domingo, 2 de febrero de 2014

¿Queres una mascota? ¡Pedile a tu papi que te la compre!

      Ya casi no quedan edades humanas que no sean sujetos de ataque por parte del marketing. Desde la más tierna infancia (con pañales, cremas, aceites y demás) hasta la más longeva ancianidad (otra vez con pañales,  adhesivos para dentaduras y cementerios parque) ninguna edad humana se salva de la impiadosa insistencia con la que cada una de las empresas de producción de bienes pretenden vendernos algo.





      Hay sin embargo una franja que es particularmente vulnerable a esos ataques y es la primera infancia. Carentes de criterio para discernir pero con una impresionante vocación para insistir hasta volver locos a sus padres, los niños de entre 4 y 12 años son el nec plus ultra del consumidor irreflexivo. Ropa, juguetes, comidas, juguetes, bebidas, juguetes, paseos, juguetes y demás bienes son exhibidos y publicitados con formidable éxito. Los padres nos debatimos entre ambos extremos: Ser unos ogros y negarse a acceder a satisfacer los deseos que tal bombardeo provoca, o conseguir un segundo y hasta tercer empleo para satisfacer las demandas de nuestros hijos. 

      Acaso uno de los rubros más difíciles de resistir sea el de las mascotas. A los niños les encantan los bichos en general y los muy perversos vendedores de las veterinarias lo saben. ¿Quien puede resistir ante los ojitos tristes de un cachorro? ¿Quien puede ser insensible a las torpes piruetas de un gatito bebé? Aún los roedores de toda laya nos caen simpáticos dentro de sus jaulas plásticas llenas de túneles y pasadizos. Bombilla Tapada le acerca hoy un modesto pero efectivo catálogo como para que, puesto a conseguirle una mascota a sus hijos, no caiga en la redundancia del perro, el gato el hamster o la cotorrita australiana. Vengan por acá y conozcan a una buena cantidad de bichos rarísimos y que sin embargo la zoología tradicional se empeña en llamar "mitológicos".

      El primero de los bichos es un tanto difícil de describir en cuanto a su morfología, no tanto porque fuera compleja sino porque de acuerdo con el autor consultado tiene aspectos disimiles. Algunos la describen como un perro o un cerdo alado, otros como un reptil y hasta otros como un cuadrúpedo con rostro humano. En lo que todos coinciden es en la asociación entre la Salamandra (que de ella se trata) y el fuego. La antigüedad pretendía que todo estaba formado solo por cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego. Claramente los mamíferos vivían en la tierra. En líneas generales las aves en el aire y los peces en el agua. Faltaba entonces, para que la armonía cósmica se mantuviera, que algún animal viviera en el fuego y para ello apareció la Salamandra. Hay que hacer notar que no conviene que usted regale una salamandra a sus hijos en el caso en que tenga un jardín con árboles frutales o agua de pozo. La presencia de este ígneo animalito seca los frutales y envenena el agua de los pozos. 

      La siguiente mascota será accesible solo a aquellas personas que tengan una vivienda con fondo disponible. Se trata de Airavata. Este es un elefante blanco nacido, como no podía ser de otro modo, cuando Brahma (No. El de la cerveza no) cantó ciertos himnos sagrados sobre las mitades de la cáscara del huevo del que nació Garuda (un pajarraco de los llamados "mitológicos" por los obtusos racionalistas). De dicha cáscara nacieron siete hombres y ocho elefantes. Uno de ellos es Airavata, fácilmente reconocible por sus cuatro colmillos y sus siete trompas. El mejor lugar para conseguir uno para su pibe es dirigirse al templo Brihadisvara de Gangaikondacholapuram en la provincia de Perambalur, en la India, el cual está dedicado a su veneración. La primera dificultad radica en recordar el nombre del templo.

      Si tiene usted miedo de que el elefante Airavata le pise los malvones, lo suyo quizá sean los peces. Le presentamos entonces a Bahamut, un pez que, como todo el mundo conoce, forma una de las capas de universo. De forma fácilmente deducible Bahamut soporta sobre su lomo a Kujata, un toro de considerables proporciones. Éste a su vez aguanta en sus espaldas una gigantesca roca de rubí sobre la que descansa obviamente un ángel. El ángel sostiene los siete infiernos y sobre estos, como es de público conocimiento, la Tierra. Por encima de ésta, cierran la lista, los siete cielos. Bahamut es un pez que, como comprenderán tiene sus posibilidades de movimiento algo limitadas, pero por la complejidad de la estructura asociada a él tiene un alto costo de mantenimiento.

