domingo, 5 de octubre de 2014

Todo lo que un hombre puede imaginar, otro podrá realizarlo

En principio agradezco a mi compañero de trabajo y amigo Horacio Serrano haber abierto la rendija para que abriera esta puerta.

"El barrio conserva aún el estilo del siglo XIX. Casas de ladrillo a la vista e infaltables respiraderos a la altura de la vereda indicando la presencia de sótanos. Frente al número 44 del boulevard un parque florecido de violeta le da un aspecto alegre al antiguo barrio de veredas angostas. Unas cuadras más allá la plazoleta que recuerda la Batalla de Marne y la memoria del Mariscal Joseph Joffre estalla en flores multicolores"

      Este párrafo de acá arriba describe con cierta precisión una calle de la localidad de Amiens en Francia. Lo escribí yo que desafortunadamente jamás he estado allí. Sin embargo, las herramientas informáticas, particularmente el Google Street View permiten que, luego de unos clicks uno tenga la imagen lo suficientemente clara como para describir una escena con la convicción de quien ha vivido 6 meses en ese barrio. Lo mismo ocurriría puestos a describir los fiordos noruegos, la Capilla Sixtina o la calle Temple en Detroit. En pantuflas y sin despeinarse demasiado (en mi caso particular sin despeinarme más de lo habitualmente despeinado) cualquiera con ciertas herramientas idiomáticas e informáticas puede dar la impresión de haber recorrido medio mundo desde el living o la cama. 

Julio Verne
      No siempre fue así. Existieron escritores que, en pos de la precisión en las descripciones recorrieron miles de kilómetros, perdieron varios meses y gastaron pequeñas fortunas. Y de uno de ellos hablaremos hoy. Está catalogado como un escritor de carácter juvenil en parte porque sus novelas tienen argumentos extremadamente lineales pero sus historias se han convertido en la base de innumerables guiones cinematográficos. Tenía una particular pasión por los nuevos descubrimientos y si bien no fue el padre la de Ciencia Ficción merece que se lo reconozca como uno de sus más conspicuos integrantes. Sus novelas están documentadas al extremo dado que no dudaba en recorrer los kilómetros que hiciera falta para estar en persona en el lugar donde se hubiera desarrollado la acción de su relato. Estamos hablando, por si no lo notaron hasta el momento, de Julio Verne. Lector como lo fui de Verne en mis primeros años de consumo literario nunca imaginé que detrás de sus imaginativas historias se escondieran tales secretos y misterios que si bien no seremos capaces de develar en este modesto blog quizá le sirva al parroquiano curioso para encarar una investigación personal.

      Vengan por aquí, que tenemos mucho de que hablar. El Capitán Nemo, Philèas Fogg y Michel Ardan nos aguardan dentro; no está bien visto hacer esperar a tan ilustre compañía.

Alejandro Dumas
      El 8 de febrero de 1828 nace en la isla de Feydem, Nantes, Francia Jules Gabriel Verne. Empezó estudiando en el Colegio Saint Stanislas junto con su hermano Paul. La intención de don Pierre Verne, padre de ambos, era que Julio estudiara medicina en París, pero no le salió. Y es que Nantes es un puerto marítimo y a nuestro amigo Verne le había picado el bichito de la aventura más que el de la medicina. Fue a París, pero se inscribió en Derecho. A pesar de que se recibió de abogado a los 21 años Julio Verne estaba apasionado por los conocimientos científicos que brotaban por todas partes a mediados del siglo XIX y por escribir. No ejerce su profesión de abogado o lo hace con muy poca dedicación. Pasa la mayor parte de sus días en bibliotecas y escribiendo. Su padre, enojadísimo por su negativa a estudiar medicina en principio y por no ejercer de abogado luego, le corta los víveres. Julio Verne literalmente enferma de hambre, según una muy ilustrativa carta (muy floridamente escrita pero esencialmente escatlógica) le cuenta a su madre como pasa de la diarrea al estreñimiento de un día al otro. La presencia de un tío en París lo salva en más de un sentido. Julio es presentado a Alejandro Dumas (el autor de Los Tres Mosqueteros o El Conde de Montecristo entre otras) y este se muestra interesado en alguna de las obras de teatro de Julio. Las cosas parecen comenzar a encaminarse. A instancias de Dumas es contratado como secretario en el Teatro Nacional de París. Su presencia en círculos literarios le abre posibilidades de publicar sus cuentos en varias revistas lo que sumado a su sueldo (no demasiado abultado) como funcionario del Teatro no solo lo saca del hambre sino que le permite ahorrar unos francos. De todos modos no estaba en su ánimo proveerse de tranquilidad económica a la espera de malas épocas por lo que en lugar de guardar el dinero, se compra un piano.

      Dentro del círculo literario en el que Verne se movía en París existía una especie de club misógino llamado "Los once sin mujer" al que Julio pertenecía. El 10 de enero de 1857 se casa con Honorine Deviane Morel (viuda y madre de dos hijas) y abandona el club de modo forzado. Julio Verne pretendía que la vida de casado lo ayudara a sentar cabeza pero no le salió para nada bien; ni a él ni a Honorine.

      Consigue que su padre le preste 50.000 francos y decide ser inversionista en la bolsa de valores. Con el pretexto de sus inversiones viaja por Escocia, Dinamarca, Noruega e Islandia (los que hayan leído Viaje al Centro de la Tierra entenderán de que va la cosa). Vuelve con su mujer y cuando esta le indica que está cerca de ser padre de Michel Verne su único hijo, la deja a punto de parir y sale nuevamente de viaje. Verne coleccionaba reportes periodísticos de todos los adelantos que le resultaban interesantes. Por esas fechas había ya intentos de fabricar automóviles, dirigibles y submarinos. La luz eléctrica había salido de los gabinetes de los inventores y comenzaba a utilizarse como medio de comunicación por medio del telégrafo y como medio de iluminación mediante la bombilla (no tapada sino eléctrica). Por intermedio de Dumas, Julio Verne conoce a Pierre Jules Hetzel un editor que preparaba una colección llamada Viajes Extraordinarios. Allí finalmente aparecerán los famosos y fantásticos relatos que todos conocemos de Julio Verne: Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, Los hijos del Capitán Grant, Veinte mil leguas de viaje submarino, la Isla Misteriosa entre otros.

      Publicó más de 60 relatos para esa colección. Ya tenemos a Julio como toda una celebridad. Varias de sus novelas se adaptan, en vida de Verne, al teatro. Los días de hambre han desaparecido definitivamente y para que quede claro, se compra un yate. Cuando parece que todo andaba sobre ruedas y que don Julio tendría una madurez serena y llena de reconocimiento su vida se convierte en un desastre, otra vez. Se lleva tan mal con su hijo Michel que decide internarlo en un hospital psiquiátrico. Su sobrino Gastón, con quien sí se llevaba bien, le dispara 2 veces durante un paseo. Una vez le erra, la otra le da en la pierna y lo deja rengo para siempre. Su sobrino termina en un manicomio como su hijo. Muere también su editor Pierre Hetzel y también su madre (la de Verne. De la de Hetzel no se sabe nada).

      Sus últimos relatos de ficción reflejan su vida real. El autor de novelas en las que el intelecto del hombre lo llevaba a límites inimaginables (la frase del título de la presente nota es de Verne) comienza a escribir relatos en donde todo termina mal. Sin ir más lejos, una de sus últimas obras escrita 4 años antes de morir llamada "El faro del Fin del Mundo" transcurre aquí en nuestro sur, en la Isla de los Estados, a las bocas del Estrecho de Magallanes. No hay otra novela en la que el villano (el pirata Kongre en este caso) sea tan cruel y violento como en esta. "El volcán de Oro", otra de sus obras finales trata de unos primos que heredan una mina de oro en Yukon. La codicia los lleva a la muerte.

