domingo, 22 de diciembre de 2013

Te lo bato pa´que manyes: El extraño origen de algunos términos lunfardos

     
      Parece que hace mucho, en Babilonia, había una construcción llamada Etemenanki. Era un zigurat, es decir una pirámide escalonada, que alcanzaba la sorprendente, para la época, altura de 91 metros. La Biblia transformó esa torre en algo perverso como todo lo que hacían los babilonios. La leyenda creada luego la asocia con una pedante pretensión de alcanzar los cielos. 



     
      Todo funcionó aparentemente bien. Los obreros iban y venían. Se cocían los ladrillos y se pegaban con asfalto. Subían los baldes, bajaban los martillos. Todo muy lindo hasta que Dios se calentó. ¿Así que quieren ser pulentas y llegar al cielo? - dicen que dijo - ahora agarro y me les confundo todos los idiomas, me les confundo. Y entonces, toda la gente que vivía por ahí, que hablaba la misma lengua, de repente comenzó a hablar idiomas diferentes. La primer consecuencia es que ya no se pudo seguir adelante con la construcción de la torre. La siguiente fue el nacimiento de los múltiples idiomas con los que la humanidad se comunica o se separa.

      La actualidad nos encuentra con entre 3000 y 5000 idiomas. Unos 600 de ellos son hablados por grupos humanos de menos de 100.000 habitantes.  El más hablado y que duplica a su inmediato perseguidor es el chino, seguido de lejos por el ingles, el hindi, el español y el ruso. Pero allí donde todos ponen el mayor esfuerzo en entenderse, hay vueltas del idioma que sirven para todo lo contrario. 

     
      En principio están los lenguajes técnicos. La idea no es la segregación entre los que lo hablan y los que no sino la precisión. La construcción de un puente, un edificio o una máquina no admite que alguna pieza sea descrita como "el cosito". La ubicación exacta de una dolencia es fundamental para el ejercicio de la medicina. Sería inadmisible que las instrucciones de un clínico a un cirujano consistieran en :"Fíjese ahí, por la panza". Al igual que los protagonistas de "La naranja mecánica" que tienen un lenguaje propio que les facilita diferenciarse de los demás, los diferentes grupos etarios mantienen ciertos giros del lenguaje que les permiten  marcar su territorio idiomático de modo que quede claro quienes pertenecen al grupo y quienes no. 

     
      Uno de esos grupos, digámoslo de una vez, son los delincuentes. Un punto importante en toda actividad delictiva es mantener el secreto y una de las formas es que nadie sepa de que estamos hablando. Aparentemente, en el norte de Italia había una buena cantidad de prestamistas y banqueros. Tal como hoy, dichas profesiones se equiparaban a la estafa cuando no al robo liso y llano. De modo que como una de las regiones del norte de la península itálica es Lombardía, y allí se habla lombardo, era así como llamaban al argot de los ladrones. Al llegar a nuestras tierras el término lombardo sufrió una ligera modificación y paso a llamarse Lunfardo.

      Su éxito fue su fracaso. Creado (involuntariamente) para ser secreto, lentamente pasó a formar parte del habla cotidiana hasta de los sujetos más ilustrados. Hoy vamos a meter las narices en los orígenes de algunas de las palabras del lunfardo que utilizamos a diario y que no tenemos idea de donde vienen. Quédense piolas y vengan de queruza.

   
       La primera de ellas es mina. Hasta las propias mujeres la utilizan para hablar de si mismas. Sin embargo, si nos remontamos a su origen, el término es insultante. Los proxenetas (cafishios en el habla lunfarda. Su origen está más abajo) son tipos que hacen trabajar a las mujeres de prostitutas para su propio beneficio. Imaginemos una conversación entre dos de ellos mientras toman unos Pernod:

- Yo tengo 7 mujeres que trabajan para mi - dice el primero de ellos.
- Yo en cambio tengo solo 4, pero una de ellas es una mina de oro, me trae ella sola más que las otras 3 juntas, me trae.


      El termino mina, se acuña para referirse a una prostituta que factura mucho, como si fuera una mina de metales preciosos. Los orígenes del término no son muy halagadores.

