martes, 11 de septiembre de 2012

La vuelta al Mundo en cerebro


(Ficción histórica. Basada en hechos reales)

            Cirene era una ciudad griega. En realidad era una colonia griega en territorio de la actual Libia. Hace muchos años, allí por el 276 antes de Cristo, nació un niño al que le pusieron el espantoso nombre de Eratóstenes. Parece que el tipo era bocha inteligente. Tanto que en sus años mozos supo dirigir la famosísima Biblioteca de Alejandría. Para los que no sepan porqué era tan famosa la biblioteca en cuestión parece ser que todos los barcos que atracaban en su puerto debían permitir que se hiciera una copia de los libros, manuscritos y rollos que llevara a bordo. Llegó a almacenar unos 900.000 volúmenes y después se incendió (o la incendiaron, uno nunca sabe). Obvio que no le iban a dar semejante puesto a cualquier gil lo que demuestra que Eratóstenes era un tipo muy inteligente.

            La cosa es que no se sabe si por una apuesta, por fanfarronear o por contar con tiempo disponible, al tipo se le metió la idea de calcular cuanto medía (y mide) la Tierra. O sea, cuanto mide una vuelta al mundo. Noten que más de 200 años antes de Cristo ya sabían que la Tierra era redonda contra la falsa versión del Billiken que sostiene que en la época de Colón se dudaba al respecto.

            Un día le dijo a su amigo Arquímedes (es posta, eran amigos en serio)
-         A que me mido la Tierra
-         ¿Y como vas a hacer? – le preguntó Arquímedes.
-         Ya vas a ver – respondió, misterioso, Eratóstenes.

El bueno de Eratóstenes sabía que el día del inicio del verano (en el hemisferio norte el 21 de junio) al mediodía en la ciudad de Siena en Egipto las cosas no hacían sombra. Es más, como no se había inventado el cine, los Smartphones ni las revistas de la farándula, una de las diversiones de los habitantes de la actual Asuan (que es como se llama hoy la ciudad) se entretenían al mediodía viendo como por única vez en el año, el fondo de los pozos, sean de la profundidad que sean, estaban iluminados por los rayos solares.

Esto era una de las cosas que sabia Eratóstenes. Lo otro que sabía (entre tantas otras cosas) era la distancia entre Siena y Alejandría, donde él ejercía su puesto de Director de la biblioteca. Según las caravanas que recorrían habitualmente el camino entre ambas ciudades la distancia entre ambas era de 5.000 estadios. El estadio era una medida griega que casualmente era lo que medía un estadio griego. Unos 185 metros actuales. Don Eratóstenes necesitaba sólo un dato más para mandarse el cálculo que lo hizo famoso (bah, mas o menos famoso. Seguramente mucha más gente conoce a Susana Gimenez que a Eratóstenes. Así estamos). La herramienta determinante para realizar la proeza intelectual fue….un palo. Eratóstenes agarró un palo, lo clavó vertical en el piso de Alejandría y midió el ángulo que formaba el palo y su sombra. Le dio 7º 12´.

Si Uds. o yo contáramos con estos datos ¿Qué hubiéramos hecho? Probablemente nada. La diferencia es que Eratóstenes tenía una mente formidable y nosotros (sin desmerecer a nadie) no. Nuestro héroe intelectual se planteó lo siguiente:

-         Todos sabemos que una circunferencia – dijo en conferencia de prensa luego – tiene 360º. Entonces, si 7º representan 5.000 estadios. 360º serán X
Y X en este caso son 252.000 estadios. Traducido a nuestras medidas actuales 39.614 km

Ahora bien. Hoy tenemos satélites, fotografías aéreas, GPS y otras linduras. Mediante estos sistemas la circunferencia polar aceptada es de 40.008 km. Les ahorro las cuentas. El error de Eratóstenes fue de menos del 1%.

Nada. Quería contarles la historia de lo que puede hacerse con unos datos, un palo y fundamentalmente un cerebro.

Que anden bien.