      Finalmente el que se murió fue el mismo Julio Verne. Más precisamente el 24 de marzo de 1905. Su hijo  Michel encontró varios manuscritos a medio terminar y sin corregir que mandó a publicar completando con su pluma los faltantes. Hasta aquí una biografía de lo más convencional acerca de un escritor genial. Podrían agregarse unos datos de color, como para darle más brillo. Son innumerables los inventos de los que Julio Verne predijo su futura existencia en sus novelas. El Nautilus, submarino capitaneado por Nemo tiene motores eléctricos. Robur el Conquistador pilotea un barco cuyos mástiles tienen en la punta unas hélices que lo convierten en una nave voladora, como nuestros actuales helicópteros. El viaje a la Luna de su libro tiene unas notables coincidencias con los viajes reales posteriores que se realizarían más de 70 años después. La zona de lanzamiento ecuatorial, la velocidad de escape de la Tierra o el amarizaje.

      Hasta acá una biografía normal, una reseña literaria como tantas otras. Pero Bombilla Tapada siempre tiene una vuelta de rosca más.

      El 1º de mayo de 1776 (aún no se había instituido el Día del Trabajador, así que era día laboral) el Profesor Adam Weishaupt funda una logia que luego terminaría siendo conocida como Los Iluminados de Baviera. Sus objetivos eran: oponerse a cualquier forma de superstición, eliminar la influencia religiosa sobre la vida social normal, apoyar la igualdad de sexos e impulsar la educación de la mujer. Por supuesto que, a instancias de la iglesia el gobierno bávaro prohibió sus reuniones y amenazó con castigos a quienes participaran y sostuvieran tan repugnantes principios. Pero se sabe que, si hay algo difícil de encontrar es una sociedad secreta. Se sospecha que sus miembros participaron de los movimientos previos a la Revolución Francesa. De ahí en adelante la logia se mantiene oculta o bien desaparece o bien cambia de nombres y se multiplica.

George Sand
      Para mediados del siglo XIX en Francia parece reaparecer bajo el nombre de La Sociedad de la Niebla. Alejandro Dumas, ya mencionado más arriba como quien mantiene amistad y consigue a Julio Verne el trabajo en el Teatro Nacional está sospechado de haber pertenecido a la misma. En apariencia la amistad entre Dumas y Pierre Jules Hetzel no se remitía solamente a tomarse unos vermouths juntos. Dumas tenía como función reclutar nuevos valores literarios y Hertzel publicaba sus obras habiendo sido cooptado para beneficio de la logia el autor nobel. ¿Les suena? También George Sand (amante de Federico Chopin, seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin) parece haber pertenecido a la Sociedad secreta. Un par de sus novelas, al menos, contienen referencias a una organización secreta llamada Secta de los Invisibles cuyos objetivos ocultos coinciden con los de los Iluminados de Baviera y por ende con la Sociedad de la Niebla. Otro supuesto miembro fue Gaspard Felix Tournachon una de las primeras personas que en Francia se dedicó al novedoso (y científico) arte de la fotografía. Anteriormente era ilustrador y firmaba con el seudónimo de Nadar. Sospechosamente, todos los personajes nombrados hasta ahora como miembros de la Sociedad de la Niebla fueron fotografiados por él.

      ¿Que sentido tendría hablar de esto si no se sospechara que nuestro amigo Julio Verne también era miembro de la Sociedad? Pues si, se sospecha que Verne fue miembro de la misma. Y nos dejó muchas señales en sus novelas de que había pertenecido a la Sociedad de la Niebla. Miren sino:

Nadar
      El personaje principal de La vuelta al Mundo en 80 días se llama Phileas Fogg. Phileas en latín tiene la raíz de la palabra hijo y Fog en inglés es justamente niebla. Una de las fraternidades iniciáticas de la época fueron (¿Y siguen siendo?) los Rosacruces fundados según dicen en 1614. Se supone que los Rosacruces y los miembros de la Sociedad de la Niebla tuvieron cierto contacto. Casi siempre los personajes de las novelas de Verne pertenecen a clubes selectos, del estilo sociedades secretas. De hecho el citado Phileas Fogg es miembro del Reform Club, que comparte iniciales con los mencionados Rosa Cruces. Del mismo modo hay coincidencia entre dicha sociedad y Robur el Conquistador, otra de sus novelas (R y C)  Llama la atención que el personaje principal de Cinco semanas en Globo se llama Ardan, claro anagrama de Nadar, el fotógrafo.

      Sin lugar a dudas Julio Verne es uno de los escritores más imaginativos de la historia. Dado que estas sociedades secretas tienen entre otras motivaciones la de promover el conocimiento puede ser que nuestro protagonista haya estado en contacto con cierta elite que le anticipara información. El mismo Verne en algún reportaje que se le hizo (no eran comunes las entrevistas por ese entonces) manifestó que no hacía falta ser un profeta ni nada por el estilo para imaginar en que terminarían los primeros sumergibles rudimentarios o los experimentos con globos rellenos de gases más livianos que el aire, por poner un par de ejemplos de dispositivos adelantados en sus novelas.

      Estudioso, masón, imaginativo o profeta venido del futuro lo cierto es que nadie mejor que él para iniciar a un niño interesado en la lectura. Desde acá la agradezco los cientos de horas pasados en su grata compañía allá por mis 12 años.

Buenas tardes y perdón por lo extenso del post de hoy.

Ah, me olvidaba. La descripción con la que se inicia este post corresponde a la casa donde vivió y murió Julio Verne. Hoy se llama en su honor Boulevard Jules Verne y queda en Amiens, Francia.



  








domingo, 28 de septiembre de 2014

Del Yo a su alacena: Pulsiones en conserva.

      A medida que uno va creciendo y madurando le van rotando las ganas de hacer cosas. De chico uno tiene ganas de correr, trepar y jugar. De grande de sentarse a leer un libro o dormir una buena siesta. De todos modos las ganas no son parejas y hay quienes se sienten en las puertas del Paraíso ante la eventualidad de jugar un partido de golf, otros gozarán asustándose en el cine ante una película de terror y los menos nos sentaremos en nuestro sillón preferido a disfrutar de un buen libro. De todos modos hay "ganas" que nos acompañan literalmente desde la cuna hasta la tumba y a todos por igual.

      Los psicólogos las llaman Pulsiones Primarias y su número varía de acuerdo con el estudioso que lo presente. Básicamente son 4 con elementos que se agregan y se quitan. El hambre, la sed, el sueño y, con perdón de la mesa, el sexo. La ausencia de satisfacción de cualquiera de esas cuatro necesidades provoca molestias no solo psicológicas, sino físicas. Dejemos a un lado la sed, el sueño y el sexo (aunque sea solo por un rato) y concentrémonos en el hambre.


      Nuestro antepasado hómnido se contentaba con unos frutos, unas raíces o algún animalito tipo liebre o pequeño gallináceo cuando no insectos y todo tipo de gusanos. Cuando aprendió a cazar en grupo pasó a los jabalíes, búfalos y mamuts. Si el grupo cazador era lo suficientemente numeroso casi no sobraba nada y aún los bichos y pájaros carroñeros terminarían la tarea. Pero el poderoso intelecto con el que nuestro mono primitivo fue provisto le complicó las cosas. El tipo inventó la agricultura y la ganadería. Ya no dependía de encontrar eventualmente un árbol de naranjas en su camino para tomar su jugo, fue capaz de plantar tantos como quisiera, donde quisiera y a la distancia de su casa que quisiera. Del mismo modo las liebres salvajes se convirtieron en dóciles conejos dispuestos a ser guisados al alcance de sus manos reproduciéndose, casualmente como conejos, al amparo de depredadores y con comida suficiente. Y no solo inventó ambas artes rurales sino que con el paso de las generaciones fue mejorando y optimizando los procedimientos de modo de quedarse con los cerdos más prolíficos o sembrando las semillas de las manzanas cuyos árboles daban más fruta. A poco de andar (unos miles de años de civilización) y de no mediar alguna catástrofe natural, el hombre superó el problema del hambre y más aún produjo un notable exceso de comida.

