domingo, 8 de junio de 2014

Si de matar se trata y lo que hay es aburrimiento; nada mejor que una guerra

      Un brillante escritor uruguayo injustamente olvidado de seudónimo Wimpi (llamado en realidad Arthur García Nuñez) le ponía un ligero toque humorístico a su definición sobre los conflictos humanos. Decía Wimpi que los hombres no nos peleábamos porque unos quisieran una cosa y otros otra distinta sino que nos peleábamos porque todos queríamos la misma. La misma tierra, la misma mujer, el mismo lugar en el estacionamiento. Concluía luego Wimpi que el pollo no solía ser motivo de conflicto porque a unos nos gustaba la pata mientras que a otros la pechuga. Pero que el día en que todos nos volcáramos a una u otra presa muy probablemente el pollo protagonizaría algún conflicto armado.



      En cualquier caso, casi desde el inicio de la humanidad, los hombres no hemos aprendido a no matarnos por la razón que fuera sino a hacerlo del modo más efectivo y automático posible. Pasamos del lanzaso artesanal y personalizado a la bomba que mata de a miles de forma industrializada. Lo que permanece a lo largo de toda la historia, con admirable conducta, es la estupidez de matarse. Bombilla Tapada hoy les trae un compendio de guerras, batallas y escaramuzas varias seleccionadas por tener algún rasgo llamativo. No esperen aquí las hazañas del cartaginés Aníbal al cruzar los alpes o la estrategia empleada por el General San Martín para vencer en la batalla de Maipú. Esperen si, el dato extraño, el motivo ridículo, la resolución sorprendente. Eso si, si van a esperar sentados entren por aquí que hay unos sillones convenientemente cómodos. Acomódense que empezamos.

      Las economías centroamericanas dependen casi exclusivamente de la explotación agrícola no teniendo en general industrias que aporten porcentajes significativos a su producto bruto interno. Para peor, como en casi toda latinoamérica el total de las tierras cultivables dependen de unas pocas (poquísimas) familias que las explotan. Tal es el caso de El Salvador y Honduras. Durante bastante tiempo y lentamente, familias de labradores salvadoreños fueron ocupando tierras fronterizas hondureñas y radicando allí sus cultivos. No era que le robaban terreno a sus legítimos dueños sino que ocupaban tierras fiscales sin uso. Sobre fin de la década del 60 Honduras comenzó a reaccionar pidiendo el retiro de los colonos salvadoreños en principio y dictando luego una ley de reforma agraria que permitía que solamente los nativos de ese país tuvieran derecho a explotar las tierras. Si bien Honduras tenía legítimo derecho a hacerlo esta ley implicaría que 200.000 salvadoreños fueran expulsados a la vez lo que le generaría no pocos problemas al gobierno de El Salvador. Las relaciones entre ambos países se fueron tensando y para peor se estaban jugando las eliminatorias para México 70.

      El 8 de junio de 1969 se jugó el partido de ida entre ambos países pertenecientes a la CONCACAF en Honduras. Ganó el local 1 a 0. A la semana siguiente debieron enfrentarse nuevamente pero en El Salvador. Esta vez también ganaron los locales pero 3 a 0. En ese entonces, no se tomaba en cuenta la diferencia de goles para la definición, así que para saber quien pasaría a la final contra el ganador de EEUU y Haití necesitarían jugar un tercer partido en cancha neutral. Durante el encuentro en El Salvador la hostilidad entre ambas parcialidades fue creciendo. Al término del partido no solo los hinchas sino que los jugadores y cuerpo técnico de Honduras tuvieron que huir lo mas rápido que podían hacia El Amatillo, paso fronterizo más cercano que los dejaba en suelo hondureño. Enterados del ultraje los hondureños se dedicaron a saquear y destruir los bienes salvadoreños radicados en su país.

      El partido desempate se pactó para el 27 de junio en terreno neutral (México) y ese mismo día los gobiernos de El Salvador y Honduras rompieron relaciones diplomáticas. Para el 14 de julio El Salvador controlaba 1.600 km cuadrados de territorio hondureño. Cuatro días mas tarde la ONU ordenó el cese del fuego y llamó a negociar. La guerra duró escasos días pero dejó como resultado una cifra cercana a los 6.000 muertos y recién en 1980 restablecieron relaciones diplomáticas mutuas. Obviamente que el conflicto corría bajo la alfombra desde antes pero fue el partido de fútbol entre ambos lo que encendió definitivamente la mecha.

A todo esto, la clasificación para el mundial de México la ganó El Salvador.

