domingo, 8 de marzo de 2015

- Doctor, hay una mosca en mi....Caramelo Richellieu

      La vida al aire libre es maravillosa. El contacto con la naturaleza estimula los sentidos, provee de aire no viciado a nuestros pulmones, los paisajes inundan nuestra vista y nos brinda un efecto reparador en todo nuestro organismo. Comer en un medio natural, pescar o tomar una siesta en un ambiente campestre es beneficiosamente relajante particularmente en nosotros que estamos acostumbrados a los padecimientos de la ciudad. Pero no todas son rosas, hay algunas espinas. Una de las cosas más molestas de la vida campestre son los insectos.

      Con más de 807.000 especies distintas, los insectos están virtualmente por todas partes estropeando todos nuestros mejores momentos. Nos molestan, nos infectan, se comen nuestra comida, se beben nuestra sangre y nos proporcionan un sinnúmero de inconvenientes. Y no solo son numerosos como especie. Se calcula que el numero de individuos  es tan abrumadoramente grande que hay 200.000.000 insectos de todo tipo por cada humano sobre la Tierra  

      Muchos de ellos tienen hábitos y ciclos vitales que nos perjudican. Los gorgojos y otros miembros de la familia de los curculionidae gustan de poner sus huevos dentro de semillas de modo que al nacer sus larvas tengan disponible el almidón de las mismas como alimento. Por supuesto que para esos bichos un silo es como una clínica maternal. Y para el agricultor es la ruina. El tifus, el Mal de Chagas, la enfermedad del sueño, el dengue, la malaria, el paludismo y muchos otros males son transmitidos por otros tantos insectos. De la raíz a los frutos todas los rincones de las plantas pueden verse afectados por un insecto diferente. Inclusive los árboles los sufren siendo víctima su madera del ataque de las termitas.

      Pero no todos son perjuicios. Algunos insectos cumplen funciones que a los humanos nos benefician y mucho. Sin ir más lejos, un gran numero de plantas utilizan insectos como vehículo de la polinización. De modo que la aparición de ciertos frutos y semillas y la permanencia misma en el planeta de esa especie vegetal depende de ellos. La cera y la miel, provista (contra su voluntad) por las abejas o la seda fabricada por el gusano del mismo nombre son otros ejemplos de los insectos a los que podemos sacarles provecho. Hasta la invención de la síntesis química no quedaba otra que utilizar productos "naturales" (cocer, exprimir, machacar, picar, moler) vegetales. minerales y bichos varios buscando alivio para muchas dolencias. Luego se descubrió, ciencia mediante, que algunos de estos remedios eran simples supersticiones, pero otros contenían principios activos realmente útiles y se procedió a aislarlos y fabricarlos de manera sintética.

Lytta Vesicatoria
      Mientras tanto el hombre ha utilizado hormigas, larvas de insectos, arañas, gusanos y hasta moscas para proveerse de fármacos que lo ayudaran a combatir ciertas enfermedades y malestares. Precisamente de una de ellas se va a encargar el post de hoy de Bombilla Tapada. El Departamento de Entomología Aplicada del Blog tiene el agrado de presentarles a Lytta Vesicatoria, conocida también como Cantárida o más vulgarmente como Mosca Española. Tomen la red de cazar mariposas, pónganse ropa adecuada pero antes dénse una ducha, por si acaso, yo se porque se los digo.

      El bicho en cuestión es bastante bonito. Mide entre uno y dos centímetros y luce un atractivo color verde metalizado tornasolado. Como a la mayoría de los insectos le gustan los climas cálidos Su vida es más bien anodina, como la de cualquier insecto. Los suyo es mas bien comer, aparearse, poner huevos y luego proceder a morirse si no es ingerido con antelación por alguno de sus múltiples predadores. Lo que hace especial y objeto de la presente nota a Lytta Vesicatoria es una sustancia que se halla en su cuerpo y particularmente sus efectos sobre el organismo.

      El segundo nombre que mencionamos por la que es conocida es Cantárida y ello se debe a que en su organismo se encuentra una sustancia llamada cantaridina. En principio forma parte de la linfa (esa especie de pastenaca viscosa que los insectos tienen dentro y que suele desparramarse al ser aplastados con el reglamentario zapatillazo) y en apariencia tiene cierto olor que les es útil a la hora del cortejo. Pero la cantaridina tiene un efecto asociado más que es que es extremadamente irritante. Si un predador muerde una Lytta le provoca tal irritación que en toda su vida no volverá a intentarlo. Es más, muchos pájaros y reptiles insectívoros evitan comer, tanto a la cantárida como a cualquier otro insecto que tenga ese color verde metalizado, por las dudas. Diez miligramos de cantaridina administrada a un humano le provocará la muerte por envenenamiento. Lo interesante es lo que ocurre con las dosis intermedias.