      Si bien las familias eran más grandes que las de ahora (con un promedio actual de uno o dos hijos) un cerdo en edad de ser faenado pesa unos 200 kilogramos. Mucha más carne de la que se puede ingerir antes de que se eche a perder. El mismo ingenio que lo llevó a criar los cerdos que más rápido y mejor se desarrollan le proveyó el camino para inventar métodos para conservar los alimentos el mayor tiempo posible sin deteriorarse.

      Podría creerse que en las épocas de los conservantes químicos y los freezers aquellos métodos primitivos de conservación han sido ya olvidados pero se trataría de un error. Bombilla Tapada hoy desarrollara, mediante una investigación de su Departamento de Artes Culinarias,  los métodos básicos de conservación de alimentos y sus fundamentos científicos. Antes de comenzar habrá que aclarar que el principal enemigo del almacenamiento de comestibles son las bacterias. Por lo tanto y aunque nuestros antepasados no lo supieran, todos los métodos tienen como finalidad mantener a las bacterias alejadas de nuestra comida. Arrímense a la mesa que ya comenzamos a servir.

      La casa de mi abuelo contaba con un interesante jardín al fondo donde crecía una higuera, un ciruelo y un árbol de pomelos. Los pomelos eran incomibles hiciera lo que se hiciese. La higuera prodigaba un par de frutos por temporada con avara economía. Sin embargo el ciruelo estallaba de frutas cada verano. Y entonces todos los miembros de la familia recibíamos semana a semana nuestra bolsa de ciruelas hasta que terminábamos odiándolas. Pasado el entusiasmo del inicio de cada verano los meses posteriores encontraban a las ciruelas excesivamente maduras estrelladas contra el suelo producto de su caída libre desde lo alto del árbol. En algún momento ocurría que alguna abuela proponía la utilización del excedente ciruelacio para fabricar dulce casero.

      La conservación en azúcar es uno de los métodos antiguos que mejor siguen funcionando. El tipo que tenía un campo con varios frutales no daba abasto a comer la fruta fresca y una excelente opción era cocinarlas con azúcar  ya sea como mermeladas o en almíbar. (Vaya como dato extra el hecho de que en gallego, el membrillo recibía el nombre de "marmello". Por tanto la palabra marmellada en principio se usaba para referirse al dulce únicamente de membrillos). Nuestro campesino no tenía ni idea de porque la fruta fresca duraba unos días en cambio el dulce lo hacía durante meses, o un año inclusive. Acá llegamos nosotros para sacarle la magia al asunto. Las citadas bacterias no tienen boca sino que comen a través de su "piel". La membrana celular que separa al interior de la bacteria del medio ambiente es permeable a la glucosa, y el tarro de dulce rebosa de ella. En un frasco de dulce las bacterias mueren intoxicadas, la discreta fisiología bacteriana no tiene modo de detener la avalancha de glucosa. Y de más está decir que al hacer hervir las frutas con el azúcar durante la cocción las que había vivas en las cáscaras o por ahí, mueren quemadas. Pero tranquilos, al no tener boca, nadie va a oírlas gritar.

      El 75% de la superficie de la bola de rocas en la que vivimos está tapada por el agua. Y no en vano. Sin agua es imposible vivir. El medio en el cual se disuelven las porquerías de nuestro organismo, el medio en el cual los nutrientes viajan, el medio en el que el oxígeno es absorbido por nuestros pulmones es principalmente acuoso. Y a las bacterias, nuestras enemigas de hoy, les pasa lo mismo. En medios sin agua no se pueden mover, no pueden comer y deben limitarse sólo a morir (pobrecitas). De ahí nuestros orégano seco, tomates secos, orejones de frutas varias, semillas como la nuez o almendra. Sin agua no hay vida, sin vida no hay bacterias y sin bacterias los alimentos duran más. Ese es todo el secreto.

       Nuestras villanas de hoy, las bacterias, esas que compiten con nosotros por nuestra comida conservada, necesitan para vivir de una sustancia llamada trimetilamina. No se asusten, no nos vamos a meter en  oscuros callejones químicos. Baste saber que en medios muy ácidos, la síntesis de trimetilamina es imposible. En medios con un Ph (no importa si no se acuerdan que es, no hace falta) por debajo de 4.5 la bacteria no puede fabricar trimetilamina y procede a morirse con toda justicia. Afortunadamente en nuestras alacenas hay vinagre desde hace muchos cientos de años. El Ph del vinagre es de 2.9, bien por debajo de los 4.5 necesarios para impedir que la bacteria viva. Todos aquellos que alguna vez disfrutaron de unas berenjenas en escabeche o unos pickles en vinagre deberán agradecer a la síntesis de trimetilamina su buena fortuna.

      Llegamos al último de los métodos de conservación (por lo menos de los más populares) que vamos a tratar hoy. Aunque no lo crean, el mecanismo por el cual se puede volver a la normalidad un tobillo hinchado y este método de conservación tienen mucho en común. Nuestro cuerpo, y el de las bacterias, tiene una precisa cantidad de sales. Nuestra piel, lo podemos comprobar durante el verano o haciendo ejercicio, es capaz de eliminar agua. Cuando uno se ha torcido el pie o se ha golpeado el tejido interno se hincha concentrando agua. Esto aprieta los nervios provocando dolor. Por lo tanto, la sabia abuela prepara un tacho con agua y una cantidad deliberadamente grande de sal. Mejor será que el agua esté tibia. La abuela no sabe porque pero nosotros si. Cuanto más caliente esté el agua, más sal se le podrá disolver. Puesto nuestro tobillo dentro del agua, la física hará el resto. La naturaleza tiene una formidable atracción al equilibrio de modo que en esa situación, donde hay una concentración de sal mucho más alta de un lado de una membrana (la piel) que del otro tratará de compensarla eliminando líquido de la parte más diluida hacia la más concentrada. Por lo tanto el agua saldrá de nuestro tobillo hacia el balde deshinchándose. Meter un fiambre en sal le provoca una fuerte deshidratación y si una bacteria pretende alimentarse de nuestra bondiola, le ocurrirá lo mismo a ella debido a su alto contenido de sal. El agua contenida dentro de la bacteria saldrá por su membrana externa y la bacteria morirá como castigo por querer apropiarse de nuestro salamín. Antes de la aparición de los métodos de refrigeración, esta era la forma más convencional de conservar carnes y la Provincia de Buenos Aires contaba con enormes "saladeros" donde se faenaba y procesaba de este modo la carne vacuna.

      Hoy la química nos entrega una gran gama de productos que no modifican el sabor ni el aspecto ni la salubridad de las comidas pero que imponen una barrera al crecimiento de las bacterias de modo que duren mucho más tiempo que el que durarían en condiciones naturales. El freezer, por otra parte permite que los alimentos se mantengan más o menos intactos por muchísimo tiempo.

      Sin embargo nos sigue deleitando la perdiz en escabeche de la tía, los quinotos en almíbar que hace la vecina y sobre todo extrañamos horrores el dulce de ciruelas de la abuela.

