domingo, 5 de julio de 2015

Pee drops falling on my head...la cápsula no tiene baño

      En parte por estar convencidos de que la verdadera sabiduría llega con los años y en parte porque para ser admitido como miembro es necesario acreditar una sólida trayectoria, la mayoría de los Directores de los diversos departamentos de Bombilla Tapada (52 incluyendo a los administrativos) peinan canas. En realidad solo lo hacen 40 de ellos ya que 4 se tiñen los cabellos de ominoso color caoba oscuro y 8 carecen por completo de pelo que peinar. 






      La sana costumbre de celebrar opíparos ágapes toda vez que una mínima situación lo amerite, sumado a la notoria longevidad de varios miembros provocan a menudo algunas situaciones algo embarazosas. Digamos que algún exceso etílico en combinación con vejigas víctimas de un notable deterioro provocan que, con alguna molesta frecuencia, las Hermanas que se encargan del servicio doméstico y el aseo deban eliminar del modo más discreto posible las huellas del desastre. Con el resto de conciencia que le quedaba al Director de cierto departamento que por pudor ajeno no mencionaremos, se lamentaba de su oprobiosa situación mientras escurría sus pantalones y ejecutaba un extraño remedo de danza agitando solo un pie. Lo bueno es que probablemente a la mañana siguiente ni él ni buena parte de los presentes recordaría el tema. Sin embargo un cartógrafo belga hizo un intento de consolar al accidentado mencionando un caso de orina inoportuna que es el que relataremos en la presente nota. Viajaremos Al infinito y más allá....bueno no tanto. Ciento y pico de kilómetros hacia arriba, no más.

Sputnik I
      Al fin de la Segunda Guerra Mundial el mundo queda claramente dividido en dos. Estados Unidos y sus aliados y los Rusos y sus aliados. El restante grupo de países finge independencia pero coquetea con una u otra posición de manera basculante. Ambos bloques actúan, lo más espectacularmente posible, su superioridad ante el otro. Los éxitos deportivos, económicos o científicos se exhiben como garantía de que la elección de tal o cual sistema fue la correcta. La Alemania nazi había avanzado bastante sobre la construcción de cohetes y de hecho había sido capaz de lanzar "bombas volantes" sobre Inglaterra despegando desde suelo alemán. Tanto norteamericanos como rusos corren hacia la derrotada Alemania para hacerse de sus científicos expertos en cohetería. El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética anuncia que por primera vez en la historia un objeto construido por el hombre ha logrado salir del planeta y está orbitando al rededor de él. Se trata del Sputnik I, una pelota de 83 kilos de metal. Para los rusos, un éxito. Para los norteamericanos una patada en las encías. Para peor, tras un par de fracasos recién al año siguiente los yankees logran poner su primer aparato en órbita, el Explorer I de tan solo 14 kilos.

      Los norteamericanos debían dar un golpe de efecto y hacer algo al respecto primero que los rusos para poder aparentar la supuesta supremacía de la ciencia capitalista y occidental. Y ese golpe tenía que ser, sin dudas, poner un hombre en órbita. Sin embargo había no pocos problemas por solucionar de los que tres eran los más importantes. El primero de ellos, alcanzar la velocidad de escape de la Tierra. La gravedad se empeña en retenernos sobre la superficie del planeta y para poder escapar de ella hay que hacer fuerza y mucha. Si un objeto ha de tener la pretensión de orbitar el planeta deberá alcanzar la impresionante velocidad de 11 kilómetros por segundo. La pregunta ahora es ¿Resistirá un cuerpo humano semejante aceleración? La segunda cuestión a resolver es: ¿Cómo hacer sobrevivir al tipo en unas condiciones tan extremas como las del espacio? Las películas de ciencia ficción nos han llevado a creer que semejante cosa es una tontería, pero sin aire, sin presión, con unos brutales cambios de temperatura (del frío extremo a la sombra al calor abrasante expuesto al sol) cualquier error podría ser fatal. Y por último el grave inconveniente de volver. Para escapar de la atracción terrestre hay que subir unos 100 kilómetros y luego sería conveniente volver a la superficie. La cuestión es que desde semejante distancia, una caída libre desarrolla una enorme velocidad y en esas condiciones, la fricción de cualquier objeto contra la atmósfera lo hace alcanzar algunos miles de grados de temperatura. Las "estrellas fugaces" son meteoritos, pedazos de piedras que se incendian y funden a causa de esa fricción.

Cápsula Mercury
     Para probar todas estas variables la incipiente NASA desarrolló, mezclando y mejorando componentes de misiles de la Armada y el Ejército el Little Joe, un cohete que tendría como objetivo probar las capsulas Mercury. La misión del conjunto consistía en llevar un hombre al espacio y traerlo de nuevo en una sola pieza, de ser posible. Y si volviera vivo, mejor aún. La Mercury era básicamente un cono de unos 2,9 metros de alto por 1,9 de base. El lugar disponible para el astronauta era poco más que el asiento y el volumen de su cuerpo. Hubo algunos ensayos previos que testearon las condiciones vitales dentro de la nave tripulada por monos. En todos los casos los micos volvieron sanos, salvos y asustadísimos.

