domingo, 5 de octubre de 2014

Todo lo que un hombre puede imaginar, otro podrá realizarlo

En principio agradezco a mi compañero de trabajo y amigo Horacio Serrano haber abierto la rendija para que abriera esta puerta.

"El barrio conserva aún el estilo del siglo XIX. Casas de ladrillo a la vista e infaltables respiraderos a la altura de la vereda indicando la presencia de sótanos. Frente al número 44 del boulevard un parque florecido de violeta le da un aspecto alegre al antiguo barrio de veredas angostas. Unas cuadras más allá la plazoleta que recuerda la Batalla de Marne y la memoria del Mariscal Joseph Joffre estalla en flores multicolores"

      Este párrafo de acá arriba describe con cierta precisión una calle de la localidad de Amiens en Francia. Lo escribí yo que desafortunadamente jamás he estado allí. Sin embargo, las herramientas informáticas, particularmente el Google Street View permiten que, luego de unos clicks uno tenga la imagen lo suficientemente clara como para describir una escena con la convicción de quien ha vivido 6 meses en ese barrio. Lo mismo ocurriría puestos a describir los fiordos noruegos, la Capilla Sixtina o la calle Temple en Detroit. En pantuflas y sin despeinarse demasiado (en mi caso particular sin despeinarme más de lo habitualmente despeinado) cualquiera con ciertas herramientas idiomáticas e informáticas puede dar la impresión de haber recorrido medio mundo desde el living o la cama. 

Julio Verne
      No siempre fue así. Existieron escritores que, en pos de la precisión en las descripciones recorrieron miles de kilómetros, perdieron varios meses y gastaron pequeñas fortunas. Y de uno de ellos hablaremos hoy. Está catalogado como un escritor de carácter juvenil en parte porque sus novelas tienen argumentos extremadamente lineales pero sus historias se han convertido en la base de innumerables guiones cinematográficos. Tenía una particular pasión por los nuevos descubrimientos y si bien no fue el padre la de Ciencia Ficción merece que se lo reconozca como uno de sus más conspicuos integrantes. Sus novelas están documentadas al extremo dado que no dudaba en recorrer los kilómetros que hiciera falta para estar en persona en el lugar donde se hubiera desarrollado la acción de su relato. Estamos hablando, por si no lo notaron hasta el momento, de Julio Verne. Lector como lo fui de Verne en mis primeros años de consumo literario nunca imaginé que detrás de sus imaginativas historias se escondieran tales secretos y misterios que si bien no seremos capaces de develar en este modesto blog quizá le sirva al parroquiano curioso para encarar una investigación personal.

      Vengan por aquí, que tenemos mucho de que hablar. El Capitán Nemo, Philèas Fogg y Michel Ardan nos aguardan dentro; no está bien visto hacer esperar a tan ilustre compañía.

Alejandro Dumas
      El 8 de febrero de 1828 nace en la isla de Feydem, Nantes, Francia Jules Gabriel Verne. Empezó estudiando en el Colegio Saint Stanislas junto con su hermano Paul. La intención de don Pierre Verne, padre de ambos, era que Julio estudiara medicina en París, pero no le salió. Y es que Nantes es un puerto marítimo y a nuestro amigo Verne le había picado el bichito de la aventura más que el de la medicina. Fue a París, pero se inscribió en Derecho. A pesar de que se recibió de abogado a los 21 años Julio Verne estaba apasionado por los conocimientos científicos que brotaban por todas partes a mediados del siglo XIX y por escribir. No ejerce su profesión de abogado o lo hace con muy poca dedicación. Pasa la mayor parte de sus días en bibliotecas y escribiendo. Su padre, enojadísimo por su negativa a estudiar medicina en principio y por no ejercer de abogado luego, le corta los víveres. Julio Verne literalmente enferma de hambre, según una muy ilustrativa carta (muy floridamente escrita pero esencialmente escatlógica) le cuenta a su madre como pasa de la diarrea al estreñimiento de un día al otro. La presencia de un tío en París lo salva en más de un sentido. Julio es presentado a Alejandro Dumas (el autor de Los Tres Mosqueteros o El Conde de Montecristo entre otras) y este se muestra interesado en alguna de las obras de teatro de Julio. Las cosas parecen comenzar a encaminarse. A instancias de Dumas es contratado como secretario en el Teatro Nacional de París. Su presencia en círculos literarios le abre posibilidades de publicar sus cuentos en varias revistas lo que sumado a su sueldo (no demasiado abultado) como funcionario del Teatro no solo lo saca del hambre sino que le permite ahorrar unos francos. De todos modos no estaba en su ánimo proveerse de tranquilidad económica a la espera de malas épocas por lo que en lugar de guardar el dinero, se compra un piano.

