lunes, 3 de marzo de 2014

Ponzi y Madoff: Dos tipos audaces

      De vez en cuando algún diario o revista sensacionalista insiste con la noticia de que un científico solitario ha desarrollado un motor que funciona solo, sin aporte de energía externa. Por supuesto que sería fabuloso que ello ocurriera. Automóviles sin nafta ni gasoil. Heladeras y equipos de aire acondicionado sin corriente. Cocinas y hornos sin gas. Normalmente la noticia viene acompañada de una explicación del porque de la imposibilidad de que estas novedades fantásticas salgan a la luz. La mafia de las compañías de petroleo o energía impiden que nuestro científico haga público y fabrique en serie su hallazgo. Las llevaría a la quiebra y posterior desaparición. Sobornos, amenazas, chantajes y toda suerte de delitos se ponen en contra de su invención.

      Lamentablemente hay algo más poderoso que la mafia petrolera que se opone a nuestro eventual falso héroe y es la termodinámica. No se puede sacar de un sistema más energía de la que se puso y es más, siempre que haya transferencia de energía habrá pérdida en el camino. Por lo tanto, para que un sistema funcione siempre habrá que aportarle energía desde afuera.

      Veamoslo así. Si se construyera un motor eléctrico que al girar hiciera funcionar un dínamo que cargara de energía a una batería que a su vez hiciera funcionar el motor eléctrico del principio, el sistema tarde o temprano se terminaría deteniendo. Es que la fricción de las piezas móviles, el calor que se disipa por los cables y demás pérdidas de energía harían que nuestro sistema cerrado tenga fugas y a la larga (o más bien a la corta) el motor terminaría deteniéndose definitivamente.




      Extrapolando el principio de la física al mundo de los negocios podría postularse: No se le puede sacar por mucho tiempo dinero a un sistema cerrado; en el medio alguien tiene que trabajar. La fantasía de obtener cantidades de dinero sencillamente no haciendo nada puede funcionar por un tiempo pero si alguien no agrega valor a la cadena (produciendo algo o modificándolo mediante el trabajo y agregándole valor) el método está condenado al colapso.

      De eso trata el artículo de Bombilla Tapada de hoy. Conoceremos a 2 tipos (uno contemporáneo y otro algo menos) que pretendieron que se podía extraer dinero sin producir trabajo de manera eterna y así les fue a ambos. Comencemos con el más lejano

      Luego de terminada la 1º Guerra Mundial todavía habían quedado acantonados muchos soldados norteamericanos en diversos destinos de Europa. En ausencia de nada mejor, el único medio para mantener contacto con sus parientes en América eran las cartas. El gobierno de los Estados Unidos estableció un sistema de cupones postales de modo que quienes enviaban una carta hacia Europa lo hacían con la respuesta paga. Un día, un tipo recibió una carta en Boston cuya respuesta postal provenía desde España. A causa de los subsidios y la diferencia de cambio entre la peseta y el dolar el destinatario de la carta notó que si ese cupón postal fuera comprado en España, pero vendido en los Estados Unidos, estaría obteniendo un beneficio extraordinario en cada operación. El nombre del receptor de la carta era Carlo Ponzi aunque a lo largo de su carrera se lo ha conocido con múltiples nombres. Don Ponzi fundó entonces la Securities Exchange Company y convenció a algunos inversionistas de que el negocio iba a funcionar. Emitió cupones prometiendo ganancias del 50% para los que invirtieran su dinero durante 45 días y el 100% de retorno para los que dejaran en sus manos el dinero durante 3 meses.


      Ningún método de producción puede generar tanta ganancia en tan poco tiempo. Sin embargo contra los pronósticos de que Ponzi no cumpliría, sus primeros inversores recibieron sus intereses en tiempo y forma. Esto, obviamente atrajo una catarata de nuevos interesados en sumarse al brillante negocio. Quienes tenían algún dinero ahorrado no dudaban en dejarlo en manos de Carlo y aún quienes no tenían dinero en efectivo vendían o hipotecaban sus bienes a fin de conseguir los dólares necesarios para entrar en el negocio.

      Es verdad, Carlo Ponzi recibía enormes cantidades de dinero pero también es cierto que pagaba los intereses prometidos con rigurosidad. Para dar idea del formidable crecimiento de la Securities Exchange Company Ponzi la fundó en diciembre de 1919 como único accionista, único dueño y único empleado. Para febrero de 1920 la compañía contaba con 4 empleados. En junio de ese año ya tiene 30. Pero en agosto vuelve a tener ningún empleado porque, todo colapsa. Pero ¿Que pasó? ¿Como funcionaba el sistema en realidad?