Yuri Gagarin
      En eso estaban los norteamericanos cuando, otra vez desde la Unión Soviética llegó la mala (para ellos) noticia, el 12 de abril de 1961, de que la nave Vostok 1 había logrado que el ruso Yuri Gagarin fuera recordado por la posteridad como el primer hombre en orbitar la Tierra. Otra dolorosa herida en el orgullo yankee. A pesar de que el nuevo cohete llamado Redstone no tenía capacidad para colocar a la Mercury en órbita se dispuso que el piloto militar Alan Shepard fuera el primer norteamericano en ver la Tierra desde afuera. Un vuelo de 180 kilómetros de altitud, 15 minutos de duración y 5 minutos de ingravidez. Pero suficiente como para que el aparato propagandístico norteamericano tuviera un éxito para exhibir.

Alan Shepard
      Menos de un mes después del vuelo ruso, Alan Bartlett Shepard ingresó al interior del Freedom 7 (el 7 detrás lo llevaron todas las cápsulas del proyecto Mercury independientemente de su número de orden. El nombre era elegido por el astronauta que la comandaría y el 7 hacía referencia a los 7 astronautas distintos elegidos para el proyecto completo) El asiento desde el que soportaría la brutal aceleración del ascenso y las peligrosas condiciones del descenso y frenado final estaba casi en posición horizontal en la base de la cápsula para minimizar los efectos negativos de ambas instancias. Fuertemente sujetado con cinturones al mismo y vestido con un traje enterizo de tela plateada, debajo del cual Shepard llevaba múltiples sensores pegados a la piel que registrarían su actividad cerebral y cardíaca. El traje se completaba con un casco que además de proteger la cabeza de cualquier golpe podía ser cerrado y recibir provisión de oxígeno de emergencia. A las 5 y 15 minutos de la mañana del 5 de mayo de 1961 Alan fue despedido por sus asistentes y dejado solo dentro la la cápsula mientras el cohete Redstone 3 se llenaba con el combustible necesario para el vuelo. Se suponía que 7:20 debería producirse el despegue, pero 7:05 la cuenta regresiva se detuvo porque había demasiadas nubes que impedirían la toma de fotos desde el aire. Una vez despejadas las nubes hubo que reiniciar una de las rudimentarias (pero avanzadas para la época) computadoras del centro de control. Para ese momento las demoras sumaban ya más de 2 horas. Pero habría más. El médico que controlaba los signos vitales de Shepard notó algo extraño. Su ritmo cardíaco se estaba elevando mucho para su estado sedentario.

- ¿Pasa algo Alan? Notamos que se ha elevado tu pulso y tu presión sanguínea. ¿Estas nervioso?
- No exactamente. Lo que ocurre es que ...ya no aguanto las ganas de orinar.

Cabina del Mercury
      Todo el equipo de control de tierra entró en estado de zozobra. Nadie había previsto semejante contingencia para un vuelo de 15 minutos. El traje de Shepard no tenía sonda urinaria ni pañal interno ni nada diseñado para una eventualidad semejante. Por otro lado tampoco sería razonable detener el lanzamiento una vez más y revertir todos los procedimientos a cero para que el astronauta pudiera salir de su asiento y exonerar su vejiga. La única opción parecía ser sugerirle a Shepard que se orinara encima. Alguien notó que todos los sensores que tenía conectados al cuerpo eran de carácter eléctrico y el líquido podría provocar algún tipo de cortocircuito. De todos modos no había opción. Se apagó todo el instrumental eléctrico que tenía adosado a su cuerpo y se le autorizó a liberar sus aguas menores dentro del traje.

      Recuerden ustedes que Alan Shepard estaba semi acostado boca arriba en el asiento de la Mercury, por lo que el líquido comenzó a correr por su espalda llegando incluso hasta el casco. Una vez culminado el trámite se volvieron a encender uno a uno los equipos biométricos del traje. Milagrosamente ninguno de ellos provocó un corto.

Sheppard Orinado
      Finalmente a las 9:34 de la mañana el Redstone Mercury despegó de la plataforma 5 de Cabo Cañaveral (Kennedy aún estaba vivo por lo que se conocía así al complejo espacial que hoy lleva el nombre del presidente asesinado) y tres minutos más tarde se convertía en el primer norteamericano en el espacio. Luego de 15 minutos y 22 segundos de vuelo la cápsula era izada sobre la cubierta del USS Lake Champlain y Alan Shepard egresaba de ella saludando a los presentes y a las cámaras.....todo meado encima.

      El resto de la historia de la carrera espacial entre rusos y norteamericanos es apasionante. Finalmente en 1969 EEUU logró primerear a URSS en algo llegando a poner un hombre en la Luna. Casualmente el Apollo 14 llevó a Shepard como tripulante y pudo ser uno de los pocos hombres que posaron sus pies durante 9 horas sobre nuestro satélite, y esta vez con los calzoncillos perfectamente secos.

Pero eso formará parte quizá de otra historia

Que anden bien