domingo, 26 de abril de 2015

Falsos como ropa de la feria. Historias (2) de libros falsos

      El febril ritmo con el que se mueven los investigadores, redactores y asistentes del staff de Bombilla Tapada lo asemejan más a una redacción periodística que a una sede donde se desarrollan profundas investigaciones, tal es el caso. Los diversos departamentos del blog están constantemente abastecidos por la bibliografía necesaria para que las investigaciones de los eruditos cuenten con todo el material de respaldo necesario a fin de mantener la seriedad que ha caracterizado a la presente página a lo largo de sus años (tres) de existencia. Por lo tanto, la desaparición física del bibliotecario, llorada y profundamente sentida por el resto de los investigadores, debió ser reparada de la forma más veloz posible. Los estrictos códigos internos del blog impiden revelar los nombres de sus miembros pero no faltaremos a la norma si les contamos que luego de una estricta selección, el Consejo Directivo se decidió por un joven catedrático francés quien aceptó el nombramiento de forma inmediata, atraído por la fama que persigue al blog en el ámbito académico mundial.

      Como casi todas las actividades emprendidas por el Consejo Directivo del Blog empiezan, culminan o contienen en medio un banquete, y la asunción en su cargo del galo no fue la excepción. A los postres el nuevo bibliotecario departía animadamente con sus colegas acerca de sus funciones específicas cuando surgió un tema que acaparó la conversación. En realidad comenzaron hablando de libros falsos. El Ujier de Cámara refería que en numerosas bibliotecas que supo conocer se compraban solo los lomos de los libros para completar espacios vacíos a fin de aparentar completitud. Luego alguien, con antecedentes de seminarista en su juventud, recordaba lo conveniente del voluminoso tamaño de ciertos libros religiosos y su utilización, una vez eliminadas las hojas internas, para ocultar entre sus tapas un envase del tipo Tetra Brick, no exactamente de leche chocolatada. Luego, un miembro del Comité de Ética del Blog mencionó un antiguo post de Bombilla Tapada que versaba sobre un falso manuscrito, el Voinych (http://bombillatapada.blogspot.com.ar/2014/03/manuscritos-raros-con-la-compra-de-este.html). Y así el discurso fue pasando de miembro en miembro de la rueda. Volvió a recoger la palabra el nuevo bibliotecario y aclaró que lo que el realmente quería decir cuando hablaba de libros falsos era a obras literarias adjudicadas por una u otra cuestión a un autor distinto del real.

      Puso como ejemplo el abominable poema: "La marioneta de trapo" falsamente adjudicado a Gabriel García Márquez quien supuestamente enfermo ya, se lo enviaba de manera personalizada a sus familiares y amigos. Aclarada la cuestión de su autoría Márquez se lamentó: "Lo que más me duele es que alguien haya creído que yo escribo así". Del mismo modo circula por la web un espantoso escrito atribuido a Jorge Luis Borges que lleva el nombre de Instantes y que parece salido de la pluma de una señora que teje mientras mira la telenovela. Contiene frases como: "Sería menos higiénico.....tomaría más helados" e introduce la palabra termómetro en un poema cosa que nunca nadie antes había osado hacer. Aparentemente fue escrito como ejercicio literario sin mayores pretensiones por un tal Don Herold para la revista Selecciones allí por los años 50 y a alguien se le ocurrió que sería una buena idea adjudicárselo a don Jorge Luis. Pero el nuevo bibliotecario quería llegar más allá y propuso que el próximo post de Bombilla Tapada tratara no sobre un par de palabras mal escritas y adjudicadas falsamente a alguien famoso sino sobre libros enteros abiertamente falsos. Vamos entonces, lupa en mano a meternos en dos casos de libros completos completamente fraudulentos.

Fingal
      El Reino Unido está unido en realidad bastante a la fuerza. En él conviven 4 naciones: los ingleses propiamente dichos, los escoceses, los galeses y los irlandeses. Durante todo el tiempo se odian casi mutuamente (particularmente las últimas tres en contra de la primera) y en cuanto tienen una pequeña oportunidad se lo demuestran abiertamente. Pero las hostilidades no solo se mantienen en el ámbito gubernamental, territorial o bélico. Casi todo es motivo de disputa. Que las comidas, que la música, que las leyendas y así cada una de las naciones defiende sus pertenencias de las manos de las otras.  Pueblos con más de 1.000 años de historia poseen en gran número de tradiciones, canciones, poemas y leyendas que defender. Uno de los poemas de las Tierras Altas de Escocia canta la epopeya de un tal Fingal (llamado también Finn como el héroe de Hora de Aventuras, coincidencia que estimo no casual). Tratando de resumir lo más posible, Fionn Mac Cumhail, tal era su nombre completo fue criado por una druida llamada Bodhmall y una guerrera de nombre Liath Luachra, de modo fortuito adquiere una enorme sabiduría (ver el post de Bombilla Tapada: http://bombillatapada.blogspot.com.ar/2014/02/queres-una-mascota-pedile-tu-papi-que.html ). Parece ser que cada 23 años en la noche de lo que hoy es Halloween, un hada de nombre Aillen (de extraña sonoridad mapuche en medio de Escocia) procedía a dormir con su aliento a los hombres (pavada de halitosis) y aprovechaba para prender fuego al palacio de Tara. Pues Fingal se mantuvo despierto pinchándose con su propia lanza y luego mediante una bolsa con armas mágicas pasó a degüello al hada.

