miércoles, 7 de noviembre de 2012

8N. Conmigo no Cuenten


            Es obvio que no voy a ir. Los que me conocen lo saben. Hay muchas, muchísimas razones para no hacerlo. Una de ellas es que comparto la mayoría de las políticas de este gobierno. Pero eso sería justificar mi ausencia por el lado más fácil.

            Respeto y avalo el derecho a ir que tienen los que van a hacerlo. La democracia no solo es el gobierno de las mayorías sino también el respeto a los derechos de las minorías.

            No solo me agrada este gobierno, sino que los motivos esgrimidos por los que organizan esta marcha cacerolera “espontánea” (Primer contradicción. La están promocionando desde hace semanas por todos los medios posibles) son, por decirlo de alguna manera, gelatinosos. Dólar, inseguridad, falta de libertad(¿?), avasallamiento a la constitución, corrupción, autoritarismo, reelección. Todo en la misma bolsa, todo mezclado. Imposible convencerme.

            Puede que algunos tengan dificultades para comprar dólares. Yo no. No solo no tengo dificultades sino que ni siquiera lo he intentado como la enorme mayoría de la clase media a la que pertenezco. De cualquier modo debe ser molesto para alguien acostumbrado a comprar dólares para atesorar sin dar mayores explicaciones, tener que explicarle a la AFIP el origen de sus ingresos; particularmente cuando estos son inexplicables. De cualquier modo, los aviones con destino al exterior siguen saliendo, los periodistas que, por ejemplo, han ido a cubrir las recientes elecciones presidenciales norteamericanas no parecen haber pasado hambre por falta de divisas y recientemente la universidad de Harvard apareció llena de argentinos que no parecen haber tenido ninguna dificultad en comprar sus Hot Dogs en la cantina de esa casa de altos estudios.

            Una paradoja interesante es acusar al gobierno de falta de libertad haciendo una manifestación callejera libre. Es como quejarse de la falta de alimentos en medio de un banquete. He escuchado a otros (afortunadamente no en persona sino en los medios) manifestar miedo a expresarse, echándole la culpa a la “Yegua”. Menos mal que tienen miedo.

            El tema constitucional es quizá el más interesante. A pesar de lo legítima de la manifestación (no me canso de aclararlo) la pretensión de constituirse en asamblea popular es claramente anti constitucional. La Constitución Nacional en su artículo 22 dice claramente: “El pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición”. Es decir que, a pesar de legítima, los manifestantes que crean que su presencia en las calles puede llegar a tener alguna consecuencia legal comenten un atentado a la Constitución que dicen defender. Hace escaso un año, de pleno derecho con la Constitución Nacional, la presidenta fue re-elegida por un periodo de 4 años. Faltan 3 y la misma constitución provee mecanismos para relevar de su cargo a un presidente electo. Ninguno de esos mecanismos incluye ningún cacerolazo por muy multitudinario que sea.

            Hace unos días, legisladores opositores firmaron un documento donde se oponen a una eventual re-re-elección presidencial. Personalmente estoy de acuerdo, defiendo la Constitución y en ella se dice que solamente se puede ser presidente por 2 periodos consecutivos. Lo que es realmente absurdo es la existencia de un documento que se opone a algo que nunca se planteó. En estos términos deberíamos esperar documentos legislativos en contra de prohibir la ejecución del corno francés en la vía pública, de la venta de tuercas y tornillos en las verdulerías y aún de que las publicidades televisivas se propalen dobladas al suahili.

            Pero tengo otro motivo mucho más contundente como para que el 8 de noviembre próximo me vuelva a mi casa después de trabajar como todos los días. Lo que apoye la Sociedad Rural (aplaudidora y sostenedora de todos los golpes de estado habidos y por haber. Histórica explotadora de sus propios trabajadores). Lo que apoye Cecilia Pando y cualquier otro defensor de los cobardes asesinos del Proceso. Allí donde se sienta representada la camaleónica impresentable acomodaticia de Patricia Bulrich. Allí donde la fétida demente, absolutamente falta de toda representatividad de Elisa Carrió se sienta cómoda. Allí donde todo eso ocurra, yo no tengo nada que hacer.

            Una última apreciación. En un país tan futbolero como el nuestro existe una suerte de festejo o manifestación de apoyo que se da en llamar “Banderazo”. Se juntan muchos hinchas, muchísimos quizá, portando banderas con los colores del equipo, a los fines de exhibir su apoyo al club de sus amores. Puede calificarse de pintoresco, simpático, atractivo, interesante, jovial, vistoso, expresivo y más. De cualquier modo, la AFA jamás a entregado el título de campeón a un club que haya organizado el mejor de los banderazos, por más numeroso que éste sea. El título de campeón, muchachos del 8N, se gana en la cancha.

            Por esto y por algunas razones más, YO NO VOY.