domingo, 3 de mayo de 2015

La casa en la pradera o la cabaña en el infierno. La Familia Ingalls de verdad

      Ni en los despachos y habitaciones particulares, ni en las salas de uso común de las instalaciones del blog encontrará usted un aparato de televisión. Los miembros del staff de Bombilla Tapada abjuran del uso de los medios masivos de comunicación porque sostienen que embrutecen a la gente y la alejan del verdadero placer del conocimiento. Sin embargo hay ciertos sectores, en las áreas de servicio del edificio, donde está permitida la presencia de estos aparatos (me refiero a los televisores). Y es que las Hermanas que mantienen las cocinas, almacenes y dormitorios provistos y aseados disfrutan del simple divertimento televisivo durante sus ratos de ocio y descanso. Ellas se emocionan con los programas de concursos, lloran penas de amor ajenas con las telenovelas y toman partido por una u otra postura durante los ásperos debates de los programas de chismes de las tardes. A pesar del estricto voto de silencio que mantienen han hecho notar que mas de una vez, mas de un miembro del blog se ha escurrido hacia las cocinas para mirar clandestinamente sus programas favoritos. 

     Mediante señas han referido la presencia de bigotudos catedráticos ofuscándose por las declaraciones de cierta bailarina acerca de una de sus colegas. O de las lágrimas que no podía contener un serio y afamado filólogo de doble apellido frente al abandono que había sufrido la damita joven de la telenovela por parte de su amado, un conductor de camiones de la curtiembre de su padre. Un nutrido grupo de miembros del staff del blog se juntaba tarde tras tarde a mirar varias viejas series que algunos canales de cable se empeñan en repetir. Probablemente no por buenas sino porque le recuerdan al televidente tiempos en que eran más jóvenes y felices. Los ángeles de Charlie, Bonanza, El Hombre Biónico, la Familia Ingalls o El Hombre del Rifle resultaban de las preferidas tanto de las novicias como de los catedráticos, quienes la disfrutaban té y budín mediante.

      Acaso para hacer pasar su inocultable afición televisiva por inquietud literaria, los miembros del blog prolongaban la charla acerca de el tópico de la serie vista pero basándola en los hechos históricos que ilustraba o en los adelantos tecnológicos que el capítulo visto vaticinara para un futuro cercano. Y entonces la conversación viraba de los salvajes rulos de Farah Fawcet a la invención del microchip por parte de Werner Jacobi. O quizá de lo perversa que se había vuelto Nellie Oleson a por qué la serie se llamaba en sudamérica La Familia Ingalls mientras que su título en inglés aparecía como La Pequeña Casa en la Pradera (Little House on the Prairie). Y es que, de acuerdo con los datos que aportó nuestro especialista en literatura americana, Laura Ingalls realmente existió, escribió un libro sobre su vida y en él es en el que se basa el guión de la serie que duró 9 años en el aire. Y casualmente los trajimos hasta aquí para contárselos. Consigan la azada, el rastrillo y un buen par de botas que el Oeste Norteamericano nos espera.

Laura Ingalls Wilder
     Edwin Friendly era un productor de la televisión norteamericana amigo (como no podía ser de otro modo con ese apellido) de Lorne Greene, protagonista de la famosísima serie Bonanza, con quien compartían la pasión por los caballos de carrera. Quizá por casualidad, quizá buscando, cayó en sus manos a principios de los años 70 un libro que relataba, en primera persona, la vida de los pioneros que se aventuraron a poblar el Lejano Oeste. En realidad el Oeste norteamericano estaba previamente poblado por aborígenes a los que el hombre blanco convenció amablemente a que se corrieran un poco más allá a fuerza de Colts y Winchesters. Así y todo, usurpadores y armados, no la tuvieron fácil. El título del libro en cuestión era La Pequeña Casa en la Pradera y su autora era la casi ignota Laura Ingalls Wilder. Había tenido algunos años de fama con sus libros y artículos en algunos diarios durante los primeros años del siglo XX pero no era lo que se podía decir una personalidad destacada de la literatura americana. La escritora había nacido en Wisconsin en 1867 y había formado parte, con sus padres, de los primeros grupos de colonos que se radicaron en Kansas, Minesota y Dakota. En realidad nunca quiso, nunca supo o nunca pudo salir del género de relatos de granjeros del oeste hecho que queda reflejado en los títulos de algunas de sus otras obras: La casa en el bosque, A orillas del río Plum, Un granjero de 10 años, o La pequeña ciudad en la pradera. Realmente, si uno no se sentía atraído por las historias de los pioneros, Laura Ingalls tenía poco que ofrecer, literariamente hablando.

      El punto es que a Friendly le gustó mucho la breve novela de Ingalls Wilder y se contactó con Michael Landon para que este, que se encontraba trabajando en Bonanza en el papel de Little Joe, dirigiera un piloto. Bonanza había sido la primera serie de una hora de duración por capítulo y también la primera filmada en colores. Había comenzado a emitirse en 1959 y para 1973 todos estaban bastante cansados de los Cartwright, la audiencia y los actores. Entonces Landon subió la apuesta, no sólo aceptó dirigir la filmación de un capítulo piloto sino que se quedó con el papel protagónico de Charles Ingalls.

