miércoles, 1 de abril de 2015

Para capitalizarse bien, hay que venir al Sur

      Los miembros del Departamento de Contenidos de Bombilla Tapada tienen una particular afección por las historias que terminan mal. Un alto porcentaje de los posteos de este ilustre blog cuentan historias desdichadas; creaciones que no funcionan, negocios que fracasan, errores, frustraciones y derrotas. A veces las ásperas discusiones previas a la aceptación de un tema terminan en un triunfo de la virtud y el post tiene que ver con victorias, éxitos y triunfos. No será este el caso, lamentamos comunicar. Otra vez navegaremos por por las aguas oscuras y turbulentas de aquellas historias que parecen un categórico triunfo en un principio y que luego terminan desabarrancando al final. Y la alegoría a las aguas no es casual, los invitamos a navegar por nuestro Atlántico Sur.

Carlos II
      El Rey Carlos II de España no las tuvo todas consigo. Raquítico, con una salud en general endeble, poco agraciado física e intelectualmente, sus contemporáneos lo sospechaban embrujado. En realidad lo que sospechan nuestros médicos y genetistas contemporáneos, dejando de lado la superstición brujeril, es que Carlos II de la casa Habsburgo padecía un síndrome genético producto de la endogamia de la dinastía reinante. A Felipe IV, su padre, se le morían los hijos varones que había tenido con su primera esposa, Isabel de Francia, y al enviudar se casó con María Ana de Austria, su propia sobrina. De esa relación nació en 1661 Carlos. Además de todos los padecimientos mencionados, cuando llegó a la edad adulta se supo que, para coronar la serie de infortunios personales y desgracias para la corona española, también era estéril. Es altamente probable que padeciera de Síndrome de Klinefelter, un mal genético que coincide con todas las dolencias de Carlos.

Luis XIV
      Por lo tanto su muerte en Noviembre de 1700 nos deja a España sin heredero real. Y estas cosas suelen resolverse casi con exclusividad de un único modo. Mediante crueles derramamientos de sangre. En realidad, los codazos para quedar parado frente al trono habían comenzado algo antes, no solo cuando se tenía la certeza de que Carlos se moría, sino con la sospecha de que de todas maneras no viviría mucho. Los que tuvieron la precaución de efectuar la resta entre el año de su muerte y el de su nacimiento habrán llegado al resultado de 39. En realidad no llegó a cumplirlos, murió a los 38 y la endeble salud del rey español provocó movimientos y sondeos desde mucho antes de su muerte. Tanto Luis XIV de Francia como el Emperador Leopoldo I de Habsburgo creyeron tener derechos sobre el trono español. Ambos estaban casados con hijas de Felipe IV, padre de Carlos. El problema, en ambos casos es que la unión con el heredero francés (Luis de Francia) como con el Archiduque Carlos, hijo  de Leopoldo (Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) daría pié a la creación de un super estado (España-Francia o España-Alemania) y las restantes potencias europeas (Inglaterra y los Países Bajos) no estaban dispuestos a enfrentarse a semejante cosa. Por lo tanto Inglaterra y los Países Bajos impulsaron a un tercer postulante que no tuviera los inconvenientes de los dos anteriores.

Leopoldo I
      Por lo tanto al pobre Carlos II "lo deciden" a que en su testamento deje como heredero al joven José Fernando de Baviera, biznieto de su padre y sobrino de él mismo. Para tranquilizar a los otros dos pretendientes se reparten algunos territorios entre Luis de Francia y el Archiduque Carlos. Y cuando todo estaba arreglado...Fernando de Baviera, en 1699 de manera sorpresiva y penosa (tenía solo 7 años) falleció con lo cual hubo que empezar todo de nuevo. Un nuevo tratado se teje pero a espaldas de la misma España. Los representantes de Luis de Francia y del Archiduque se reparten la futura torta que dejará en algún momento el enfermizo Carlos. Del mismo modo la nobleza española se alinea en dos bandos: El partido francés y el partido alemán volcados claramente hacia uno u otro postulante. Finalmente, y un mes antes de morir, Carlos II firma un nuevo testamento donde nombra sucesor al segundo hijo de Luis de Francia Felipe de Anjou, quien se transformaría en Felipe V de España.

