domingo, 24 de marzo de 2013

Fútbol y la lógica del hincha. Un desafío a la razón

           El fútbol es un deporte maravilloso. Tan solo basta con llevar una pequeña investigación (hoy resulta sencillísimo, Internet mediante, hacerlo) para encontrar enormes listas de deportes (ecuestres, con pelota, de carreras de algún tipo, de lucha, por equipos, individuales y siguen las firmas) sin que tan siquiera otro pueda opacar la popularidad del fútbol. Latinos, sajones, orientales y asiáticos son capaces de llegar a extremos ridículos por culpa del fútbol tan solo comparables a discusiones políticas o religiosas. Muchos plantearon sus hipótesis acerca de los porque de tal popularidad. Este post no tiene como objeto teorizar al respecto sino ver las cosas desde otro lado. Sin embargo le voy a prestar un párrafo (o dos) al tema.

           Ni falta que hace que explique uno que el fútbol es un deporte de carácter colectivo. Cuando está bien jugado contiene características estéticas comparables a la de una danza. Decir que se trata de 22 tipos corriendo detrás de una pelota es de una banalidad infantil comparable a decir que la Gioconda consiste en unos centímetros cuadrados de tela y 250 gramos de pintura. En el campo de juego se desarrollan las más variadas características humanas. La velocidad y la fuerza. La astucia y el sacrificio. La habilidad del delantero que sorprende tomando un rumbo que el defensor no esperaba. La voluntaria entrega de un compañero que se aleja de la jugada a fin de que su defensor lo siga, renunciando al protagonismo, pero dejando el camino despejado para su camarada. La desenfrenada búsqueda del balón por parte del arquero aún a riesgo de su propia integridad física. 

           Como los sobresaltos en las buenas películas de terror, su máxima emoción, el gol, está sabiamente dosificado. A veces, como el amor, nunca aparece. Otras veces, también como el amor, es fruto de un error. La vida se parece al mismo fútbol. A veces conviene esperar. Otras atacar de modo salvaje. Otras apoyarse en alguien que sabe hacer mejor las cosas. Lo expuesto, torpemente, pretende dar motivos para que desde Corea hasta Brasil, pasando por Bélgica, el fútbol despierte tantas pasiones a tantos pueblos de idiosincrasias diametralmente opuestas. 

         Por mucho que sus reglas deban ser explicadas a algún/a descolgado/a que aún no las conozca, las victorias en este deporte se manifiestan de forma explícitamente clara. Quien logra que la pelota ingrese (de forma lícita) dentro del arco ajeno la mayor cantidad de veces, es el ganador. En tanto que, dentro de un campeonato cualesquiera, quien logre la mayor cantidad de puntos (sea mediante victorias o empates) también es el ganador del torneo. De cualquier modo y a pesar de haber desarrollado el tema de lo que ocurre dentro del campo de juego durante 4 párrafos, no es este el motivo de la presente nota sino lo que ocurre fuera del césped. Aún fuera del mismo estadio. Aún días o semanas después de que un partido o un torneo ha concluido. 

       El hincha de fútbol es un personaje fundamental en esta historia pero completamente prescindible. No juega, no diagrama, no entrena, no corre, no transpira. Sólo canta y grita. Sin embargo de él se trata esta nota. Y particularmente de su extraña lógica que le impide admitir derrotas. Con una subjetividad a prueba de balas es capaz de esgrimir los más retorcidos argumentos a fin de desmentir una derrota aún frente a una caída por 5 a 0 de su equipo. Para ello se vale de algunos tips que vamos a desarrollar de acá en adelante. Tomen asiento:

Argumentos histórico-aritméticos

       Perdimos 4 a 0. Que le vamos a hacer. Los eventuales simpatizantes del equipo rival se aprestan a una semana completa (o aún más) de goce a nuestra costa. Es ahí donde tenemos que revolver en la historia del profesionalismo para buscar si encontramos una victoria nuestra (aunque hayan pasado 50 años y sus protagonistas no recuerden ya ni sus propios nombres) por un margen en lo posible mayor. Lo que suscitará un diálogo por el estilo:

Hincha del vencedor      -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nunca vamos a perder por 6 a 0 tal y como les ganamos a ustedes en la Copa General Sandunga en 1938. ¡Manga de fracasados!" 

       Puede que por mucho que recorramos el historial futbolístico mutuo no encontremos ningún argumento por el estilo para rebatir nuestra humillante derrota. El plan B es entonces buscar una derrota de nuestro vencedor a manos de cualquier otro equipo. Tampoco importa si fue nacional, internacional, actual o pretérita. Debemos encontrar y esgrimir, que haber perdido por mayor diferencia es una mancha que no se quita con nada y que no la lavará ninguna victoria posterior. El diálogo se planteará en los siguientes términos:

Hincha del vencedor      -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                  -"Si pero a nosotros nunca nos hicieron 7 como les hizo a ustedes Defensores de Piedra del Águila en el campeonato del 44. ¡Manga de fracasados!"