Ossian
      El resto de sus hazañas son lo usual en este tipo de leyendas. Se enamora de una mina que andaba por ahí convertida en ciervo. Que vuelve a su forma humana y a la de ciervo alternativamente mientras avanza el matrimonio. Luchas contra gigantes y cosas así. Todo dentro de la sensatez que rige los mitos antiguos. El relator de las hazañas de Finn es un mítico poeta llamado Ossian. Lo que se conocía de el poema original era bastante poco dado que databa del siglo III después de Cristo y había llegado a la época moderna mediante la tradición oral mayormente. Todo lo que había, hasta el siglo XVIII eran retazos, fragmentos del supuesto poema original escocés.



James Macpherson
      En 1736, en la ciudad más importante de las Tierras Altas escocesas, Inverness, nació un tal James Macpherson. Estudió en Edimburgo y en Aberdeen (ambas ciudades escocesas) pero no se recibió de ninguna cosa. Para 1760 se le dio por escribir un libro que recopilaba fragmentos de diversos poemas escoceses de las Highlands. A pesar de la presión de Inglaterra sobre el resto de las naciones de la Gran Bretaña los escoceses en general, y Macpherson en particular, seguían utilizando el gaélico, idioma original de esas tierras. Al año siguiente Macpherson hace un sorprendente hallazgo. Consigue los manuscritos completos del poema de Ossian. Veinte mil versos en gaélico que James se encarga de traducir puntillosamente al inglés. Su tarea es elogiada por propios y extraños. El alemán Goethe llegó a decir que Ossian le parecía mejor poeta que el griego Homero. Walt Whitman lo comparó con la Biblia y se dice que Napoleón lo tenía entre sus libros de lectura preferidos mientras estaba en campaña. Sin embargo algunos comenzaron a dudar de la sólido del texto.

      No faltaba ninguna hoja, ningún verso, ninguna palabra borrada en un manuscrito que debía tener al menos 1.400 años. Las cronologías son exactas, los hechos históricos en medio de los que suceden los acontecimientos fantásticos de Fingal están correctamente ubicados en el tiempo, cosa muy rara para una historia que en principio había avanzado de boca en boca. Macpherson insistía con que tenía el famoso manuscrito de Ossian pero no se lo mostró nunca a nadie. Sin embargo, si el manuscrito no existía, la obra maestra debía haber salido de la pluma de James Macpherson, lo que de todos modos no estaba nada mal. Además de las sospechas sobre la unidad de la obra, ciertos medievalistas creían encontrar en ella giros idiomáticos que no se correspondían con la época en la que debió haber sido escrita. James Macpherson se defendía aduciendo ciertas libertades que se había tomado en la traducción del original. Los ingleses presumían de su Beowulf, un poema parecido pero mucho más pequeño (unos 3.000 versos) e incompleto. Gracias a Macpherson los escoceses tenían ahora una obra más antigua, más completa y poéticamente más bella que los ingleses.

      El 17 de febrero de 1796 James Macpherson pasó a jugar en el otro equipo, quiero decir que se murió. Por mucho que se registró su vivienda y su estudio nadie nunca encontró ni una sola hoja del famoso manuscrito. Al fin no quedaba ninguna duda sobre el origen de la Epopeya de Fingal escrita por el bardo Ossian que no era otro que el fallecido James.

      Más, mucho más cerca en el tiempo, en abril de 1983, la revista alemana Stern hace un anuncio sorprendente. Un tal Dr. Peter Fischer había encontrado 60 pequeños libros escondidos en la Alemania Oriental y había logrado cruzar la frontera hacia occidente con ellos. Se encontraban entre los documentos hallados entre los restos de un accidente aéreo de 1945 ocurrido cerca de Dresde. Se trataba de unos cuadernos escritos a mano entre 1932 y 1945 de puño y letra de Adolf Hitler. El diario los publicaría en exclusiva, por partes y había pagado 10 millones de marcos alemanes por ellos (Algo así como 5 millones de dólares). El diario contrató a tres expertos en objetos de la Segunda Guerra Eberhard Jäckel, Gerhard Weinberg y Hugh Trevor Roper para corroborar su autenticidad.