   
      Los primeros ferrocarriles de la Argentina fueron construidos por empresas británicas. Mientras los obreros nacionales colocaban la piedra, los durmientes y las vías, los jefes ingleses recorrían la línea inspeccionando, sin hacer ningún trabajo físico. Generalmente lo hacían caminando con sus manos unidas en la espalda lo que en el inglés que hablaban los ingenieros británicos se dice "back hand". Pues bien, en lunfardo, para referirse a aquel que no trabaja y sin embargo vive bien, se utiliza la palabra "bacán" que es una deformación ligera del término inglés de referencia.

     
      La trata de mujeres con fines de prostitución no es lamentablemente nueva. Enormes organizaciones movilizaban cientos de jóvenes de un lugar a otro del mundo con fines de esclavitud sexual. Todas las legislaciones tuvieron por siempre, desde que la civilización dejó de retener a mujeres y niños como botín de guerra aceptable, restricciones y penas en contra del tráfico humano. Los proxenetas debieron actuar con astucia tanto como para no ser descubiertos en sus movimientos. Una forma de trasladar personas de un lugar a otro es camuflándolas entre medio de un cargamento de mercadería legal. Uno de los más comúnmente usados era el pescado seco, stockfish en ingles. Bajo la apariencia de un contenedor de pescado se ocultaba el trafico de varias decenas de mujeres. La deformación de la palabra original deriva en cafishio, que es el lunfardo para proxeneta.

   
      El que dice tener unas influencias con las que no cuenta. Quien repara algo de manera defectuosa. El que promete lo que sabe que no va a poder cumplir. Todos ellos reciben en nuestro lunfardo el nombre de "chantas". Para encontrar el origen hay que viajar a Nápoles (en realidad no hace falta pero queda lindo decirlo). Supongamos que alguien tiene rota, digamos, una ventana. Quien se pone a repararla, en lugar de reemplazar las maderas defectuosas o rotas, agrega refuerzos con otras maderas realizando una reparación poco feliz. En Nápoles, en dialecto campanio se los llama cianta puffi lo que significa clava clavos. Con una ligera modificación en la pronunciación obtenemos nuestro chanta que hace las cosas rápido y mal.

     
      Calabria forma la punta y la suela de la bota imaginaria que dibuja el mapa de Italia. Justo enfrente está Grecia, por lo tanto el calabrés ha recibido una influencia de siglos de penetración griega y muchas palabras de su léxico tienen ese origen. Normalmente, salvo que sea uno de esos nuevos jugadores de poker profesionales que salen por TV, los juegos de cartas y de dados están reservados para momentos de ocio o esparcimiento. Casualmente en griego, ocio o recreo se dice Skolé, y cruzando el atlántico, el juego de dados o cartas se convierte en escolazo.

   
      En algún otro post hablamos de la influencia musulmana sobre el idioma español, merced a los 5 siglos que los árabes pasaron visitando por la fuerza la península Ibérica. Una forma con la que los árabes se refieren a los tontos o menos agraciados intelectualmente es Yahil, esta palabra se ha deformado un poco para llegar al andaluz como gilí, y luego a nuestro lunfardo como gil. Por su similitud sonora el lunfardo porteño admite también el término alternativo perejil.





   
      Hace algunos años, el común de la gente tenía muy poca ropa. Una vestimenta para los días de semana hábiles y, si tenían dinero suficiente, un traje dominguero. Posiblemente por ser más barato tuviera alguna ropa interior de más como para cambiarse. Hoy contamos con comercios que venden, entre otras cosas, ropa interior y sábanas que llamamos casas de lencería. La palabra lencería viene de linghe que en uno de los tantos dialectos italianos es el nombre que recibe el atado de ropa, cubierto mayormente con la única sábana con la que el tipo contaba para armarse una cama medianamente digna. Ver a alguien con ese atado colgando de la punta de una vara y llevado al hombro y pensar el la palabra linyera, es todo uno. Y es razonable puesto que ese es el origen de la palabra en cuestión. El linyera es aquel que, no teniendo casi nada, lleva sus modestas pertenencias (la linghe) en un atado colgadas de un palo.