      El contacto de la piel con la cantaridina provoca ampollas, como puede verificar quien sorprenda a una de estas moscas posada sobre si y la mate de un golpe. Durante la antigüedad una práctica medica habitual, consistía en pretender extraer el mal de un cuerpo enfermo provocando la salida de fluidos corporales que lo contenían. Así se buscaba que un paciente vomite, sude o sangre a fin de que el mal que lo aquejaba salga de su interior. El uso de sanguijuelas para provocar el sangrado se inscribe dentro de estas prácticas. Quizá de las más crueles sea la de provocar ampollas en la creencia de que el líquido que las llena contiene el mal que escapa del organismo al exterior. La cantaridina era una de estas sustancias, obtenida de disecar y moler moscas españolas y fabricar con ella pomadas y ungüentos. Pero no será ese el uso que destacaremos en la presente nota.

      Ingresar cantaridina al organismo es terriblemente peligroso por los efectos que comentábamos más arriba. Es tóxica y puede conducir fácilmente a la muerte. Pero en dosis más bajas que los 10 mg fatales tiene efectos pasajeros no tan categóricos. Provoca la irritación de la mucosa gástrica que se manifiesta en diarreas, nauseas y vómitos. Cuando pasa del sistema digestivo a la sangre y esta es filtrada por los riñones también irrita el sistema urinario provocando una afección que se llama "priapismo".


    Hijo reconocido de Dionisio y Afrodita, Príapo era en realidad fruto de una aventura extramatrimonial de esta última con Adonis. La diosa Hera, esposa de Zeus, quiso castigar la conducta licenciosa de Afrodita haciendo deforme al vástago. De modo que Príapo era feísimo de cara y tenía un miembro viril gigantesco y desproporcionado con su cuerpo. Una de las leyendas que recogen los mitógrafos es que Príapo apostó contra un burro sobre las dimensiones de sus partes pudendas y que humilló al cuadrúpedo. Ante la eventualidad de que se encuentren niños en vuestra compañía mientras lee usted la presente nota, este párrafo no lleva ningún tipo de ilustración.

     De modo que no es muy difícil sospechar que la dolencia que le hace honor tenga algo que ver con la virilidad. El priapismo consiste en una dolorosa inflamación de los cuerpos cavernosos del pene que puede extenderse durante horas y que a todos los efectos externos provoca una erección similar a la de orden sexual aún sin estímulo. Quien padece de priapismo puede sufrirla aún mientras mira el debate entre dos candidatos a intendente de Indio Rengo o la final del Abierto de Golf de Salamanca.



Cardenal Richellieu      
      Existía en Europa, durante el siglo XVIII y aún en el siguiente, una medicina en forma de pastillas conocidas como "Caramelos Richelieu" (que contenían la droga en cuastión) en honor al poco casto Cardenal primer ministro de Luis XIII. Su uso se fue extendiendo en la aristocracia europea como un precursor (bastante peligroso) de nuestro actual Viagra. Desde Giacomo Casanova (famoso amante veneciano con más de 132 conquistas amorosas documentadas y otras tantas anónimas) hasta el Marques de Sade pasando por todos los nobles que sintieran la necesidad de brindar una perfomance sexual acorde con las expectativas fueron usuarios de los caramelos en cuestión.



Fernando el Católico
   
       Es bien conocida la historia del casamiento de Fernando II de Aragón con Isabel I de Castilla unificando así los dos más grandes reinos de la península ibérica y dando inicio a lo que hoy es España. Aquellos que financiaron el viaje de Colón y terminaron de echar a los moros de su territorio. Luego de darle 5 hijos a la corona, Isabel I procedió en 1504 a morirse. El viudo Fernando de 53 años se casa entonces con Germana de Foix de juveniles 18 años recién cumplidos, sobrina del rey Luis XII de Francia. La enorme diferencia de edades lleva a Fernando el Católico a pretender impresionar a su joven esposa en lo que a artes amatorias respecta utilizando para ello los conocidos Caramelos Richellieu. El 23 de enero de 1516 muere a los 64 años presumiblemente a causa de una sobredosis de cantaridina. Los efectos de la intoxicación mortal con la droga son tan fuertes que ante un cadáver sospechado de envenenamiento se procedía a retirar un trozo de intestino del occiso (total ya estaba muerto y no lo iba a echar de menos) y frotarlo contra la piel afeitada de un conejo. Sus efectos seguían permaneciendo allí y al pobre miembro de la familia de los leporidae se le llenaba la piel de ampollas. Esto constituye uno de los primeros ejemplos de pericia toxicológica judicial post mortem documentados.

Según el médico brasileño Drauzio Varella en mundo gasta 5 veces más en medicamentos para la virilidad e implantes estéticos de siliconas que en la investigación para la cura del mal de Alzheimer. De modo que, a decir del Dr. Varella, en unos años tendremos cantidad de ancianos de miembros erectos y ancianas con pechos turgentes pero ninguno de ellos recordará para que sirve semejante cosa.

Cambian las épocas, cambian los medios, cambian los recursos, pero las motivaciones siguen siendo las mismas.

Que anden bien