domingo, 3 de noviembre de 2013

Informe X: ¿Por qué a todo lo que no conocemos le encajamos una X? ¿Eh?

      
Caída de Granada
      Después de 5 siglos de ocupación y dominación territorial, finalmente el 2 de enero de 1492 en una sencilla pero emotiva ceremonia, el Reino de Castilla recibe las llaves del Palacio de la Alhambra y culmina la ocupación mora de España. Los musulmanes se fueron por donde habían llegado, el estrecho de Gibraltar, un pasillo marino que en su parte más angosta separa a África de Europa por tan solo 14 kilómetros. Así como luego de una mudanza doméstica uno descubre que dejó cosas olvidadas en su anterior morada, los árabes dejaron bastantes marcas que no solo afectaron, y afectan, a España sino también a todo occidente. 

     
Arte árabe en España
      Hoy a más de 500 años de aquel acontecimiento, todavía se siguen sintiendo fuerte. Una de las huellas que mas profunda quedó grabada es el idioma. Por ejemplo, muchísimos nombres de lugares geográficos españoles tienen nombres árabes, debidamente castellanizados hoy por hoy. Andalucía proviene de la expresión Al Andaluz, que es como los árabes llamaban a sus territorios de la península. Guadalajara, que tiene su homónimo en México, también tiene origen árabe. Wadi al Hijarah se llamaba originalmente y significa Río de Piedras en ese idioma. Hasta la misma capital, Madrid proviene del árabe Al Magrit que quiere decir manantial. Y eso por sólo poner unos ejemplos. Nosotros a 10.000 kilómetros de Madrid ( o Al Magrit) seguimos hoy en día utilizando palabras que tienen origen moro. Quien vaya al supermercado y traiga aceitunas, azúcar, zanahorias, albahaca y naranjas no habrá hecho otra cosa que traer productos cuyos nombres tienen origen árabe. Si fuera usted un alcalde que gusta de tocar su guitarra tendido sobre su almohada preferida, también estaría usando tres cosas cuyos nombres derivan del árabe. 

      Los lectores primerizos de Bombilla Tapada no sabrán a donde voy. Los habituales saben que después de un par de párrafos aparentemente inconexos todo se encamina y hacia allí vamos. La palabra árabe adoptada por el castellano que nos incumbe hoy, en principio es álgebra. Y digo en principio puesto que, si bien es importante, no será el punto central de nuestra disquisición.

     
      El álgebra, como ya lo estarán sospechando, tiene también origen árabe. Su nombre original es al yarabi y trata de las estructuras de los cálculos (para ponerlo en términos sencillos). El álgebra da la mecánica de resolución de los problemas de la matemática con independencia de los números que luego, en un caso práctico debemos de insertar en los lugares adecuados. Groseramente, provee los mecanismos para que una cuenta salga sin importar los valores numéricos que vayamos a usar. Es como aprender los principios básicos de la aerodinámica, antes de construir nuestro avión. 


      Las cosas en el álgebra tienen la pinta de: X= a + b. Donde siempre, pero siempre siempre, lo que queremos averiguar se llama X. Pero ¿Por qué siempre la incógnita, lo que queremos averiguar, se llama X? ¿Por que no J, H o S? Y lo que es más ¿Por qué esa X se ha trasladado a cualquier otro ámbito de la vida y el conocimiento aunque no tenga nada que ver con el álgebra?

     
      Los Expedientes Secretos X. Los rayos X. El ingrediente X. Todo aquello cuya identidad no conocemos lleva el misterioso nombre de X. Es hora de que el misterio de devele. Es por acá, vengan por el pasillo.

     




       Obviamente, los primeros manuscritos acerca de el álgebra estaban escritos en árabe. Y por otra parte, la notación matemática, que hoy se nos hace habitual, por lo menos a la vista, no estaba tan desarrollada y globalizada como hoy. Quiero decir, quién hoy ve algo como: 7X + 4b - 9 = log 23, puede que no entienda que quiere decir, pero está seguro de que se trata de algo que tiene que ver con la matemática. Cinco siglos atrás no pasaba eso. Los manuscritos tenían símbolos pero la notación no estaba tan estandarizada como hoy, por lo tanto había mucho desarrollo escrito en reemplazo de lo que hoy sería una fórmula como la de acá arriba.

     
      De modo que las primeras nociones de álgebra que llegaron a la España medieval decían cosas como esta: 5 más algo es igual a 7, lo que hoy se escribiría de modo que un búlgaro, un peruano o un neozelandés lo entendiera del mismo modo como 5 + X = 7. La palabra "algo" se escribe en árabe así: شيء y se pronuncia como algo parecido a "shei". Hoy usamos las palabras británicas que contienen sh (como show, shampoo y demás) reemplazando la sh (inexistente en el castellano) por ese sonido característico. Pero en ese tiempo no había ninguna grafía que pudiera reemplazarla con solvencia. Por lo menos no la había en el castellano. Pero las personas cultas de la época (que eran más bien pocas) a las que les interesaba esta nueva cosa del álgebra, conocían el griego. Y en griego existe la letra Ji, que se pronuncia Yí, que suena parecido a "shei" y que se escribe X. Circulo cerrado.

     
      Algún traductor imaginativo reemplazó el firulete árabe inentendible para nosotros por una X con la esperanza de que leída en griego, sonara árabe. A otro le pareció aceptable y aquí estamos, poniéndole una X a cada cosa que nos resulta una incógnita. 

     





       Y ahora los dejo. Hoy dan la saga completa de los X Men y luego Malcolm X que es una de las mejores películas de caracter político, según una encuesta de la consultora Equis. 

      Que anden bien. Miren a ambos lados al cruzar la calle.