     
      Carlos V al mando de las tropas españolas venció en una batalla a Francisco I quien encabezaba los ejércitos francés y suizo juntos. Según dicen los expertos fue la primer batalla en la que las armas de fuego tuvieron una real participación. Los arcabuces españoles propinaron tal paliza, en particular al ejército suizo, que el balance de bajas de la batalla fue de 3.000 muertos por el lado de Francisco I y tan solo uno por el lado de Carlos V. Tan fácil fue el triunfo que hasta el día de hoy cuando algo resulta sencillo, barato o simple de conseguir se apela a nombrarlo como la localidad italiana en la que se desarrolló semejante contienda. Estamos hablando, claro, de la batalla de Bicocca.

   
      Los marineros llevaron siempre una vida muy dura. A los rigores propios de la mar había que agregarle unos salarios miserables. Por eso era una convención que los tripulantes de naves mercantes pudieran llevar algunas mercaderías propias para vender llegados a puerto en su propio provecho. Ese paquete de mercaderías recibía el nombre de paca o paco. El contenido de esos pacos se llamaba pacota y generalmente estaba constituido por cosas de escaso valor. Por lo tanto, quien tiene tan poco valor que no puede enfrentarse a alguien mano a mano y prefiere la superioridad numérica forma un grupo llamado pacota o patota. Y de ahí nuestro patotero. Otra derivación de estos términos, que no es usada normalmente por nosotros es pacotilla. Usada como adjetivo le baja la calidad al sustantivo como por ejemplo reloj de pacotilla o profesor de pacotilla.

      Y si hay palabras que vienen del inglés, el italiano, el árabe ¿Por que no echar mano a alguno de nuestros idiomas autóctonos? Las sobras, sean de algún material o aún de comida, llevan en quichua el nombre de puchu. Hoy se usa la palabra pucho para designar un cigarrillo de papel entero, pero originalmente solo se usaba como sinónimo de colilla, es decir de la sobra de un cigarrillo.

     
      Suponían, y algunos aún suponen, que hay personas que emiten mala onda. Son esos tipos que hacen que se corte la luz cuando llegan a una fiesta. Si saludan a alguien este se enferma. Si ponderan un auto o bien se rompe o bien choca. La sabiduría popular dice que estos nefastos tipos emiten mala suerte. Uno de los términos que el italiano tiene para decir emitir, eyectar es jettare. Y es este el origen de nuestra palabra Yeta que califica a aquellos que con solo nombrarlos provocan desgracias.

      Por último, y esto no agota los términos ni mucho menos, otra de las mecánicas con las cuales una palabra convencional se transforma en un término lunfardo es el procedimiento del "vesre". Consiste en alterar el orden de las sílabas de una palabra ya existente. Por ejemplo, las insignias de los suboficiales de la policía están compuestas de ciertas combinaciones de tiras doradas. Por tanto, no es extraño que para el bajo fondo tira sea sinónimo de policía. Mediante el "vesre" tira se transforma en rati, y es así como se los llama de manera despectiva. Aunque el mecanismo del vesre no es estricto en cuanto a las reglas de alteración del orden de las sílabas, es uno de los sistemas más comunes de asimilar palabras del idioma convencional para transformarlas en lunfardas. El batidor (quien le adelanta a la policía los movimientos futuros de sus propios compañeros. Un soplón) se transforma así en ortiba. El bocina (otra forma de llamar al delator) se convierte en cobani. Si uno comete una gran fechoría o toca de manera genial algún instrumento musical o hace algo de manera mucho mejor a la que se espera, en lugar de la expresión convencional: "¡Te pasaste!" el lunfardo, vesre mediante, la convierte en "¡Te zarpaste!".

      Se las termino con un poema de Celedonio Flores que, para quien no conoce los términos del lunfardo resultaría intentendible. Si necesitan ayuda, avisen:

Pa´fioca no sirvió porque una mina
a quien le hizo un laburo deshonesto
le dio el apuntamiento en una esquina
y delante del cana le dio el pesto

Quiso hacer un scruche y cuando fueron
a arreglar la cuestión de la biyuya
te le hicieron un laburo, te le hicieron
y tuvo que poner menega suya

Fue pintor, albañil, bandoneonista
Cantor aficionado, fue cloaquista
batidor, amargao y atorrante

Hoy requinta una gorra, usa taquito
Se apila a una pilolita y pega el grito
"Se me quieren correr más adelante"