Buen provecho y que anden bien.













domingo, 21 de septiembre de 2014

La maldición del Diamante o las ventajas de la Bijouterie de fantasía

      Rara vez en la historia los objetos toman mayor protagonismo que las personas. Es evidentemente más importante San Martín que su sable corvo, el Cid que su espada Tizona, Colón que la Santa María. Sin embargo en el mundo de la literatura los objetos suelen tener mucho protagonismo. De hecho hay historias que han sido contadas de varias maneras distintas cambiando las épocas y los protagonistas. Así el Santo Grial o la espada Excálibur han aparecido en múltiples novelas atravesando los tiempos y en manos de muchísimos dueños y usuarios distintos. Es muy difícil hallar cosas semejantes en el mundo real. Los objetos que han pertenecido a alguien o bien se guardan o bien se pierden. La espada de William Wallace se luce en el castillo escocés de Stirling, la de Alejandro Magno se ha perdido y Excálibur nunca existió. 

      Los protagonistas de nuestras historias preferidas portan amuletos, anillos, espadas y demás cacharros que a veces los vuelven invencibles, a veces poderosos y a veces desdichados. Después de una ardua investigación conjunta entre el Departamento de Geología de Bombilla Tapada y la División Objetos Perdidos del Banco Nacional de Zimbabwe este blog se enorgullece en presentar la extraña y real historia de una joya. Un diamante que, a pesar de nuestro natural escepticismo, pareciera atraer la desgracia sobre quien lo posee. Comenzaremos la historia pero no por el principio sino un capítulo más adelante, como para poder reservar el origen de la gema para el final. Todos a bordo que empieza el viaje.

      Un 10% de nuestro peso es carbono. Este elemento es fundamental en la estructura de todos los seres vivos. Pero además de ser una pieza fundamental en nuestras proteínas y demás elementos estructurales, el carbono forma también parte de nuestras vidas fuera de nuestro cuerpo. En principio sería imposible hacer un asado sin él (obviamente sin carbón no hay fuego y fundamentalmente, sin carbono no hay vaca). Los lápices carecerían de mina lo que complicaría mucho el desarrollo de las artes pictóricas. Las centrales nucleares se verían reducidas en sus elementos de control dado que las barras de grafito trabajan como reguladores de la reacción atómica en algunos modelos de reactor. Pero la variedad del carbono que más hubiera extrañado la humanidad hubieran sido los diamantes. Muestras de carbono, lo suficientemente puras, sometidas a altísimas temperaturas y presiones dan como resultado, en lugar de toscos cascotes negros, transparentes y durísimas piezas que le han quitado el sueño tanto a sus buscadores como a sus usuarios. Las condiciones para que se forme un diamante son extremadamente raras, por lo tanto hay pocos y de tamaño pequeño. 

      Pero de vez en cuando se dan condiciones más raras aún y el diamante es enorme (en comparación con los demás) o incluye en su estructura cristalina algún elemento que lo hace particular tenemos una pieza curiosísima. Y una de ellas es la protagonista de nuestra historia. 

      La historia comienza con el diamante en manos de Jean Baptiste Tavernier. El tipo, un comerciante que alcanzó los 80 años y pasó la mitad de su vida viajando. De uno de esos viajes en 1660 se trajo consigo desde la India un diamante de 115 quilates y extrañamente azulado. Hoy la cristalografía nos indica que ese color es debido a la presencia de átomos de boro precisamente intercalados en la estructura de la piedra. El valor de la misma era tan alto que sólo un monarca podía darse el lujo de pagar por él. Y eso fue lo que ocurrió.



     Jean Baptiste le vendió entonces el diamante (que para ese entonces se conocía como Tavernier Blue) a Luis XIV. Lo dejamos en sus manos y seguimos por un instante a Tavernier. La historia no registra cuanto pagó Luis XIV por la piedra pero se sospecha que fue mucho. De todos modos las finanzas de Jean Baptiste decrecen hasta dejarlo en quiebra. Hombre acostumbrado a viajar parte rumbo a Rusia quizá escapando de los acreedores parisinos. Había visitado durante su vida la India, Persia y hasta los territorios del Gran Khan. Hoy cualquier abombado con el dinero suficiente puede sacar un pasaje de avión y pasearse como si nada por Mongolia. Pero en el siglo XVII semejante empresa estaba reservada únicamente a viajeros experimentados, y Jean Baptiste lo era. Alguien comenzó a echar de menos a Tavernier en Moscú donde se suponía que debía haber llegado hacía días. Finalmente lo encontraron. Muerto. De hambre y congelado. Parcialmente devorado por los lobos de camino a su destino. Es la primer víctima que se encuentra involucrada en el camino del Tavernier Blue, que a partir de ahora y como posesión de Luis XIV pasa a llamarse French Blue

      Don Luis le encomendó a Sieur Pitau, uno de sus joyeros reales que cortara en diamante en dos. Una parte fue a dar a la Corona Real y la otra a un colgante que el Rey exhibía en algunas ceremonias. En la corte de Luis XIV, entre otras, vivía Francisca Athenais de Rochechouart de Mortemart. A pesar de estar casada legalmente con Luis Enrique de Pardaillan de Gondrin, marques de Montespan, Francisca, conocida como Madame de Montespan era la amante favorita del rey. Sabiendo de la preferencia real por ella, le pidió al rey que le regalara la joya colgante con la otra mitad del French Blue. Luis XIV accedió pero poco después, y aún luego de haberle dado 7 hijos (obviamente bastardos pero recompensados con títulos de nobleza) Madame de Montespan cayó en desgracia reemplazada por la Marquesa de Maitenon. Madame de Monespan debió abandonar la corte (y dejar en diamante entre otras cosas) y murió en el olvido en 1707. Podemos entonces contarla como una víctima más, la segunda en este caso, que malogró su vida luego de poseer el diamante.

     Había comenzado a correr el rumor de cierta maldición sobre el French Blue. El mismo Luis XIV fue consultado al respecto por el Sha de Persia en una visita a Francia. Luis desestimó los miedos del Sha haciendo traer a su presencia el estuche que contenía a la gema. Poco tiempo después una gangrena terminaba con su vida (la de Luis, no la del Sha). 

     Luis XV, su sucesor, no tuvo ningún interés sobre el diamante. Lo dejó en su caja durante todo su reinado. Me dirá usted: Bueno, al fin y al cabo Luis XV también murió. Es verdad, diré yo y seguiré como si nada en el párrafo de abajo.

Arriba a la izquierda la cabeza de Lamballe
      Luis XVI y María Antonieta si tuvieron interés en la piedra. María Antonieta Josefa Juana de Habsburgo adoraba el collar con el diamante azul. Tanto le gustaba que hasta se lo prestó unas cuantas veces a su íntima amiga María Luisa de Saboya princesa de Lamballe. No hace falta decir que ni Luis XVI ni María Antonieta conservaron cuello donde lucir la gema. La muerte de la Princesa de Lamballe constituye uno de los hechos más sangrientos y brutales que tuvo la desde ya sangrienta Revolución Francesa. Encarcelada en la prisión de Forcé, María Luisa de Saboya sufrió la invasión de la misma por parte de la turba enardecida. El cuerpo de la Princesa de Lamballe fue decapitado, despellejado, vejado y descuartizado. La cabeza de la Princesa fue luego peinada, maquillada y clavada en una pica. De ese modo pasearon delante de las ventanas de la Concergerie donde María Antonieta esperaba para ser ajusticiada con la intención de que ésta se enterara de la suerte corrida por su amiga. Ya ven, en un solo párrafo el diamante de ha cargado 3 personajes.

