domingo, 13 de abril de 2014

Inauguración del CAESM: Centro de Ayuda al Estafado por los Sea Monkeys

       Hace un par de semanas que Bombilla Tapada no agregaba nuevos post. La mayoría de los lectores me conocen y saben el porqué. Falleció mi papá. Y entre tantas cosas que se llevó, me dejó sin ganas de escribir. El viejo estaba orgulloso tanto de los post escritos como de los videos y torturaba a sus amistades para que los lean y vean. Por lo tanto vamos a hacer honor a ambas cosas. Bombilla Tapada vuelve con un tema que lo tiene como actor de reparto. Siéntense por aquí que ya comenzamos.

      Allá por fines de los 70 yo solía ser un niño y una noche mi papá me trajo aquello que a todos los de mi edad nos quitaba el sueño por ese entonces. Tres pequeños sobres, del tamaño de los de azúcar que sirven en los bares, pegados a un cartón impreso, si bien en colores, bastante descuidadamente. Los dibujos mostraban una familia de bichos antropomorfos con cola haciendo sospechar que se trataba de madre, padre y dos hijos. La cabeza del que se suponía el macho adulto estaba terminada en una especie de corona y la presencia al fondo de la imagen de una suerte de palacio le confería cierta dignidad real. Señores, era dueño de mis propios Sea Monkeys.

        Para los que no sepan de que demonios estoy hablando se trataba de un producto ampliamente publicitado. Se suponía que mediante el uso adecuado de esos tres sobres podía crear vida instantáneamente. Y es más; una vez preparada la pecera y nacidos los Sea Monkeys dentro de ella se formaría una suerte de sociedad organizada a la que había que proveerla de infraestructura suficiente. Castillos, parques de diversiones y demás construcciones para uso y disfrute de nuestras nuevas mascotas.

          De más está decir que nada de esto último ocurría. Una vez descargado el contenido del sobre 1 en el agua y esperado el tiempo estipulado en las instrucciones se procedía a insuflar la pecera con vida, ya que el sobre 2 tenía dentro la "vida instantánea". El sobre 3 contenía el alimento para tus nuevos bichos

     Desafortunadamente para mis ilusiones y las de muchos de mis contemporáneos, pasados unos momentos de entusiasmo sin correlato en lo que ocurría en el agua, comenzaban a verse mover una suerte de mucosidades en la pecera y más temprano que tarde uno debía admitir que había sido estafado. En efecto, esos camarones diminutos eran los Sea Monkeys.

      Es que en realidad, lo que se suponían "Monos marinos" no eran más que unos crustáceos llamados Artemia Salina que hoy por hoy pueden conseguirse en cualquier acuario bien provisto como alimento vivo para peces. Lo curioso de estos bichos es que sus huevos, en caso en que la laguna en la que viven se secase, pueden sobrevivir larguísimos tiempos (hasta 10 años) sin estar en presencia de ningún líquido. Cuando se hidratan nuevamente, nacen como por arte de magia. Esta propiedad, la de mantener la vida en estado latente en los huevos, no solo es patrimonio de la Artemia Salina sino que muchos otros peces, crustáceos y batracios la poseen y se llama criptobiosis.

      Dilucidado el origen biológico de los Sea Monkeys solo falta hallar al espíritu perverso que provocó tales engaños. El tipo que fue capaz de hacernos creer que esos bichos inmundos eran realmente monos marinos y que podríamos verlos lanzarse por los toboganes que nos había vendido y hasta habitar palacios de plástico. Es hora de la justicia. Bombilla Tapada revelará el nombre del estafador que nos embaucó durante buena parte de nuestras infancias. Y no solo a nosotros y como ya verán, no solo una vez.

      El responsable llevaba por nombre Harold Von Braunhut, había nacido en 1923 y falleció en 2003. Ya desde el arranque las cosas van mal porque el Von de su apellido es un agregado que él mismo acomodó para que suene mejor, a su modo de ver. Es que nuestro villano tenía ciertas inclinaciones racistas y suponía que un toque alemán mejoraba las cosas en las épocas de segregacionismo negro en E.E.U.U y judío en Alemania.





      La cuestión es que el bueno de Harold traía algo de experiencia familiar dado que su abuelo tenía una pequeña fábrica de juguetes. De hecho su abuelo Tobías reclamaba para sí la autoría de la palita y baldecito de playa, un diseño propio según él. Harold decidió entonces fabricar sus invenciones que más que inventos parecían estafas.

      Primero lanzó unos supuestos lentes de rayos X. Obviamente que, fabricados en plástico, no había ninguna posibilidad de que con ellos pudiese verse a través de nada. Sin embargo, mediante una hábil campaña publicitaria, Harold logró vender unos cuantos. Luego la emprendió con unos muñecos de cartón que, sumergidos en una solución de sales, hacían que estas cristalizaran sobre el cartón de modo que pareciera que le crecían pelos. Más tarde descubrió que una especie de cangrejo llamado "ermitaño" busca refugio mientras muda su caparazón. Normalmente, en el mar se ampara dentro de un caracol vacío. Pero como bien se dice, para este bicho "cualquier agujero es poncho" así que don Braunhut "inventó" el Cangrejo Loco. Básicamente eran cacharros de varios tipos que se metían dentro de una pecera que contenía un cuerdo cangrejo ermitaño, de modo que al momento de la muda, el pobre bicho, no teniendo un caracol donde refugiarse, se metiera dentro de algunas de las porquerías que Harold le había vendido a la gente. Parece ser que, en su tiempo, el público consumidor consideraba esto sumamente divertido.

      Como ya se dijo, Von Braunhut fue el "inventor" de los Sea Monkeys, acaso su "creación" más exitosa. Las artemias salinas se vendieron por todo el mundo y para que tengan una idea de la formidable ganancia que traía considérese que en ese entonces (fines de los 70) un kilo de azúcar valía unos 850 pesos de la época y el cartón con los 3 sobres de "vida instantánea" se vendían a unos 9.000, es decir más de 10 veces lo que un kilo de azúcar.



      Pero la mayor, más descarada y vergonzosa estafa perpetrada por Harold fue la venta de "El pez dorado invisible". El mismo venía acompañado de un certificado de garantía que aseguraba que el pez nunca perdería su condición de invisibilidad. Y era razonable que ello ocurriera porque Von Braunhut  te vendía la pecera, las piedras y los adornos pero ningún pez. Era invisible, sencillamente porque no estaba ahí.




      Ahora que conocemos la historia (mas que la historia el prontuario) de Harold Von Braunhut uno comienza a sentirse un poco menos estúpido por haberle insistido a sus padres que gastaran su dinero en semejante porquería.



        Les pido mil disculpas. Los tengo que dejar porque tengo que terminar los preparativos del cumpleaños de Rodolfo, uno de los Sea Monkeys que me regaló mi papá en su momento y que el martes cumple 34 años.




Que anden bien