      La gran mayoría de los países europeos fueron adquiriendo la forma y nombre con los que hoy los conocemos muy lentamente. Normalmente tuvieron origen en alianzas o uniones de reinos, ducados o condados por cuestiones políticas o conveniencias territoriales. Así pasaba en la futura Inglaterra del siglo XVII. Guerra Civil de por medio Oliver Cromwell buscaba deshacerse de los últimos bastiones realistas para poder imponer finalmente el parlamentarismo que hoy rige a ese país. El condado de Cornualles, al sudoeste del país fue el lugar elegido para abroquelarse por parte de los realistas. A este bando en disputa adhería la Real Marina Británica la que viendo el avance de Cromwell sobre los territorios "continentales" (todo el Reino Unido es una isla, pero además lo rodean islas más pequeñas) se ocultó en unas pequeñas islas llamadas Sorlingas (o Islas Scilly para los ingleses).

      Los Países Bajos, lo que es hoy Holanda, venían de una larga guerra en la que varios buques de su armada habían sido averiados por barcos radicados en las islas Sorlingas. Por lo tanto el 30 de marzo de 1651 el Almirante Maarten Harpertszoon llegó a las islas y le exigió satisfacción económica a la flota allí apostada. Esta jugada tenía un doble propósito: obtener dinero, obviamente, pero también alinearse con el bando que parecía enfilar hacia la victoria en la contienda interna inglesa. La flota inglesa anclada en las Sorlingas era realista y el resto del país estaba en manos de los parlamentaristas. De ningún modo estaban capacitados, en su presente situación, para hacer frente a ninguna reparación económica. Por lo tanto los Países Bajos le declararon la guerra no a Inglaterra toda sino a las islas Sorlingas, último bastión del bando realista.

      Las fuerzas parlamentarias finalmente se impusieron y cooptaron a la Real Marina Británica hacia su bando. Sin nadie a quien amenazar, la flota Holandesa se fue a su casa. No habían disparado ni un solo cañonazo.

      En 1985 un historiador llamado Roy Duncan, cayó en la cuenta de que nadie había tenido la delicadeza de levantar esa declaración de guerra de 3 siglos atrás. Además de su profesión, Duncan era miembro del Consejo de las Islas Sorlingas y en su carácter de tal invitó al embajador holandés en el Reino Unido Rein Huydecoper a firmar formalmente un tratado de paz entre las islas y su país.

      Formalmente la guerra duró 335 años aunque nadie haya desenvainado un sable ni descargado un fusil entre los contendientes en todo ese tiempo.

      Además de que Freddy Mercury nació allí y con eso bastaría para ser mundialmente famosa, la Isla de Zanzibar alberga otro logro notable, esta vez de carácter bélico.

      Al Este de las costas continentales africanas la isla de Zanzibar tuvo durante el siglo XIX gobiernos algo independientes siempre y cuando se gobernaran de acuerdo a lo que el Reino Unido quisiera. El 25 de agosto de 1896 el sultán Hamad Ibn Thuwaini procedió a morirse. Lo hizo de manera repentina, sin estar enfermo previamente y gozando de buena salud. Probablemente su muerte sorprendió a todos menos a su primo Khalid Ibn Barghash quien estuvo firmemente sospechado de haberlo envenenado y quien asumió el mando de Zanzibar a la muerte de Hamad. Barghash se mostraba muy poco anglófilo por lo que gentilmente, las tropas inglesas apostadas en el Océano Indico, le sugirieron que abdicara en favor de su otro primo Hamud Ibn Muhammad con quien ya habían compartido algunos copetines y lo sabían más afín a sus intereses. Khalid se hizo el guapo sugiriendo que no se iría. El contralmirante Harry Rawson, al mando de una flota de 3 cruceros y 2 buques de guerra con 150 fusileros y unos 900 zanzibaríes que peleaban del lado inglés (que nunca faltan) dieron el ultimatum a Barghash: si no había abdicado para las 9 de la mañana del día siguiente abrirían fuego. Barghash subió la apuesta montando una barricada al rededor de su palacio y apostando su guardia personal en los muros.

      A las 9:02 comenzó el bombardeo. El fuego cesó a las 9:40 con la rendición zanzibarí. Murieron unos 500 isleños y un soldado británico resultó herido. Khalid Ibn Barghash pidió asilo en el consulado alemán y rajó dejando el terreno libre para que asumiera Hamud.





      De este modo consignamos la guerra Anglo - Zanzibariana con una duración total de 38 minutos. Sin dudas y por lo menos hasta ahora, la más corta de la historia.

      Largas o cortas. Crueles o incruentas. La guerra es la más cabal demostración de que 10.000 años de civilización nos han cambiado poco y nada. Es el lugar al que la humanidad va cuando se queda sin palabras.   La guerra es un procedimiento mediante el cual unas personas que no se conocen entre si se masacran en beneficio de otras que en cambio sí se conocen entre si pero no se masacran.

      El consejo más sano que Bombilla Tapada puede dar, humildemente, desde aquí es seguir el viejo axioma hippie de los 60 en medio de la guerra de Vietnam