviera la culpa. Tan llamativo es, que me impulsó no solo a sorprenderme sino a hacer unas cuentas. Pasen por acá:

      Busquemos algún sinónimo que pudiera haberse usado para ilustrar el hecho incluyendo los dos en cuestión; represión e incidentes. Google mediante podríamos nombrar: enfrentamiento, riña, lucha o pelea. Estos cuatro, sumados a los otros dos que encontramos antes, suman 6. 

       Ahora bien, imaginemos la situación del momento inmediatamente anterior a la publicación de la noticia en los diversos medios digitales mostrados en el gráfico. El jefe de redacción o algo así, eligiendo la palabra justa para ilustrar el título de la noticia. Librado únicamente al azar cada palabra tiene 1/6 de probabilidades de ser elegida, algo así como 0,166 a 1 de que aparezca por azar. Eso no sería nada. ¿Cual es entonces la probabilidad de que los 20 diarios al mismo tiempo elijan solo por azar la misma palabra? Para ahorrar tiempo le regalo la respuesta 1/120. Traducido a números decimales 0,0083 a una de que semejante cosa ocurra. Quizá estos números no le digan nada, son muy pequeños por cierto, pero sin compararlos con otra cosa poco indican. 

     
Ganar en la ruleta es difícil, por cierto. Pues la probabilidad de que los 20 diarios hayan elegido al azar la misma palabra de unas 6 posibles es como si alguien hubiese apostado a 3 veces a 3 números en 3 tiradas consecutivas y hubiese acertado a pleno las tres veces. (Y todavía le sobra). ¿Que indica el razonamiento entonces? No hay que esforzarse demasiado, estos muchachos se han puesto de acuerdo o bien tienen un fantástico futuro en el Casino de Montecarlo.

   
Para cerrar una anécdota atribuida a Abraham Lincoln. Se cuenta que discutía con un partidario de la esclavitud allá por mediados del siglo XIX. Su eventual contrincante sostenía que la esclavitud no era tal sino que podría plantearse como una especie de protectorado que la blanca raza dominante ejercía sobre los ingenuos y cándidos negros. Don Lincoln le propuso el siguiente enunciado:

- Suponga usted que tiene 20 vacas y 40 caballos. Si llamamos vacas a los caballos. ¿Cuantas vacas  tendría?

- Tendría 60 - respondió el esclavista luego de hacer la simple cuenta

- Pues no - le respondió Lincoln - Por mucho que se empeñe Ud. en llamar vacas a los caballos, los caballos seguirán siendo caballos.

      "Si no están prevenidos ante los medios de comunicación, los harán amar al opresor y odiar al oprimido" Malcolm X (1925 - 1965)

   

domingo, 24 de marzo de 2013

Fútbol y la lógica del hincha. Un desafío a la razón

           El fútbol es un deporte maravilloso. Tan solo basta con llevar una pequeña investigación (hoy resulta sencillísimo, Internet mediante, hacerlo) para encontrar enormes listas de deportes (ecuestres, con pelota, de carreras de algún tipo, de lucha, por equipos, individuales y siguen las firmas) sin que tan siquiera otro pueda opacar la popularidad del fútbol. Latinos, sajones, orientales y asiáticos son capaces de llegar a extremos ridículos por culpa del fútbol tan solo comparables a discusiones políticas o religiosas. Muchos plantearon sus hipótesis acerca de los porque de tal popularidad. Este post no tiene como objeto teorizar al respecto sino ver las cosas desde otro lado. Sin embargo le voy a prestar un párrafo (o dos) al tema.

           Ni falta que hace que explique uno que el fútbol es un deporte de carácter colectivo. Cuando está bien jugado contiene características estéticas comparables a la de una danza. Decir que se trata de 22 tipos corriendo detrás de una pelota es de una banalidad infantil comparable a decir que la Gioconda consiste en unos centímetros cuadrados de tela y 250 gramos de pintura. En el campo de juego se desarrollan las más variadas características humanas. La velocidad y la fuerza. La astucia y el sacrificio. La habilidad del delantero que sorprende tomando un rumbo que el defensor no esperaba. La voluntaria entrega de un compañero que se aleja de la jugada a fin de que su defensor lo siga, renunciando al protagonismo, pero dejando el camino despejado para su camarada. La desenfrenada búsqueda del balón por parte del arquero aún a riesgo de su propia integridad física. 