Felipe de Anjou
      En favor de los temores de Inglaterra y de los Países Bajos de que un francés en el trono español intentaría unir ambos países en una superpotencia europea Luis XIV se despachó con un: "Los Pirineos no existen, dos naciones....no harán de ahora en más un sólo pueblo" y todo empeoró cuando el mismo Luis nombró a Felipe como su futuro sucesor, con lo cual a su muerte sería rey de ambos países. Y la cosa pasó a mayores cuando Felipe le entregó el comercio de esclavos de las posesiones españolas en América a la Compagnie de Guinée, una empresa francesa. Como consecuencia, Inglaterra, los Países Bajos, Prusia y Austria le declararon la guerra a Felipe V y a Luis XIV. Por un momento lo lograron y el Archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo, logra ser nombrado Carlos III de España. Pero la alegría les dura poco y Felipe recupera el trono.

Peñón de Gibraltar
      Luego de 15 años de acciones bélicas en actuales territorios italianos, austriacos, españoles, franceses y portugueses que dejaron entre 400.000 y 700.000 muertos, se firman en la localidad holandesa de Utrecht los tratados que darían fin a la guerra. Los enviados de Felipe V llegan a los Países Bajos con instrucciones de no ceder casi nada, pero terminan cediendo casi todo. Desde esa época es que Gibraltar termina en manos británicas. Pero una de las concesiones potencialmente más jugosas que le hace España a Gran Bretaña es la posibilidad de participar en el comercio entre Europa y las colonias americanas. Y ahí es donde queremos ir. Se funda la Compañía de los Mares del Sur o South Sea Company. Traigan sus ahorros consigo pero no se entusiasmen demasiado al invertir.

      Llegados a este punto y con la paz firmada a alguien se le ocurre mirar dentro del baúl donde guardaba Inglaterra el dinero y se encuentra con que todo lo que había era una deuda de 9 millones de libras (lo que en esos tiempos era muchísimo) producto de los gastos que había provocado la resolución de la sucesión española. La situación era crítica y había que resolverla de manera rápida. El Ministro de Hacienda Robert Harley tuvo una idea novedosa y brillante. La Compañía de los Mares del Sur se haría cargo de la deuda, del siguiente modo. Emitiría acciones por el total de la deuda y las sacaría al mercado. El ingreso de dinero fresco financiaría al Estado Británico de la manera en que lo necesitaban (por ejemplo para pagar sueldos atrasados de sus tropas) a cambio, quienes compraran las acciones, serían beneficiarios de la repartición proporcional anual de 576.534 libras de manera vitalicia. Digámoslo de otro modo: una persona que tuviera el 10% de las acciones recibiría todos los años 57.653 libras sin hacer nada. Pero eso no era todo. La compañía devengaría todos los cierres de ejercicio sus dividendos a los accionistas y, en caso en que todo funcionara bien las acciones se cotizarían cada vez más alto y el tenedor contaría con un capital cada vez mayor. Negocio para todos: dinero para las arcas inglesas y utilidades para los inversionistas. Salvo por un detalle no menor.

      Lo que los tenedores de bonos no sabían era que las cláusulas del tratado de Utrecht incluían solo un barco de hasta 500 toneladas por año hacia América con mercaderías generales y permitía, si, el comercio de esclavos entre África y el nuevo continente. El potencial negocio imaginado se reducía muchísimo dado que el mercado de esclavos estaba dominado mayormente por los Países Bajos (¿Notaron que la Selección Holandesa siempre tiene algún o algunos jugadores negros siendo que el holandés típico es blanco? Ahí está la explicación). El valor de las acciones, antes de la oferta pública era de 55 libras cada 100, por lo tanto quienes estuvieran al tanto de la futura puesta en venta de las mismas obtendrían una ganancia inmediata de 45 libras, un 80% de utilidad sin hacer nada.