      El sistema en verdad comenzó con el negocio postal pero pronto Ponzi vio que el asunto crecía más allá de lo que los cupones postales podían aportar. Como cada vez eran más los que ingresaban al negocio comenzó a pagarles los intereses a los antiguos inversores con el capital aportado por los nuevos. Los que habían recibido su dinero muchas veces volvían a re invertirlo pero además le hacían una excelente publicidad a Carlo que no paraba de recibir nuevos socios. El sistema así planteado funcionaría mientras Ponzi recibiera cada vez más socios creciendo de manera exponencial pero no cabía esperar otra cosa que la rueda se detuviera en algún momento más temprano que tarde. Y eso fue exactamente lo que sucedió. El Boston Post contrató a un analista financiero quien calculó que para repartir ese astronómico número de ganancias a esa altura hubieran hecho falta entre 160 y 200 millones de cupones postales cuando se habían emitido, como numero final de la campaña, un par de decenas de miles (27.000 para ser más exactos). Los inversionistas se desayunaron con que algo raro había en el manejo de Carlo y de la noche a la mañana el flujo de dinero de nuevos aportantes desapareció.

      Como consecuencia el "Sistema Ponzi"dejó unos 20 millones de dólares por pagar y Ponzi terminó, previsiblemente, tras las rejas.

      Unos 70 años más tarde sorpesivamente el mismo sistema volvió a usarse. Pero esta vez no fueron inversionistas particulares incautos o viudas que hipotecaban sus casas las que cayeron en la trampa sino bancos y entidades financieras cuyos analistas de riesgos, cegados por los gigantescos intereses que recibían no vieron el peligro a tiempo.

      El responsable fue Bernard Madoff fundador de la Bernard Madoxx Investment Securities. Con un poco más de refinamiento que Ponzi, Madoff combinó la estafa al mejor estilo del italiano con manejo de acciones de la bolsa y donaciones y actos de carácter filantrópico. En 1999 fue formalmente denunciado por un gestor de inversiones quien describió a la Comisión Nacional de Valores de los Estados Unidos puntillosamente los pasos seguidos por Madoff para perpetrar semejante estafa.

      Finalmente el 29 de junio de 2009 Bernard Madoff fue condenado a la nada despreciable suma de 150 años de prisión. Se le confiscaron bienes y valores por 17.179 millones de dólares (si, escribí correctamente diez y siete mil ciento setenta y nueve millones de dólares) Sin embargo este resarcimiento no alcanzó para cubrir el daño causado. Se calcula que la estafa de Madoff alcanzó los 50.000 millones de dólares (Si. Leyeron bien)

      Cuando yo era chico existía un juego que consistía en lo siguiente: Recibía uno una carta con una lista de 10 personas. Debía uno enviar una postal al primero de la lista y elegir a 5 amigos cualesquiera (que no estuvieran incluidos) para enviarles una copia de la carta con la siguiente modificación: había que quitar de la lista al primero (al que le habíamos mandado la postal) y colocarse uno mismo en el último lugar. Se suponía que si nuestros amigos seguían con el trato cuando hubieran pasado 10 vueltas seríamos nosotros los del tope de la lista y allí recibiríamos una lluvia de postales desde los lugares más lejanos e inverosímiles del mundo.

      De más está decirles que la esperada lluvia de postales fue reemplazada por una brutal sequía. Y no era para menos. Suponga usted lo siguiente: yo le escribo a 5 de mis amigos, quienes a su vez, para que yo suba un puesto en la escala le deben escribir (cada uno) a cinco amigos, y así estaré penúltimo. Pero para que esto ocurra ya estoy involucrado yo, mis cinco amigos y cinco amigos de mis amigos lo que suma 31 personas solo para que yo quede anteúltimo. Para quedar octavo de abajo hacia arriba debemos agregar a la cuenta 125 personas mas (los 5 amigos de los 25 a razón de 5 por cada amigo mio de los originales) es decir 156 personas. Para ahorrarles dolores de cabeza, para que yo llegue al tope de la lista, la última carta la deben enviar 9.765.625 personas sin contar todas las de los pasos anteriores.

      Esto que fue fácilmente comprendido por mi a las puertas de mi adolescencia es el sistema que nutre ambas estafas presentadas hoy. Sin embargo dejó atrapados a personas medianamente ignorantes durante la década del 20 y a pulcros y cultos banqueros durante la del 90 a los que no une otra cosa que la codicia.

No se puede generar riqueza eternamente si alguien en el medio no trabaja.

Parece que va a llover

Que anden bien