domingo, 18 de mayo de 2014

Llamemos a las cosas por su nombre. O mejor aún... por su apellido



      Por alguna extraña razón, antes de que el monje Gregor Mendel descubriera las leyes que la rigen, los hombres solían creer que los apellidos prolongaban las características hereditarias de sus antecesores como el cabello enrulado o la hemofilia. Así quienes tenían un antepasado glorioso pretendían heredar su gloria por el simple hecho de compartir su mismo apellido. 






      Sin embargo si uno lee por ejemplo La Biblia, libro convenientemente antiguo, encontrará que a excepción de algún que otro romano con doble nombre (lo cual le da el aspecto de tener apellido como por ejemplo Poncio Pilatos) nadie parece contar con uno. Diera la impresión que en algún momento aparecen y ya. Vamos a averiguar hoy el porqué, el como y si me apuran un poco el de donde de los apellidos. Claro que en el habitualmente desquiciado estilo de Bombilla Tapada. Pasen por acá, hay lugar para nobles y plebeyos (los nobles sentados adelante y los plebeyos parados atrás, claro está).

        Remontémonos algo atrás en el tiempo e imaginemos una aldea de unos 200 o 300 habitantes. Cada quien realiza sus tareas. Hay artesanos y labradores. Hay bosques, un arroyo, un molino. Y la gente, hasta dentro de un rato, tiene solo nombre. Hay Carlos, Mario y Enrique. Hay Teresa, Antonia y María. Pero ocurre que en algún momento, dos madres deciden llamar a su hijo, digamos, José. Y ahí empiezan los problemas. 

      Porque uno de los dos José, jugando a que cazaba un ciervo, atropelló el telar de un tal Arturo. Su padre (el del travieso José) se verá obligado a hacerse cargo de la reparación. La familia entera de José vive cerca del arroyo. Por lo tanto cuando se refieran al travieso y a su padre lo harán especificando (para no confundirse de José) José del arroyo. Del mismo modo, cuando el señor del arroyo (que podría llamarse Pedro y por lo tanto ser conocido como Pedro del arroyo) decida ir a pagar los gastos de las roturas provocadas por su hijo, buscará al Arturo dueño del telar. Probablemente conocido como Arturo Tejedor

      Listo. Hemos dado el paso inicial hacia los apellidos. En lineas generales, en nuestro idioma pueden encontrarse 4 tipos de apellidos. Los primeros (como Arroyo o del Arroyo) se denominan toponímicos, es decir, que hacen referencia al lugar o bien de origen o bien de residencia de una familia. Allí encontraremos, además del arroyo, al río, la montaña (Montaña a secas o Montañés) , bosques, las sierras (Serrano o simplemente Sierra). La cercanía de un castillo puede bautizarlo del Castillo o quizá Torres. Provenir de una ciudad conocida da lugar a apellidos que la mencionan tales como Toledo, Navarro o Burgos. Los accidentes geográficos como Lagunas, Cuevas, Montes y Torrentes han servido para identificar familias antaño y han llegado hasta hoy como apellidos. La flora del lugar también juega un importante papel en el post de hoy y allí van los Perales, Castañeda y Avellaneda entre otros. 

      El segundo tipo es del estilo de Tejedor. Es decir que hacen referencia a oficios u ocupaciones de su poseedor. No es difícil encontrar en ese estante a los Molinero, los Guerrero, los Ballestero (en ese entonces la ballesta era un arma habitual en los ejércitos). La sustitución de la actual H por la F ha dado lugar a una familia entera de apellidos que tienen que ver con el hierro. Desde Hierro propiamente dicho hasta Ferrero, pasando por Ferreira y Herrera. El apellido más común en países anglosajones es Smith que quiere decir casualmente herrero.



      Puestos a jugar un picado de fútbol con perfectos desconocidos, no es extraño que uno pida que le pasen la pelota a los gritos haciendo referencia a alguna característica física de su eventual compañero de equipo. Esto también tomó lugar en la génesis de los apellidos y deriva en nuestro tercer tipo. Eso si: en lugar de - "Pasala, pelado!" utilizamos términos menos violentos y allí tenemos el apellido Calvo, sin ir más lejos. De la misma rama son Cano, Rojo, Moreno, Blanco o Delgado. 

