domingo, 26 de octubre de 2014

En dos palabras demostramos que no hay nada nuevo bajo el sol

      Los muchachos del Imperio Romano anduvieron por todos lados. De hecho Europa está plagada de Arcos de Triunfo y palabras en latín cosa que siempre se empeñaban en dejar allí donde hubiesen conquistado y quedado el tiempo suficiente. Además de la aceitada maquinaria militar los romanos fueron conocidos por una estrategia para con los pueblos conquistados que les dio excelentes resultados. Nunca se metieron con la religión del pueblo sometido en tanto se cumplieran dos preceptos para con ellos. Hacer la genuflexión anual ante la estatua del Emperador y pagar el correspondiente impuesto al Estado. Como contrapartida, normalmente los funcionarios imperiales participaban de los rituales importantes de la religión que profesaran los conquistados a no ser que sus normas lo impidieran. Quien cumplía con estos dos principios podría ser judío, pagano o Caballero Jedi si así lo deseara sin recibir molestia alguna por parte del Estado. Es más, una buena cantidad de ciudadanos profesaba una mezcla de todos los cultos tomando pedazos de uno u otro lado de acuerdo con su gusto. Aún sigue pasando y un judío puede reunirse a festejar la Navidad católica y el Halloween pagano sin que nadie lo cuestione en absoluto.

      Pero algunos romanos no aceptaban la promiscua mezcla de dioses y rituales. Permanecían fieles solo a uno. Se oponían a que nadie no iniciado en la religión participara de sus ritos y lo hacían con mucha vehemencia. El nombre que le daban a sus templos estos puristas religiosos era fanum y como guardianes férreos del mismo, aquellos que no aceptaban a nadie de afuera dentro de su religión recibieron el nombre de fanaticus. Así nuestros actuales fanáticos (religiosos, políticos, deportivos) no aceptan la influencia externa, particularmente la de los razonamientos.

      Visitaremos hoy una curiosa secta del mundo musulmán, cuyos integrantes también son el origen de otro vocablo de nuestro idioma. No solo vamos a viajar a Medio Oriente sino que tenemos que situarnos en el siglo X. Átense las sandalias, colóquense el turbante que allá vamos, los camellos nos esperan.

Mahoma
      En lineas generales, luego de la muerte del profeta Mahoma en el año 632 comenzaron a gestarse tensiones entre quienes pretendían ser su sucesor. Cincuenta años después, batalla mediante, el Islam se divide en dos grandes grupos. Los Chiitas y los Sunitas. Dejamos a los Sunitas y nos quedamos momentáneamente con los Chiitas. En el 765 el califa Yafar as-Sadiq había declarado sucesor a su hijo Ismail Ibn-Yafar pero el bueno de Ismail procedió a morirse antes de asumir como Imán (no es que se le pegaran los metales, Imán es el título que lleva la autoridad religiosa). Su hermano Muza Al- Kazim tomó la posta. Algunos lo siguieron pero un buen número no creyó que Ismail hubiera muerto sino que andaba escondido a la espera de un re ingreso triunfal al estilo de Jesús. Sus seguidores se convirtieron en Ismailistas. Con esta rama del Islam es con la que nos quedaremos. Al momento de escribir esta nota Ismail Ibn-Yafar sigue sin aparecer.

     Al cabo y para complicar las cosas los Ismailistas se dividen nuevamente. Un grupo se establece en Egipto y otros, siguiendo a un tal Hamdan Qarmat fundan un nuevo estado, donde hoy se encuentra el Sultanato de Bahrein haciéndose llamar Cármatas. Dejemos a los cármatas sudar al sol y volvamos con los que se quedaron en Egipto. Llegando el fin del primer milenio y en honor al nombre de la hija de Mahoma (Fátima) el norte de África es conducido por la dinastía Fatmí. Tanto lo dominan que cambian la capital del califato a una ciudad que llaman Al-Qáhira y que se ha castellanizado como... (¿adivinan antes de leer?) El Cairo. Cerca del final del primer siglo del segundo milenio (1090 aproximadamente) el califa Al-Mustansir fallece. Entonces sus hijos Al-Mustali y Al-Nizar se reparten los fieles fatmíes formando dos grupos: mustalíes y nizaríes respectivamente. Y ahora, luego de tantas divisiones y si no se perdieron nos quedaremos definitivamente con los nizaríes y comenzamos con la parte movida de la historia.

      Un grupo de nizaríes se muda a lo que hoy es el sur de Irán haciéndose fuerte en un castillo llamado Alamut (a los que hayan jugado al vídeo juego Príncipe de Persia este nombre les sonará familiar) Durante más de 200 años la fortaleza de Alamut fue inexpugnable. Su posición en lo alto de una montaña sobre el valle de Elburz le posibilitaba controlar cualquier intento de asalto. Finalmente los mongoles lograron batir Alamut y no solo eso sino que la destruyeron hasta los cimientos de modo que nadie mas pudiera nunca volver a hacerse fuerte en ella. Durante el primer tiempo del alquiler de Alamut por parte de los nizaries, estos estuvieron gobernados por Hasan ibn Sabbah conocido como "El viejo de la Montaña".

