sábado, 13 de octubre de 2012

Comportamiento humano: Bananas y monos


            Muchas veces, en muchas partes distintas, (familias, empresas, reparticiones estatales, etc.) nos hemos encontrado con comportamientos inexplicables. Disposiciones que en lugar de facilitar las cosas las complican. Pérdidas de tiempo y recursos que provocan demoras y fastidios y todas ellas tienen una justificación común: “Acá siempre se hizo así”. Apelando a un supuesto principio de autoridad de origen ancestral nadie cuestiona la utilidad, necesidad o conveniencia de ciertas extrañas maneras de actuar.

            Me remito a un ejemplo para ser un poco más claro. Hace algún tiempo en ocasión de anotar en el Registro Civil a uno de mis hijos fui citado a iniciar el trámite a las 8 de la mañana. Luego de sacar número y esperar algún tiempo, me fue entregada una papeleta afiligranada en verde con un timbrado que debía ser pagado en el Banco de la Provincia de Buenos Aires…..que abre a las 10 de la mañana. Inquirido un funcionario, con algo de violencia verbal de mi parte, lo admito, acerca de la falta de lógica de esa disposición horaria me contestó algo así como: “Acá siempre se hizo así”.

            De ese modo nos encontramos entonces con familias que todos los jueves comen pescado (quizá en algún tiempo el vendedor ambulante de frutos de mar pasaba los jueves, pero ya no sólo no pasa sino que el pescado se compra en el supermercado cualquier día de la semana y permanece congelado hasta el jueves sin lógica alguna). Empresas que obligan a sus empleados a concurrir al trabajo con corbata y saco a pesar de los 38º C a la sombra de un día de Enero. Trámites que deben realizarse en una repartición mediante una secuencia que obliga a desplazarse de piso en piso y de ventanilla en ventanilla en lugar de resolver varios pasos en el mismo lugar. Todos repiten los comportamientos sin cuestionar como si se tratase de un dogma de Fe. Los ejemplos abundan y seguramente cada lector habrá de tener alguna experiencia desafortunada.

            Hace algunos años leí en el primer “Matemática estás ahí” de Adrián Paenza una simpática e inteligente explicación de esta clase de fenómenos. A pesar de que podría copiarla textualmente voy a tratar de re-escribirla conservando la idea original. Por mi parte adjudico todo el mérito al Dr. Paenza, pero él mismo cita como idea original a unos tales Pauka, Tom y Rein Zunderdorf que lo escribieron en un libro de título impronunciable. Allá vamos:

            Un científico prepara un experimento para lo cual cuenta con una cámara Gesell (esa que se utiliza para ver sin ser visto, una especie de habitación con ventanas espejadas) una escalera, un racimo de bananas y, en primera instancia, cinco monos. Las bananas penden del techo de la habitación de modo que son sólo alcanzables mediante el uso de la escalera. Se hace ingresar a los monos que luego de dar un par de vueltas descubren las bananas pendientes del techo y no tardan mucho en imaginar que podrían alcanzarlas con la ayuda de la escalera. Por fin uno de los primates se decide a hacerlo, colocando la escalera justo debajo de las bananas. Lo que los monos no saben es que cuando el mono ponga un pié en la escalera surgirán de las paredes, a modo de ducha escocesa, chorros de agua helada que bañaran a los 5 monos presentes por igual. Y esto es lo que, casualmente, ocurre. El primer mono que intenta subir rumbo a las bananas hace que todo el grupo termine empapado de la peor manera. Pasado algún tiempo, el mismo u otro de los monos vuelve a intentarlo con la intención de verificar que la trepada y la mojadura fueron acontecimientos inconexos con igual resultado: todos mojados y maldiciendo en mono. Para estos cinco, la idea queda archivada. Ni locos pisarán nuevamente la escalera.

            Poco tiempo después, el científico experimentador reemplaza uno de los monos del grupo original, por uno nuevo que no presenció nada de lo que ocurrió anteriormente. A poco de estar dentro de la misma habitación con sus congéneres, el recién llegado detecta las bananas e intuye, como los otros, que pueden alcanzarse fácilmente con la escalera. En muy poco tiempo decide intentarlo, pero los demás, que conocen las consecuencias, se lo impiden de la manera más vehemente. El recién llegado no entiende que pasa, sencillamente porque no era miembro del grupo original y no presenció la ducha helada pero, a fuerza de golpes acepta el veredicto de sus compañeros más antiguos del experimento.

            El científico entonces reemplaza otro de los monos del primer grupo por uno nuevo. Obviamente se verifica el mismo comportamiento del anterior: detección de las bananas, intento de subir por la escalera y apaleo masivo. Lo curioso que entre los 4 monos que castigan al recién llegado por la osadía de subir por la escalera, 3 saben porque pero el mono ingresado en el párrafo anterior no. Sin embargo el mico en cuestión faja al recién llegado con el mismo entusiasmo que el resto sin tener ni idea de porque.

            Los reemplazos se suceden hasta que de los 5 monos no queda ninguno del grupo original que conoce realmente las consecuencias de escalar los peldaños. Toda vez que ingrese un nuevo mono a la cámara intentará, por una cuestión de sentido común treparse a la escalera y hacerse de las bananas y entonces los demás lo persuadirán a golpes y mordiscos de que no lo haga sin tener la más peregrina idea de porque.

            Si a los primates del fuera dado el don del habla, consultados acerca del motivo de su conducta responderían: “No se, acá siempre se hizo así”

(Nota final: Cuando comencé a escribir di el debido crédito al Dr. Paenza del cual me llegó la primer versión del texto. Buscando fotos para ilustrar la nota encontré que ha sido repetida en numerosos blogs y páginas web. Si están interesados en encontrar mejores versiones les indico con esto el camino)