lunes, 25 de mayo de 2015

Se me ha perdido un rinoceronte y dicen que el Papa León X lo tiene

      De una edad incierta pero cercana a los 90 años o más el Ujier de Cámara de Bombilla Tapada es toda una personalidad en si mismo. Miembro de una familia dedicada desde hace mucho tiempo a la diplomacia, fue criado en diversos lugares exóticos del mundo acompañando a su padre en sus tareas junto con el resto de la familia. Una sórdida historia amorosa nunca del todo aclarada lo llevó a actividades más sedentarias y luego a pertenecer al staff del blog. Sus historias de aventuras vividas durante su infancia y adolescencia en extrañísimos lugares del globo lo convierten en un animador privilegiado en las tertulias posteriores a los numerosos banquetes con que se halagan los cofrades, cuando no se queda dormido en un sillón en parte por su edad avanzada y en parte por su predilección por el vino tinto de Cádiz. 

Tilacino
      Una de sus historias predilectas refiere a la ocasión en que junto con su padre visitaron, durante su misión en Australia, el zoológico de Hobart donde pudo ver al último tilacino vivo en cautiverio. El tilacino es un extraño lobo marsupial de Tasmania que realmente impresionaba al abrir su boca debido al desproporcionado tamaño de esta en comparación con los caninos que hoy conocemos. Lo único que podemos apreciar de él hoy en día son algunos ejemplares embalsamados, unas filmaciones bastante toscas y ciertas fotografías. El Australian Muesum de Sydney sostiene un proyecto para clonar al animal partiendo de ADN contenido en especímenes conservados en formol. Quizá gracias a este adelanto tecnológico el resto de los miembros del blog y ustedes queridos lectores lleguemos a conocer a un tliacino vivo. Por lo pronto el único que lo ha logrado es nuestro anciano ujier.

    Las filmaciones, las animaciones por computadora, los documentales, las fotografías, la palabra impresa y los mismos zoológicos nos permiten conocer los aspectos, costumbres, alimentación y curiosidades de casi cualquier especie sobre la tierra. Si tuviéramos que remitirnos sólo a las que hemos de ver a simple vista en nuestro lugar de residencia conoceríamos solo perros, gatos, algún que otro caballo, vacas y ovejas con suerte y obviamente moscas, hormigas y las ecuménicas cucarachas. Pero de este lado del globo nadie sabría como es un león o un elefante. Del mismo modo Europa no conocería el aspecto de los loros y los coloridos papagayos. Nuestro especialista en Arte y Curador de la exposición permanente de Bombilla Tapada en seguida recordó una interesante situación que a ese respecto ocurrió en Europa en los 1500 y que involucra nada menos que a rinocerontes. Vengan conmigo, les pedimos que, dado que está prohibido tomar fotografías, dejen sus cámaras en estos lockers que se ven a la derecha.

Manuel I de Portugal
      Desde la época del imperio romano (primeros siglos de la era cristiana) ningún rinoceronte había pisado tierra europea. Esto en realidad no constituye ninguna novedad dado que de manera natural es imposible encontrar semejante perisodáctilo en suelo europeo, sin embargo la llegada del primero desató una suerte de rinocerontemanía entre sus habitantes. Portugal tenía varias colonias en lo que hoy es la India (llamadas en un derroche de originalidad Indias Portuguesas). Su gobernador Alfonso de Alburquerque recibió un exótico regalo por parte del Sultán Muzafar II gobernador de Guyarat, una de las provincias de la India. Era común por ese entonces que los jefes de estados amigos se intercambiaran regalos como demostración de esa amistad. Claro que no estaba bien visto regalar llaveros o pares de medias como hoy. En el intercambio de regalos, a Alfonso le tocó un rinoceronte. Podemos sospechar la alegría por haber recibido semejante presente. Tanta habrá sido que a su vez decidió que su nueva mascota no permaneciera con él sino que la envió a su rey Manuel I de Portugal junto con su cuidador (el del rinoceronte, se entiende). En enero de 1515 el rinoceronte partió desde el puerto de Goa con rumbo a Lisboa, pero ya durante el viaje despertó una enorme curiosidad. El barco se vio obligado a hacer escalas en Mozambique, Santa Helena y las islas Azores para que sus habitantes pudieran ver al exótico animal.