Cartagena de Indias
     A pesar de las limitaciones comerciales, la Compañía de los Mares del Sur abrió oficinas en Buenos Aires, Cartagena, Veracruz, Caracas, La Habana, Panamá y Portobelo. El primer cargamento de esclavos desde África hacia Jamaica (1.230 de ellos) fue rechazado por las autoridades jamaiquinas ya que no contaba con la aprobación explícita del gobierno español. El tiempo pasaba, el permiso no llegaba y los esclavos debían seguir comiendo o disminuyendo en su número. Por lo tanto fueron vendidos de manera clandestina y a pérdida. Mal comienzo para la Compañía. Uno de los embarques permitidos con mercaderías se dirigió a Cartagena de Indias, una ciudad que se encuentra en la actual Colombia con temperaturas anuales medias de 25º, con 500 toneladas de productos de lana. De más está decir que la misión comercial fue un completo fracaso.

      La Compañía de los Mares del Sur enderezó algo el rumbo mediante el comercio de esclavos. Al año siguiente de su primer intento logró colocar 2.680 esclavos y en los próximos dos años alcanzó la triste cifra de 13.000 humanos vendidos. Y cuando parecía que todo comenzaba a funcionar....estalló una nueva guerra entre Inglaterra y España y los bienes de la Compañía en América fueron confiscados. Todo parecía perdido, la empresa, que había comenzado con un capital de 9 millones de libras cotizaba ahora en escasas 300.000. Pero los lectores habituales de Bombilla Tapada intuyen que las cosas no van a quedar así.




Bono de la South Sea
      Francia establece algunas colonias en América del Norte y comienza a hacer una enorme publicidad acerca de sus riquezas y potencialidades. Nueva Orleans y Luisiana son sus colonias principales. La guerra contra España había culminado y la Compañía de los Mares del Sur (aunque apuntaba ahora al norte) toma un gran impulso. Inglaterra necesitaba recaudar nuevamente dinero, la nueva deuda contraída a causa de la nueva guerra era 5 veces y media más grande que la obtenida durante el conflicto por la sucesión de Carlos el embrujado. El Estado le abre crédito a la Compañía por 70 millones de libras para su expansión y todo el mundo pretende participar ahora del negocio.

      Las acciones pasan de 100 a 128 libras para enero de 1720. Y si esto les parece sorprendente, sorpréndanse aún más al enterarse que cuatro meses más tarde cotizaban a 550. Lores, militares, comerciantes, artesanos y todo aquel que pudiera juntar unos peniques quería invertir ahora en la Compañía de los Mares del Sur. Se llegó al absurdo de un sistema de compra de acciones a crédito financiado por la misma Compañía. Es decir, la empresa le prestaba dinero a la gente para que comprara acciones de si misma. Malas noticias para quienes gustan de los finales felices, próximamente.




      Para agosto de 1720 las acciones de la Compañía llegaron a tocar las 1000 libras. Entonces, varios compradores a crédito, ante la necesidad de pagar la cuota del préstamo decidieron vender algunas de las acciones compradas a un precio muy inferior para hacerse de efectivo. La abundancia de acciones de la Compañía en el mercado hizo que su precio bajara. El resto de los accionistas, al notar la baja, decidieron vender, con lo cual el ciclo a la baja volvió a comenzar. De modo que cuatro meses después, para fin del 1720 las acciones valían otra vez 100 libras. La familia del mismísimo Isaac Newton perdió 20.000 libras en el negocio. El descontento popular fue tal que llevó a la misma disolución del Parlamento.

Torre de Londres
      Los directores de la South Sea fueron encerrados en la Torre de Londres (un castillo sobre el Támesis que, construido como casa real fue utilizado la mayor parte del tiempo como prisión). La mayor parte de ellos fue despojado de sus bienes. Uno de sus secretarios James Cragg se suicidó. La liquidación de la Compañía no era fácil a pesar de constituir un gigantesco fraude. El mayor problema era que no podía declararse en quiebra así como así dado que no se trataba de una empresa privada sino que administraba la deuda pública estatal.

      De tal modo no fue fácil que se tardó 135 años en terminar con el entuerto. Recién en 1850 la Compañía de los Mares del Sur se dio por liquidada y de tal manera sus propósitos fueron desvirtuados que sus barcos terminaron, como último intento de salvar la situación, como buques balleneros cazando cetáceos en el Ártico. Nada más lejos de los Mares del Sur.



Que anden bien