domingo, 22 de marzo de 2015

El Sr. Stoker lo prefiere sin ajo. Gracias.

      Bombilla Tapada volvió a hacerlo. La presente nota trata de 3 personas de existencia real mediante las cuales se ha construido una cuarta, aún más conocida, totalmente ficticia. Aunque a medida que avancemos en el post se vislumbrará fácilmente de quien se trata, el final atará los cabos sueltos. Intentaremos agregarle algo de pausa dramática dejando a alguno de ellos a mitad de camino para pasar a buscarlo cuando haga falta. Creemos que no estaría de más recomendarles la concurrencia con ajos y una botella plástica de agua convenientemente bendecida aún a riesgo de revelar demasiado el contenido de la nota.

      Rumania es un país tan bonito como lejano a nuestro conocimiento. Alejado de los países centrales de Europa, salvo la sangrienta revolución de 1989 nada nos recuerda su existencia. A no ser que conozca uno algo de historia y se disponga a ver alguna película de terror clásico. En el caso en que alguien no intuya de que estamos hablando, no desesperen, con el correr de las líneas se irá develando el tema central de nuestro post de hoy.


     Como decíamos, Rumania se encuentra algo lejos de los países centrales europeos. A sus espaldas le tapan el acceso Serbia, Hungría, Eslovaquia y Ucrania. Hacia el Este posee sus costas sobre el Mar Negro. Este es un mar interior que tiene conexión con el Mediterráneo a través de un callejón acuático llamado Estrecho del Bósforo de unos 30 kilómetros de longitud. La parte mas estrecha del Estrecho (la redundancia no es casual, en el fondo uno es un poeta) tiene apenas 750 metros de ancho de modo que es casi imposible que lo atraviese una nave de porte sin ser vista. Históricamente esos 30 Kilómetros estuvieron en manos de los turcos. De hecho la capital actual de Turquía, Estambul, se encuentra a las puertas del Bósforo del lado del Mediterráneo. En el medio del territorio del país,describiendo una suerte de "J" vista con mucha imaginación, está instalada la cordillera de los Cárpatos. Como casi todos los actuales países de Europa que hoy resultan en una República, hace algunos siglos eran una mezcla de reinos y principados que terminaron mas o menos unidos en la forma que los conocemos hoy en día y en el caso de la actual Rumania el límite entre los reinos era o bien el Mar Negro o bien la cordillera. Los tres reinos (que aún hoy se conservan como divisiones administrativas) eran el de Moldavia, el de Valaquia y el de Transilvania. Y quien alguna vez vio alguna película de terror ya comenzará a sospechar de que viene la cosa (Aunque el cine los haya tergiversado bastante).

Vladislaus III
      Uno de nuestros personajes de hoy nació en Sighisoara, en territorio de Transilvania (de ahí todo el origen del mito) en 1431 bajo el nombre de Vladislaus III y fue Voivoda de Valaquia (una suerte de mezcla entre príncipe, jefe militar y gobernador). El enemigo tanto de los valacos como de toda la cristiandad europea por ese entonces eran los turcos (llamados otomanos para esos días) quienes tenían ocupados buena parte de los territorios de la actual Rumania. De hecho Turquía se encuentra cruzando el Mar Negro en línea recta. El padre de Vladislaus III, Vladislav II pertenecía a la Orden de los Caballeros Teutones, una agrupación religioso militar que tenía como función combatir contra los infieles musulmanes (los turcos).