Historia Natural de Plinio
      Durante los 120 días que duró el viaje a alguien en Portugal se le ocurrió que sería una buena idea agregar a la Torre de Belem, que estaba siendo construida sobre la desembocadura del río Tajo, unas gárgolas en forma de rinoceronte, en honor al futuro huésped de la casa de fieras del rey. El problema era que para ese entonces nadie sabía demasiado bien como demonios lucía uno, las imágenes que podían encontrarse sobre rinocerontes en grabados y manuscritos, lo hacían compartir ecosistema con unicornios, sirenas y dragones. Es más, las costumbres de los rinocerontes casi que pertenecían al terreno de la mitología. Era vox pópuli (gracias a ciertos relatos llegados desde la antigua Roma) que los rinocerontes y los elefantes se odiaban mutuamente sin ningún tipo de fundamento basado en una experiencia real. Es más, en estado natural, los rinocerontes y los elefantes pasan de la total ignorancia a la indiferencia más profunda, sentimiento que es recíproco. Finalmente el rinoceronte arribó a puerto y fue paseado por las calles hacia su destino en el Palacio de Ribeira ante el asombro y el júbilo de la población lisboeta. Para demostrar que no en vano era el rey, Manuel I organizó entonces una batalla entre un elefante (que tenía en la Casa de Fieras del Palacio dos Estaús) y su reciente regalo. El 3 de junio de 1515 se "enfrentaron" ante una multitud que se contentaba con solo ver en persona a esa extraña criatura. El combate fue un fiasco. Muy a pesar de la opinión del naturalista  romano Plinio el Viejo acerca del odio mutuo innato de ambas especies, el rinoceronte avanzó con curiosidad hacia el elefante y éste, quizá aturdido por la multitud que había ido a ver a su contendiente, procedió a huir lo más rápidamente posible de la arena sin presentar batalla.

      En ausencia de fotógrafos (faltaban unos 5 siglos para que los hubiera) el registro gráfico de la presencia del rinoceronte en tierras europeas corría por cuenta de los artistas, dibujantes y pintores. Eso si, los que quisieran retratarlo debían apurarse porque Manuel I tenía otras intenciones para con el bicho en cuestión.

Papa León X
      Si tomaron en consideración los años en los que transcurre nuestra historia de hoy habrán notado la cercanía temporal con el descubrimiento de América. Plena época de descubrimiento de nuevas tierras, particularmente por parte de navegantes Españoles y Portugueses el Papa León X era constantemente citado a oficiar de árbitro entre las dos potencias marítimas y legitimar la posesión de una u otra sobre territorios recientemente avistados. Tratando de ganarse su favor en el caso de nuevas tierras de Extremo Oriente sobre las que Portugal pretendía obtener derechos, Manuel I estimó que nada mejor que un rinoceronte para torcer la voluntad papal. Y allá partió nuevamente el pobre animal (me refiero al rinoceronte), esta vez rumbo a Roma por el Mediterráneo en diciembre de 1515. De paso por Marsella Francisco I de Francia no quiso dejar pasar la oportunidad de verlo en persona y en una isla cercana a la costa, nuestro protagonista tocó tierra (por última vez) para que el rey pudiera conocerlo. Finalmente el 24 de enero de 1516 zarpó nuevamente. Una tormenta lo sorprendió frente a Porto Venere, a pocos cientos de metros de la costa y el barco se fue a pique. La mayoría de los tripulantes del barco pudo alcanzar la playa nadando, pero el rinoceronte, en la bodega, enjaulado y encadenado no tuvo suerte. Su cuerpo apareció días mas tarde en las costas de Villefranche sur Mer y su piel fue enviada nuevamente a Lisboa donde un taxidermista lo reconstruyó y fue despachado, ahora disecado, rumbo a Roma nuevamente. Por muy rinoceronte que fuera no causó la misma impresión en el Papa León X que si hubiera estado vivo. De hecho no se sabe a ciencia cierta donde fue a parar el regalo de Manuel I.

