lunes, 10 de septiembre de 2012

Harto de los que están Hartos de la Inseguridad


            Harto de leer y ver noticias sobre la inseguridad que nos rodea y nos envuelve me decidí por leer un libro de contenido absolutamente distante de las cuestiones mundanas. Olvidada en medio de la biblioteca, de letras doradas sobre tapa de cuerina azul, descansaba la Biblia. A poco de comenzar, luego de las creaciones de rigor y manzana mediante, por un motivo de lo más insignificante se produce el primer homicidio de la historia de la joven humanidad. Un rato después Eva organiza la primera marcha en reclamo de medidas ejemplares que fue todo un éxito dado que teniendo en cuenta que la Tierra tenía tan sólo 3 habitantes tras la muerte de Abel y con Caín prófugo, la marcha contó con la adhesión del 66% de la población total. La envidia de cualquier falso ingeniero.

            Fuera de toda broma la violencia (sino de género, de especie) es tan antigua como la humanidad misma y un mal con el que debemos convivir tratando de minimizar al extremo sus efectos. La imposición de la propia voluntad por métodos violentos pareciera ser condición humana. Quiero tu tierra, tu mujer, tu petróleo, tu celular suena desde aquel mitológico tiempo de la creación hasta hoy.

            Pero no todo es desolación. Si bien es cierto que la humanidad inventó la ametralladora y el misil también inventó la rueda y la maquinita de afeitar descartable. Sin embargo una de las herramientas más poderosas que el hombre tiene para resolver sus múltiples problemas es la matemática. La abstracción matemática permite analizar un problema con independencia de consideraciones ideológicas o de gustos personales y es allí a donde vamos.

            El homicidio es, de todos los delitos, el único que no puede dejar de registrarse. Quizá una violación o un robo no queden asentados por la negativa de la víctima a realizar la correspondiente denuncia en atención a múltiples razones. El homicidio implica dar de baja al finado de las listas oficiales (registro civil, padrones, pago de asignaciones estatales, etc.)  y no hay modo en que no sea contado como tal. Y entonces es cuando aparece la herramienta matemática. ¿Cuántos occisos de manera violenta hay en cada país? Es una buena primera aproximación, pero no sirve. Brasil tiene 193 millones de habitantes y Uruguay escasos 3,3 millones. Atento a la humana vocación de solucionar todo a los tiros, es lógico que los cariocas cuenten más ataúdes que los charrúas. Manejémoslo entonces de otro modo. Buscando algo parecido a los porcentajes. Ocurre que afortunadamente remitir cuantos amasijados hay cada 100 habitantes da un número extremadamente pequeño, tenemos ganas de matarnos pero no tantas. Para llegar a que el número tenga, al menos un dígito entero hay que multiplicar la tasa por 1000. Y entonces nuestra referencia está completa. Cantidad de homicidios por cada 100.000 habitantes. Las cifras están recopiladas por la ONU con lo cual tenemos cierta garantía de objetividad. Veamos entonces que nos dice la matemática.

            La lista es muy larga y, para quien quiera verla en toda su extensión aquí les dejo el link: http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_homicide_rate

            En principio habría que evitar por todos los medios posibles la invitación a unas vacaciones en Honduras. Figura primero en la lista mundial con 91,6 asesinados por cada 100.000 habitantes. Quinta en esta lista está la República Bolivariana de Venezuela con un nada envidiable 45,1. En el puesto 15 aparece Colombia y así. Hay que llegarse hasta el puesto 40 para encontrar al primer europeo; Groenladia con 19,2. No, todavía Argentina no apareció. A partir del puesto 74 (Liberia) las cifras bajan de los 2 dígitos a 1. Arañando el puesto 97 están nuestros primo hermanos uruguayos con 5,9. No, todavía Argentina no apareció. Allí por el puesto 109 nuestros amigos del Gran País del Norte (no, Bolivia no, EEUU) con un cómodo 4,2. No, Argentina aún no apareció.

            Ahora sí. Para beneplácito de los caceroleantes llega Argentina en el puesto 119 con un modesto 3,4. A título personal me encantaría que tuviéramos un bonito cero, pero hay que resignarse a que dicha esperanza es imposible. Sería formidable para todos, que ese número bajara lo más posible. Echemos una mirada a ver quienes lo han logrado.