      Trevor Roper anuncia finalmente en conferencia de prensa que los análisis de estilo de escritura, acontecimientos históricos narrados, hábitos de escritura y personalidad de Hitler se encontraban sin dudas en esos escritos y por lo tanto la comisión determinaba su autenticidad. Sin embargo Hugh Trevor Roper había omitido un pequeño gran detalle. The Sunday Times de Londres había comprado a Stern los derechos para publicar los diarios en Inglaterra. The Sunday Times pertenece a un grupo empresario llamado Times Newspapers y don Hugh era uno de los directores del grupo. Certificar la autenticidad de los diarios era el camino a elevar notoriamente el nivel de ventas de su propio diario.

Konrad Kujau
      Siendo este un post sobre fraudes literarios, podrán ustedes imaginar como termina. Pero la tragicomedia no estaría completa sin la aparición de un nuevo y pintoresco personaje. Les presentamos al dibujante e ilustrador Konrad Kujau. Konrad no era un mal estudiante en su infancia pero una orfandad temprana lo encaminó en la ruta de los delitos menores. Luego de la Segunda Guerra le toca quedar del lado oriental del muro, pero por culpa de un robo menor y perseguido por la policía logra terminar con sus huesos en la casa de un tío en Berlín occidental. Conoció a una tal Edith Lieblang con la que se casó y junto con ella se puso un bar en Stuttgart. Los números no les cerraban así que Kujau puso a funcionar sus dotes de dibujante falsificando cheques y firmando bajo el nombre de Peter Fischer (si fueron atentos en la lectura notarán que no es la primera vez que ese nombre aparece en esta nota). Luego de salir de prisión por la falsificación de los cheques, Konrad entra en contacto con viejos amigos del lado oriental y les pide que le envíen cualquier cachivache nazi que encuentren. Cascos, insignias, correas, galones, lo que sea. Ya de este lado de Alemania, Konrad le falsificaba un certificado de autenticidad inventándole al cacharro una historia gloriosa. La vergüenza que Alemania sentía por los crímenes nazis llevó a que se declarara ilegal todo comercio de artículos referidos a dicho régimen. Por lo tanto las ventas debían hacerse de forma clandestina y en secreto circunstancia que favorecía los negocios fraudulentos de Konrad. Vendió pinturas hechas por él pero firmadas por el Führer. Hizo una copia a mano de Mi Lucha y la vendió a un coleccionista como el original del libro. Para 1978 ya había falsificado un "Diario de Hitler".

Gerd Heidemann
      En 1980 el periodista Gerd Heidemann lo contactó para conocer la historia de ese diario vendido a un coleccionista. Kujau inventó una historia acerca de un hermano suyo que había quedado del otro lado del muro y que tenía en su poder el resto del material. Febrilmente Kujau (Konnie para sus íntimos) falsificó los 60 cuadernos y cobró de manos de Heideman 2,5 millones de marcos. Luego el periodista vendió a su diario (Stern) los cuadernos de Hitler por 10 millones de la misma moneda quedando enredado en la estafa (sin saberlo aún) pero con 7,5 millones de marcos de ganancia en el bolsillo.






       El primer análisis serio sobre el material reveló el uso de papel y tinta modernos. La caligrafía se parecía a la de Adolf Hitler pero a ojos de un perito revelaba su completa falsedad. Finalmente un experto serio reconoció que los textos no eran más que una colección de discursos de Hitler adornados con "anotaciones personales" pero no del Canciller alemán sino de Konrad Kujau.




     Stern y el Sunday Times no solo perdieron dinero sino que su prestigio se vio gravemente dañado. En 1984 tanto Kujau como Heidemann fueron condenados a 4 años y medio de prisión por fraude. Cuando salió de la cárcel Kujau era una celebridad menor en la televisión. Aprovechando esa fama se puso  nuevamente en Stuttgart un negocio donde vendía cuadros y obras de arte que eran copias de las originales, pero firmadas por él sin pretensiones de pasar por buenas.




      Pero como Bombilla Tapada siempre encuentra un giro más a la rosca de la historia vamos a terminar con un dato por demás curioso. Konrad Kujau murió en el año 2.000 y como ocurre con todos los "artistas" su obra creció en valor. Por lo tanto las falsificaciones de Kujau comenzaron a tener cierto precio creciente en el mercado.  En 2.006 una mujer de nombre Petra Kujau, sobrina de Konrad fue detenida por vender falsificaciones de las falsificaciones de los cuadros de su tío.

Se ve que lo llevaban en los genes...

Que anden bien.