Palacio de Brunswick
      Los saqueos posteriores a la Revolución hacen perder de vista al diamante, por un tiempo. Sea quien fuere que lo conservara, en 1820 se lo vendió a Wilhelm Falls, un joyero holandés. Este decide cortar el diamante nuevamente en 2. Una parte es vendida a Carlos Federico Guillermo Duque de Brunswick. Para continuar con la serie de hechos desafortunados al rededor del diamante, Carlos debió abdicar acusado de impericia y corrupción y su palacio (para que no queden dudas) fue destruido. La otra mitad del diamante se la quedó Falls con el objeto de venderla en un futuro. Lo que Wilhelm no esperaba era que su propio hijo le robara la joya. Falls junior vende el diamante restante a un francés de apellido Beaulieu. El padre se entera y muere de un ataque. El hijo se entera que su padre ha muerto por su culpa y procede a suicidarse. Dos más para la lista.

      El diamante en posesión de Beaulieu pasa a manos de un joyero inglés llamado David Eliason quien se lo presenta a Jorge IV de Inglaterra. El diamante pasa inmediatamente a ser engarzado en la corona real. Jorge IV sufría, como su padre, de porfiria, una enfermedad hereditaria que, entre otras cosas tiene como síntomas las alucinaciones y convulsiones. Jorge se hizo adicto al láudano, una droga opiacea. Jorge IV murió poco menos que loco en 1830.

Henry Hope
      La parte que estuvo en poder del Duque de Brunswik vuelve a aparecer en la historia. De algún modo llega a manos de Henry Phillip Hope y cuanto menos esa porción del diamante original pasa a ser llamada Diamante Hope. Henry tenía una gran colección de gemas y el diamante fue exhibido sin mayores consecuencias en la Gran Exposición de Londres de 1851 y en la Exposición Mundial de París en 1855. Henry Hope murió en 1862 y el diamante pasó de mano en mano, de hijos a sobrinos, con alguna controversia judicial en medio. De hecho el último heredero de la familia Hope, Francis, aún poseedor del diamante fue declarado en bancarrota dado que no podía venderlo sin orden judicial.

      Lo compra entonces el Príncipe ruso Iván Kanitowsky para obsequiarlo a una vedette amante eventual. Al Príncipe lo mata la revolución. A la amante del Príncipe su marido despechado. Dos más y van...

Pierre Cartier
      Luego de tantas vueltas, el diamante cae en manos del famoso joyero francés Pierre Cartier quien la compra por 550.000 francos. Carier se lo vende al comerciante Evalyn Walsh McLean. Cuando este muere en 1947 deja expresamente en su testamento que el dueño de la piedra preciosa era su nieto y que podía hacer uso y disponer del mismo al alcanzar la edad de 25 años. El problema era que el nieto de Walsh McLean tenía al momento de fallecer su abuelo tan solo 5 años y la familia (como misteriosamente casi todos los participantes de esta historia) estaba pasando dificultades económicas. La corte le dio permiso a la familia y finalmente lo pudieron vender y saldar sus deudas. De últimas lo compra Harry Winston un empresario norteamericano coleccionista de joyas. 

      Por alguna razón desconocida Winston dona la piedra al Museo Smithsoniano de Historia Natural quien todavía la conserva. Lo extraño del caso, si algún dato extraño más le faltara a esta historia, es que el 10 de noviembre de 1958 el diamante llegó al museo en un sobre de papel madera por correo común, como si Winston quisiera deshacerse de él en lugar de donarlo.


Dijimos que nos íbamos a guardar el inicio de la historia para el final y estamos a punto de cumplir.

      Esta historia comienza con el diamante azul en manos de Jean Baptiste Tavernier pero cabe preguntarse (y si no cabe haremos fuerza para que quepa) ¿De donde lo sacó?

      Hasta donde se sabe, el diamante era el tercer ojo de la estatua de la diosa hindú Sita, esposa de uno de los avatares de Rama. Según la leyenda, el diamante original había sido esculpido por la mismísima deidad y de allí la supuesta maldición para todos aquellos que hubieron entrado en contacto con él.




      Un último comentario al respecto del French Blue. Se trata de una licencia poética y cinematográfica sin ningún rigor histórico, pero el diamante que la anciana Rose echa por la popa del barco en Titanic al final de la película, simula ser el Hope.

    El equipo de investigación de Bombilla Tapada está constituido exclusivamente por profesionales racionalistas incapaces de dejarse asustar por leyendas sin sentido de maldiciones y abominaciones. Queremos aclarar que si los presentes que entregamos a modo de regalos de cumpleaños y demás atenciones no contienen ningún legítimo diamante azul (ni de ningún otro tipo) no debe tomarse este comportamiento como muestra de superstición sino de profunda pobreza.

Que anden bien.









domingo, 14 de septiembre de 2014

Discúlpeme. ¿Podría indicarme donde está el baño?

Normalmente toda tanda publicitaria contiene uno o más avisos dedicados a favorecer la compra de artículos que tienen que ver con la higiene personal o la limpieza de la casa. Las publicidades de papel higiénico, principalmente, tienen la poesía de una película romántica, con los rollos rebotando en cámara lenta demostrando así lo flexible y esponjoso de su constitución. Hacen referencia también a su condición de suave como si se pusiera uno a comparar suavidades al momento de proporcionarle al trozo de papel, su habitual innoble fin. Del mismo modo, por un extraño fenómeno odoro-luminoso toda vez que la protagonista de la publicidad pulsa de algún modo el mecanismo para que el ingenio aromatizante realice su cometido, la casa misma luce distinta. Hay mas flores en los floreros y la luz entra copiosamente por la ventana de un living que antes de usar el aerosol o enchufar el gel contenido en un marquito de plástico lucía opaco y gris. Los nombres de las fragancias son también un desafío al entendimiento y un reto a la imaginación. ¿Caricia de bebé? ¿Amanecer Campestre? Quizá vengan con olor a leche cortada derramada sobre el babero y bosta de caballo recién deyectada, respectivamente.

De algún modo u otro la humanidad debió tomar medidas y consideraciones a la hora de eliminar sus deshechos y hoy Bombilla Tapada los invita a pasar por el elegante y aristocrático Palacio de Versalles pero no para visitar sus fastuosos salones sino para conocer como se las ingenió la nobleza (en especial la Corte de Luis XIV) a la hora de deshacerse de sus humanos desperdicios. 

Vengan por acá que todo huele aún a agua florida.

Una vez acomodados en París, tomando el Rèsau Express Régional C y bajándonos en la estación Versailles Rive Gouche vamos a encontrarnos con el impresionante Palacio de Versalles. El terreno sobre el que se dispone el complejo ocupa 800 hectáreas. En su momento de esplendor (hacia fines del siglo XVII ) llegaron a vivir en él unas 20.000 personas que miraron los imponentes jardines a través de alguna de sus 2.513 ventanas o subieron por cualquiera de sus 67 escaleras o se acomodaron sus lujosos ropajes frente a alguno de sus 483 espejos. 