Fortaleza Poenari
      Los tratados entre reinos en la antigüedad tenían ciertas cláusulas a modo de garantía de cumplimiento que hoy se nos antojarían ligeramente aberrantes. Si el rey A firmaba un tratado de paz con el rey B no era nada raro que un hijo de A fuera entregado a B a modo de garantía. El pequeño era tratado como su dignidad real obligaba, alimentado, alojado y educado del mejor modo pero en el caso en que A no cumpliera con los términos del pacto, la cabeza del príncipe pagaba los costos (o mejor aún su cuello). Así las cosas, Vlad fue entregado en custodia al sultán Murat II por su padre Vladislav II a cambio de la retirada turca del territorio rumano. Allí vivió tratado y educado como uno más de los príncipes otomanos durante 3 años. Al volver encontró que su padre había sido asesinado por orden de un conde y ejecutado (a palazos) por la nobleza (los Boyardos) que a él respondían. Los otomanos, pretendiendo que los años pasados junto a ellos le habían dejado a Vlad cierta simpatía filo turca, impulsan y ayudan al príncipe hacia el trono de Valaquia, cosa que logran luego de un par de avances y retrocesos. Finalmente 1456 nos encuentra a Vlad con el cargo de Voivoda de Valaquia, con un poquito de enojo para con los nobles que asesinaron a su padre. Enojo que se transformaría en odio y que no tardaría mucho en manifestarse. Dejemos que Vlad acomode sus ropas en los lujosos armarios de la Fortaleza Poenari, residencia habitual de los voivodas y vayamos a conocer a otro de los personajes de esta historia.

Erzsebet Bathory
      Se trata en este caso de una dama perteneciente a una familia que aportó sus fuerzas (cien años antes del nacimiento de Erzsebet, nuestra protagonista) a la causa de Vlad. La casaron a los 15 años con un conde llamado Ferenc Nadasdy de 20 años. Ella quedó en el castillo con su suegra mientras que Ferenc guerreaba por ahí. Suegra y nuera se odiaban como es casi reglamentario. Ferenc combatía tanto y tan lejos que el primer hijo de la pareja llegó 10 años después de la boda, luego parece que aflojó en sus afanes bélicos o comenzó a batallar más cerca del castillo porque llegaron 3 hijos más. Cuando Ferenc tenía 49 años (y Erzsebet 44) una enfermedad fulminante lo sacó de las batallas y de toda otra actividad. Para decirlo de otro modo se murió. Erzsebet se quedó sola, con un enorme territorio conquistado por su difunto marido pero sin un ejército leal. Una de sus primeras medidas fue expulsar de su castillo a su odiada suegra Úrsula y a todos los miembros de la familia Nadasdy. Luego de esto comenzó a ejercer con todo aquel que se le opusiera primero y con todos los demás después una brutal crueldad. Su apellido de soltera era Bathory y su nombre se ha castellanizado como Isabel tal como se la conoce en las historias noveladas que han llegado hasta nosotros: Isabel Bathory, la Condesa Sangrienta.

Bram Stoker
     Nuestro tercer personaje real era irlandés. Nació al norte de Dublin en 1847. Su primera infancia fue dificultosa dado que una serie de enfermedades lo mantuvieron virtualmente en la cama hasta los 7 años. Luego de eso se licenció en Matemáticas con honores en el famoso Trinity College de la Universidad de Dublin. Y no solo eso, se destacó en atletismo, donde fue campeón de la Universidad contra los pronósticos de quienes lo hubieran visto postrado durante sus primeros años. Fue amigo de Oscar Wilde, de hecho ambos estudiaron en la misma Universidad. Y no solo eso los unió sino que Florence Balcombe, quien era novia de Wilde, terminó casándose con él lo que provocó que Wilde abandonara casi definitivamente Irlanda y se radicara en Londres. Estamos hablando de Abraham Stoker.


      Stoker consiguió trabajo, mientras estudiaba, en la sede de la administración británica de Irlanda a la vez que escribía críticas de arte y espectáculos para varios periódicos irlandeses. Uno de ellos era el Dublin Evening Mail cuyo propietario era Sheridan Le Fanu. Tanto Abraham (llamado Bram de manera cariñosa) como   Sheridan gustaban de escribir historias de terror. Sheridan Le Fanu le mostró a Stoker una nueva novela que había escrito de nombre "Carmilla". El argumento cuenta la historia de Laura y un carruaje que se rompe frente al castillo en donde vive. Mientras es reparado para poder continuar viaje sus ocupantes (una dama y su hija de nombre Carmilla) se alojan en el castillo de Laura. Dentro de una sutil atmósfera de atracción homosexual se revela que en realidad Carmilla no es una persona normal sino un vampiro. A pesar de que los mitos vampíricos son muy antiguos, con criaturas que son la representación del mal y proceden a absorber la energía vital de las gentes, en este caso simbolizada en la sangre, Carmilla es considerada la primer novela moderna que posee todos los elementos del vampirismo clásico. De más está decir que a Bram Stoker le encantó.

