domingo, 19 de abril de 2015

Cinco estúpidas formas de morir, que realmente ocurrieron. (Cuídense de los monos y las tortugas, entre otras cosas)

      La excelencia de los post de Bombilla Tapada no es fruto del azar. Sus miembros, tanto los honoríficos como el personal contratado trabajan con pasión haciendo caso omiso a la cantidad de horas que pasan dentro de las instalaciones. Por esa razón es que el ala oeste de la sede del blog está íntegramente ocupada por dependencias de servicio. Cinco Hermanas Dolientes de la Caridad del Noble Hospicio de Nuestra Señora de los Sacrificios del Monte Calvario de Córcega se encargan de mantener abastecida la cocina y despensas del edificio mientras que un generoso número de Novicias del Sagrado Voto de Silencio de la Congregación de Santa Brígida del Puerto de Hamburgo mantienen en condiciones los dormitorios, baños, gimnasio, baños turcos, salón de masajes y bodega. Anteriormente esas tareas estaban destinadas a las Novicias del Sagrado Voto de Castidad de la Congregación de San Timoteo de Bari pero las de la Castidad han sido reemplazadas por las del Silencio por razones más sospechadas que conocidas.

     Sirva esta descripción como referencia necesaria al penoso acontecimiento que hemos de informar a continuación. Durante las tareas de aseo matinal una de las Novicias encontró en su baño personal el cuerpo sin vida del venerable e ilustre Bibliotecario del blog. En apariencia éste estaba tomando sus abluciones semanales (Su muerte nos releva del secreto de que el anciano pertenecía a una antigua Logia que, entre otros alambicados ritos, abjuraba del baño diario) y desafortunadamente resbaló dentro de la bañera partiéndose el cráneo al caer. Como fruto de sus múltiples intentos por mantenerse en pié el bibliotecario presentaba una posición casi indecorosa hacia la puerta del baño presentando a quien ingresara su frente menos favorecido.  

      Durante su solemne velatorio varios miembros del Consejo Directivo del Blog lamentaban la indignidad de las circunstancias de la muerte del venerable anciano a la vez que recordaban que durante el velatorio anterior (el del Director del Departamento de Lingüística del blog) el licor de mandarina servido a los presentes era bastante mejor. Las conversaciones en los diversos grupos de charla formados a lo largo del Salón de Roble del Blog, que oficiaba de Capilla Ardiente, versaban entonces sobre circunstancias diversas en que la muerte suele encontrar a su eventual víctima. A la mayoría de nosotros nos sorprenderá en una cama, posiblemente conectados a múltiples máquinas y aparatos pero los miembros del staff del blog memoraban en cambio dignas muertes en campos de batalla o bajo penosas condiciones de encarcelamiento o tortura por defender sus ideales. Otros dudaban de la existencia real de aquellos decesos ocurridos inmediatamente después de declamar unas magníficas y oportunas últimas palabras. Pero el ítem que más llamó la atención fue el de las muertes ocurridas en circunstancias poco dignas, extrañas o directamente ridículas.

      Por lo tanto y pasada la pena inicial por el deceso de nuestro colaborador, Bombilla Tapada presenta en esta ocasión un breve catálogo de muertes en circunstancias poco convencionales y hasta abiertamente ridículas. A pesar del tono jocoso que quizá tomemos, les pedimos encarecidamente que vistan de riguroso luto. Las damas con velo negro, por favor. Vayan pasando que en breve recibirán una copita de anís gentileza de la casa mortuoria.

Clement Vallandigham
      En 1871 un tal Thomas Mc Gean fue detenido acusado de matar a otro tipo en una pelea en Ohio. El abogado que tomó su caso se llamaba Clement Vallandigham y la tenía realmente difícil. Pretendía demostrar que la víctima se había disparado con su propia arma en una época en que no existían aún las pericias balísticas o las pruebas de parafina en las manos. Efectivamente Mc Gean y el occiso habían peleado, Mc Gean le había propinado un golpe de puño en el rostro y lo había derribado. Presa de la furia el golpeado se puso de rodillas para ponerse de pié a la vez que sacaba una pistola de su bolsillo que se disparó accidentalmente al cruzar frente a su propio cuerpo, matándolo. El problema previo que tenía el Dr. Valladigham era demostrar que tal movimiento era verosímil.


