domingo, 27 de octubre de 2013

Cuidado a quien le dicen Trolo. La muerte de Filipo II de Macedonia por culpa de la homofobia

     
Vivimos en una de las épocas más "gay friendly" de toda la historia de la Humanidad. Mirando hacia atrás podemos ver el escarnio y la burla a los homosexuales durante buena parte del siglo XX. La cárcel durante el siglo XIX (Oscar Wilde, sin ir más lejos). Durante la Edad Media las cosas no eran mejores. La sola acusación de sodomía (no se llamaba homosexualidad) podía terminar con la castración de los acusados. Sin embargo, si seguimos dándole vuelta hacia atrás a las agujas del reloj y llegamos a la Roma y Grecia clásicas, nos encontraremos con que las parejas masculinas de amantes eran bastante comunes y no estaban mal vistas. Era común que los hombres encumbrados tuvieran un mancebo al que protegían y enseñaban a cambio de favores sexuales (Ustedes me entienden). Sin embargo tenía mucha mejor prensa la homosexualidad activa que la pasiva. Aún en una sociedad abierta a esa clase de temas, la certeza o la sospecha de que uno de los dos se hacía "limar el buje" por el otro levantaba habladurías y sonrisas cómplices.

      Tan tolerada y aceptada estaba esta clase de comportamientos que el ejército griego tuvo un cuerpo de élite llamado el Batallón Sagrado de Tebas compuesto por 300 guerreros duramente entrenados de entre los más valientes de toda la tropa. En realidad estos 300 guerreros no eran otra cosa que 150 parejas homosexuales de amantes.

   
      El tema que vamos a tocar hoy (o cuando lo lean) tiene que ver con los acontecimientos que han llevado al trono a uno de los personajes más famosos de la Historia en donde, según algunos autores (mi fuente es el libro de Roger Caratini), la homosexualidad, la burla a un supuesto soldado "pasivo" y cierto método de venganza usual para lavar afrentas de este estilo tuvieron mucho que ver. Eso si, tenemos que viajar unos cuantos años al pasado (unos 2.300) y unos cuantos miles de kilómetros (hasta el norte de Grecia, en lo que se llamaba Macedonia en ese tiempo).



     
Dicen que así era Filipo
      Macedonia era un reino independiente gobernado en el tiempo del que vamos a hablar por Filipo, que a consecuencia de esto fue conocido como Filipo II de Macedonia. El tipo hizo dos cosas realmente notables. La primera: crear la maquinaria de guerra más eficiente de la época. No había en el mundo conocido un ejército más disciplinado, ordenado y letal que el macedonio. Y la segunda: tener un hijo al que le puso Alejandro, conocido como Alejandro III o Alejandro de Macedonia o mejor aún Alejandro Magno. La cuestión es que Filipo estaba casado con una tal Olimpia, madre de Alejandro. Ya tenía más de 40 años, le faltaba un ojo (perdido en batalla) tenía una clavícula rota y mal soldada y otras múltiples heridas de guerra. Un día, un general suyo llamado Atalo le presentó a su sobrina Cleopatra (no la egipcia, otra) y el viejo rey se enamoró al instante de modo que le propuso matrimonio o algo así. No era costumbre macedonia la poligamia pero sí se estilaba que tanto en Macedonia como en Persia (el imperio de al lado) los dirigentes tuvieran una esposa y múltiples concubinas. Pero Cleopatra (que adoptó el nombre heleno de Eurídice) no quería ser una mas del harem, pretendía ser la esposa legítima de Filipo. Al conocer la noticia de la boda, Olimpia puso el grito en el cielo. No sólo la rajaban de la corte sino que, como era muy probable, el viejo rey enamorado dejaría embarazada a la nueva esposa y chau reinado de Alejandro Magno. De hecho, durante un banquete en el que estaban casi todos bastante entonados por el vino, Atalo sugirió un brindis por la nueva pareja pidiéndole a los dioses que los proveyeran de un nuevo sucesor al trono nacido de ambos. Alejandro se enojó y las cosas casi llegan al derramamiento de sangre. Al otro día, Alejandro y Olimpia hicieron las valijas y se mudaron a Iliria, que quedaba a unos kilómetros de la capital macedonia llamada Pella.