      Dentro del círculo literario en el que Verne se movía en París existía una especie de club misógino llamado "Los once sin mujer" al que Julio pertenecía. El 10 de enero de 1857 se casa con Honorine Deviane Morel (viuda y madre de dos hijas) y abandona el club de modo forzado. Julio Verne pretendía que la vida de casado lo ayudara a sentar cabeza pero no le salió para nada bien; ni a él ni a Honorine.

      Consigue que su padre le preste 50.000 francos y decide ser inversionista en la bolsa de valores. Con el pretexto de sus inversiones viaja por Escocia, Dinamarca, Noruega e Islandia (los que hayan leído Viaje al Centro de la Tierra entenderán de que va la cosa). Vuelve con su mujer y cuando esta le indica que está cerca de ser padre de Michel Verne su único hijo, la deja a punto de parir y sale nuevamente de viaje. Verne coleccionaba reportes periodísticos de todos los adelantos que le resultaban interesantes. Por esas fechas había ya intentos de fabricar automóviles, dirigibles y submarinos. La luz eléctrica había salido de los gabinetes de los inventores y comenzaba a utilizarse como medio de comunicación por medio del telégrafo y como medio de iluminación mediante la bombilla (no tapada sino eléctrica). Por intermedio de Dumas, Julio Verne conoce a Pierre Jules Hetzel un editor que preparaba una colección llamada Viajes Extraordinarios. Allí finalmente aparecerán los famosos y fantásticos relatos que todos conocemos de Julio Verne: Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, Los hijos del Capitán Grant, Veinte mil leguas de viaje submarino, la Isla Misteriosa entre otros.

      Publicó más de 60 relatos para esa colección. Ya tenemos a Julio como toda una celebridad. Varias de sus novelas se adaptan, en vida de Verne, al teatro. Los días de hambre han desaparecido definitivamente y para que quede claro, se compra un yate. Cuando parece que todo andaba sobre ruedas y que don Julio tendría una madurez serena y llena de reconocimiento su vida se convierte en un desastre, otra vez. Se lleva tan mal con su hijo Michel que decide internarlo en un hospital psiquiátrico. Su sobrino Gastón, con quien sí se llevaba bien, le dispara 2 veces durante un paseo. Una vez le erra, la otra le da en la pierna y lo deja rengo para siempre. Su sobrino termina en un manicomio como su hijo. Muere también su editor Pierre Hetzel y también su madre (la de Verne. De la de Hetzel no se sabe nada).

      Sus últimos relatos de ficción reflejan su vida real. El autor de novelas en las que el intelecto del hombre lo llevaba a límites inimaginables (la frase del título de la presente nota es de Verne) comienza a escribir relatos en donde todo termina mal. Sin ir más lejos, una de sus últimas obras escrita 4 años antes de morir llamada "El faro del Fin del Mundo" transcurre aquí en nuestro sur, en la Isla de los Estados, a las bocas del Estrecho de Magallanes. No hay otra novela en la que el villano (el pirata Kongre en este caso) sea tan cruel y violento como en esta. "El volcán de Oro", otra de sus obras finales trata de unos primos que heredan una mina de oro en Yukon. La codicia los lleva a la muerte.

      Finalmente el que se murió fue el mismo Julio Verne. Más precisamente el 24 de marzo de 1905. Su hijo  Michel encontró varios manuscritos a medio terminar y sin corregir que mandó a publicar completando con su pluma los faltantes. Hasta aquí una biografía de lo más convencional acerca de un escritor genial. Podrían agregarse unos datos de color, como para darle más brillo. Son innumerables los inventos de los que Julio Verne predijo su futura existencia en sus novelas. El Nautilus, submarino capitaneado por Nemo tiene motores eléctricos. Robur el Conquistador pilotea un barco cuyos mástiles tienen en la punta unas hélices que lo convierten en una nave voladora, como nuestros actuales helicópteros. El viaje a la Luna de su libro tiene unas notables coincidencias con los viajes reales posteriores que se realizarían más de 70 años después. La zona de lanzamiento ecuatorial, la velocidad de escape de la Tierra o el amarizaje.

      Hasta acá una biografía normal, una reseña literaria como tantas otras. Pero Bombilla Tapada siempre tiene una vuelta de rosca más.