Alberto Durero
      De todos modos durante su breve paso por Portugal, el rinoceronte fue retratado como correspondía al interés que había despertado. Uno de los grabados más famosos del animal fue realizado por Albrecht Dürer (Latinizado como Alberto Durero) el más famoso artista alemán de todo el renacimiento. Durero realizó la matriz de su famoso grabado sobre madera y por lo tanto se imprimieron muchísimas copias aún luego de su muerte en 1528.  El problema es que Durero nunca estuvo en Portugal y el rinoceronte nunca estuvo en Alemania, por lo tanto jamás se vieron cara a cara. Entonces ¿Como hizo para dibujarlo?




Rinoceronte de Durero
      Un mercader de Moravia, cerca de la actual Austria, llegado a Lisboa vio al rinoceronte en persona y quedó fascinado. Le escribió a un amigo en Nüremberg una carta describiendo al animal. Esta fue la primer noticia que se tuvo en Alemania acerca de la existencia de semejante bicho en suelo europeo. Probablemente el nüremburgués haya pedido más precisiones con lo cual el moravo mandó una segunda carta junto con un boceto realizado por un artista del que no se conserva ningún dato. De allí que Durero le haya pifiado un poco al diseño del animal original. En lugar de los pliegues que el rinoceronte tiene, Durero lo acorazó con placas parecidas a una armadura medieval. En apariencia, el boceto que copió el alemán fue realizado durante el traslado del animal hacia el barco que lo llevaría hacia Roma. Esta sospecha se debe a que según anotaciones de la época el rinoceronte fue adornado con un paño verde al rededor del cuello que el bocetista incluye (obviamente en blanco y negro) y que Durero transforma en una pieza más de la armadura natural del rinoceronte. En el grabado de Durero puede verse que el rinoceronte tiene una especie de gorjal, que es la pieza con que los caballeros andantes cubrían su garganta, cosa que en absoluto posee nuestro protagonista. Pero el error más evidente es el segundo cuerno que Durero le incluyó al rinoceronte sobre los hombros y que tampoco tiene el animal de carne y hueso.

      En 1741 llegó Clara al puerto de Roterdam en Holanda. Se trataba de un rinoceronte hembra que el capitán del Knappenhof (el barco que la transportaba) trajo desde Bengala. Habían pasado más de 200 años desde la muerte del primero de sus congéneres y si bien hubo más de un ejemplar entre ambos en Europa, la llegada de Clara desató otra vez la furia rinocerontística (Si es que tal término existe) entre los artistas europeos de la época. Clara fue modelo de cuadros, tapices y hasta estatuillas de pocelana. Paseó por casi toda Europa: desde Holanda donde desembarcó, hasta Francia e Italia, pasando por la actual Polonia, Dinamarca y hasta el Reino Unido.




      Lo llamativo es que durante los 200 y algo de años que pasaron entre ambos rinocerontes, la única referencia que naturalistas y artistas tuvieron a la hora de plasmar a uno de ellos fue el grabado de Durero que contenía no pocas inexactitudes y bastante de imaginación.

      Hoy cualquiera de nosotros con una cámara o un celular vuelve del zoológico con cientos de fotografías de alta definición de la cantidad de animales que guste, por más exóticos que sean. Hasta los libros infantiles para colorear lucen estampas de animales que sería imposible que uno viera con sus propios ojos por incompatibilidad geográfica. Cualquier revista puede traer imágenes del Taj Mahal o la Gran Muralla China o un documental les puede mostrar las profundidades del Amazonas o la cima del Everest sin que uno siquiera se despeine. Debemos agradecer vivir en una época en donde todo esto es posible. Para todo lo demás existe Bombilla Tapada.

Que anden bien.