           Como los sobresaltos en las buenas películas de terror, su máxima emoción, el gol, está sabiamente dosificado. A veces, como el amor, nunca aparece. Otras veces, también como el amor, es fruto de un error. La vida se parece al mismo fútbol. A veces conviene esperar. Otras atacar de modo salvaje. Otras apoyarse en alguien que sabe hacer mejor las cosas. Lo expuesto, torpemente, pretende dar motivos para que desde Corea hasta Brasil, pasando por Bélgica, el fútbol despierte tantas pasiones a tantos pueblos de idiosincrasias diametralmente opuestas. 

         Por mucho que sus reglas deban ser explicadas a algún/a descolgado/a que aún no las conozca, las victorias en este deporte se manifiestan de forma explícitamente clara. Quien logra que la pelota ingrese (de forma lícita) dentro del arco ajeno la mayor cantidad de veces, es el ganador. En tanto que, dentro de un campeonato cualesquiera, quien logre la mayor cantidad de puntos (sea mediante victorias o empates) también es el ganador del torneo. De cualquier modo y a pesar de haber desarrollado el tema de lo que ocurre dentro del campo de juego durante 4 párrafos, no es este el motivo de la presente nota sino lo que ocurre fuera del césped. Aún fuera del mismo estadio. Aún días o semanas después de que un partido o un torneo ha concluido. 

       El hincha de fútbol es un personaje fundamental en esta historia pero completamente prescindible. No juega, no diagrama, no entrena, no corre, no transpira. Sólo canta y grita. Sin embargo de él se trata esta nota. Y particularmente de su extraña lógica que le impide admitir derrotas. Con una subjetividad a prueba de balas es capaz de esgrimir los más retorcidos argumentos a fin de desmentir una derrota aún frente a una caída por 5 a 0 de su equipo. Para ello se vale de algunos tips que vamos a desarrollar de acá en adelante. Tomen asiento:

Argumentos histórico-aritméticos

       Perdimos 4 a 0. Que le vamos a hacer. Los eventuales simpatizantes del equipo rival se aprestan a una semana completa (o aún más) de goce a nuestra costa. Es ahí donde tenemos que revolver en la historia del profesionalismo para buscar si encontramos una victoria nuestra (aunque hayan pasado 50 años y sus protagonistas no recuerden ya ni sus propios nombres) por un margen en lo posible mayor. Lo que suscitará un diálogo por el estilo:

Hincha del vencedor      -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nunca vamos a perder por 6 a 0 tal y como les ganamos a ustedes en la Copa General Sandunga en 1938. ¡Manga de fracasados!" 

       Puede que por mucho que recorramos el historial futbolístico mutuo no encontremos ningún argumento por el estilo para rebatir nuestra humillante derrota. El plan B es entonces buscar una derrota de nuestro vencedor a manos de cualquier otro equipo. Tampoco importa si fue nacional, internacional, actual o pretérita. Debemos encontrar y esgrimir, que haber perdido por mayor diferencia es una mancha que no se quita con nada y que no la lavará ninguna victoria posterior. El diálogo se planteará en los siguientes términos:

Hincha del vencedor      -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                  -"Si pero a nosotros nunca nos hicieron 7 como les hizo a ustedes Defensores de Piedra del Águila en el campeonato del 44. ¡Manga de fracasados!"

Argumentos meramente históricos.

        La misma situación que en ítem anterior. Perdimos categóricamente. Esta vez no importa por cuanto, puesto que vamos a defendernos a pura estocada de carácter histórico. Ahora utilizaremos los campeonatos, copas, victorias, rachas y todo aquello que nosotros hayamos hecho y que ellos no. Obviamente desestimaremos cualquier mérito rival, y sobre valoraremos los nuestros. Se han de plantear los retruécanos del siguiente modo:

Hincha del vencedor  -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                 -"Cuando ganen 5 copas Cambá-Pororó como nosotros vengan a cargarnos. ¡Manga de fracasados!"