      El 1º de mayo de 1776 (aún no se había instituido el Día del Trabajador, así que era día laboral) el Profesor Adam Weishaupt funda una logia que luego terminaría siendo conocida como Los Iluminados de Baviera. Sus objetivos eran: oponerse a cualquier forma de superstición, eliminar la influencia religiosa sobre la vida social normal, apoyar la igualdad de sexos e impulsar la educación de la mujer. Por supuesto que, a instancias de la iglesia el gobierno bávaro prohibió sus reuniones y amenazó con castigos a quienes participaran y sostuvieran tan repugnantes principios. Pero se sabe que, si hay algo difícil de encontrar es una sociedad secreta. Se sospecha que sus miembros participaron de los movimientos previos a la Revolución Francesa. De ahí en adelante la logia se mantiene oculta o bien desaparece o bien cambia de nombres y se multiplica.

George Sand
      Para mediados del siglo XIX en Francia parece reaparecer bajo el nombre de La Sociedad de la Niebla. Alejandro Dumas, ya mencionado más arriba como quien mantiene amistad y consigue a Julio Verne el trabajo en el Teatro Nacional está sospechado de haber pertenecido a la misma. En apariencia la amistad entre Dumas y Pierre Jules Hetzel no se remitía solamente a tomarse unos vermouths juntos. Dumas tenía como función reclutar nuevos valores literarios y Hertzel publicaba sus obras habiendo sido cooptado para beneficio de la logia el autor nobel. ¿Les suena? También George Sand (amante de Federico Chopin, seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin) parece haber pertenecido a la Sociedad secreta. Un par de sus novelas, al menos, contienen referencias a una organización secreta llamada Secta de los Invisibles cuyos objetivos ocultos coinciden con los de los Iluminados de Baviera y por ende con la Sociedad de la Niebla. Otro supuesto miembro fue Gaspard Felix Tournachon una de las primeras personas que en Francia se dedicó al novedoso (y científico) arte de la fotografía. Anteriormente era ilustrador y firmaba con el seudónimo de Nadar. Sospechosamente, todos los personajes nombrados hasta ahora como miembros de la Sociedad de la Niebla fueron fotografiados por él.

      ¿Que sentido tendría hablar de esto si no se sospechara que nuestro amigo Julio Verne también era miembro de la Sociedad? Pues si, se sospecha que Verne fue miembro de la misma. Y nos dejó muchas señales en sus novelas de que había pertenecido a la Sociedad de la Niebla. Miren sino:

Nadar
      El personaje principal de La vuelta al Mundo en 80 días se llama Phileas Fogg. Phileas en latín tiene la raíz de la palabra hijo y Fog en inglés es justamente niebla. Una de las fraternidades iniciáticas de la época fueron (¿Y siguen siendo?) los Rosacruces fundados según dicen en 1614. Se supone que los Rosacruces y los miembros de la Sociedad de la Niebla tuvieron cierto contacto. Casi siempre los personajes de las novelas de Verne pertenecen a clubes selectos, del estilo sociedades secretas. De hecho el citado Phileas Fogg es miembro del Reform Club, que comparte iniciales con los mencionados Rosa Cruces. Del mismo modo hay coincidencia entre dicha sociedad y Robur el Conquistador, otra de sus novelas (R y C)  Llama la atención que el personaje principal de Cinco semanas en Globo se llama Ardan, claro anagrama de Nadar, el fotógrafo.

      Sin lugar a dudas Julio Verne es uno de los escritores más imaginativos de la historia. Dado que estas sociedades secretas tienen entre otras motivaciones la de promover el conocimiento puede ser que nuestro protagonista haya estado en contacto con cierta elite que le anticipara información. El mismo Verne en algún reportaje que se le hizo (no eran comunes las entrevistas por ese entonces) manifestó que no hacía falta ser un profeta ni nada por el estilo para imaginar en que terminarían los primeros sumergibles rudimentarios o los experimentos con globos rellenos de gases más livianos que el aire, por poner un par de ejemplos de dispositivos adelantados en sus novelas.

      Estudioso, masón, imaginativo o profeta venido del futuro lo cierto es que nadie mejor que él para iniciar a un niño interesado en la lectura. Desde acá la agradezco los cientos de horas pasados en su grata compañía allá por mis 12 años.

Buenas tardes y perdón por lo extenso del post de hoy.

Ah, me olvidaba. La descripción con la que se inicia este post corresponde a la casa donde vivió y murió Julio Verne. Hoy se llama en su honor Boulevard Jules Verne y queda en Amiens, Francia.