domingo, 4 de enero de 2015

Que cosa la inseguridad: Me robaron 11 días!!

      Los padres que llevan a sus hijos a la calesita y permanecen sentados en un banco perimetral, cada vez que nuestro niño aparece montado sobre un caballo de madera o un inexplicable cerdo, procedemos a saludarlo con efusión. Del mismo modo, cada vez que la Tierra pasa por el mismo arbitrario punto de la órbita, saludamos con entusiasmo otra vuelta completa de nuestro planeta y llamamos al acontecimiento Año Nuevo.




      La antigüedad registra numerosos métodos para medir ese tiempo. Lejos de nuestra necesidad de asentar nuestra edad en formularios o calcular los intereses devengados por un depósito, nuestros antepasados requerían de un calendario para comer. Es que las cosechas y siembras se rigen por periodos anuales, y la mayor exactitud posible en su cálculo optimiza los resultados de ambos procedimientos. 




      Los primeros días de cada mes en el registro del año romano se llamaban "calendas" y de ahí surge el nombre que le damos a la cuenta de los días conocido como calendario. Como decíamos antes, la utilidad original era la agrícola, conocer cuando eran probables las lluvias o el frío. Como en árabe clima se dice Al-manakh, llamamos nosotros al registro escrito de los días: almanaque. En el año 46 antes de Cristo don Julio Cesar decidió que el imperio romano era lo suficientemente grande como para imponer su calendario a casi todo el mundo conocido. Para ello le encargó a Sosígenes de Alejandría la confección de un calendario unificado. La extensión del imperio hacía necesario ya un calendario en serio y lo más exacto posible tanto para los pagos de sueldos como para establecer las fechas de elecciones de Senadores o caducidad de mandos. El año comenzaba entonces en Marzo y para ajustar ese día que siempre molesta cada cuatro años, debido al tiempo real de rotación de la Tierra, durante el mes anterior había 2 días 24. Como los meses tenían 30 días, el día 24 faltaban 6 para las calendas de marzo (uds. se preguntarán a donde voy con esto. Ya van a ver) Ese día entonces, era el sexto antes de las calendas. Como dijimos, cada 4 años se agregaba otro día 24, es decir otro día sexto, es decir el año era bi sexto, lo que se deformó hasta transformarse en bisiesto

      El problema era que las fiestas religiosas judías y luego cristianas estaban prefijadas de acuerdo al calendario lunar (contar la vuelta al rededor del sol como lo hacemos nosotros hoy transforma al calendario en solar). Y entonces, cuando el cristianismo se convierte en la religión oficial del imperio todas las fiestas religiosas, empezando por la Pascua, se desacomodan a la luz del nuevo calendario que, en honor a su impulsor, Julio César, se llamó Calendario Juliano


      Cuestión que en el año 325 se juntaron los obispos en la ciudad de Nicea a instancias del Emperador Constantino I El Grande, primer monarca romano que oficializó al cristianismo como religión del Imperio. Había que encontrar un método para que todas las fiestas religiosas se celebraran en todo el territorio el mismo día. El defasaje entre el calendario lunar y el solar oficial en el imperio era tal, que la determinación de la fecha de la Pascua seguía este intrincado camino: Debía celebrarse en el domingo posterior a la luna llena que ocurriera inmediatamente después del equinoccio de primavera. Un verdadero trabalenguas. Y para peor con el paso del tiempo y las correcciones realizadas año tras año movían la fecha de las estaciones dentro del calendario Juliano. De modo que la primavera llegó el 21 de marzo (en el hemisferio norte, claro) en el año 325 pero se fue corriendo hasta adelantarse 10 días para, en 1582 llegar el 11 del mismo mes.

     El Papa Gregorio XIII se cansó de tanto ajuste (aunque aún no existía el FMI) y emitió un documento (la bula Inter Gravissimas) que ordenaba acomodar los melones que paseaban sin control dentro del carro. Las reuniones se desarrollaron entre 1545 y 1563 de manera discontinua. Se hicieron los cálculos pertinentes. Obispos, astrónomos y otros estudiosos debatieron como debía ser el nuevo calendario para no tener que hacer más ajustes ni correcciones. Lo hicieron al norte de Italia en una ciudad llamada Trento. El nuevo calendario (el que seguimos usando hoy) es tan bueno que tiene un error tan pequeño como 1 día cada 3300 años. Pero hubo un problema


      Pasar del calendario Juliano al Gregoriano no fue gratis dado que a causa de esos defasajes acumulados desde el concilio de Nicea nos estaban sobrando como 11 días para poder ajustar uno con el otro. La medida a tomar fue tan drástica como única en la historia.

     Los españoles, por ejemplo se acostaron a dormir la noche del jueves 4 de octubre de 1582 y al despertarse era tranquilizadoramente viernes pero 15 de octubre. El cambio se fue haciendo por partes y por ejemplo en los Paises Bajos al lunes 17 de diciembre le siguió el martes 28 ahorrándose los holandeses todos los regalos de Navidad ese año.

      A todo el mundo occidental, inclusive las incipientes colonias en América les birlaron 11 días como por arte de magia. Por supuesto que los patrones, a fin de mes no quisieron pagar el salario completo. Los prestamistas que estipulaban un interés mensual, en cambio, si pretendían aplicarlo a sus cuotas al finalizar el mes sin importar la ausencia de esos 11 días.

Claro que es penoso que a alguien le roben dinero, el auto, el celular o el almuerzo de la heladera. Pero ¿Como se sentirían si les hubieran robado 11 días de sus vidas y nadie pagara por ello?

Que anden bien.