      Aquí podrá echarse mano de cualquier situación asimétrica que se plantee. Haber jugado en divisiones menores, haber descendido, no haber ganado copas internacionales, haberlas jugado pero haberlas perdido, haber tardado en salir campeón, que el cociente entre cantidad de años desde su fundación y cantidad de campeonatos sea mayor que el nuestro. En fin, un verdadero festín para los malabares justificativos del lado de los hinchas más creativos. 

Argumentos totalmente extra futbolísticos

      Aquí podremos optar por apelar a la cantidad de hinchas del rival o a su supuesta cobardía. A lo insistente de sus cantares o a su concurrencia o no a canchas ajenas o a una supuesta condición de homosexualidad generalizada a toda la parcialidad rival. Cualquier cosa es válida en lugar de aceptar que el otro, cuanto menos esta vez, jugó mejor. Ilustraremos a continuación, para mejor detalle de lo expuesto, con algunos ejemplos no excluyentes:

Hincha del vencedor      -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nosotros les llenamos La Covacha de San Cachuflo y ustedes cuando vienen a nuestro Gigante de Coronel Cildañez traen 40 personas. ¡Manga de fracasados!"

      O si no:

Hincha del vencedor       -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -" Si, pero ustedes se hacen acompañar por la Policía y nosotros aguantamos los trapos en todos lados. Yo los vi correr por la Avenida Petorutti. ¡Manga de fracasados!"  

      Otra opción podría ser:

Hincha del vencedor -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nuestra hinchada, Los Hiperquinéticos de las Gradas, cantó todo el partido. En cambio el otro día cuando perdían ustedes 1 a 0 contra Balbastro Atletic, estaban todos mudos. ¡Manga de fracasados!"

      He escuchado (y aún leído) a personas que aparentan ser completamente racionales, que desempeñan con exquisita solvencia sus tareas habituales (hasta con cierto destacado éxito) sostener un diálogo como el que se muestra:

Hincha del vencedor  -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Callate. No ves que ustedes son todos putos. ¡Manga de fracasados!"

(En este caso, la homosexualidad como acusación general no es excluyente. Puede sostenerse sin ponerse colorado y sin demostrar una sola pizca de lógica, que la simpatía hacia tal o cual escuadra deportiva rival, convierte a sus hinchas alternativamente en mansfloras, pechos fríos, pusilánimes, cobardes o cualquier otra característica que se considere negativa a la vez que la pertenencia a la parcialidad propia confiere de modo indudable condiciones de virilidad, valentía y estoicismo)

      Y por último, pero no por ello menos válido:

Hincha del vencedor  -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nuestra hinchada tiene trompetas. ¡Manga de fracasados!"

      Como podrán apreciar entonces, tal como se desarrollaba en el mismo primer párrafo de la presente nota, el fútbol es un deporte maravilloso, pero sus cualidades más curiosas ocurren sin duda, fuera de las canchas. Resulta a veces, menos curiosa una gambeta de Messi o una atajada de Iker Casillas, que los complicados giros dialécticos con que los hinchas proponen ser mejores. Disfrutemos de lo mejor que el fútbol tiene para darnos que es su belleza natural, que transcurre únicamente durante los 90 minutos del juego. Lo demás es cartón pintado. El que gana es porque lo ha hecho mejor que su rival, aún si se cuelga del travesaño durante todo el partido. Juntémonos a ver fútbol sin importar de que equipo es cada uno. Si algo no tiene sentido es pelearse por pertenecer a tal o cual parcialidad. Los invito a todos a llenarse los ojos  del bello espectáculo que ocurre en el césped. A todos menos a los de Toneleros Unidos, esos son unos medrosos timoratos del demonio

     Buenas tardes!







domingo, 17 de marzo de 2013

Como ser famoso (muy) sin que nadie conozca ni tu nombre ni tu cara

     Por mucho que nos quejemos de nuestros trajines diarios, nuestra vida es mucho más relajada que la de nuestros primos de las cavernas. No tenemos que escapar a galope vivo de la amenaza de un oso o un tigre diente de sable. Ninguna tribu enemiga viene a usurparnos violentamente nuestro pozo de agua y conseguir alimentos en el supermercado es mucho menos riesgoso que lancear a un mamut.