      Valladigham juntó a algunos colegas amigos suyos y les explicó cual era su estrategia de modo que lo ayudaran a encontrar el mejor camino para demostrarla frente al jurado. El abogado defensor tomó un revólver y se lo metió en el bolsillo, se acostó en el suelo, comenzó a hincarse de rodillas mientras sacaba el arma de sus ropas y... se disparó a si mismo de manera accidental. Murió 12 horas después en el hospital al que lo llevaron sus abogados amigos. A pesar de su muerte la estrategia fue exitosa y Mc Gean fue absuelto de culpa y cargo.

      En Setiembre de 1850 nació un tal Jasper Newton Daniel era un descendiente de galeses que se afincaron en Tennesse, Estados Unidos. A los 16 años consiguió una patente de destilería, es decir el permiso para destilar, envasar y vender licores. Jasper tenía 12 hermanos más y por alguna razón que la historia no registra lo llamaban Jack, por lo tanto le puso al whisky que fabricaba "Jack Daniel`s". La combinación de toneles de roble blanco con el filtrado en carbón de arce le dan un sabor (dicen) inconfundible que lo ha hecho mundialmente famoso y cotizado. Jasper era un tipo bastante petizo (medía 1,55 mts) y de costumbres inamovibles. Una vez que había probado que algo funcionaba se negaba a cambiarlo, como por ejemplo el sombrero con el que aparecía en las antiguas etiquetas de su bebida y que usó hasta su muerte en  1911.

      Jasper tenía una gran caja fuerte en su oficina pero un día olvidó la clave para abrirla. Lo intentó varias veces sin éxito. Para un hombre tan metódico como él esto fue intolerable. Furioso le propinó una violenta patada al armatoste de acero. No hace falta ser un experto en el tema para reconocer que una de las virtudes de una caja fuerte que se precie de tal, ha de ser su dureza. El dedo pulgar del pie de Jack pudo comprobarlo claramente lastimándose primero, infectándose luego y en ausencia de antibióticos para la época llevando a la muerte a su legítimo usuario.



      ¿Quien no ha jugado alguna vez a ser director de orquesta marcando el acento de los compases mientras sostiene una cuchara de madera, una lapicera o una regla a modo de batuta? Si hubiera jugado el mismo juego durante el siglo XVII no hubiera utilizado una cuchara sino, quizá, una escoba o algo así, porque los directores de orquesta mantenían el ritmo golpeando el suelo con un gran bastón de hierro. Jean Baptiste Lully (En realidad el florentino Giovanni Battista Lulli) fue un destacado violinista, bailarín y compositor de la corte de Luis XIV. A los 13 años ya bailaba en la corte y luego formó parte de una pequeña orquesta de cuerdas llamada Grande Bande des Violons du Roi. En 1672 fue nombrado director de la Real Academia de Música. Desde esa posición privilegiada compuso óperas (que en ese entonces tenían por nombre Tragedias Líricas) y ballets en los que habitualmente también participaba como bailarín además de dirigirlos.

Jean Baptiste Lully
     Cuentan que Luis XIV estuvo enfermo unos días y al recuperarse Jean Baptiste compuso un oratorio para celebrar la buena fortuna del rey. Dirigiendo la orquesta frente al Rey Sol, para quien había compuesto la música, marcaba el ritmo con tanto entusiasmo con su bastón que estrelló fuertemente su base en su pié, lastimándoselo. Como era de esperar, en esas épocas la herida se infectó. Los médicos le propusieron la solución habitual en estos casos consistente en la amputación lisa y llana del pié. Jean Baptiste Lully no aceptó pensando en que semejante tratamiento acabaría con sus presentaciones como bailarín. La gangrena hizo el resto muriendo el 22 de marzo de 1687 a causa de la septicemia provocada por la herida del bastón.

Constantino I
      Durante la Primera Guerra Mundial el rey Constantino I de Grecia no se paró del lado correcto. Aunque neutral en los papeles, apoyó al bando que resultaría perdedor. Conforme el poder de la Triple Entente (Francia, Gran Bretaña y Rusia) crecía, la presión para abdicar sobre el anciano Constantino aumentaba del mismo modo. Un incendio intencional en el palacio de verano de Tatoi convenció al rey de que era tiempo cumplir con los pedidos. La sucesión real no sería fácil ya que los candidatos naturales inmediatos eran todos germanófilos y por ende inaceptables para los futuros vencedores. Por lo tanto se decidieron a apoyar la candidatura de Alejandro I, segundo hijo de Constantino.


