domingo, 1 de marzo de 2015

Estafadores del Caribe. Polleras y mosquitos

      Esta vez, si me lo permiten, daremos muchas vueltas. Vamos a seguir a un personaje de esos que nos gustan. Arrancaremos en Escocia, nos vendremos para América, volveremos a Europa y terminaremos nuevamente en América. Hablaremos de aristocracia, cine, guerras y de una de las cosas que más le agradan al Comité de Revisión Literaria de Bombilla Tapada: las estafas sin violencia. Pónganse el Kilt de tartán que, como dijimos empezamos en Escocia. 





Black Watch
      Hay algunos apellidos indican, con solo oirlos, el origen de su usuario. Quizá el más claro sea el Mac de los escoceses. Luego de la revolución Jacobiana en Inglaterra el rey Jorge II autoriza la creación de seis compañías militares para patrullar las Highlands escocesas. Tres de ellas estaban al mando de la familia Campbel, una de los Fraser, otra de los Munro y la última de los Grant. Eran básicamente batallones de exploración destinados a detectar cualquier intento de futura revuelta. No se sabe bien si a causa de sus actividades nocturnas o del color oscuro del tartán de sus Kilt (la típica pollera escocesa) recibieron el nombre de "Black watch". La familia de nuestro personaje de hoy (al menos los varones) pertenecieron por generaciones a ese cuerpo que más tarde fue incorporado a las filas del ejército regular británico. Su apellido quizá sea el más escocés de todos: Mac Gregor. Su padre Daniel tuvo la poco feliz idea de ponenle Gregor de nombre, por lo tanto el protagonista del presente post lleva el cacofónico nombre de Gregor Mac Gregor.

Gregor Joven
      La Nochebuena de 1786 nació en Edimburgo nuestro personaje de hoy. Mitad por tradición familiar, mitad por haber quedado huérfano a los ocho años decide entrar en la milicia lo más temprano que los reglamentos permitieran. Por lo tanto, a sus 16 años ya es oficial del ejército. La fortuna le sonríe al casarse con la hija de un almirante lo que lo introduce en el ambiente social de la alta oficialidad. Luego la fortuna deja de sonreírle y le cambia drásticamente el gesto al fallecer en 1811 su esposa y la familia de esta decide quitarle el apoyo. No pudiendo disfrutar de los bienes de la familia del almirante (que había tenido la prudencia de fallecer antes que su hija) Gregor se contacta con el Mariscal Beresford quien lo contrata como oficial para el ejército portugués. Retorna a las islas británicas, tiempo después portando un falso título nobiliario lo que constituye un asomo de lo que vendría (aunque en ese momento nadie lo supiera).

Simón Bolívar
      Plena época de fervor independentista americano, el General Simón Bolívar encabeza una misión a Inglaterra con el objeto de conseguir oficiales para organizar su Armada. Gregor Mac Gregor se enlista entonces como oficial del ejército patriota venezolano con el grado de Coronel. Allí pelea con auténtico fervor por la causa emancipadora recibiendo varios ascensos a causa de sus acciones de guerra. El intento de reconquista realista en el norte de Sudamérica fue bastante más violento que en nuestro país y las victorias y derrotas se fueron alternando dramáticamente. Sin embargo y a pesar de no ser un nativo de la zona Mac Gregor nunca dudó a que bando apoyar. El mismo Simón Bolívar en 1816 lo asciende a General de División y le impone la Orden de los Libertadores.

     Buena parte de las acciones del plan de Bolívar consistían en asegurar las islas cercanas a Venezuela para la causa emancipadora, de manera que no pudieran ser utilizadas para lanzar desde allí un contraataque por parte de los españoles. Esa tarea, en parte es encomendada a Mac Gregor. Ocupa la isla Amelia y la isla Margarita. Ataca también la guarnición española de la ciudad de Portobelo en la actual Panamá, aunque sin éxito. Se dirige entonces a territorio de lo que hoy es Nicaragua...

      En 1984 una película protagonizada por un joven Harrison Ford cuenta la historia de ficción de un científico e inventor autodidacta que, agobiado por el espíritu consumista de los Estados Unidos se dirige con toda su familia hacia un lugar salvaje y solitario en Centroamérica. Tanto la película como la novela en la que se basa se llaman "La Costa de los Mosquitos" (The Mosquito Coast) y refiere al lugar del mismo nombre que realmente existe. En la película se lo presenta como un lugar espantoso infestado de alimañas e insectos y realmente es así. Mencionarlo justo en este momento no es caprichoso dado que hacia allí es donde se dirigió Mac Gregor.



      Ya sobre fines de los 1700 los pocos colonos europeos que habían intentado poblarlo o bien se habían buscado tierras mas benevolentes o bien habían muerto víctima de las pestes y malas condiciones de salubridad de la costa. Para la llegada de Mac Gregor la zona estaba habitada escasamente por población nativa, esencialmente miembros de la tribu Poyais. De un momento a otro, Gregor Mac Gregor decide abandonar el ejército venezolano, con el grado nada despreciable de Brigadier General de las Provincias Unidas de Nueva Granada y Venezuela y General en Jefe de los Ejércitos de las Dos Floridas y retornar a Europa.