      Podemos entonces sugerirle otro cuadrúpedo esta vez indudablemente bello. Se trata de Kumiho el famoso zorro de nueve colas. El problema de este simpático bicho es que sus biógrafos no se ponen de acuerdo en si es bueno o malo. En algunos casos Kumiho se alimenta de carne humana y en otros los ayuda. La mayoría de los autores que refieren la existencia de Kumiho sostienen que su alimento preferido son los hígados y corazones humanos. Esto en principio lo alejaría de las posibilidades de que usted quisiera tener uno en casa para solaz y esparcimiento de sus niños. Sin embargo hay opciones. Según se sostiene, si uno logra que Kumiho permanezca mil días sin consumir carne humana, se convertiría él mismo en humano. Otros estudiosos del tema prolongan y complican más la resolución del asunto sosteniendo que el procedimiento para lograr la conversión de un peligroso Kumiho en un agradable ser humano consiste en que el mismo consuma 1000 hígados humanos en un período de 1000 años. Caso contrario el mismo desaparecerá convertido en burbujas. Es probable que sus niños ya hayan crecido lo suficiente como para que las burbujas no los atraigan demasiado o estén purgando una larga condena debido a la intransigencia de las autoridades para justificar el abastecimiento de hígados humanos por mucho Kuniho hambriento del que se trate.

      Si lo que usted necesita para sus hijos es un animalito que tenga una interacción con ellos, no dudaremos en recomendarle la adquisición de un Micomalo. Este primate oriundo de Costa Rica es pequeño, de pelaje blanco, con cuernos, ojos rojo encendido, cola en forma de flecha y uñas filosas y puntiagudas. Tiene la pésima costumbre de aullar durante las noches mientras se balancea de rama en rama buscando algún incauto sobre el que soltarse. Versiones sobre el comportamiento del Micomalo sostienen que este simio ataca y atormenta solo a aquellas parejas amancebadas, que han tenido hijos sin haberse casado por la Santa Iglesia. En los casos en que la unión se hubiese celebrado como Dios manda, el debido tormento lo provee la esposa legítima.

      Podemos, para demostrar la versatilidad del presente catálogo, volver a los peces. En este caso uno conocido por todos como es el salmón. Como todos sabemos, los celtas sostienen la existencia de la Fuente de la Sabiduría, desde la cual manan cinco ríos. Rodean la fuente nueve avellanos y nuestro salmón comió una avellana de cada uno de ellos convirtiéndose naturalmente en el Salmón del Conocimiento, que de él se trata el presente párrafo. Finnegas el poeta, pasó largo tiempo intentando pescarlo y al cabo de siete años lo logró. No sabemos como lo reconoció por su aspecto pero una vez capturado le solicitó a su sirviente Fionn que se lo cocinara. Fionn lo colocó en la satén y en el acto de voltearlo sobre ella se salpicó el dedo con grasa caliente de pez. Como por acto reflejo se llevó el dedo a la boca, ingiriendo involuntariamente los lípidos del salmoniforme. Tanto era el poder del Salmón de Conocimiento que el trivial acto de chuparse el dedo para calmar el dolor convirtió a Fionn de sirviente de un poeta a uno de los héroes de las sagas celtas. Este bicho está especialmente recomendado en caso de niños particularmente duros de entendederas o de bajo rendimiento escolar.

      Si este pez no lo impresiona, podemos recurrir a las enseñanzas de Erik Pontoppidan quien en su libro sobre la Naturaleza en Noruega de 1752 nos habla de Hafgufa un pez grande como una isla. Este simpático vertebrado marino se entretiene levantando su lomo y fingiéndose isla frente a barcos y buques y hundiéndose ni bien los marineros han desembarcado sobre él. Provoca también gigantescas burbujas y torrentes de vapores en medio del mar. El pudor nos impide responder de qué manera. Espíritus racionalistas vinculan la existencia de Hafgufa con la presencia de volcanes que liberan vapores y la lava de los mismos que hace aparecer islotes en cuestión de horas donde antes no los había. Frente a la sabiduría de Pontoppidan estas versiones vulcanológicas se presentan como meras patrañas. De todos modos Pontoppidan y el Obispo Gunnerus de Trondehim (otra eminencia en el tema) suponen que existe solo un ejemplar de Hafgufa.

      Casi para terminar, si usted prefiere los clásicos, nada mejor que Campe, el simpático bicho que Crono envió a vigilar la entrada del Tártaro. Atractivo torso femenino con piernas de dragón, envueltas en serpientes al igual que su cabellera. Al rededor de su cintura, cabezas de osos y leones. De su cinturón cuelgan dos espadas llenas de veneno. Que sus niños luego no logren dormir por las noches es un dato menor comparado con la tranquilidad que obtendría usted dejándola libre en su patio al acecho de cualquier intruso




      Por ultimo, nada mejor que un gatito. Un gato cualquiera. De preferencia uno con cola larga y que pese algo más de 3 kg y medio. Nuestra intención en principio será que nuestro gato casero se convierta en un Bakeneko y ahí se nos complica porque para lograrlo habrá que esperar a que nuestro felino tenga unos 100 años de edad. Pasado ese tiempo, la cola del gato comenzará a duplicarse hasta tener dos unidades de la misma. Ahí si tendremos un auténtico Bakeneko. Se preguntará usted para que sirve uno de ellos. Pues bien, se afirma que un Bakeneko puede hablar, volar, convertirse en otras cosas y de última resucitar a los muertos. 




Si con el trabajo que nos hemos tomado en presentarle el presente catálogo sigue usted con dudas, o bien es un espíritu extremadamente difícil de complacer, o bien lo que más le conviene es comprarse un hamster.

Que haiga suerte!