      Sin embargo, según los antropologos, nos quedan las ganas de recibir esos estímulos exitantes y hemos encontrado una manera en que podamos sublimar esa carga de agresión y peligros de un modo mayormente incruento. El deporte.
 
     En general la cosa está diseñada de modo que existan derrotas simbólicas de las que nadie salga físicamente lastimado (o al menos no como objetivo del juego). Correr más rápido que los demás en lugar de que nos persiga un oso. Batir la valla enemiga en lugar de pelear por un campo de pastoreo o un oasis nos hace repetir de modo incruento ese deseo primigenio de adrenalina y batallas. Luego, con el avance de la civilización y los negocios la práctica de disciplinas deportivas queda mayormente relegada a profesionales del asunto dejándonos a los simples mortales con el nada cómodo trabajo de sufrir las evoluciones de los deportistas desde afuera. Acá lo que funciona como mecanismo de exitación del instinto cavernícola ( y vaya si no cumple a veces) es la identificación del espectador con alguno de los contendientes. En realidad les mentí, de entre todos los deportes más populares, la enorme mayoría plantea derrotas simbólicas menos uno. El Boxeo. El fin último del boxeo es provocar el mayor daño posible al contendiente (y obviamente evitar que nos lo sea provocado). Hay quienes hablan de arte de los puños, que es casi como una danza y no se cuantas alegorías líricas más. La cuestión es que, frente a una pelea de boxeo, lo que realmente vemos son dos tipos intentando arrancarse el hocico el uno al otro.
 
      A pesar de mis comentarios en contra, debo admitir que el boxeo me gusta y he podido disfrutar de algunos púgiles de técnica agradable de ver y recuerdo peleas memorables. Hoy vamos a hablar de un boxeador de no mucha fama. En realidad no tiene mucha fama en lo personal pero, de algún modo se ha convertido en muy famoso. Tan famoso que quizá para algunos sea el arquetipo del boxeador. Tiene un récord pésimo, nunca fue campeón del mundo ni de nada. Mayormente le llenaron la cara de dedos. Peleó contra boxeadores que eran o fueron luego campeones del Mundo y siempre perdió. Pero les puedo asegurar, que salvo uno o a lo sumo dos púgiles en la historia del boxeo mundial han llegado a ser más famosos que él, aunque muy pocos conocemos su nombre. A esta altura seguro que no entienden absolutamente nada, y es lógico que así sea. Vamos a empezar a aclarar antes de que se haga definitivamente de noche.
 
      El tipo está vivo y hoy por hoy tiene un negocio de venta de bebidas alcoholicas. Nació en 1938 en una zona de New Jersey llamada Bayonne. Comenzó a boxear en 1964 y rápidamente fue conocido bajo el apelativo de: " The Bayonne Bleeder" (el Sangrador de Bayonne). Normalmente los púgiles llevan un sobrenombre que meta miedo (Maravilla, Mano de Piedra, Látigo) pero nuestro amigo Charles Wepner (que de él se trata esta nota) lleva el mote de "Sangrador" por la facilidad con la que se le producían cortes en el arco superciliar, terminando casi invariablemente sus combates con su rostro cubierto de sangre, pero propia. Su record es de 56 peleas: 35 ganadas (17 de ellas por Knock Out) 14 perdidas y 2 empates. Nada destacable. Peleó contra George Foreman, Sonny Liston, Joe Bugner y Duane Bobick, todos ellos destacados boxeadores de la época, resultando vencido por todos ellos. Ya tenía 37 años cuando un golpe de suerte (nada raro para un boxeador) dio un vuelco a su vida para siempre.
 