Gregor Maduro
      1820 lo encuentra en Inglaterra, nuevamente, pero esta vez autoproclamándose Príncipe de Poyais bajo el nombre de Gregor I. Puesto a inventar un país inexistente, a Gregor I no le costaba nada seguir inventando. Poyais era un país exuberante y próspero. Sus ciudades contaban con puertos, teatros, edificios para el parlamento, catedrales. Sus mercados rezumaban oro y joyas. Sus fértiles tierras entregaban sus dones a mano llena. Ciertas gestiones a cargo de antiguos camaradas de armas del ejército británico lo pusieron frente al rey Jorge IV quien le otorgó el titulo de Sir, para favorecer el intercambio entre ambos países.



Libra Poyaisense
      Sir Gregor I no se detuvo allí. Hizo pintar, bajo sus instrucciones cuadros donde se reflejaba el aspecto de la capital de Poyais e imprimió folletos describiendo el país y las posibilidades de negocios que ofrecía. Abrió oficinas de inmigración para gestionar los "papeles" necesarios para establecerse en el país y comenzó a vender lotes de a  un chelin el morgen (una unidad de superficie alemana en uso por ese entonces equivalente a un tercio de hectárea. Como curiosidad su nombre coincide con el vocablo alemán para denominar la mañana. Y es que esa área era la superficie aproximada que un campesino y su buey podían arar en el término de una mañana de trabajo). Estableció también oficinas de cambio de modo que, al arribar, los nuevos habitantes del país ya hubieran cambiado sus Libras por dinero de curso legal vigente en Poyais (que Mac Gregor había mandado convenientemente a imprimir).

Titulo de propiedad
      Finalmente en 1822 partió desde Inglaterra el primer contingente de nuevos habitantes del próspero Poyais, pero al llegar no pudieron dar con las catedrales ni los teatros. Ni siquiera encontraron el puerto. Desembarcaron allí donde Mac Gregor les había indicado y solo encontraron unos nativos que, alimentándose a duras penas ellos mismos, se encontraron con serias dificultades para alimentar a los inesperados visitantes. Muchos de ellos murieron. Otros fueron rescatados al año siguiente por una expedición inglesa que, enterada de casualidad de la suerte de sus compatriotas mientras recalaba en Colombia, corrió a socorrerlos. Varios barcos fueron advertidos de la inexistencia de Poyais en pleno viaje e invitados a poner proa nuevamente hacia Europa. Mientras tanto Sir Gregor I continuaba con sus gestiones de Jefe de Estado consiguiendo un préstamo de 200.000 libras para desarrollar inversiones en Poyais. Un par de semanas más tarde, los bonos de deuda soberana de Poyais cotizaban en la Bolsa de Londres.

Bono soberano de Payais
      El escándalo no tardó en estallar. Sir Gregor I movió a sus contactos y evitó la detención. Cruzó el Canal de la Mancha y se dirigió a Francia, donde en lugar de llamarse a silencio continuó con sus negocios fraudulentos. De modo que en 1825 logró embarcar al primer contingente de franceses rumbo a la inexistente Poyais. Uno no puede imaginar que era lo que esperaba Mac Gregor que ocurriera en este caso, pero el resultado fue lógicamente similar al que obtuvo en Inglaterra. Creyendo que en las islas Británicas se habían olvidado de él retornó en 1827 escapando esta vez de los franceses. Obviamente los ingleses damnificados por su estafa lo estaban esperando y fue detenido de inmediato. Sin embargo, su pasado como militar lo salvó de la cárcel y huyendo llegó de nuevo a Francia donde disfrutó de su fortuna en la campiña, alejado de sus furiosas víctimas.

      Conforme el dinero se le fue agotando, Gregor Mac Gregor comenzó a recordar su glorioso pasado americano y en 1838 reclamó su nacionalidad venezolana (en honor a los servicios prestados), la devolución de su rango militar y la concesión de una pensión vitalicia. Una vez que el estado le concedió sus pedidos partió nuevamente hacia América. Venezuela ya era independiente y Gregor Mac Gregor se instaló en Caracas, cobrando su pensión como General de División retirado y dedicándose hasta su muerte, el 3 de diciembre de 1845 a la cría de gusanos de seda.

      Su cuerpo reposa en el Panteón Nacional junto con el de Simón Bolívar y otros militares, científicos y hombres ilustres de Venezuela. Sin embargo, la historia oficial, esconde, soslaya o tergiversa los hechos, de modo que quede solo el lustre de sus hazañas militares y desaparezca, en la medida de lo posible, su gigantesca estafa.

      De todos modos, toda esta historia fue solo una excusa para ofrecerle, a precio de oferta, unos terrenos inmejorables en el próspero Poyais. Tengan paciencia que ya comienza la subasta de unos solares maravillosos al amparo de la bella Catedral y cerca del Teatro de la Ópera Poyaisense.



Que anden bien