domingo, 14 de diciembre de 2014

Mas solo que Pinocho el día de la Madre. De náufragos e islas desiertas

      Se decía por ahí, que en un momento fueron tan populares que la revista Tia Vicenta (publicación humorística dirigida por Landrú desde fines de los 50 hasta mediados de los 60) había prohibido los chistes de esa temática. Sin embargo siempre algún humorista ingenioso lograba una nueva vuelta de rosca y aparecía publicado un chiste al respecto. Hay películas, chistes, leyendas, historias y miles de humoradas sobre el tema. A pesar de lo trillado del tópico hoy el Departamento de Contenidos de Bombilla Tapada ha decidido (por 54 votos a favor, 11 en contra y 2 abstenciones) retomar el caso con 2 historias al respecto. En realidad son dos que luego se funden en una sola que es muy famosa pero cuyos verdaderos orígenes pocos conocen. No prolonguemos más el suspenso, Bombilla Tapada hablará hoy de islas desiertas.

      Hay cada vez menos, mayormente las que quedan tienen climas hostiles o paisajes sombríos y el motivo para que carezcan de habitantes humanos es que nadie tiene un buen motivo para ir allí. Hoy una isla desierta de clima tropical alejada del barullo del continente se convierte en un excelente destino turístico para quien pueda costearse los gastos de llegar hasta ahí. Pero hace unos años, un siglo atrás por ejemplo, una isla desierta era una cárcel a cielo abierto. Sin posibilidad alguna de comunicaciones remotas, ni rastreo aéreo se dependía de que alguien mirara hacia ella desde un barco en el exacto momento en que uno prendía una hoguera humeante (si es que había hallado la manera de hacer fuego) 

Alexander Selkirk
      Justamente fue lo que le pasó en 1703 al marinero escocés Alexander Selkirk. De adolescente había tenido ciertos problemas con la ley por lo tanto, embarcarse sonaba como un buen plan. Para ese entonces Inglaterra se encontraba en hostilidad permanente con España, por lo tanto entró como marinero en el Cinque Ports un galeón que formaba parte de una flota más grande cuyo objetivo era asaltar barcos españoles de camino a Buenos Aires. La mala suerte para él, la buena para los españoles, es que no pudieron cruzarse con ninguno. Los capitanes de todos los barcos de la flota votaron y en escrutinio dividido decidieron pasar al Pacífico por el Cabo de Hornos. Muchos se opusieron pero se acató la decisión de la mayoría. Por supuesto, el viaje terminaba siendo no solo distinto sino más largo que lo pautado originalmente. Las provisiones comenzaron a escasear y muchos marinos se enfermaron de escorbuto (una enfermedad que provoca hemorragias, caída de dientes y pelo, trombosis y finalmente la muerte. Se debe a la falta de vitamina C, típica de quienes no consumen alimentos o frutas frescas. Debido a eso, el nombre técnico de la vitamina C es ácido ascórbico es decir sin escorbuto). Llegaron penosamente al archipiélago Juan Fernández, que hoy pertenece a Chile, a unos 600 km frente a Santiago. Allí se aprovisionaron de caza y alimentos. Selkirk notó que el Cinque Ports se estaba deteriorando rápidamente durante la travesía, cuando pudo verlo con tranquilidad desde la isla. Habló de ello con varios de sus compañeros. Los comentarios de Selkirk llegaron a oídos de Brian Pickering capitán del barco. A don Brian los comentarios de Selkirk le sonaron a motín. Pese a la negativa de Alexander, fue castigado al modo pirata. Lo abandonaron en una isla solitaria con un mosquete, un poco de pólvora, un cuchillo y una Biblia. Normalmente el castigado no duraba mucho vivo, pero no fue el caso de Alexander Selkirk. Si en cambio el de Pickering y todo el resto de la tripulación del Cinque Ports dado que, como había apreciado Selkirk, el barco tenía graves problemas, lo que se demostró poco tiempo después con su hundimiento. 

      Al principio, mitad por miedo a que la isla estuviera habitada por cualquier género de bestias y mitad por si sus compañeros se arrepentían y volvían por él, Alexander se quedó en la costa, comiendo cangrejos y algún pescado que lograra atrapar. Al poco tiempo los lobos marinos comenzaron a acercarse a la isla con el objeto de cumplir con sus rituales de apareamiento. Alexander no era bien visto merodeando entre las parejas de lobos así que por la fuerza tuvo que migrar hacia el interior de la isla. Allí se construyó 2 chozas. Una para vivir y otra como almacén. Domesticó algunos gatos salvajes de la isla, seduciéndolos con carne de modo que se quedaran a vivir con él y mantuvieran a raya a las ratas. Durante su prolongada estadía en la isla divisó 2 veces barcos cercanos a la costa. Pero temiendo que fueran españoles y lo tomaran por un combatiente del bando enemigo los dejó pasar sin llamar su atención. Leía la Biblia en voz alta (al fin y al cabo no molestaba a nadie) a fin de no perder el don del habla, según su apreciación. 

      El 2 de febrero de 1709, seis años después de haber sido abandonado, el barco Duke, de la armada británica atracó en la isla a fin de aprovisionarse de caza fresca, mayormente cabras. Al reconocer que los marineros hablaban inglés Alexander apareció frente a ellos. Volvió a Inglaterra a bordo del Duke y allí, según dicen se casó con una viuda. Pero, evidentemente, el mar para Alexander Selkirk era más fuerte que el amor. Con grado de Teniente de la Armada volvió a surcar los mares, falleciendo presumiblemente de fiebre amarilla el 13 de diciembre de 1721 en alta mar a bordo del buque Weymouth.