Ahora bien. En algún momento (en realidad con frecuencia diaria) los 20.000 habitantes del palacio sentían el llamado de la naturaleza y Versalles tenía que responder. El palacio contaba con 100 urinarios (un ámbito con una suerte de palangana para hacer pis. Digámoslo sin tapujos) y al rededor de 300 Chaises d´affaires cuya traducción sería Asiento de asuntos. Podría leerse el término asuntos como un lejano eufemismo de ir de cuerpo o ir de aguas mayores. Sin embargo este nombre tiene una explicación por demás razonable. Y es que, por ejemplo el Cardenal Mazarino, sucesor del no menos célebre Richelieu, contaba con 3 chaises d´affaires para su exculsivo uso personal. Uno de ellos de vidrio y dos de plata. A sus Chaises d´affaires se les podía adosar un escritorio para escribir o leer mientras tanto se exoneraba el vientre. Imaginen que si el co-regente de Francia (junto con Ana de Austria. Luis XIV heredó el trono con tan solo 5 años de edad) tenía excusados de vidrio y plata, el oro era entonces lo adecuado para la silla real. Y no solo eso; Sus Reales Posaderas estaban flanqueadas por el escudo de armas de la casa real.  Desde allí podía recibir funcionarios en audiencia, redactar órdenes o jugar a los naipes.

La corte de Luis XIV tenía un ceremonial realmente complejo y los permisos y restricciones alcanzaban al real acto de la defecación. A las ocho y media de la mañana el Rey se sentaba en su chaise d´affaire tuviera o no ganas y desde allí atendía a los funcionarios que habían requerido audiencia. A un gesto del Rey indicando que, digamos, podía comenzar a utilizar una silla convencional se acercaba el Chevalier porta-coton. Quienes sepan algo de frances lo entenderán y quienes no, lo sospecharán. El Chevalier porta-coton era quien le facilitaba al Rey un elemento con que borrar los rastros del acto que se había desarrollado momentos antes. Luis XIV prefería como indica el nombre del cargo, el algodón. Pero había quien solicitaba trapos de lino, hojas de papel o vellón de lana.

Además del Chevalier porta-coton otro cargo reservado a nobles de alto rango era el que se encargaba de disponer propiamente de la silla protagonista de la presente nota. se trataba del Porta Chaises d´affaires. En ausencia de instalación de agua tal como la conocemos hoy, la silla tenía debajo un recipiente en donde...bueno ¿Como decirlo de manera elegante? Un recipiente que podía quitarse para ser vaciado y lavado para su posterior uso. Esta función la cumplía el Porta Chaises d´affaires quien además antes de proceder a la disposición final de las miserias reales las exhibía al médico de la corte, quien verificaba de ese modo el correcto funcionamiento del tracto digestivo de su alteza. El cargo era tan importante que se vendía y aún se heredaba.

Imaginen ustedes, sentados en living de nuestras modestas viviendas de 100 metros cuadrados más de una vez dando zancadas desesperadas para alcanzar el baño antes de que sea demasiado tarde por habernos entretenido con una película o un espectáculo deportivo. Versalles tiene 11 hectáreas cubiertas de modo que, un baile en uno de los salones implicaba una generosa lejanía del baño más próximo. Para ello, la ingeniosa burocracia parisina disponía de pajes cuya función era arrimar los pots à pisser, unos cacharros de cerámica popularmente conocidos como Bourdaloue. El Rey, obviamente, para diferenciar su real orina contaba con uno de plata. Resulta curioso el origen del nombre de esta especie de salsera. Por esos días el jesuita Louis Bourdaloue era el confesor de la corte y en quien los habitantes de Versalles "descargaban" sus pecados. La analogía entre la descarga moral y la física llevó a bautizar al recipiente del mismo modo que al sacerdote.


De cualquier manera no todos eran tan respetuosos de las formas y siendo que la iluminación a vela y faroles de aceite es bastante deficiente y habiendo, como dijimos 67 escaleras en palacio, siempre era posible encontrar amparado en las sombras un descanso hospitalario donde liberar las aguas servidas sin ser visto.

Aún habiendo costado 80 millones de libras de la época nuestras modestas viviendas tienen más comodidades que las que disfrutaba el Rey Sol. Por otra parte, me siento mucho más tranquilo sin la presencia de un paje que me corte un trozo de papel higiénico a mi requerimiento y personalmente prefiero no atender a ningún funcionario que venga en audiencia cuando estoy concentrado en otras cosas.

Vayan por la sombra y nos encontramos luego

Que anden bien

domingo, 7 de septiembre de 2014

Woolrich, Hitchcock, De Palma y Cerati. ¡Que delantera!

      Un desconocidísimo Cornell George Hopley-Woolrich es la persona que comienza esta interesante cadena que terminará en nuestro recientemente desaparecido Gustavo Ceratti. Es que a veces las historias son sorprendentemente intrincadas y son particularmente esas las que nos gustan más en Bombilla Tapada.

      Cornell había nacido en 1903 y estudió periodismo en la Universidad de Columbia. Además de su actividad profesional gustaba de escribir ficción y tan bien lo hacía que ganó un premio que le dio la oportunidad de vivir un tiempo prolongado en París. De ese período provienen sus tres primeras novelas. Tuvo algún éxito por lo que a su regreso a los Estados Unidos, la Paramount Pictures lo contrata para adaptar guiones cinematográficos. En ese medio conoce a la hija de un productor de películas mudas y se casa con ella. La boda ocurre en 1933, su esposa se llamaba Gloria Blackton y el matrimonio duró un par de semanas. Es que Woolrich era completamente homosexual, y solo se había casado para guardar las formas que la sociedad de la época exigía. Su mujer lo comenzó a sospechar de inmediato, luego de casarse y el hallazgo por parte de ella del diario íntimo de su marido terminó de confirmar que esa unión no iba a durar mucho.

      La Gran Depresión del 30 estaba haciendo ya estragos en la economía mundial y particularmente en la Norteamericana. Cornell deja las novelas medulosas de sus primeros tiempos y comienza a escribir policiales, literariamente menos valiosos pero comercialmente más rentables. Y escribe muchísimas novelas y cuentos policiales negros. Lo hace bajo varios seudónimos como William Irish o George Hopley además de con su nombre real. Su vida personal era desastrosa. Comenzó a beber, se recluyó en un hotel donde vivió durante 11 años. Enfermó de ictericia. Perdió una pierna a causa de una gangrena y murió en solitario en 1968. A los efectos de esta nota nos interesa saber que en 1942 escribe una novela llamada "It had to be murder". Dejemos descansar en paz a Cornell Hopley-Woolrich.

    Un año antes de que terminara el siglo XIX nacía en Leytonstone, Inglaterra el segundo protagonista que nos acercará un poco más a nuestro destino final. A sus 16 años falleció su padre por lo que debió dejar sus estudios y ponerse a trabajar para mantener a la familia. Comenzó como empleado de la compañía Henley de telégrafos y como trabajo ocasional caligrafiaba los cartones con diálogos y aclaraciones que se incluían en las películas mudas. De ese modo se acercó al cine y lentamente se convirtió en el mejor director de cine británico de la historia.




    Lógicamente hablamos de Alfred Joseph Hitchcock. Se especializó principalmente en la realización de películas de suspenso. Sus films se caracterizan por sus repentinos giros de la trama, trozos del argumento que sirven solo para distraer la atención de modo que el final sea sorprendente y una simpática particularidad: le gustaba aparecer en sus películas de modo casi oculto. Aparecía como un vecino que vacía un tacho de basura de fondo en una escena callejera, o como pasajero de un transporte público donde viaja uno de los protagonistas o como un invitado más de una fiesta numerosa. Sin dudas, su película más famosa es Psicosis, la que contiene una de las escenas más recreadas de la historia: el asesinato de Janet Leigh en la ducha y que fue continuada, recreada y repetida siempre de forma peor que la original.