      Así el 30 de marzo de 1974 la NBC pone al aire el primer capítulo de La pequeña Casa en la Pradera, conocida entre nosotros como La Familia Ingalls. En la serie Charles Ingalls era esencialmente bueno y trabajador. Su esposa Caroline era hacendosa y buena. Sus hijas, Laura, Mary y Carrie eran estudiosas y buenas. Aún los personajes antitéticos de los protagonistas, encarnados en la familia Oleson, eran antes traviesos los niños o envidiosos los adultos, que malos. Los conflictos siempre tenían solución y los Ingalls adoptaban a todo huérfano que anduviera suelto por ahí y colaboraban en la construcción de una nueva cabaña para los recién llegados. A pesar de la ceguera que contrae Mary, la vida sigue adelante con resignación y todos tienen la oportunidad de demostrar, capítulo a capítulo, lo buenos y comprensivos que son.

      Pero la realidad del libro y la vida de Laura Ingalls Wilder eran ligeramente distintas a lo que se ve en la serie.  Laura murió en 1957 a la nada despreciable edad de 90 años a causa de complicaciones de la diabetes que padecía. La edición del libro que llegó a manos de Ed Friendly había pasado previamente por las manos de su hija (la de Laura) Rose Wilder Lane a quien le parecieron un poco fuertes las vivencias de su madre por lo que expurgó el texto hasta dejarlo apto para ser leído por un niño. De hecho durante la época en que la serie se mantuvo en el aire (entre 1974 y 1983), el libro La Pequeña casa en la Pradera fue consumido por público infanto-juvenil. Suele ser moneda corriente que el paso de la realidad a la novela cuente con ciertas licencias literarias pero quizá sea un poco descorazonante enterarse de cuanto.

      Para empezar lamentamos contarle que La Casa en cuestión nunca existió como tal dado que Charles Ingalls no era propietario sino que alquilaba. Por otra parte, no siempre les iba bien por lo que debieron mudarse múltiples veces, algunas de esas durante la noche para evitar pagar los alquileres adeudados. Dado que, como dijimos, la situación financiera de los Ingalls no era lo que se podía llamar floreciente Laura comenzó a aportar a la economía familiar desde muy temprano. Cuidaba a una señora que se encontraba postrada en una finca cercana a cambio de unas monedas hasta que volviera el marido. El problema era que al caballero le gustaban un tanto las bebidas alcohólicas y por esa razón solía volver borracho de vez en cuando (no era el único personaje del libro al que le gustaba la bebida, ya verán). En unos de esos retornos al hogar, dominado por el alcohol etílico, le pareció una excelente idea violar a Laura. Por fortuna estaba lo suficientemente fuera de si como para que su víctima potencial pudiera escapar.

Charles y Caroline Ingalls
      Charles Ingalls gustaba del trabajo duro como un tigre gusta de la lechuga. Laura recuerda en sus memorias que su madre Caroline debía criarlas, sembrar, arar y realizar cualquier otro trabajo manual. A pesar de que el gobierno federal ofrecía unos 160 acres de tierra (unas 65 hectáreas) a aquellos que decidieran radicarse en aquellas tierras del oeste, los Ingalls pasearon sus huesos por Missouri, Kansas, Iowa, Wisconsin y Massachusetts sin afincarse definitivamente en ninguna parte. Durante unos meses vivieron en Walnut Grove, donde se desarrolla toda la acción de la serie. Durante los años de la Guerra Civil norteamericana el valeroso Charles le pagó a un tipo para que ocupara su lugar en el ejército. Los acreedores de sus alquileres adeudados y su situación irregular en la milicia los llevaron a vivir casi de manera ilegal. Para redondear una personalidad penosa, Charles se ponía violento con su familia cuando bebía whisky, cosa que ocurría casi todos los días, excepción hecha de cuando no tenía dinero para comprarlo.

Carrie, Mary y Laura Ingalls
      Las adorables Laura, Mary y Carrie de la vida real eran las encargadas de matar a los pequeños lechones que asaban para comer de vez en cuando. Laura cuenta en sus escritos, que uno de sus divertimentos favoritos era abrir el cadáver y retirar la vejiga para jugar con ella hasta que reventara. Una imagen ligeramente distante de la de los personajes televisivos. En otro capítulo de su verdadero libro Laura Ingalls cuenta que alertado por los gritos, su padre se acercó a una finca lindera y encontró que su propietario, completamente borracho había rociado su casa (construida íntegramente en madera) con combustible, había atado a su esposa a la cama matrimonial por lo pelos y luego había encendido fuego a todo el conjunto. Semejantes escenas hacen que las maldades de los niños Oleson parezcan realmente estupideces.

      Mary, que en la serie se va quedando ciega con el correr de los capítulos perdió efectivamente la vista en la vida real pero de una forma algo distinta. Fue en cuestión de días luego de unas fiebres sostenidas muy altas, los síntomas coincidirían con una meningitis. Por último (en esté post y en la serie) la localidad donde la novela televisiva transcurre, Walnut Grove, termina, tanto en la serie como en la vida real, completamente deshabitada. En la serie un inescrupuloso empresario compra todos los terrenos con casas, sembrados y habitantes incluidos mediante una trapisonda legal. En un acto colectivo de heroica dignidad, sus habitantes dinamitan todas las viviendas a fin de que el pérfido comprador deba empezar todo de cero. En la realidad existe coincidencia en cuanto al éxodo de habitantes pero las razones son más pequeñas, más numerosas, más verdes y sobre todo más voraces. Walnut Grove fue atacado por una invasión de langostas que no dejó una sola planta en pie.

      Espero no haberles estropeado las ilusiones infantiles con estas revelaciones. No hace mucho tiempo, durante uno de los banquetes periódicos en las instalaciones del blog, la concurrencia se dividió claramente en dos bandos. Algunos sostenían que se trataba de una ilusión y otros de un engaño. En cualquier caso no se pudo arribar a una conclusión unánime acerca de si dentro del Ratón Mickey que se saca fotos en Disneyworld hay o no un tipo.

Que anden bien.