domingo, 31 de mayo de 2015

Vamos hacia donde nos lleva la corriente. Edison y Tesla

      Con los bríos propios de la juventud y la novedad en su cargo, el nuevo bibliotecario francés de Bombilla Tapada consiguió permiso del Consejo Supremo para realizar la digitalización de los ejemplares más valiosos de la biblioteca a su cargo. Sostuvo como pretexto para tal petición que las hojas de los antiguos libros almacenados en las salas de atmósfera controlada de la biblioteca se dañan con el manoseo, aún el más cuidadoso y que una vez convertidos al formato digital los podría consultar cualquiera que lo requiriera sin ningún tipo de restricción. Labradas las actas correspondientes y aprobado el presupuesto comenzó la tarea de montaje de una sala contigua al Gran Salón de Nogal donde funcionará el laboratorio de edición digital del Blog. Los Supremos Consejeros, asimismo, incluyeron en el presupuesto la instalación de un complejo sistema de imagen y sonido de modo que los miembros del blog no solo puedan acceder a los contenidos de la biblioteca sino también disfrutar de conciertos, óperas y documentales con la mejor calidad disponible hoy en día.

      Uno de los miembros del departamento de Tecnología Aplicada de Bombilla Tapada, mirando a su alrededor dentro de la sala hizo mención a cuantas cosas de las que se podían disfrutar allí tenían su origen en algún invento de Thomas Edison. La iluminación eléctrica, la grabación de sonidos, el registro filmográfico, la distribución misma de la electricidad casa por casa son todos beneficios que le debemos al mago de Menlo Park a decir de nuestro colega. Surgió entonces de entre la concurrencia la extraña pero bien conocida voz de nuestro experto en Arqueología Precolombina, un investigador serbio, llegado a América hace años pero que no ha podido sacarse su particular acento balcánico y que aún conserva serias dificultades para pronunciar el nombre de Tenochtitlán, a pesar de dedicarse al tema. Con gesto adusto y voz grave, el serbio encaró con seriedad a quien elogiaba e Edison recordándole del modo más vehemente posible que nada de eso hubiera llegado a nuestras manos si no fuera por un serbio al que don Thomas Alba le había robado la mitad su trabajo. El defensor de Edison sonrió con sorna y eso fue suficiente para que comenzara una batahola de considerables dimensiones que puso en riesgo no solo la integridad física de los presentes sino también al costoso y moderno equipamiento de la sala para desesperación del bibliotecario.

      Afortunadamente nadie salió lastimado pero si ofendido dado que la reyerta incluyó múltiples acusaciones cruzadas entre los dos bandos que se habían formado. El uno en favor de Edison, el otro en defensa de un tal Nikola Tesla, quien será a causa de la pelea, el protagonista de la presente nota. Traigan ropa liviana que en julio en Europa es verano.

Nikola Tesla
      Comenzamos nuestra historia de hoy en Smiljan, un pueblo que alguna vez perteneció a Yugoslavia (que ya no existe) pero que en el momento en que nos situamos estaba dentro de la esfera de poder del Imperio Austro-Húngaro (que tampoco existe más). Para complicarla aún más esa localidad pertenecía en esos momentos a Serbia pero hoy forma parte del territorio croata. Por lo tanto Nikola Tesla es técnicamente serbio aunque terminó sus días adoptando la nacionalidad estadounidense. Y a todo esto nació el 10 de julio de 1856. A los 6 años ingresó en la escuela y cursó los 4 años de estudio previstos, en 3. Una vez terminada la secundaria, diez años más tarde, ingresó a la universidad de Graz y se interesó por el nuevo juguete de la ciencia: la electricidad. Para ese momento la electricidad era poco menos que una novedad solo entendida por científicos pero ya se le estaban comenzando a encontrar algunos usos prácticos. De hecho, para ese entonces ya existían los telégrafos (uno de los primeros usos prácticos de la electricidad. Por primera vez el hombre podía transmitir mensajes a enormes distancias casi de manera instantánea) y Hungría ya tenía su propia compañía de comunicaciones. Abandonando sus estudios por la mitad, Nikola encontró trabajo en Budapest. Cuando en 1881 se pretende establecer la primera compañía de teléfonos Tesla ya era el jefe de electricistas de la compañía. Con más libertad de acción, Nikola Tesla no solo cumple con las tareas encomendadas sino que se pone a innovar e inventar nuevos aparatos. Y aquí aparecen los problemas.

