sábado, 8 de septiembre de 2012

Isaac Asimov In Memoriam


(Advertencia: La idea inicial de este texto la leí hace muchos años. Antes de Internet, antes del DVD, antes de la PC. Cuando recién comenzaba a asomar el video casette. La escribió originalmente Isaac Asimov en una revista hace más de 20 años. El remate me sorprendió tanto que aún lo recuerdo y, empeorada, habiendo pasado por mis manos, la comparto)

Hace bastante tiempo, las únicas formas de ver una película consistían en ir al cine o depender de que algún canal de televisión la pasara por su pantalla. Cuando sólo teníamos canales de aire la posibilidad de encontrar una película de nuestro agrado tendía rigurosamente a cero. Había que conformarse con un discreto número de bodrios en Sábados de Súper Acción o algún estreno exclusivo (películas de unos 20 años de antigüedad) en El Mundo del Espectáculo.

La aparición del video en VHS alteró para siempre nuestro modo de ver cine. En casa, cuando se nos ocurría, la película que queríamos, las veces que se te antojara y con pausas para ir a hacer pis a requerimiento de nuestra vejiga sin perdernos nada.

El resto son solo mejoras de esta situación original. El DVD permite un gran número de variantes; con subtítulos, en idioma original, hablada en arameo con títulos en copto. Sonido 5.1, trailer, reseña de la vida y obra del director, etc. Internet agregó otro tanto y sin salir a buscar nada fuera de casa encontramos la película que se estrenó ayer o aquella del año 30 que siempre quisimos ver y nunca pudimos.

Ahora bien, quizá falte una mejora. Un sistema absolutamente personalizado  y con un tamaño tal que quepa en una mano que nos permita cambiar ciertas variables del contenido a nuestro gusto y placer. Una escena nevada que tenga más o menos árboles o más o menos nieve. Montañas más o menos altas. Violáceas o más amarronadas. Los protagonistas, dentro de ciertos límites tendrían el aspecto que se le antojara al usuario. Un poco más o menos alto. Más o menos corpulento. Otro aspecto modificable sería la voz de los personajes. Se podría elegir de acuerdo con nuestra voluntad.  

Por cierto que avanzar y retroceder entre las escenas también estaría disponible. Detenerse, atender otras actividades y volver a seguir, obviamente estaría en manos del usuario. Un aspecto no menor es la completa independencia del sistema de fuentes de energía externa. Sin batería, sin cables, sin pila…..a esta altura podrían pensar que estoy soñando con un aparato extremadamente futurista, demasiado sofisticado y, de existir, excesivamente caro.

¿Y si les digo que existe? ¿Y si le digo que existe desde hace muchísimo? Antes aún del VHS, de la tele convencional y aún de la electricidad.

El sistema personalizado es el libro.

¿A que huele el barco del Capitan Ahab? ¿Cuan alto es el respaldo del sillón en el que se sienta a pensar Sherlock Holmes? ¿Como es la voz del coronel Aureliano Buendía? ¿Cuan pequeña es la habitación donde descansa Funes el memorioso?  En todos los casos, la respuesta es “lo que vos decidas”.