domingo, 17 de marzo de 2013

Como ser famoso (muy) sin que nadie conozca ni tu nombre ni tu cara

     Por mucho que nos quejemos de nuestros trajines diarios, nuestra vida es mucho más relajada que la de nuestros primos de las cavernas. No tenemos que escapar a galope vivo de la amenaza de un oso o un tigre diente de sable. Ninguna tribu enemiga viene a usurparnos violentamente nuestro pozo de agua y conseguir alimentos en el supermercado es mucho menos riesgoso que lancear a un mamut.

      Sin embargo, según los antropologos, nos quedan las ganas de recibir esos estímulos exitantes y hemos encontrado una manera en que podamos sublimar esa carga de agresión y peligros de un modo mayormente incruento. El deporte.
 
     En general la cosa está diseñada de modo que existan derrotas simbólicas de las que nadie salga físicamente lastimado (o al menos no como objetivo del juego). Correr más rápido que los demás en lugar de que nos persiga un oso. Batir la valla enemiga en lugar de pelear por un campo de pastoreo o un oasis nos hace repetir de modo incruento ese deseo primigenio de adrenalina y batallas. Luego, con el avance de la civilización y los negocios la práctica de disciplinas deportivas queda mayormente relegada a profesionales del asunto dejándonos a los simples mortales con el nada cómodo trabajo de sufrir las evoluciones de los deportistas desde afuera. Acá lo que funciona como mecanismo de exitación del instinto cavernícola ( y vaya si no cumple a veces) es la identificación del espectador con alguno de los contendientes. En realidad les mentí, de entre todos los deportes más populares, la enorme mayoría plantea derrotas simbólicas menos uno. El Boxeo. El fin último del boxeo es provocar el mayor daño posible al contendiente (y obviamente evitar que nos lo sea provocado). Hay quienes hablan de arte de los puños, que es casi como una danza y no se cuantas alegorías líricas más. La cuestión es que, frente a una pelea de boxeo, lo que realmente vemos son dos tipos intentando arrancarse el hocico el uno al otro.
 
      A pesar de mis comentarios en contra, debo admitir que el boxeo me gusta y he podido disfrutar de algunos púgiles de técnica agradable de ver y recuerdo peleas memorables. Hoy vamos a hablar de un boxeador de no mucha fama. En realidad no tiene mucha fama en lo personal pero, de algún modo se ha convertido en muy famoso. Tan famoso que quizá para algunos sea el arquetipo del boxeador. Tiene un récord pésimo, nunca fue campeón del mundo ni de nada. Mayormente le llenaron la cara de dedos. Peleó contra boxeadores que eran o fueron luego campeones del Mundo y siempre perdió. Pero les puedo asegurar, que salvo uno o a lo sumo dos púgiles en la historia del boxeo mundial han llegado a ser más famosos que él, aunque muy pocos conocemos su nombre. A esta altura seguro que no entienden absolutamente nada, y es lógico que así sea. Vamos a empezar a aclarar antes de que se haga definitivamente de noche.
 
      El tipo está vivo y hoy por hoy tiene un negocio de venta de bebidas alcoholicas. Nació en 1938 en una zona de New Jersey llamada Bayonne. Comenzó a boxear en 1964 y rápidamente fue conocido bajo el apelativo de: " The Bayonne Bleeder" (el Sangrador de Bayonne). Normalmente los púgiles llevan un sobrenombre que meta miedo (Maravilla, Mano de Piedra, Látigo) pero nuestro amigo Charles Wepner (que de él se trata esta nota) lleva el mote de "Sangrador" por la facilidad con la que se le producían cortes en el arco superciliar, terminando casi invariablemente sus combates con su rostro cubierto de sangre, pero propia. Su record es de 56 peleas: 35 ganadas (17 de ellas por Knock Out) 14 perdidas y 2 empates. Nada destacable. Peleó contra George Foreman, Sonny Liston, Joe Bugner y Duane Bobick, todos ellos destacados boxeadores de la época, resultando vencido por todos ellos. Ya tenía 37 años cuando un golpe de suerte (nada raro para un boxeador) dio un vuelco a su vida para siempre.
 