      Al parecer Nikola Tesla tenía una memoria fotográfica. Él mismo comenta en su autobiografía que memorizaba libros enteros. Su forma de pensar y de llevar adelante sus desarrollos no era la convencional. Cuando le surgía un proyecto o una idea, según se cuenta, ésta aparecía completamente terminada en su cabeza. Sin Esquemas, sin desarrollos, sin anotaciones. Como una especie de revelación. Se cree que en sus últimos momentos en Budapest desarrolló el primer amplificador de que se tenga noticias, pero al no haber quedado planos o anotaciones al respecto, todo queda en el terreno de la especulación. Al año siguiente abandona todo en Hungría y se establece en París. Trabaja para la Continental Edison Company. Allí se encarga de montar equipos eléctricos provenientes de más allá del océano fabricados por quien en breve seria su jefe, y en poco más que breve dejaría de serlo.

Thomas Edison
      En 1884 viaja a Estados Unidos con una mano atrás y una carta de recomendación adelante. Llega a las oficinas de la Edison Machine Works y muy a pesar de los elogiosos conceptos de la carta Edison de da trabajo como electricista raso con un salario semanal de U$S 18 (72 dólares al mes). Luego de solucionar algunos inconvenientes técnicos que se le habían presentado a don Thomas, el dueño de la firma lo invita a echar mano de los motores y generadores de corriente continua que él utilizaba. Edison menciona (todo de palabra así que es incomprobable) que si Tesla fuera capaz de resolver los problemas técnicos que ambos sistemas tercamente presentaban, le pagaría US$ 50.000 (que a dinero de hoy serían unos 1.100.000). Tesla lo hizo y, tímidamente reclamó su premio:

- Vea, Nikola - le sonrió Edison - tal parece que usted no logra entender el humor Norteamericano.

      Poco tiempo después, Tesla le pidió un aumento en sus remuneraciones semanales de los U$S 18 consignados anteriormente a U$S 25 en función a las múltiples contribuciones que este venía haciendo a la empresa del Norteamericano y que sin duda lo habían ayudado a facturar más. Edison se los negó. Tesla renunció de forma inmediata. La energía eléctrica crecía enormemente. Los motores eléctricos comenzaban a desplazar a los peligrosos y pesados sistemas a vapor. La demanda de nuevos productos y mejoras en los existentes requería de mano de obra especializada y también de fuerza bruta. Pero para desgracia de Tesla, casi todas las áreas del negocio estaban monopolizadas por Edison y su compañía. Mientras encontraba la manera de llevar adelante sus ideas, tenía ya completo en su cabeza el motor de inducción y otros dispositivos que utilizaban campos magnéticos rotativos, trabajó cavando zanjas para instalar cables....de la Edison.

George Westinghouse
      En 1888 conoció a George Westinghouse. Si a alguno de ustedes le suena este apellido como marca de electrodomésticos aún existente sepan que se trata efectivamente de la Westinghouse Electric & Manofacturing. En realidad George Westinghouse no hizo su primer dinero con la electricidad sino con el vacío. El bigotudo neoyorquino había inventado el freno neumático para trenes, sistema que aún hoy sigue en uso en los trenes traccionados. Ese dinero le permitió realizar inversiones en la creciente industria eléctrica y escuchó con interés las revolucionarias ideas del serbio. La electricidad estaba por dar el gran paso de la industria a los domicilios particulares. Para ello había que diseñar una red de distribución domiciliaria y Edison llevaba las de ganar dado que casi todos los motores y escasos artefactos eléctricos existentes  llevaban su firma. Pero el sistema con el que éste se manejaba (la corriente continua) tenía no pocas dificultades para enviar energía por un cable durante trayectos muy largos. La corriente continua de Edison  recalentaba los cables y esa disipación de energía se reflejaba en una caída de la tensión a lo largo del tendido. En cambio el sistema de Tesla de corriente alterna tenía la enorme ventaja de que, a mayor tensión menor pérdida. Por lo tanto lo que Nikola le propuso a Westinghouse fue, enviar altas tensiones durante el transporte e instalar cerca de las casas transformadores que bajaran esa tensión a una magnitud utilizable en los aparatos e iluminación. Se desató entonces lo que la prensa del principio del siglo XX llamó "La guerra de las Corrientes".