      Buscando literatura en la que basar sus guiones dio con la novela "It had to be murder" de Cornell Hopley-Woolrich. La historia: un fotógrafo sufre un accidente y debe tener su pierna enyesada por un tiempo prolongado por lo cual se ve obligado a permanecer encerrado en su departamento sentado en una silla de ruedas. Aburrido comienza a espiar desde su ventana los movimientos de los vecinos. En algún momento cree descubrir que su vecino ha asesinado a su esposa. Si la vieron sabrán como sigue. Si no la han visto no voy a estropearles la trama. Hitchcock la bautizó como "La ventana indiscreta"




      Otra de sus películas famosas se llamó "Vértigo". En esta, un detective que sufre de acrofobia (lo que comúnmente se llama vértigo) trata de solucionar un caso encargado por un amigo. Debe seguir a su esposa (la del amigo) a pedido de éste. Sin quererlo se enamora de ella. La mujer de su amigo se empeña en subirse a toda edificación alta de San Francisco, ciudad en la que transcurre la película, para pánico de James Stewart, protagonista de la misma. La señorita en cuestión finalmente se mata. El detective conoce luego a otra mujer de asombroso parecido con la occisa. Y de eso va la película, otra vez no nos interesa develar detalles a aquellos que no la vieron pero sepan que don Stewart se hace una ensalada de personalidades entre la muerta y su nueva amiga, ambas protagonizadas por Kim Novak. Hichcock se murió el 29 de abril de 1980 y vamos a dejarlo también descansar en paz por ahora.

      Un par de años antes de que Cornell escribiera "It had to de murder" nacía un tal Brian Rusell De Palma. Quizá el cine nos arrebató un brillante físico, que es lo que estudiaba en un principio Brian, pero ya con Los Intocables o Scarface podemos coincidir en que la física puede esperar. Uno de los directores que despertó su interés por el Séptimo Arte fue, casualmente Alfred Hitchcock y entre película de mafiosos y película de mafiosos dirigió un thriller que homenajea al director británico.






     Se trató de "Doble de Cuerpo" una película de 1984 donde el protagonista sufre de claustrofobia (como el de Vértigo sufría acrofobia), donde el detonante de la acción es la conducta voyeur del protagonista, espiando a una joven Melanie Griffith a través de la ventana de su dormitorio (como en La ventana indiscreta). En la trama de la película, que otra vez no vamos a revelar, aparecen sustituciones de personalidad (como en Vértigo) haciendo de Doble de Cuerpo todo un homenaje al cine de Hitchcock. Brian De Palma vive aún, tiene 73 años, y también vamos a dejarlo descansar, no en paz pero sin molestarlo por un rato.



A estas alturas se preguntarán: ¿A donde va este desquiciado con todo esto? Calma, amigos, ya estamos llegando.

      La retirada en franca derrota de la dictadura militar en el 83 le terminó de abrir la puerta al rock nacional que ya estaba filtrándose por las hendiduras abiertas durante la Guerra de Malvinas del 82. El aire fresco llegaba a las radios y los penosos temas de Rafaela Carrá o Village People eran reemplazados lentamente por Luis Alberto Spinetta, Charly García o Virus. Podía escucharse entonces, en Radio del Plata un programa llamado El Submarino Amarillo conducido por Tom Lupo en donde se difundían los temas del renaciente rock autóctono. A su vez, el diario Carín editaba una vez por semana un suplemento dedicado a los jóvenes llamado "Si", que aún sigue editándose, no así el programa de Lupo. Ambos medios, el programa de radio y el suplemento del diario organizaron un concurso de letras. Se invitaba a los lectores y oyentes de ambos a escribir una letra para un tema musical. El ganador lo recibiría a modo de premio musicalizado por Gustavo Cerati, guitarrista y líder del por ese entonces arrasador Soda Stereo. Eso era todo. El eventual vencedor podría mostrarle a sus amigos y parientes como sonaba su letra cantada y tocada por Gustavo grabada en un casette (aún no se habían inventado los CD´s grabables y los CD convencionales eran toda una curiosidad. De hecho, el único disco que se nombrará en esta nota fue la primera producción nacional que se editó en CD).

      Un artista plástico de nombre Jorge Antonio Daffunchio, sin relación con Germán Daffunchio el actual guitarrista de Las Pelotas, venía escuchando radio en su auto. Se detuvo en Del Plata porque le atrajo el tema que estaba sonando. Terminada la música anuncian la existencia del concurso y recuerda que, además de su vocación pictórica, hacía un tiempo había escrito algunos cuentos y poemas, a modo de prueba. Sin ser oyente habitual del programa ni fan de Soda decide mandar uno de los poemas, para probar suerte.

       De las más de 1.200 letras recibidas, Cerati recibió 10. De las 10 eligió una. Hablaba de un detective que espiaba a una mujer que se desvestía (Tus ropas caen lentamente/ Soy un espía, un espectador) . Era la letra de Daffunchio inspirada en la reciente película Doble de Cuerpo. Cerati y Daffunchio se encontraron. Gustavo le pidió que modificara algo ciertas partes duras de su poema haciéndolo algo más romántico. Finalmente el tema fue incluido en el disco Signos de 1986 bajo el nombre de "Persiana Americana" y se convirtió en uno de los temas emblema de Soda Stereo.



        Los meteorólogos hablan del "Efecto mariposa". Esencialmente dicen que los acontecimientos finales son suma de tantas variables infinitamente pequeñas que el aleteo de una mariposa en el Amazonas determina que termine lloviendo en Bruselas. Si Woolrich no hubiera escrito la novela, si Hichcock no la hubiera leído. Si De Palma hubiese seguido estudiando física. Si Daffunchio no hubiese escuchado la radio esa noche, quizá nunca hubiese existido Persiana Americana.

      De nueva York con Cornell Woolrich parando en todas las estaciones hasta Buenos Aires con Gustavo Cerati.

Que anden bien





domingo, 31 de agosto de 2014

La torpeza, repetida se transforma en mi estilo - Federico Manuel Peralta Ramos

La historia de hoy arranca lejos, pero termina cerca.

      Un tipo, comerciante de Buenos Aires, nacido en 1814 prospera al amparo de la guerra civil entre Unitarios y Federales vendiéndole uniformes a las tropas de Rosas. Cuando finalmente el bando de Urquiza triunfa, se encuentra con que no hay nadie que le pague lo adeudado desde el gobierno central. Por lo tanto, con esposa y 2 hijos decide vender todo lo que tiene aquí en la ciudad y probar suerte en el medio rural. Compra unas estancias en la zona llamada "Laguna de los Padres" e intenta mejorar el funcionamiento de un saladero de carne en las cercanías de Balcarce. El éxito no lo acompaña por lo que decide avanzar hacia el mar y con el permiso del Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, un tal Nicolás Avellaneda, lotea unos terrenos cercanos al mar y funda la ciudad de Mar del Plata. Con la venta de los terrenos en esos inhóspitos parajes comienza una fructífera carrera inmobiliaria que aún hoy continúan con éxito sus descendientes. El nombre del protagonista de este párrafo era Patricio Peralta Ramos, quien falleció en 1887. Un bosque que se conserva en las afueras de Mar del Plata, lleva su nombre. Pero más allá de tratar de él en las líneas de aquí arriba, Bombilla Tapada hoy descubrirá para aquellos que no lo conocieron la apasionante y corta vida y obra de uno de sus descendientes, el artista plástico Federico Manuel Peralta Ramos.

      Tataranieto de Don Patricio nació en la ciudad fundada por su antecesor el 29 de enero de 1939. Por mandato familiar lo mandaron a estudiar arquitectura carrera que no terminó. De todos modos y a instancias de su padre (Federico a secas) formó parte de la nómina de empleados del SEPRA prestigioso estudio de arquitectura de Buenos Aires aunque nunca aportó casi nada de su trabajo. Su padre lo mantuvo con rango y sueldo de "albañil" aunque nunca pegó ni un sólo par de ladrillos. Cuando alguien con ánimo de ofenderlo lo llamaba "mantenido" su respuesta era: - No te permito, che! Yo trabajo de hijo!