Ibn-Sabbah
      Entre tantas facciones como las que mencionamos en estos últimos 3 párrafos, los intereses políticos eran una fuente constante de tensiones, pases de factura y traiciones. Los nizaríes comandados por el Viejo de la Montaña no solo toleraban sino que fomentaban el homicidio por razones políticas. Y no solo eso, en su lucha contra los sunitas preferían un homicidio público a uno privado, de modo que la población temiese su presencia. Son los primeros terroristas de que se tenga registro. En su primera aparición pública degollaron a un Visir, nuestro equivalente a un ministro de gobierno, en plena calle lo que les confirió gran notoriedad .  En Alamut reinaba la más rigurosa disciplina y sus miembros estaban organizados en estrictas jerarquías. Podían infiltrarse dentro de una comunidad, como uno más, hasta el momento de dar el golpe. Entrenados al nivel de un comando de hoy en día los nizaríes no dudaban en arriesgar y aún perder la vida en pos de una misión encomendada. Pero ¿Como se las ingeniaba Ibn Sabbah para alcanzar una obediencia tan extrema por parte de sus acólitos?

      Según la fe musulmana, a los muertos piadosos los espera el Yanna. El paraíso musulmán, al contrario del judeo-cristiano que es un lugar más bien bucólico con pinta de aburrido, es el imperio de los placeres. Allí en el Yanna, toda comida es un banquete con los más finos manjares, los vinos no embriagan, todos visten ropas lujosas haciendo juego con el mobiliario del lugar. Todos tienen 33 años y hasta la misma estatura. Los placeres no se remiten únicamente al comer y al beber. Hermosas señoritas, tan jóvenes como perfectas, están dispuestas a satisfacer las necesidades venéreas del finado con placeres, según sostienen sus apologistas, cien veces más intensos que los terrenales. ¿Por que les estoy contando esto en medio de la historia de los nizaríes?

      Una vez reclutados en la fortaleza de Alamut y en medio del entrenamiento, una noche cualquiera, el recluta era convidado a fumar ciertas hierbas. Caía entonces persa de la ensoñación y al despertar se encontraba en unas habitaciones fastuosas, desbordantes de lujo. Mesas servidas con faisanes, dátiles y vinos especiados. Hermosas señoritas vestidas con velos danzaban voluptuosas músicas mientras insinuaban sensualmente sus encantos. Un par de días después, cuando se estaba acostumbrando a la buena vida, despertaba en la barraca en donde se había dormido la primera vez, con las mismas ropas que antes, sin las mujeres ni la  música. Presa de un profundo desencanto intentaba averiguar que era lo que había pasado pero nadie sabía nada. Ni qué había pasado con él ni donde quedaban esas estancias lujosas en las que había gozado durante los últimos días. Hasta que Hassan Ibn-Sabbah se lo revelaba.

      Le decía entonces que el Profeta (Mahoma) había querido mostrarle el paraíso por un tiempo, para que viera que era lo que le esperaba al morir. De ahí en adelante el tipo no quería otra cosa que cumplir con las misiones encomendadas, cuanto más suicidas y peligrosas, mejor. Ahí radicaba el secreto del comportamiento temerario de los nizaríes.

      Por supuesto que la puesta en escena era parte de un engaño ideado por el Viejo de la Montaña. Las hierbas que le daban a fumar eran un derivado del cáñamo. Una resina llamada hashish a la que más temprano que tarde todos los nizaríes se hicieron adictos. Se los comenzó entonces a conocer vulgarmente como los "consumidores de hashish" o "hashashins" en árabe lo que alcanzó nuestro idioma como la palabra "asesino".



Alamut hoy
      Hulagu Kan, nieto del famoso Gengis Kan, es el monarca mongol encargado de destruir Alamut y dispersar a los pocos sobrevivientes de los hashashins. En las condiciones descriptas no es de extrañar que sobrevivieran muy pocos dado que lucharon hasta el final contra el invasor mongol sin rendirse ni escapar ante la promesa de volver a estar en brazos de las jóvenes que les sirven vino y dátiles en sus bocas. Probablemente allí los estuviera esperando un Viejo de la Montaña notoriamente rejuvenecido ya que había muerto unos cuantos años antes del ataque invasor y a la edad de 90 años.





      Aún si no hubiera manjares, señoritas ni lujos, la sola posibilidad de volver a tener 33 años es más que tentadora. Cuiden sus cuellos porque el día menos pensado me convierto al nizarismo y salgo a cazar infieles.

Mientras tanto...que anden bien.