     Edison se alió con John Pierpont Morgan, un banquero cuyas iniciales permanecen aun hoy en el medio financiero como J.P.Morgan (o la Banca Morgan llanamente). Por su parte, en el otro rincón del ring se encontraba Tesla y Westinghouse. Edison venía acostumbrado a ganar todos los rounds casi sin rivales que se le opusieran y se puso más que nervioso ante la re aparicion de Nikola Tesla frente de él. El norteamericano eligió el camino de desacreditar a la corriente alterna de Tesla calificándola como peligrosa. Encargó a Harold Brown, uno de sus empleados, el diseño de la "silla eléctrica" alimentada con la corriente alterna. El mecanismo se mostró más que eficiente en matar por electrocución a perros y gatos, para horror de los asistentes a las demostraciones. El mensaje implícito era: "Imagine usted tener semejante peligro dentro de su casa". El morboso show final consistió en la electrocución de un elefante de carne y hueso. (Existen registros fílmicos de semejante salvajada pero no está en nuestro ánimo ser más ilustrativos que lo necesario en este caso). A los pocos días Tesla se presentó ante el público de Nueva York e hizo pasar por su cuerpo una corriente alterna, convenientemente aislado del piso, sin sufrir ningún tipo de inconveniente o molestia. Pero el golpe final para la corriente de Edison vendría por el lado del dinero y no de las exhibiciones morbosas.

      En 1893 se llevó adelante la Feria Mundial de Chicago y sus organizadores pretendían que durante las noches fuera iluminada con luz eléctrica. Edison y Morgan pasaron un presupuesto para hacerlo al comité organizador. Tesla y Westinghouse presentaron la misma propuesta pero por la mitad de precio. Los inversores norteamericanos quedaron fascinados con el sistema de Tesla y sus 1.000 lámparas incandescentes encendidas al mismo tiempo y contrataron a Westinghouse para construir la primera usina eléctrica comercial junto con el sistema de distribución. Ganó Tesla.

      Nuestro protagonista creó también un mecanismo para transmitir corriente eléctrica sin cables. Diseñó el primer transmisor de radio. Trabajó con los rayos X. Creó la lámpara fluorescente. Descubrió que la Tierra resuena en una frecuencia de 8 Hz y por lo tanto los fenómenos eléctricos pueden propagarse a través de la atmósfera. Fue capaz de detectar rayos que caían a la Tierra a centenares de kilómetros de distancia y estudiando este fenómeno descubrió ondas de radio provenientes del espacio. Afirmó haber diseñado el "teslascopio" para registrarlas. Nada queda de aquel aparato pero de ser así también hay que adjudicarle la invención de la radioastronomía. En sus descubrimientos se basa la invención posterior del radar.

      Luego de la instalación de la usina de Niagara Falls, cedió las patentes a Westinghouse y siguió sus investigaciones por si solo. A pesar de sus enormes contribuciones a la ciencia y a la calidad de vida de la población, Tesla por su personalidad y modo de encarar su trabajo, gano fama antes de científico loco que de hombre de ciencia respetado.

Tesla anciano
      Murió a la longeva edad de 87 años si bien no en la miseria, cuanto menos pasando apremios económicos siendo que sus invenciones le hubieran permitido vivir en la opulencia. Varias veces durante su vida corrió el rumor que sería el beneficiado por el Premio Nobel de física cosa que tampoco nunca ocurrió. Solamente recibió un premio en toda su larga vida por sus trabajos.






      El Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos de los Estados Unidos instituyó en 1904 un premio anual a algún científico o técnico que hubiera destacado de entre los demás por sus labores en el área. Una medalla de oro y diploma muy codiciados aún hoy en día. El Instituto decidió entonces entregársela a Tesla en 1916. Paradójicamente el premio lleva por nombre: Medalla Edison.

      Probablemente, como siempre ocurre, no hayamos logrado transmitir el mensaje que corre por debajo de la historia principal. Edison puso a su nombre más de 1.200 patentes (tanto propias como de colaboradores) a lo largo de su vida y, por lo tanto, cobró regalías por la utilización de sus inventos. Tesla no se preocupó por eso. Edison terminó sus días millonario. Tesla en la pobreza. A Edison lo conoce todo el mundo. A Tesla lo tenemos que rescatar con una soga desde el fondo de la historia.

En este sencillo acto, Bombilla Tapada se declara Teslaadicto.

Que anden bien.