            Por debajo de los 2 homicidios por cada 100.000 habitantes se encuentran en su mayoría los países europeos. Allí están  Eslovaquia con 1,7; Grecia con 1,5; Irlanda, Reino Unido y Portugal con 1,2. Francia y Holanda comparten el 1,1. España y Alemania el 0,8. Cierra la lista “modestamente” Mónaco con 0.

            Dejamos las matemáticas por un rato (prometo volver) para jugar un poco con el sentido común. Sacando el caso puntual de Mónaco, cuyos números responden más a miniaturez geográfica que a otra cosa, estaría bueno ver que es lo que hace Holanda o Alemania, que no hace Honduras o El Salvador. Los invito a dar otra vuelta por las Naciones Unidas. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo elabora todos los años una estadística que lleva por nombre: Índice de Desarrollo Humano. Las fórmulas de cálculo son bastante complejas (llevan logaritmos y otras bellezas por el estilo) y para los que quieran verlas están disponibles en http://es.wikipedia.org/wiki/índice_de_desarrollo_humano

            Básicamente es una ensalada de números que mezcla: esperanza de vida al nacer, tasa de alfabetización, educación primaria, secundaria y superior, PBI per cápita e índice de pobreza. Estos cálculos entregan un número entre 0 y 1 donde los números más altos plasman un índice de desarrollo humano superior. Supongo que ya lo sospechaban, los mayores números de desarrollo humano son inversamente proporcionales a la tasa de homicidios. Mientras que Noruega tiene un IDH de 0,938 y una bajísima tasa de homicidios, Guatemala tiene un IDH de 0,560 y una altísima tasa de amasijados. La lista completa está en http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Países_por_índice_de_desarrollo_humano  . Para los vagos que no quieran hacer click, les ahorro el viaje. Argentina está en el puesto 45 con 0,797 sobre 141 países rankeados dentro del grupo de IDH muy alto.

            Probablemente más de uno ya esté mareado. Lamento comunicarles que aún falta más matemática. El italiano Corrado Gini inventó durante el siglo XX la forma de medir cuan equitativa es la repartija de la guita. Otra vez un número entre 0 y 1 donde 0 indicaría que todos tienen la misma cantidad de riqueza y 1 significa que 1 la tiene toda y el resto no tiene nada. Obviamente que la situación 1 y 0 son ficticias y nadie espera encontrarlas en la realidad. La realidad indica que los números más probables oscilan entre 0,25 y 0,5. Si quieren saber más acerca del llamado Coeficiente de Gini, pasen por acá: http://es.wikipedia.org/wiki/Coeficiente_de_Gini

            La cosa es que el promedio mundial del Cociente Gini da 0,63. Significa que el 20% de las personas más ricas del planeta es 28 veces más rica que el 20% más pobre. Decepcionante ¿no?. La lista mundial, ya a esta altura, no depara sorpresas. Entre los primeros puestos se ubican Dinamarca, Suecia y Noruega (0,247; 0,250 y 0,258). Entre los últimos, otra vez Honduras y Colombia (0,580 y 0,560). Y acá me quiero detener un rato. Cuando en el resto de las listas de índices de desarrollo, Argentina (0,375) se encuentra entre los primeros puestos, en esta estamos cerca de la mitad en el puesto 58. Parece que hemos avanzado mucho en calidad de vida, igualdad de géneros, acceso a la educación, a la electricidad y al agua potable pero los dueños del chupetín se niegan a soltar el palito.

            El tema de la inseguridad se parece mucho a una gotera. Hay dos actitudes posibles. Arreglar el techo o poner una palangana más grande debajo. Si se mejoran estos índices estaremos arreglando el techo y no habrá más gotera (o caerá muy poca agua). Pedir más policías, más represión, penas más duras es igual a poner un balde gigantesco. Probablemente no se nos moje el piso por un rato, pero el camino solo conduce a palanganas más grandes. Sería inteligente (quizá esté pidiendo demasiado) intentar transitar el camino de los que lograron resolver el problema con más inclusión, más educación, más igualdad y menos represión.

            Prometo volver sobre el tema. Espero no haberlos aburrido con tanto fárrago.