   
Cabeza de Atalo
      Pasada la mamúa, Filipo recapacitó y viajó con un séquito modesto a Iliria para convencer a Olimpia y Alejandro de que volvieran. Le fue bastante bien. Convenció a Olimpia de que no perdería por nada el título de reina y a Alejandro de que su primogenitura estaba asegurada, es decir, a la muerte de Filipo sería el el heredero y no el eventual hijo que pudiera tener con Cleopatra/Eurídice. Cuando volvía, su caravana fue atacada por unos rebeldes que quisieron aprovechar que el rey no estaba con su ejército completo. A Filipo lo voltearon del caballo y lo hirieron malamente en uno de sus muslos. No pudiendo moverse Filipo hubiese sido presa fácil del enemigo a no ser que un soldado, de nombre Pausanias, se hubiese interpuesto entre el cuerpo del rey y las armas enemigas. Todo el ataque destinado a Filipo terminó en el cuerpo de Pausanias quien muy mal herido fue retirado del campo de batalla. Filipo se repuso de la herida pero le dejó una renguera permanente que conservó hasta su muerte (de todos modos no faltaba mucho, aunque el rey no lo sabía). Pausanias quedó a la espera de la parca en un hospital de campaña. Atalo, el general, lo fue a visitar y le preguntó que lo había llevado a semejante acto de arrojo en favor de la vida del rey. Pausanias en su lecho de muerte le confesó que su acto de valentía se debió a que en Pellas, un homónimo de él, es decir otro tipo llamado Pausanias, los hostigaba diciendo que su pertenencia al ejército macedonio sólo era explicable por el hecho de que el moribundo era un homosexual pasivo favorito de algún general o hasta quizá del mismo Filipo. El ahora casi muerto Pausanias supuso que un acto máximo de virilidad sería ofrecer su propia vida a cambio de la del rey como demostración de su hombría. Esta confesión conmovió, dicen, hasta las lágrimas a Atalo, quien le juró a Pausanias que vengaría las injurias que habían vertido sobre él. Acto seguido, Pausanias procedió a morirse tranquilo.

   

Lo que queda de Pellas
De vuelta a Pellas, Atalo buscó, encontró e invito al tocayo del soldado muerto a un banquete. Se llamaba Pausanias de Orestis. Corrió adrede, bastante vino y a los postres, Pausanias no sabía ni como se llamaba. Según una costumbre macedonia, una efectiva forma de vengar semejantes afrentas como la sufrida por el muerto, era hacer sentir en carne propia (nunca mejor dicho) los rigores de la homosexualidad pasiva. Atalo entregó en cuerpo inundado de alcohol de Pausanias a un buen número de soldados macedonios que le midieron el aceite hasta el alba. Despertarse y notar que algo raro pasaba a su retaguardia fue todo uno para Pausanias que loco de furia, también juró venganza. Tuvo, dicen, la oportunidad de hablarlo con el mismísimo Filipo, dado que Pausanias era miembro de la guardia personal del rey. Si Filipo hubiera tomado realmente cartas en el asunto, hubiese tenido que sancionar a Atalo, tío de su futura esposa y arriesgar su matrimonio próximo, por lo que trató de calmar la furia de Pausanias con un ascenso y ya.

      Pausanias de Orestis no lo consideró suficiente y ahora, además de furia contra Atalo, sumaba su bronca contra Filipo.

   
      La boda de Filipo con Cleopatra/Eurídice fue en el 337 antes de Cristo. Había muchísimos invitados y, ademas del casamiento, se llevaban a cabo juegos gimnásticos, obras de teatro, procesiones con las estatuas de los dioses griegos (incluida una del mismo Filipo) y grandes banquetes. Filipo II de Macedonia avanzaba con sus vestimentas completamente blancas, rengueando, junto con su nueva esposa, saludado por el pueblo de la ciudad de Egas en cuyo estadio se celebraría una obra de teatro en honor de los contrayentes. Mientras ingresaba por una de las puertas flanqueado por su guardia personal, se desprendió de entre ellos Pausanias y lo acuchilló eficientemente. Filipo murió allí mismo. Pausanias tenía dispuesto un caballo a las afueras de Egas a fin de darse a la fuga pero nunca llegó a montarlo. Fue ajusticiado por tres miembros de la guardia real.

   
Alejandro
      Como consecuencia de este enredo de túnicas (por no decir enredo de polleras) asume como rey de Macedonia Alejandro III, posteriormente conocido como Alejandro Magno, cuyo nombre más adelante y hasta nuestros días será sinónimo de genio militar. Con sólo 20 años hereda el trono Macedonio y desde allí conquista todo el Imperio Persa y llega a fundar ciudades (invariablemente llamadas Alejandría) en el actual territorio de la India. Pero eso será quizá motivo de otra nota, en otro momento.

       En consecuencia, habrá que ser más prudente con los calificativos. En la cancha cuando se tilda de gay a la hinchada contraria. Con los amigos cuando uno acusa a otro de homosexual por no animarse a algo. Por norma general habría que dejar de usar esos apelativos a modo de insultos. En principio por respeto al otro y para no ser tildados de homofóbicos. Y por otra parte para que no le pase a uno lo mismo que a Pausanias de Orestis y al mismísimo Filipo de Macedonia.

Que la pasen lindo. Si manejan, no beban.