      Se preparaba la pelea entre George Foreman y Cassius Clay. Los dos mejores boxeadores de peso completo de la época (año 1973). Chuck Wepner es propuesto como rival de Foreman para después del combate entre ambos. Le habían ofrecido una bolsa de 100.000 dólares y la idea era que George pudiera vencerlo con facilidad. Pero Clay se interpuso en su camino y en una ya mítica pelea llevada a cabo en Zaire (Ali Bumba Ié) Cassius se quedó con el título mundial. Parecía que la única posibilidad de juntar unos dólares y fama se le desvanecía a Chuck Wepner entre los dedos. Sin embargo y contra todos los pronósticos Cassius Clay aceptó tenerlo como rival. Era para Wepner la pelea de su vida. Alguien que venía juntando unos dólares peleando en clubes de mala muerte, de repente tenía la posibilidad de enfrentanrse con el mítico campeón mundial de todos los pesos.
 
      Si alguien creía que Wepner podría llegar a hacer algún papel digno frente a Cassius Clay esos no eran los apostadores. Las apuestas estaban 30 a 1 obviamente en favor de Clay. Y la pelea se desarrolló en los términos esperados. Clay bailoteando el ring, demostrando un dominio total de la escena y Wepner recibiendo golpes y sangrando, tal era su costumbre. Hasta el 9º round.
 
      Decidido a quemar las naves El Sangrador de Bayonne salió a buscar un milagro antes de que fuera decididamente tarde. Un violento golpe de derecha en las costillas de Clay mandó sorprendentemente al campeón a la lona. Cassius Clay recibió la cuenta de 8 y pudo proseguir el combate. En ese entonces los enfrentamientos por el título mundial se desarrollaban a 15 asaltos. Clay se cansó de pegarle los 6 rounds restante provocando más hemorragias pero ninguna caida. Wepner resistía el castigo de pié, sin atinar a otra cosa que cubrirse y tirar algún tímido golpe. A los 2 minutos 40 de la última vuelta, Wepner apoya la rodilla en tierra y el árbitro de por ganada la pelea a Cassius Clay por Knok Out técnico. Hasta aqui, una historia atrayente pero sin ningún dato que la vuelva extraordinaria.
 
      Lo extraordinario pasó en la platea del estadio. Un tipo, que hacía sus primeras armas en Hollywood y que a la espera de algún papel importante como actor, se ganaba el pan escribiendo guiones, estaba mirando la pelea esa noche en Cleveland. Quedó tan impresionado con lo que había visto que se encerró en su casa durante tres dias posteriores al match y salió de allí con el guión de una película. El guionista se llama Sylvester Stallone y la película es Rocky.
 

      Sylvester, que había trabajado como actor secundario en algunos capítulos de la serie policial Kojak y como extra en alguna que otra película, saltó inmediatamente a la fama. El film ganó el Oscar a la mejor Película y Stallone estuvo nominado como Mejor Actor y Mejor Guión (luego de esto la Academia de Hollywood nunca más se acordó de él, y creo, con razón). Pero Wepner no vió ni un solo dólar.
 
      En 2003 el Tribunal Supremo de New Jersey hizo lugar a la demanda de Wepner contra Stallone por 15 millones de dólares. Antes de la sentencia ambas partes llegaron a un arreglo extrajudicial y todo terminó. Nunca se supo cuanto pagó don Sylvester por haber usado la vida de Wepner como catapulta el éxito.
 
     La próxima vez que el cable repita por pincuagésima vez la película Rocky tengan a bien recordar al Sangrador de Bayonne, cuanto menos para que tenga el apoyo moral que merece.
 
      Acá abajo pegué el link donde van a poder ver algunos rounds de la mítica pelea, perticularmente el 9º donde el campeón se pegó flor de susto.
 
      Un pis y a la cama. Buenas Noches.
 