      Alejandro no fue respetado casi por nadie. Desde afuera y desde adentro desconfiaban de él. Terminó convertido en poco más que un prisionero dentro de su propio palacio. Solía entonces dar paseos para entretenerse. En uno de los recreos visitó unos viñedos que la familia real poseía en Tatoi (donde estaba la residencia que incendiaron para asustar a su padre) en compañía de su perro. El administrador de los mismos tenía como mascota a un mono domesticado (bueno, más o menos domesticado). Por esas extrañas señales que los animales se envían uno al otro la conducta del perro de Alejandro le pareció al mono del administrador algo amenazante o cosa similar. La cuestión es que al paso del perro (y de Alejandro) el mono le saltó encima para morderlo (al perro). Alejandro, para salvar a su perro intentó separar al mono de él (del perro) a lo que apareció imprevistamente un segundo mono que procedió a morderlo en una pierna y en el vientre (esta vez si a Alejandro). Las heridas fueron lavadas y vendadas y Alejandro, restándole importancia al asunto, ordenó que se hiciera silencio sobre el incidente. Pero esa misma tarde, cuando volvía a Atenas comenzó a tener alta fiebre. Una de las posibilidades era que el mono mordedor lo hubiese contagiado de rabia u otra enfermedad por lo que la opinión médica sobre si mejoraría el estado del rey una amputación de la pierna mordida no era unánime y nadie quería tomar los riesgos. Finalmente entre gritos de dolor que se escuchaban por todo el palacio Alejandro I de Grecia murió el 25 de octubre de 1920 a causa de las complicaciones causadas por la mordedura de un mono.

      Para finalizar hablaremos de un dramaturgo clásico y héroe de una famosísima batalla muerto de una de las formas mas ridículas que pueda concebirse: hablamos de Esquilo.

Esquilo
      25.000 soldados al mando del persa Darío se enfrentaron a 11.000 del lado ateniense con una impresionante victoria del lado griego. Los persas debieron darse a la fuga y abandonar lo más rápido posible la playa donde habían desembarcado desde casi 600 barcos. El nombre de la playa: Maratón. Más alla de la leyenda posterior (la carrera del soldado Filípides hacia Atenas y su posterior muerte por el esfuerzo) lo que vamos a contarle es que Esquilo fue uno de los 11.000 soldados atenienses participantes en la feroz batalla. Es posible que haya participado, como mínimo en 2 batallas más sobreviviendo tres veces a la máquina guerrera persa. Supersticioso, como la mayoría de sus congéneres y buen porcentaje de los nuestros, un oráculo le vaticinó que moriría aplastado por una vivienda, razón por la cual a pesar de su coraje en batalla se fue a vivir en la soledad del campo alejado de toda pared que pudiera caérsele encima.

      Entre guerra y guerra escribía tragedias. Se informa sobre la existencia de entre 82 y 90 de ellas aunque llegaron a la época actual solo 7 completas y pedazos de diversa extensión de algunas de las otras. Conocimos de su pluma: Los persas, los siete contra Tebas, Las suplicantes, Agamenón, Las Coéforas, Las Euménides y Prometeo Encadenado. Y precisamente la pluma, que lo hizo famoso, tiene mucho que ver con su muerte.

Quebrantahuesos
      Existe un ave (de nombre científico Gypaetus Barbatus) que tiene una costumbre muy extraña. Toma huesos de sus presas y se eleva con ellos en el pico dejándolos caer desde gran altura. Al golpear contra las piedras, estos se parten liberando el tuétano que aparentemente a estas aves les encanta. A causa de esta costumbre es que reciben el nombre familiar de Quebrantahuesos. Cuando tiene la suerte de hallar una, esta ave utiliza el mismo mecanismo con las tortugas, partiendo su caparazón contra las piedras a fin de almorzarse el contenido. En una de esas veces en que un quebrantahuesos lanzó una tortuga al abismo quiso la mala fortuna que acertara a pasar por debajo el poeta Esquilo y muriera a causa del golpe, cosa que no había logrado el poderoso imperio Persa. Bien visto, el caparazón de una tortuga es su vivienda, por lo tanto Esquilo murió conforme a la profecía del oráculo.

      A pesar de que como decíamos por ahí la mayoría de nosotros será sorprendido en su último aliento en una cama, insistimos en desaconsejar la teatralización de accidentes con armas, el pateado de cajas fuertes, el guiado rítmico de orquestas mediante el uso de bastones de hierro, las mordeduras de monos y sobre todo el paseo al aire libre en presencia de quebrantahuesos a menos que uno use un casco adecuado





Que anden bien.