      Por último vamos a descubrir una enorme familia de apellidos que hacen referencia a quien ha sido el padre del poseedor. Estos apellidos cumplen ciertas reglas gramaticales y varían de acuerdo con el idioma que les dio origen. Para empezar, en la España medieval esta función la cumplía el sufijo ez. Por lo tanto casi todos los apellidos de hoy en día que terminan de ese modo indican quien era el padre de la persona. O por lo menos el nombre de pila del iniciador de la rama. A modo de ejemplo, el conocidísimo apellido Fernández no quiere decir otra cosa que "hijo de Fernando". Y ahora que lo sabemos nos explicamos fácilmente la profusión de Márquez, González, Ramirez y Benitez con la que cuentan nuestras guías telefónicas. Ocurre que a lo largo del tiempo que nos separa del medioevo algunos nombres de pila han dejado de usarse o han modificado su forma. Por caso Pero era una forma del actual Pedro, origen del apellido Perez. Muy pocas personas tienen por nombre Gimeno, Nuño o Lope hoy. Sin embargo nos han llegado como apellido el Gimenez, Nuñez y Lopez. 

      El merengue en el que vivimos revolcados hace que convivamos con gente que proviene de otras culturas o tiene antepasados enraizados en ellas. Para el caso nos es relativamente fácil reconocer que alguien tiene origen armenio porque mayormente la terminación de los apellidos de ese origen tiene el sufijo ian. Por tanto Simonian será "hijo de Simón". Una pequeña alteración del sufijo hace del "hijo de", una profesión.  Si en lugar de ian el apellido termina en djian tendrá el mismo valor que nuestro Molinero o el británico Smith. Por caso Boyadjian es el apellido que tomaría originalmente un pintor dado que pintor en armenio de dice Boya. Como tarea para el hogar averigüen por que un armenio puede enojarse fuertemente si se lo llama Putaián.

      Las cosas se complican en Rusia. Porque los sufijos que indican de quien es uno hijo varían sea que uno es hombre o mujer. El sufijo para los hombres es ovich (o evich) y para las mujeres se utiliza ovna (o evna). Por lo tanto si un cosaco llamado Iván Popoff tuviera un hijo llamado Boris y una hija llamada Anastasia sus nombres completos serían  Boris Ivanovich Popoff y Anastasia Ivanovna Popoff respectivamente. 

      Con los países nórdicos o anglosajones la cosa pinta un poco menos compleja. Así como la palabra son en inglés significa hijo, el apellido terminado en son indica ese parentesco con el iniciador de la familia. De manera que cualquier reclamo que tengan que hacer sobre la calidad del shampoo Johnson vayan a buscar al hijo de John. 

      En un principio el Von alemán funcionó como el Del Lago en castellano. De hecho Von quiere decir De en alemán. Pero el uso de esa preposición era solo costumbre de la nobleza. Funcionaba como en nuestro idioma cuando se refiere uno al Conde (o Duque o Barón) de tal o cual cosa. Pero a los plebeyos alemanes les gustó el von y cualquier piojoso se agregaba el von para darse pretensiones de alcurnia. Por lo demás los apellidos alemanes siguen las reglas muy parecidas a los nuestros y en su mayoría son profesiones (Schneider-sastre Schmidt-herrero Müller-molinero) o descripciones físicas (Kraus-enrulado Klein-pequeño).

      Cerramos el posteo más a menos donde lo empezamos. Con la Biblia. Al principio mencioné que entre los nombres bíblicos no había gente con apellido. Y las razones son dos. En esa época no su usaban porque no hacía falta y por otra parte el pueblo judío no tenía como tradición usar nombre para toda la familia. A lo sumo el prefijo Bar o Ben (según sea en hebreo o arameo) para indicar paternidad. De allí los nombres Benjamín o Bartolomé. En Austria, en 1787 el emperador José II dispuso que, bajo el dominio de su imperio, todo el mundo debía tener un apellido. Quiera o no. Muchos judíos se inventaron uno pero otros se negaron. Por lo tanto los funcionarios imperiales procedieron a aplicarles uno, mayormente insultante. Por lo tanto, provenientes del imperio Austro húngaro llegan familias apellidadas Stinker (Hediondo), Eselskopf (Cabeza de burro), Trinker (Borracho) u Ochsenschwanz (Cola de toro).

      Ahí andamos. Cada cual con su apellido. Algunos con dos y otros arrastrando pesadamente su prosapia familiar con 40 generaciones de antepasados en el documento de identidad.

      Les dejo por último un dato curioso o revelador de que la inteligencia del hombre tiene ciertos límites pero su estupidez no. El nombre completo de la Duquesa de Alba es: María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fritz James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay

Mejor conocida como el mamarracho

Que anden bien