      Distinto por un lado y parecido por otro fue el caso de Pedro Serrano. En 1526 a bordo de un pequeño barco de reconocimiento, junto con otros marinos, recorría el trayecto entre La Habana y Cartagena de Indias en la actual Colombia. En medio de la travesía lo sorprendió una tormenta tropical y el barco se hundió sin dejar sobrevivientes a excepción de Serrano. Nadando como pudo llegó no a una isla sino a un banco de arena. Una montaña de arena sin vegetación, ni agua dulce, ni nada. El único implemento civilizado que tenía, además de la ropa, era un cuchillo convenientemente atado a la cintura. 

      El primer problema a resolver para Pedro fue el agua para beber. En principio la comida no era difícil de conseguir: gusanos, caracoles y cangrejos llegaban a la playa por sus propios medios.  Vio llegar hasta la playa (Bah, en su banco de arena, todo era playa, medía unos 10 Km de perímetro ) una tortuga de gran tamaño, y otra detrás, seguida por otra más. Serrano las fue poniendo panza arriba para inmovilizarlas y luego las fue matando una a una. Luego de haber saciado su apetito puso el resto de la carne de tortuga a secar a modo de provisión y colocó las caparazones vacías con el hueco hacia arriba de modo que cuando lloviera pudiese almacenar la mayor cantidad de agua dulce posible. Este procedimiento fue repetido hasta completar una verdadera batería de recipientes para el agua, para beneficio de Serrano y desdicha de las tortugas.

      Se lanzó al agua innumerables veces y fue trayendo hacia la costa piedras, valvas de moluscos, pedazos de madera de otros naufragios y todo lo que pudo parecerle útil. Con las rocas más grandes construyó una torre donde guarecerse del sol. No solo eso, logró hacer fuego usando el cuchillo y las piedras como pedernal y la madera encontrada como combustible. Al rededor de su laboriosa hoguera levantó pequeñas murallas de valvas de moluscos y caracoles para protegerlo de los vientos. A las pocas semanas ya no tenía ropa. A los pocos meses la barba le llegaba hasta el ombligo. Perdió todo menos el cuchillo y la esperanza aún cuando vio pasar cerca del banco varios barcos que no hicieron caso de sus humaredas.

      Llevaba 3 años de vida en su islote cuando una mañana, aferrado a un gran tablón de madera, apareció otro náufrago, esta vez si atraído por el humo. Un galeón se había hundido y su nuevo camarada era el único sobreviviente del nuevo naufragio. Cuando se vieron el uno al otro, ambos quedaron espantados. El aspecto de Serrano era más animal que humano. Una vez que se reconocieron camaradas en desgracia se fundieron en un abrazo regado por lágrimas de emoción. 

      Un par de semanas más tarde estaban peleados y procedieron a dividirse el banco de arena en dos. Unos días después razonaron que ese comportamiento era realmente una locura. Eran las únicas dos personas que había en kilómetros a la redonda y no se hablaban entre sí. Volvieron a hacer las paces y así estuvieron por el lapso de unos 5 larguísimos años más.

      En 1534 un galeón español haciendo el mismo camino de La Habana a Cartagena pasó cerca del banco y divisó el humo. Mandó un bote para que verificara de que se trataba. Los dos náufragos tenían un aspecto tan penoso que decidieron avanzar hacia la playa rezando el Credo de viva voz de modo que los remeros del bote no dudaran de que se encontraban frente a un par de humanos. Fueron alzados a bordo y poco tiempo después emprendían el viaje hacia Europa nuevamente. Por mucho que la División Pesquisas Especiales de Bombilla Tapada buscó no dio con el nombre del compañero de Serrano, pero sepan que se llamara como se llamase, no alcanzó a ver nuevamente España dado que murió en altamar.  

Carlos V
      La suerte de Pedro Serrano fue muy distinta o algo distinta. Su caso lo convirtió en una celebridad. Todas las cortes de Europa querían tenerlo como invitado para que contara su increíble aventura. El Emperador Carlos V quedó tan impresionado con su historia que le asignó una pensión vitalicia de 4.800 ducados. Después de hacerse pagar vermouths por todas las cortes europeas que lo quisieron recibir, Serrano decidió volver a la mar y radicarse en Panamá haciéndose girar los importes de su renta alemana que en la recientemente descubierta América lo convertían en millonario. No bien puso el pie en tierra americana nuevamente, procedió a morirse.



      Un periodista y escritor inglés tomó ambas historias y las fundió en una. De hecho existen pruebas que se encontró personalmente con Selkirk por lo menos una vez. Se trata de Daniel Defoe, quien además de tener una agitada vida política durante el siglo XVII es el escritor de la famosísima: "Vida, extrañas y sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe" tal es el nombre original y completo del libro. La novela ha sido glosada en numerosas películas y series desde "Perdidos en el Espacio" el programa de TV en el que su protagonista Guy Williams lleva por nombre John Robinson hasta el enorme comercial de Fed Ex llamado "Náufrago" con Tom Hanks.




      A 130 kilómetros de las islas San Andrés, pertenecientes a Colombia, se encuentra el Cayo de Serrana. La isla más occidental del archipiélago Juan Fernández en Chile, lleva por nombre castellanizado Alejandro Selkirk. En tanto que la verdadera isla donde Selkirk pasó 6 largos años lleva el nombre de fantasía de Robinson Crusoe. Ese es el recordatorio que la geografía les ha reservado a los protagonistas, reales y ficticios de esta historia.  






      Rendimos entonces homenaje desde aquí tanto a Alexander Selkirk, a Pedro Serrano como a su anónimo acompañante, nosotros que no somos capaces de prender el fuego para el asado sin utilizar 2 litros de fuel-oil o lloramos desconsoladamente abrazados a la botella de cerveza si olvidamos el destapador en un camping.

Que anden bien.