jueves, 7 de febrero de 2013

Nerón, Nerón que grandes son...

      Al rato, apenas. Al ratito de que Alfredo Yabrán se volara la tapa de los sesos con una escopeta, aparecieron las teorías conspirativas que insistían en que no se había disparado sino que, reemplazado su cadáver por el de vaya uno a saber quién, el cartero más famoso del país en ese entonces se había dado a la fuga de manera subrepticia y seguramente alterado su aspecto e identidad para comenzar una nueva vida en otra parte del mundo.

      Esto no es nuevo, basta que alguien muera en circunstancias poco claras y que para reforzar la conspiración su cadáver no se vea públicamente, para que se comiencen a tejer las más variadas teorías sobre su real paradero. Así supuestamente Carlos Gardel habría sobrevivido al accidente de Medellín, con terribles quemaduras y vivió durante muchos años oculto en una cabaña en una isla del Tigre. Hitler no se suicidó en su bunker, aunque haya testigos que indiquen que si, sino que escapó al ejército norteamericano, inglés y ruso juntos, viniendo a parar a Sudamérica. Argentina, para más datos. Por razones desconocidas y a pesar de alimentarse únicamente con pastillas durante años, hay quienes insistían que Elvis no habría muerto, sino que se habría retirado a su mansión de Memphis (Graceland) y no pocos lo habrían descubierto yendo a comprar bizcochitos para el mate o paseando el perro en las inmediaciones. No pocos tejen un argumento similar, por motivos inexplicables, para con Nestor Kirchner.

      Esto que parece un mal de nuestro tiempo, tiene raíces antiquísimas, quizá mas antiguas de las que vamos a ver hoy. Es más, si alguien conoce algún ejemplo más antiguo y documentado, le pido que lo postee para poder corregir los datos. Al momento, la historia que se desarrollará a continuación es la más antigua y curiosa que encontré al respecto. Allá vamos:

        El tipo en cuestión se llamaba Nerón Claudio César Augusto Germánico pero lo conocemos simplemente como Nerón y había nacido en el año 37 después de Cristo. Llegó a regir los destinos del Imperio Romano pero no de la manera habitual. Normalmente el título de Emperador era hereditario pero Nerón no era hijo de un emperador sino que su madre se casó en segundas nupcias con Tiberio Claudio César Augusto Germánico, Claudio para los amigos. Claudio ya tenía un hijo, Británico (no es que fuera inglés, sino que se llamaba así) pero llegado el momento adoptó como hijo a Nerón y, siendo mayor que su hijo biológico lo nombró heredero al trono. El amigo Nerón fue declarado adulto a los 14 años y recibió el título de Emperador a los 16. Hay quien dice que el pasaje a mejor vida de Claudio contó con la invaluable colaboración de Agripina, madre de Nerón. El muchacho era educado en artes y ciencias, de hecho Séneca había sido su tutor. Todos los emperadores romanos tuvieron sus cosillas y sus muertos en el placard. Nerón no fue la excepción, de hacho se sospecha que mandó a matar a su propia madre, sin embargo el tipo puede mostrar algunos logros interesantes. Bajó la tasa de impuestos, apoyó a los libertos (esclavos que a fuerza de sacrificios económicos personales habían logrado comprar su propia libertad) creó teatros y gimnasios. Estableció los Quinquenales Neronia, una especie de Festival de Cannes pero con poesía y teatro. Terminó además con la guerra con los Partos, firmando la paz.

