domingo, 10 de noviembre de 2013

Si un dia te dicen Cipayo (espero que no) por lo menos sabrás que quiere decir

      Desafortunadamente, la palabra tiene mucho más utilización de la que debiera. Pero ocurre que cada vez que alguien defiende intereses extranjeros en desmedro de los nacionales, aparece sin saber bien de que está uno hablando.

- Habría que dejarse de molestar con el tema Malvinas. Son de los ingleses. Que se las queden ellos ¡Que embromar!
- Callate, cipayo!

- Lo mejor sería darle la explotación de todo el petróleo a compañías extranjeras. Siempre que metemos las manos nosotros, la embarramos.
- Callate, cipayo!

      La pregunta entonces es ¿Que corno es un cipayo?

      Para saberlo debemos viajar a mediados del siglo 19 y a la India, sin ir más lejos. Vengan conmigo que el vapor está por zarpar.

   
      En el año 1600, un grupo de empresarios ingleses fundó la Compañía Británica de las Indias Orientales, su función era, abiertamente, apoderarse del comercio floreciente con la India. Especias, algodón, té y seda eran los principales productos de exportación y su compra a precio vil a los productores y su venta al mercado Europeo el método para obtener gigantescas ganancias. Para 1608 el puerto de Surat en la India operaba exclusivamente con mercaderías de la Compañía. Para 1609 el contrato con el gobierno británico que originalmente era por 15 años se extendió sin límite de tiempo. Conforme la Compañía de Indias crecía su posición se iba haciendo monopólica. Ningún productor hindú podía vender nada de su producción si no lo hacía a través de la HEIC (Honourable East India Company) (Lo de Honorable se lo pusieron ellos mismos, los hindúes no opinaban lo mismo en ese entonces y opinarían peor luego).

     
      Claro que sostener esa situación no iba a ser gratis. Muchos hindúes que llevaban adelante una agricultura de subsistencia fueron obligados por la fuerza a dejar sus cultivos alimenticios y producir exclusivamente mercaderías exportables. Dado que nadie (salvo que esté haciendo dieta voluntariamente) elige pasar hambre pudiendo comer, la situación debía mantenerse de manera violenta. Para 1670 el rey Carlos II les dio permiso para celebrar alianzas, establecer justicia y tener fuerzas armadas propias, como si se tratara de un estado paralelo. El ejército de la Compañía de Indias era llamado Casacas Rojas. Para inicios del 1800 la superficie sobre la cual la HEIC tenía el comercio exclusivo era cercana a los 129.000 kilómetros cuadrados y regía sobre la vida y hacienda de más de 5 millones de personas. Es decir, una compañía comercial dominaba un territorio parecido en extensión al de Grecia con una población equiparable a las de Suecia y Bélgica sumadas para esa misma época. El férreo control requerido no iba a mantenerse con 5 soldados, no con 10, ni con 100.

     
     Los Casacas Rojas estaban encabezados por unos 20.000 oficiales británicos y más de 200.000 soldados de origen hindú. Desde antes de la era Cristiana los territorios de la actual India formaron parte del imperio Persa. En idioma persa, soldado se dice Sipahi. Del mismo modo los llamaron los ingleses y llegó a la lengua francesa como Cipaye. En resumidas cuentas, los cipayos eran hindúes, contratados por los británicos por monedas, para someter a sus propios compatriotas. De ahí que generalmente la utilización de esta palabra vaya acompañada con el calificativo de "vendepatria". 




      De todos modos, las rispideces entre británicos y cipayos tensaron la soga más de lo aconsejable. Nunca hubo igualdad social ni de trato entre los soldados ingleses y los hindúes. Los ingleses consideraban ciertas costumbres indias como poco civilizadas y las abolieron para descontento de los cipayos. Por otra parte, si un terrateniente no dejaba hijos varones al morir, las tierras pasaban a ser propiedad de la Compañía de Indias según una ley llamada Doctrina del Lapso, sostenida por los británicos a punta de pistola (o de mosquete) y resistida por los nativos. 