      Vladislaus III, (Vlad para los amigos, bando al que se recomendaba fuertemente pertenecer) comienza su tarea de deshacerse de los boyardos que habían conspirado para asesinar a su padre, mitad como venganza personal, mitad para limpiar la zona de posibles competidores. Los despoja primero de tierras y cargos administrativos. Luego pone cara de bueno y los invita a cenar para la Pascua de 1459. Los boyardos se calzan sus mejores ropas pretendiendo que Vladislaus les devolverá sus tierras y cargos. Todo parece funcionar bien, la cena es copiosa y amistosa en extremo. A los postres Vlad los invita al patio de la fortaleza Poenari y procede a separar a los más viejos de los más jóvenes. Ordena que los ancianos sean empalados, es decir les sea atravesado una gran estaca a lo largo del tubo digestivo desde abajo hacia arriba (Si, por ahí donde imaginan). Las estacas luego eran clavadas de forma vertical en el suelo. Así torturadas, las víctimas tardaban horas en morir en medio de indecibles dolores y padecimientos. Los jóvenes que habían sido apartados debieron presenciar el suplicio de sus mayores y luego fueron obligados a marchar a pié, en las peores condiciones posibles a través de los Cárpatos para trabajar como obreros en la construcción de la nueva fortaleza de Vlad El Empalador (Vlad Tepes, en rumano). Los que no murieron durante la marcha lo hicieron durante la construcción del castillo.

Tumba de Vlad Tepes
      A pesar de que, bajo el reinado de Vlad Tepes los turcos dejaron de ser la amenaza que habían sido durante el gobierno de su padre, este siguió perteneciendo a la cofradía de los Hermanos Teutones, como su progenitor. Es más, Segismundo de Luxemburgo había creado una orden, dentro de los Teutones llamada Orden del Dragón que reunía a aquellos miembros de entre los Caballeros Germánicos que ostentaban altos rangos de nobleza, como príncipes o títulos equivalentes. Vlad Tepes lució las insignias de la Orden del Dragón como su padre en honor a su rango de Príncipe de Valaquia. Dragón en rumano se dice Dracul, por lo que Vladislasus III también fué conocido como Vlad Dracul. Fin de el misterio, si es que a esta altura quedaba alguno. Se calcula que desde allí hasta su muerte en 1476 entre 40.000 y 100.000 personas fueron empaladas por orden de Vlad. Para la mayoría de los rumanos, Vlad Dracul es un héroe nacional en la lucha contra los invasores tanto turcos como húngaros. Su fascinación por la sangre ajena (la leyenda, nunca comprobada, cuenta que bebía la sangre de sus enemigos en una copa mientras estos agonizaban resbalando hasta abajo de la estaca) lo ha convertido en todo un personaje terrorífico.

Castillo Cachtice
      60 años más tarde y 600 kilómetros mas al norte Isabel Bathory, sola en su castillo, nota como sus 44 años comienzan a hacer mella en su belleza. Tengamos en cuenta que para el siglo XVII era perfectamente lícito y justificado, que un amo castigara físicamente a sus criados, aún con una crueldad inadmisible para nuestros cánones actuales. Se cuenta que para 1604, un día en que una de las criadas de Isabel le cepillaba el cabello, el peine se trabó entre los pelos de la Condesa. A modo de castigo ésta le cruzó la cara de un sopapo haciéndole sangrar la nariz. Siempre según la leyenda, la sangre de la criada salpicó la cara de Isabel y esta creyó notar que las arrugas que tenía en la zona manchada habían quedado menos marcadas que antes.