       Todo iba mas o menos dentro de los carriles habituales hasta el 19 de julio de 64 cuando comenzó un gigantesco incendio que duró cinco días y destruyó buena parte de la ciudad de Roma. Algunos le echaron la culpa a él, diciendo que mientras Roma ardía don Nerón miraba por la ventana de su palacio y tocaba la lira. Sin embargo hay pruebas, por ejemplo el testimonio del historiador Tácito que indica que al comenzar el incendio Nerón se encontraba en la ciudad de Antium, a unos 40 km de Roma. Apenas terminado el incendio Nerón puso manos a la obra con la reconstrucción de la ciudad y hasta se cuenta que alojó a muchos ciudadanos que habían perdido su vivienda en el palacio imperial. El punto es que además de reconstruir la ciudad, se necesitaba encontrar un culpable del incendio y Nerón no tuvo mejor idea que echársela a unos nuevos y molestos tipos llamados Cristianos. Se cargó a unos cuantos a modo de venganza arrojándolos a los leones, crucificándolos o quemándolos vivos. Un par de años después se inició una rebelión en Judea y Nerón mandó a Tito Flavio Vespasiano que la sofocó a sangre y fuego. Tanto que destruyó el templo de Jerusalen del que hoy solo se conserva una única pared, el Muro de los Lamentos. Con estos dos actos el tipo se granjeó el odio tanto de judíos como de cristianos.

    La reconstrucción de la ciudad (se vio obligado a subir las tasas impositivas, pero sólo a las provincias más prósperas), varias revueltas internas y rebeliones militares terminaron con el nombramiento por parte del senado de un nuevo emperador llamado Galba, la declaración de Nerón como enemigo público y la imposición de que se suicidara. Luego de su suicido, en lugar de pacificarse los ánimos se armó lindo bolonqui de modo que al año siguiente (69) hubo 4 emperadores.

       Listo, Nerón muerto. Luego del año de los cuatro emperadores asumió el trono romano Vespasiano, el de la rebelión el Judea del párrafo de más arriba. Sin embargo, el pueblo llano adoraba a Nerón. Sus apoyos a las artes populares, los esclavos y su tendencia a aliviar las cargas impositivas al vulgo los habían hecho tremendamente popular. Consecuencia: comenzaron a circular los rumores de que Nerón no había muerto sino que se había escapado.

      El punto es que la cara del emperador estaba acuñada en las monedas, tallada en estatuas y pintada en retratos. Sólo los que hubieron conocido personalmente al emperador sabían que cara tenía realmente. Es que era de buen gusto mejorar los rasgos del tipo y como consecuencia todas las estatuas romanas (y aún griegas) tienen la misma cara. Por lo tanto, el campo estaba preparado para la aparición de falsos Nerones.

      Y no solo apareció uno, sino que aparecieron tres.

     En marzo de ese mismo año apareció en Grecia el primer falso Nerón haciéndose pagar vermouths. El tipo tocaba la lira bastante bien, como el original. Decía haber escapado de las manos del ejército romano. Algunos desertores del ejército le creyeron y lo siguieron, seguramente a cambio de la promesa de algún cargo público ante un supuesto retorno a su trono perdido. No tuvo tiempo, marinos a órdenes del ejército romano lo encontraron y lo amasijaron.

      Desde el año 69 hasta el 81 un ñato llamado realmente Terentius Maximus se paseó por el Asia diciendo ser el escapado Nerón. Marchó hacia el Éufrates juntando seguidores con la intención de presentarse ante el reino de Partia para reclamarles el reconocimiento por haberles devuelto Armenia durante la firma de la paz en el año 63. No lo logró. Por mucho que les explicó al ejercito de Roma que en realidad se llamaba Terentius, no se lo perdonaron y fue ejecutado.

     El tercero se presentó directamente en Partia cerca del año 88. Tan buena fue su actuación que parte de los partos le creyeron la historia. Al punto de que estuvo a punto de estallar otra guerra entre Roma y Partia por culpa del impostor. Pero con Domiciano, el emperador de ese entonces, no se jugaba. También lo capturaron y pasaron por las armas.

      En definitiva, no hay nada nuevo bajo el sol. Siempre hubo y habrá quienes se hagan pasar por otro para hacerse pagar copetines o ligar algún mimo femenino. Tan cierto como que me llamo Cayo Julio César.