      Pero la gota que rebalsó el vaso no tuvo motivos ni políticos no económicos. 

     
     
     
      Para 1857 los Casacas Rojas estaban equipados con modernos fusiles Enfield que ya no necesitaban ser cargados con fulminante, pólvora y munición sino que se les ingresaba por el cañón un cartucho ya preparado de antemano. Este cartucho venía cubierto con una envoltura que había que retirar, mayormente con los dientes dado que una mano sostenía el fusil y la otra el cartucho. Para que el cartucho colocado en la boca del cañón corriera con facilidad hacia el fondo de la recámara, venía untado debajo de la envoltura extraíble con grasa vacuna o de cerdo. Los cipayos eran mayormente hinduistas o musulmanes religiosamente hablando y para unos y otros, ambos animales eran o bien sagrados o bien impuros. Por lo tanto se negaron terminantemente a utilizar esos cartuchos y menos aún a llevárselos a la boca.

   
      La bronca llegó a transformarse en motín y este estalló el 26 de febrero de 1857. Ese día el regimiento Nº 19 de Infantería de Bengala se negó a seguir usando los cartuchos descriptos. El coronel a cargo del regimiento amenazó a los amotinados con artillería pero luego prefirió negociar. De todos modos la mecha de la rebelión estaba ya encendida. Los cartuchos eran el pretexto para expresar el descontento por la escasa paga, los malos tratos y la discriminación recibida. En marzo de ese año un soldado cipayo del regimiento Nº 34 atacó a un sargento y a su ayudante (El del sargento. Los cipayos no tenían ayudantes) hiriendo a ambos. Le fue ordenada a una partida buscar y detener al agresor, pero los soldados hindúes se negaron. Finalmente Mangal Pandey, tal era el nombre del cipayo atacante fue detenido y ahorcado. Esto solo empeoró las cosas. Los motines se sucedían conforme llegaban las noticias de que las represalias británicas eran cada vez mas brutales. Los soldados hindúes furiosos pero desorganizados llegaron hasta Dehli (capital de la India) y tomaron el Fuerte Rojo, cuartel general de las tropas de la ciudad. 

      Los británicos se reorganizaron, esperaron por refuerzos y todo fue cuestión de tiempo. Para fin de ese año la situación favorecía ampliamente a los ingleses y finalmente el 8 de julio de 1858 se firmó la paz.

     
 Bueno, digamos que mas o menos la paz. El método preferido para ajusticiar rebeldes elegido por los civilizados Casacas Rojas era el de atar a la boca de un cañón a un prisionero y dispararlo. Obviamente el cuerpo del cipayo en desgracia era despedazado. Para la religión hindú, el alma de un cuerpo desmembrado no cuenta con el favor de los dioses. Por lo tanto el castigo tenía un doble efecto. Acabar con su vida terrena e impedirle la eternidad celeste.

      Inglaterra entendió a fuerza de mucha sangre, mayormente hindú hayan sido soldados o no puesto que la "reconquista" tuvo más de venganza que de acción de guerra, que la Compañía Británica de las Indias Orientales no podía seguir regenteando con sus métodos el territorio hindú como si fuera de su propiedad. En agosto de 1858 la India pasó oficialmente a ser colonia británica y la reina Victoria fue nombrada Emperatriz. Se permitió que los hindúes formaran parte del gobierno (bueno, un poquito). En el fondo, solo cambiaron de tirano. 

      De todos modos las cosas no irían tan mal. Solo faltaban 11 años para que naciera Mahatma Ghandi. Pero eso, quizá, formará parte de otra nota.

     
Quizá la única diferencia entre los cipayos originales y los actuales es que los primeros tuvieron un acto de dignidad, se rebelaron contra la situación y se negaron a ir en contra de sus propios hermanos. Los actuales cipayos disfrazan su posición de falso interés por el bien común. Ya no disparan con cartuchos engrasados pero siguen provocando daño, y mucho. Solo nos resta esperar que en algún momento se descuelguen con un acto de dignidad. Nunca será tarde.






Buenas Noches. Que lo disfruten con salud.