 
 
 
     

domingo, 10 de marzo de 2013

Chavez, gatos huérfanos y Kretinas

      Hace unos días, falleció finalmente el Presidente de Venezuela Hugo Chavez Frias. Entre las nuevas costumbres que algunos frecuentan, tales como Halloween o Saint Patrick Day, se verifica la presencia de una bastante más molesta que consiste en que cualquier acontecimiento (la muerte de un presidente extranjero, la caída de un meteorito en Rusia o la victoria de un maratonista en Pekín) es convertida en un motivo para pegarle palos al gobierno nacional. Algunos lo llaman "tiro por elevación". Yo me niego. El tiro por elevación, sea de carácter bélico o futbolístico, tiene cierta gracia matemática y hasta alguna pretensión estética, condición de la que estos torpes mandobles carecen por completo.

        Y es que los comentarios y peor aún, los cartelitos, hábilmente confeccionados por algunos e ingenua y cándidamente reproducido por muchos, Facebook mediante, tienen un hilo conductor que se repite en su matriz profunda desde hace algún tiempo. El odio.

     Primo hermano del miedo, el odio posee una categórica componente irracional. Digamos para diferenciar, que hay alguna gente que teme, por ejemplo al agua como consecuencia de haber tenido alguna experiencia traumática con el líquido elemento en el pasado. Ahí tenemos un miedo justificado. En cambio quien teme a las cucarachas, por poner un ejemplo, no podrá encontrar en la vasta literatura (a excepción honrosa de la Metamorfosis de Kafka) ningún ejemplo de daño causado a nadie por uno de estos desagradables insectos. Sin embargo allá van, a los saltos y gritos, escapando mientras chocan contra las sillas a la sola vista de la intempestiva aparición de uno de estos bichos contra un zócalo. 

      Supóngase Ud. por un instante, un importador, digamos, de gárgolas de bronce búlgaras. Debido a ciertas medidas de protección a la industria nacional, de buenas a primeras, los eventuales compradores de gárgolas comienzan a preferir los productos fabricados en el país en detrimento de su próspero negocio. Déjeme decirle, que si Ud no ve con simpatía semejantes medidas, lo entiendo. No justificaría de ningún modo el odio pero sí el enojo o la ofuscación. 

     Del mismo modo si usted es de los que tiene ingresos suficientes como para generar un ahorro mensual y estaba acostumbrado a comprar divisa extranjera (aunque sea éticamente objetable) los controles cambiarios deberían generarle alguna o mucha molestia. Nuevamente de ahí al odio hay un abismo, pero sus sentimientos de contrariedad contra tales medidas tienen de donde aferrarse.

      La posición inexplicable es la de los sujetos de clase media, compañeros de trabajo, amigos del barrio y demás deudos, que comparten con uno no sólo ámbitos comunes sino posición social. Tipos que vieron como paritaria tras paritaria sus ingresos mejoraban. Cuentapropistas que comienzan a no dar a basto con los pedidos de trabajo. Comerciantes a los que los supera la demanda. Estudiantes becados, jubilados que gozan de un PAMI que ahora les sirve, beneficiarios indirectos de las asignaciones por hijo y demás planes (los beneficiarios directos gastan el dinero en algún lado, por ejemplo en el almacén, lo cual beneficia al almacenero). Uno lee, escucha y ve y no puede creerlo. Esa gente está poseída por un disconformismo crónico vecino lindero del odio.

     ¿De donde viene? ¿Como puede ser que, por ejemplo, durante la etapa de YPF privada se generaran interminables colas para cargar combustible y ahora, con la YPF en manos del Estado Nacional ello ya no ocurra y no tengan la decencia de reconocerle ningún mérito al gobierno? ¿A que se debe que, como otro ejemplo, hoy en día el 100% de los equipos de aire acondicionado que se venden sean fabricados en el país cuando antes teníamos una participación minoritaria y a esta gente no se les mueva un pelo?

      Me voy a meter en un terreno pantanoso. Es una teoría que involucra una rama del conocimiento de la que se poco. De cualquier si debiera remitirme solo a hablar de lo que se, rápidamente quedaría mudo. Creo que la respuesta a este comportamiento tan extraño tiene que ver con la psicología (con perdón y debido respeto a los psicólogos que eventualmente puedan leer este artículo).