      Se preparaba la pelea entre George Foreman y Cassius Clay. Los dos mejores boxeadores de peso completo de la época (año 1973). Chuck Wepner es propuesto como rival de Foreman para después del combate entre ambos. Le habían ofrecido una bolsa de 100.000 dólares y la idea era que George pudiera vencerlo con facilidad. Pero Clay se interpuso en su camino y en una ya mítica pelea llevada a cabo en Zaire (Ali Bumba Ié) Cassius se quedó con el título mundial. Parecía que la única posibilidad de juntar unos dólares y fama se le desvanecía a Chuck Wepner entre los dedos. Sin embargo y contra todos los pronósticos Cassius Clay aceptó tenerlo como rival. Era para Wepner la pelea de su vida. Alguien que venía juntando unos dólares peleando en clubes de mala muerte, de repente tenía la posibilidad de enfrentanrse con el mítico campeón mundial de todos los pesos.
 
      Si alguien creía que Wepner podría llegar a hacer algún papel digno frente a Cassius Clay esos no eran los apostadores. Las apuestas estaban 30 a 1 obviamente en favor de Clay. Y la pelea se desarrolló en los términos esperados. Clay bailoteando el ring, demostrando un dominio total de la escena y Wepner recibiendo golpes y sangrando, tal era su costumbre. Hasta el 9º round.
 
      Decidido a quemar las naves El Sangrador de Bayonne salió a buscar un milagro antes de que fuera decididamente tarde. Un violento golpe de derecha en las costillas de Clay mandó sorprendentemente al campeón a la lona. Cassius Clay recibió la cuenta de 8 y pudo proseguir el combate. En ese entonces los enfrentamientos por el título mundial se desarrollaban a 15 asaltos. Clay se cansó de pegarle los 6 rounds restante provocando más hemorragias pero ninguna caida. Wepner resistía el castigo de pié, sin atinar a otra cosa que cubrirse y tirar algún tímido golpe. A los 2 minutos 40 de la última vuelta, Wepner apoya la rodilla en tierra y el árbitro de por ganada la pelea a Cassius Clay por Knok Out técnico. Hasta aqui, una historia atrayente pero sin ningún dato que la vuelva extraordinaria.
 
      Lo extraordinario pasó en la platea del estadio. Un tipo, que hacía sus primeras armas en Hollywood y que a la espera de algún papel importante como actor, se ganaba el pan escribiendo guiones, estaba mirando la pelea esa noche en Cleveland. Quedó tan impresionado con lo que había visto que se encerró en su casa durante tres dias posteriores al match y salió de allí con el guión de una película. El guionista se llama Sylvester Stallone y la película es Rocky.
 

      Sylvester, que había trabajado como actor secundario en algunos capítulos de la serie policial Kojak y como extra en alguna que otra película, saltó inmediatamente a la fama. El film ganó el Oscar a la mejor Película y Stallone estuvo nominado como Mejor Actor y Mejor Guión (luego de esto la Academia de Hollywood nunca más se acordó de él, y creo, con razón). Pero Wepner no vió ni un solo dólar.
 
      En 2003 el Tribunal Supremo de New Jersey hizo lugar a la demanda de Wepner contra Stallone por 15 millones de dólares. Antes de la sentencia ambas partes llegaron a un arreglo extrajudicial y todo terminó. Nunca se supo cuanto pagó don Sylvester por haber usado la vida de Wepner como catapulta el éxito.
 
     La próxima vez que el cable repita por pincuagésima vez la película Rocky tengan a bien recordar al Sangrador de Bayonne, cuanto menos para que tenga el apoyo moral que merece.
 
      Acá abajo pegué el link donde van a poder ver algunos rounds de la mítica pelea, perticularmente el 9º donde el campeón se pegó flor de susto.
 
      Un pis y a la cama. Buenas Noches.