       Lo que Federico Manuel realmente disfrutaba era la bohemia de los años 60 y se acercó al mítico Instituto Di Tella, cuna de todos los artistas de vanguardia. De allí saltaron a la fama pintores como Antonio Berni, músicos como Nacha Guevara, geniales humoristas como Les Luthiers o actores como Hugo Midón. La mayoría de los plásticos del movimiento que dominaba la línea del Di Tella de esos años tenía por objeto romper la estructura estática del arte plástico hasta ese tiempo. Sus obras eran en 3 dimensiones, o se modificaban con el paso del tiempo u ocupaban lugares enormes. 



       Ganó el Premio Nacional del instituto en 1965 con la presentación de un huevo gigante que llevaba por título "Nosotros Afuera". La obra estaba construida en madera, metal y yeso y no estuvo lista hasta unos minutos antes de que comenzara la exhibición. Bueno, lista es un modo de decir, puesto que a minutos de comenzar la exposición el huevo comenzó a temblar mostrando claramente que pesaba demasiado para su estructura interna. La cubierta de yeso se quebró y comenzaron a caer pedazos de la cáscara exterior. Federico Manuel no se quedó cruzado de brazos y terminó de destrozar su obra de arte a martillazos frente al público.

       La siguiente idea grandiosa de Peralta Ramos fue la de incluir en su próxima exhibición, a modo de obra, un toro Gran Campeón de la Rural, un automóvil de Fórmula 3, un caballo pura sangre de carrera y una montaña de dinero. Había conseguido todo menos el toro. Se presentó entonces en el remate final que se hace luego de que termina la tradicional muestra agropecuaria en el invierno de 1967. Pujó en la subasta levantando su mano ante cada nueva oferta a fin de superarla. La disputa por el toro cerró en un valor de $ 1.100.000 de la época. El único problema es que Federico no tenía ese millón de pesos. Es más ese día se volvió a su casa desde la Rural caminando dado que no contaba con dinero ni para pagarse el colectivo. 

      Federico Manuel había llegado demasiado lejos con sus locuras artísticas a ojos de su padre. Mitad para llamarlo al orden, mitad para zafar de tener que afrontar una demanda por no pagar el millón de pesos adeudado por el toro, don Federico padre adujo que su hijo estaba desequilibrado mentalmente y para sostener sus dichos lo internó en una clínica psiquiátrica. Luego de unos meses logró que le dieran el alta no sin antes organizar el Festival de Mate Cocido en el neuropsiquiátrico en el que participaban los internos. Durante el festival, Federico lucía sobre su ropa un papel recortado a mano y escrito con lápiz que decía "Federico Manuel Peralta Ramos / Organizador".

       En los Estados Unidos vivía un tipo llamado Salomon Guggenheim miembro de una adinerada familia dedicada a la minería en el hemisferio norte. Cuando Salomon se hizo con el dinero suficiente, abandonó sus negocios y se dedicó al mecenazgo de nuevos artistas. Creó la fundación que lleva su apellido e instauró una beca que también lo lleva. En 1968, el comité encargado de seleccionar al beneficiario del premio eligió a nuestro protagonista como nuevo merecedor de tal beca. En la actualidad el valor de la donación que la fundación hace al artista premiado es de unos U$S 35.000 (en ese entonces eran unos U$S 3.000)

       Con el dinero, Federico invita a todos sus amigos (25) a una fastuosa cena en el Hotel Alvear de Buenos Aires, luego de lo cual la fiesta sigue en los boliches bailables de moda en la época (llamados boites, para ese entonces) con el excedente compra tres cuadros. Uno para su padre, uno para su madre y otro para él. Indignados los representantes de la Fundación Guggenheim le envían una carta solicitando explicaciones y, en caso de que no fueran satisfactorias, la devolución del dinero.

Original manuscrito de la carta de Federico a la fundación
       Federico Manuel responde, también vía postal del siguiente modo: "Una organización de un país que ha llegado a la Luna, que tenga la limitación de no comprender y valorizar la invención y la gran creación que ha sido la forma en que yo gasté el dinero de la beca, me sumerge en un mundo de desconcierto y asombro. Devolver los tres mil dólares que Uds. me piden sería no creer en mi actitud, por lo tanto he decidido no devolverlos" y agregó "Leonardo pintó la Última Cena, yo la dí".



       La Galería Witcomb lo invita a exponer y prepara un cuadro de gigantescas dimensiones. Como era de esperarse no había modo de pasarlo por la puerta de un local comercial. La solución encontrada por Federico tuvo forma de serrucho. Cortó en dos el cuadro y lo expuso en dos mitades apoyado en el piso en lugar de colgado como es habitual.

Mandamientos de la Religión Gánica
       Para fines de los años 60 Federico Manuel Peralta Ramos había postulado una nueva religión a la que adscribía e invitaba a unirse a todos sus conocidos que era la "Religión Gánica". Su primer mandamiento (la lista sumaba 23) era: "Ser Gánico" es decir, hacer lo que uno tenga ganas. El tercer mandamiento sugiere "Dejar a Dios tranquilo". El cuarto y el quinto se contradicen entre si: "Perder tiempo" postula el cuarto y "No perder tiempo", el quinto. El sexto sugiere que hay que regalar el dinero. El décimo primero "Tratar de divertirse todo el tiempo" a la vez que el décimo sexto ordena "Jugar con todo". El vigésimo segundo sostiene "No mandar" y el último, quizá el menos posible de cumplir contiene únicamente la palabra "Flotar". El original de Peralta Ramos que figura como imagen aquí al lado finaliza con la sugerencia "Clavar esto con una chinche en la pared".

       Incursionó luego en el mundo de la música grabando un inconseguible disco simple que de un lado tenía grabado el tema: "Soy un pedazo de atmósfera" y del otro "Tengo un algo adentro que se llama coso". Se grabaron solo 1.300 copias y hoy por hoy es dificilísimo de conseguir. Para ese entonces su fama excedía el mundo del arte y de la mano del cómico Tato Bores llegó a la televisión. Incursionaba en medio de los monólogos políticos del actor interrumpiendo con recitados de sus poemas. Algunas cosas de sus últimas épocas pueden verse vía Youtube. 

       Hizo algunos personajes menores en el cine con lo que no dejó medio artístico por utilizar. Podía vérselo tomando un café en Galería del Este o en el Florida Garden entablando conversación con cualquiera que le propusiera dialogar. La muerte de sus padres, con pocos meses de diferencia entre uno y otro, fue un escollo que le costó superar. Y tanto le costó que el 30 de agosto de 1992, con jóvenes 53 años, Federico nos dejó. Sin dudas, el día que algún escultor decida hacer la estatua al Loco Lindo, seguramente estará obligado a tomar como modelo la figura y la cara de Peralta Ramos.

       Les dejo un par de frases de su autoría y un video de él mismo, recitando uno de sus poemas preferidos: La hora de los Magos.

"Creo que nunca hay que perder la niñez y la locura: el adulto que abandona la infancia abandona la creatividad. El enemigo de alguien creativo es la vanidad, enfermarse de pomposidad y solemnidad, convertirse en un tronco cristalizado. Es bárbaro fomentar eso, porque lo que le hace falta a la Argentina son creadores"

"Soy un artista plástico sin capacidad comercial y sin efectivo y con una incapacidad innata para ganarme la vida"

"Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir, canté sin saber cantar. La torpeza repetida se transforma en mi estilo"



  
Que anden bien