      Hace algún tiempo, mi suegra tenía una gatita, que por esas razones de la vida había quedado huérfana antes aún de abrir los ojos. La pobre mascota fué alimentada con una mamadera de cotillón (con las que juegan las nenas a alimentar a sus muñecos) con un gomín de bicicleta en la punta (para los que no lo saben por ser demasiado jóvenes, las bicicletas tenían en las válvulas de sus neumáticos un pequeño cilindro de goma que dejaba entrar el aire pero no lo dejaba salir). Como consecuencia de esta condición anómala en su vida, la gata al crecer no se reconocía como tal. No era una gata. No se relacionaba con los demás gatos. Estaba convencida que no era uno de ellos a pesar de que, visto por un ojo imparcial, su fisonomía externa coincidía con la de cualquier gato, su psiquis negaba esa realidad tan evidente.

      Creo que ya van imaginando a donde quiero llegar.
  
   Dos de las revistas más vendidas en la Argentina, luego de Pronto y Paparazzi (dedicadas al intrascendente boludeo farandulario) son Caras y Hola. Estas últimas retratan la vida, obra y hacienda de personas cuyas vidas tienen en común con las nuestras el solo hecho de que ambos respiramos. Mansiones, vehículos, fiestas y lujos que nunca alcanzaremos (ni siquiera estamos seguros de querer alcanzar) son obscenamente expuestos semana tras semana en las tapas y páginas interiores de las citadas revistas para solaz que quienes las compran y leen. ¿Que es lo que les puede interesar de la vida u opiniones de quienes tan lejos están social y económicamente de uno? ¿Que mecanismo funciona para que semejante porquería sea un éxito editorial? Arriesgo una respuesta:

       Arrimarse al exitoso o al famoso, aunque sea por la ventana contagia de celebridad. Supongamos que un muchacho que ha vivido a la vuelta de nuestra casa se ha convertido en un exitoso actor, pintor, músico o lo que fuere. Siempre estaremos tentados de decir, cuando se lo nombre: "Ese vivía a la vuelta de casa" como si haber compartido verdulería nos salpicara de fama. Y en este caso sucede el milagro de la transferencia de odio.

      Como dijo Arturo Jauretche: "Ignoran que la multitud no odia, odian las minorías. Porque conquistar derechos provoca alegría mientras que perder privilegios provoca rencor". Y es entonces, cuando el humano/gato huérfano deja de reconocerse gato y cree pertenecer a la minoría que perdió los privilegios cuando en realidad conquistó derechos mimetizándose con la clase social perjudicada tan sólo en el orden de los reclamos. No se le parece en nada, los verdaderos damnificados gastan en una cena lo que él en un mes de supermercado, sin embargo, tanto ansía parecerse que montado en un Renault 12 modelo 85 grita por que no puede comprar dólares. Desde detrás del mostrador de la zapatería despotrica contra la supuesta inseguridad jurídica que impide el ingreso de inversiones extranjeras, mientras el salón de ventas no tiene sillas suficientes para albergar a sus clientes (un pie con zapato y el otro solo con media a la espera del mocasín marrón número 41). Publica en Facebook desde su Smartphone que la cornuda viuda yegua podrida de Kretina atenta contra la libertad de expresión mientras postea una foto del cuerpo de un chancho con la cabeza de la Presidenta.

       Las imágenes de las exequias de Chavez son impresionantes como lo fueron las de Néstor y anteriormente las del General Perón o las de Eva. De todos modos, el odiante no se conmueve. No cree ser parte de ese pueblo dolido. No se reconoce ni beneficiario directo ni tangencial de ninguna de las políticas implementadas. Como en la anécdota del gato, uno lo mira y ve un minino, pero ellos por dentro creen ser otra cosa. Si la masa de votantes es morocha y de ojos negros, él cree ser rubio y de ojos celestes aunque, quien lo mira desde la vereda de enfrente lo confunda con Ceferino Namuncurá.

      Es una batalla perdida. No habrá nunca forma de convencerlos. Aunque uno les muestre un sobretodo, ellos insistirán que es un chaleco, bastante holgado y de mangas largas. Aunque uno se empeñe en mostrarles el brillo de la Luna, se quedarán criticando el largo de la uña del dedo que se las señala.

     Buenas tardes