      De ahí en más se desata una locura en la Condesa Bathory de la que proviene su sobrenombre de Sangrienta.  Isabel Bathory comienza a matar a sus criadas para utilizar su sangre en sus brutales tratamientos de belleza. Y cuando se le acaban las criadas comete el grave error de reclutar doncellas de entre 9 y 16 años entre la baja nobleza de la zona. La taza de mortalidad infanto juvenil de la zona crece de una forma inexplicable y alguien hace la denuncia a las autoridades (presumiblemente un pastor de la iglesia zonal sorprendido por la cantidad de entierros adolescentes). El Rey Matías II de Hungría envía una partida militar con algo así como una orden de allanamiento. Aquí hay que hacer una necesaria salvedad. Erzsebet era una viuda, sin respaldo de la fuerza (carecía de ejército propio) y con un apetecible territorio al alcance de quien quisiera tomarlo. Sólo hacía falta un buen pretexto para hacerlo y es aquí donde comienza a dudarse de la autenticidad de los relatos sobre sus orgías sangrientas.  Los soldados no encuentran resistencia al ingreso al castillo Cachtice donde residía la Condesa. En 1612 se inicia el juicio contra Isabel Bathory y todos los criados y asistentes que habían sido acusados de cómplices del asesinato de más de 37 mujeres (se contaban solo las de cuna noble. Las muertes plebeyas no importaban en el juicio) son hallados culpables. Todos los acusados son decapitados o quemados vivos según se los acusara de asesinato o brujería. La Condesa también es condenada pero amparada en su título nobiliario su ejecución es reemplazada por reclusión perpetua en total aislamiento. Al fin del juicio se la encerró en una habitación sin ventanas y se levantó un muro allí donde estaba la puerta dejando apenas una hendija para pasar la comida. Murió en 1614 y ninguna iglesia quería alojar su sepultura. Finalmente uno de sus descendientes más lejanos se la llevó hasta Ecsed, al noreste de Hungría donde su leyenda negra era poco conocida.

      Nuestro amigo Bram Stoker juntó entonces tres historias reconocibles (Vlad, Isabel y Carmilla) para componer su célebre e incansablemente recreado Drácula. El nombre y la atracción por la sangre de Vlad. La falsa vinculación entre la sangre joven y la manutención de la juventud de la Condesa Bathory y el clima general de la novela de Le Fanu. Ha habido Dráculas jóvenes y viejos, blancos y negros, hombres y mujeres pero todos tienen las mismas debilidades y fortalezas que el personaje (un menjunje de realidades y fantasías como hemos visto) del viejo Bram.





      Como dato final. Florence Balcombe acompañó a Bram Stoker hasta su muerte en 1912. Desde ahí se convirtió en administradora de la herencia del escritor. Un mensaje anónimo le anuncia en 1922 la existencia de una película alemana llamada Nosferatu de indudable inspiración en la novela de su marido por la que no había recibido ni pago alguno por los derechos y ni siquiera pedido de permiso para usarla. Una larga demanda judicial resuelta 3 años más tarde le hace acreedora de todos los negativos existentes de la película a fin de que ella decidiera qué hacer con ellos. Florence destruye los negativos y copias sin llegar a ver nunca una proyección de la misma (evidentemente alguna copia ha sobrevivido al decomiso dado que hoy es posible verla). El fallo incluía una indemnización de carácter económico, pero la productora Prana Films se declaró en quiebra durante el juicio. De modo que más allá del resarcimiento moral Florence no recibió ni un solo marco alemán (ni libra esterlina) por el uso de la novela de su marido.

Florence Balcombe
      Decidida a salir de su penosa situación financiera, Florence vendió los derechos para una adaptación teatral a representarse en los Estados Unidos a Horace Liveright, un productor norteamericano. La obra fue un éxito y estuvo un año entero en cartel en Broadway y luego giró por todo el país durante dos años más. Cuando Liveright se disponía a pagar la cuantiosa suma porcentual que correspondía a Florence, este se murió sin que la viuda lograra hacerse, en este caso, de un solo dólar. Quizá la haya alcanzado algún tipo de maldición maldición del Conde Drácula.

Cierren las ventanas, llenen la habitación de ajos, tengan el crucifijo y una estaca a mano y que anden bien.