Argumentos meramente históricos.

        La misma situación que en ítem anterior. Perdimos categóricamente. Esta vez no importa por cuanto, puesto que vamos a defendernos a pura estocada de carácter histórico. Ahora utilizaremos los campeonatos, copas, victorias, rachas y todo aquello que nosotros hayamos hecho y que ellos no. Obviamente desestimaremos cualquier mérito rival, y sobre valoraremos los nuestros. Se han de plantear los retruécanos del siguiente modo:

Hincha del vencedor  -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                 -"Cuando ganen 5 copas Cambá-Pororó como nosotros vengan a cargarnos. ¡Manga de fracasados!"

      Aquí podrá echarse mano de cualquier situación asimétrica que se plantee. Haber jugado en divisiones menores, haber descendido, no haber ganado copas internacionales, haberlas jugado pero haberlas perdido, haber tardado en salir campeón, que el cociente entre cantidad de años desde su fundación y cantidad de campeonatos sea mayor que el nuestro. En fin, un verdadero festín para los malabares justificativos del lado de los hinchas más creativos. 

Argumentos totalmente extra futbolísticos

      Aquí podremos optar por apelar a la cantidad de hinchas del rival o a su supuesta cobardía. A lo insistente de sus cantares o a su concurrencia o no a canchas ajenas o a una supuesta condición de homosexualidad generalizada a toda la parcialidad rival. Cualquier cosa es válida en lugar de aceptar que el otro, cuanto menos esta vez, jugó mejor. Ilustraremos a continuación, para mejor detalle de lo expuesto, con algunos ejemplos no excluyentes:

Hincha del vencedor      -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nosotros les llenamos La Covacha de San Cachuflo y ustedes cuando vienen a nuestro Gigante de Coronel Cildañez traen 40 personas. ¡Manga de fracasados!"

      O si no:

Hincha del vencedor       -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -" Si, pero ustedes se hacen acompañar por la Policía y nosotros aguantamos los trapos en todos lados. Yo los vi correr por la Avenida Petorutti. ¡Manga de fracasados!"  

      Otra opción podría ser:

Hincha del vencedor -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nuestra hinchada, Los Hiperquinéticos de las Gradas, cantó todo el partido. En cambio el otro día cuando perdían ustedes 1 a 0 contra Balbastro Atletic, estaban todos mudos. ¡Manga de fracasados!"

      He escuchado (y aún leído) a personas que aparentan ser completamente racionales, que desempeñan con exquisita solvencia sus tareas habituales (hasta con cierto destacado éxito) sostener un diálogo como el que se muestra:

Hincha del vencedor  -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Callate. No ves que ustedes son todos putos. ¡Manga de fracasados!"

(En este caso, la homosexualidad como acusación general no es excluyente. Puede sostenerse sin ponerse colorado y sin demostrar una sola pizca de lógica, que la simpatía hacia tal o cual escuadra deportiva rival, convierte a sus hinchas alternativamente en mansfloras, pechos fríos, pusilánimes, cobardes o cualquier otra característica que se considere negativa a la vez que la pertenencia a la parcialidad propia confiere de modo indudable condiciones de virilidad, valentía y estoicismo)

      Y por último, pero no por ello menos válido:

Hincha del vencedor  -"Jaja, les ganamos 4 a 0"
Nosotros                   -"Si, pero nuestra hinchada tiene trompetas. ¡Manga de fracasados!"

      Como podrán apreciar entonces, tal como se desarrollaba en el mismo primer párrafo de la presente nota, el fútbol es un deporte maravilloso, pero sus cualidades más curiosas ocurren sin duda, fuera de las canchas. Resulta a veces, menos curiosa una gambeta de Messi o una atajada de Iker Casillas, que los complicados giros dialécticos con que los hinchas proponen ser mejores. Disfrutemos de lo mejor que el fútbol tiene para darnos que es su belleza natural, que transcurre únicamente durante los 90 minutos del juego. Lo demás es cartón pintado. El que gana es porque lo ha hecho mejor que su rival, aún si se cuelga del travesaño durante todo el partido. Juntémonos a ver fútbol sin importar de que equipo es cada uno. Si algo no tiene sentido es pelearse por pertenecer a tal o cual parcialidad. Los invito a todos a llenarse los ojos  del bello espectáculo que ocurre en el césped. A todos menos a los de Toneleros Unidos, esos son unos medrosos timoratos del demonio

     Buenas tardes!