domingo, 9 de agosto de 2015

Una película explosiva, pero no en el sentido que todos piensan

      Con motivo de la reciente apertura de la Sala Audiovisual en la Sede del Blog, los catedráticos titulares de cada departamento fueron invitados a responder una encuesta acerca de cuales eran los títulos cinematográficos que no podían faltar en la futura colección. De manera unánime todos votaron "El Ciudadano Kane" de Orson Welles. El resto fue dividido, algunos votaron unas y otros, otras. El Consejo Supremo del Blog finalmente recibió una lista conformada entre otras por la citada El Ciudadano junto con El Padrino, Casablanca, Apocalypse Now o 2001, una odisea en el Espacio entre otros. Conforme se iba bajando en los renglones de la nómina la elección no era tan unánime y aparecían títulos en los que no todos estaban de acuerdo.  

      Algunos sostenían que el único mérito del Último Tango en París para estar en la lista era la generosa provisión de desnudos de María Schneider. Otros criticaban la lentitud de las narraciones de los directores franceses y abogaban por la eliminación de la lista de todo film de ese origen. Y algunos se preguntaban el por que de la inclusión en la lista de la película "The Conqueror" con John Wayne considerada una de las peores de toda la década del 50. Quien apareció con la respuesta fue nuestro especialista en Entomología Paleontológica quien les recordó a los que lo habían olvidado e instruyó a los que nunca lo habían sabido sobre las trágicas cuestiones que se suscitaron en torno no tanto al rodaje sino a los acontecimientos posteriores a la filmación de "El Conquistador" y que son los que comenzaremos a contar a partir del próximo párrafo. Apúrense a comprar las palomitas del maíz que ya empieza la proyección. 

Genghis Khan
   Millonario, ingeniero autodidacta, piloto de aeronaves y productor y director de cine en sus ratos libres, Howard Robard Hughes decidió aprovechar la fama del actor John Wayne y sacarlo de su típico personaje de cowboy o soldado mudándolo al desierto de Mongolia. En 1956 filma The Conqueror (El Conquistador) una adaptación al estilo Hollywood de la biografía de Genghis Khan. La película, como decíamos más arriba, es un espanto. Pésimo guión, flojas actuaciones y escaso rigor histórico; no llegó a recaudar en las boleterías todo lo que se había invertido en hacerla. Claro que a Howard Hughes esto no le importaba en absoluto dado que según los registros fue él la primera persona en atesorar 1.000 millones de dólares. A su muerte, su herencia fue calculada en unos U$S 2.500 millones.

      Por lo antedicho el presupuesto no era problema para don Hughes, de modo que además de al citado Wayne, contrata a Susan Hayward, nominada en el 48, 50 y 53 al Oscar a la Mejor Actriz. Lo mismo hace con el actor mexicano Pedro Armendáriz cuyos rasgos típicamente latinos le abrieron la puerta de Hollywood para todo papel en el que se necesitara un actor no anglosajón. En este caso un mongol, aunque no se parezca en nada a uno. Otra joya del elenco fue Agnes Moorehead posteriormente recordada como Endora, la sarcástica madre de la protagonista de Hechizada, la serie de TV. Agnes había formado parte, entre otras, del reparto de El Ciudadano, película que, como dijimos, es puesta casi unánimemente a la cabeza de todas las listas de las mejores cintas de la historia.

     Sin embargo, Hughes elije como director al joven actor Dick Powel, con poca experiencia en la tarea (de hecho tenía un solo largometraje dirigido con anterioridad y luego de este se dedicó casi con exclusividad a dirigir para TV) con lo cual a pesar del elenco sale un film completamente olvidable. En los años 80 se publicó un libro llamado The Golden Turkey Award que compila las peores pelícluas de la historia del cine hasta ese momento. Si bien la ganadora es "Plan 9 del Espacio Sideral" de Ed Woods (que recomendamos fervientemente ver) nuestra "El Conquistador" se alza con el premio "Peor elección de reparto" debido a la decisión de que John Wayne tomara el papel de Genghis Khan. El papel que desempeñaba Susan Hayward, Bortai la esclava que enamora a Genghis Khan, registra el único caso de un miembro de los tártaros de cabello pelirojo. Pero dejemos por un rato la filmación y hablemos de algo que, aparentemente, no tiene nada que ver.

      El 6 de agosto de 1945 los Estados Unidos, en nombre de la Libertad y la Democracia, cocinan vivas a 246.000 personas con los bombardeos nucleares de Hiroshima y posteriormente de Nagasiaki. Nunca antes de eso y nunca después de eso, ningún país se animó a cometer una brutalidad por el estilo. Sin embargo, luego de la guerra y a pesar de haber logrado vaporizar unos 1,5 kilómetros cuadrados de ciudad con absoluta eficiencia y provocar daños hasta 60 kilómetros a la redonda del lugar de la explosión, los militares norteamericanos pretendieron que semejantes máquinas de matar podían aún "perfeccionarse". Para ello buscaron territorios desiertos donde poder detonar los nuevos y más poderosos ingenios nucleares sin afectar la vida animal, vegetal y mucho menos humana. El desierto de Nevada presenta un excelente paisaje a tales efectos. Al norte tiene el llamado "El desierto de la Gran Cuenca" y al sur el "Desierto de Mojave". Precisamente sobre este funciona el llamado Nevada Test Site, un campo de pruebas donde los científicos y militares norteamericanos hacían reventar bombas nucleares a sus anchas.

      Así lo hicieron entre 1951 y 1962 donde cesaron las explosiones al aire libre. Es que científicos de varios países llegaron a la conclusión de que las explosiones nucleares atmosféricas hacían precipitar a tierra un bonito número de sales radiactivas en forma de polvo. No había forma de saber cuan lejos podía llegar ese polvo, por lo tanto pretender que los efectos radiactivos de la explosión quedarían circunscritos a la zona del ensayo era cuanto menos ingenuo. De todos modos los muchachos siguieron despuntando el vicio pero ahora enterrando las bombas para evitar la dispersión de las mencionadas sales y continuaron haciendo ruido en Nevada hasta 1992. Usted se estará preguntando ¿Y este para que demonios me cuenta esto? Ya van a ver. Volvamos al cine.

      Los mongoles no solo viven en Mongolia sino que en su época de esplendor (el momento en que fueron gobernados por Genghis Khan, entre 1206 y 1227) ocupaban y dominaban una superficie de unos 35 millones de kilómetros abarcando desde la actual Corea en plena Asia hasta Hungría en plena Europa. Sus dominios incluían Afganistán, Armenia, Persia y China entre otros, por lo tanto un paisaje montañoso y semi desértico serviría para ilustrar la mayor parte de las escenas de nuestra película. Y aquí es en donde usted cree entender el porque de nuestra mención al estado de Nevada sospechando que allí fue filmada la película.

    Lamento desilusionarlo parcialmente. Los exteriores de El Conquistador fueron rodados en Utah, Pero el límite oeste del estado de Utah es casualmente Nevada. Los actores y técnicos fueron tranquilizados bajo la justificación de que estaban lo suficientemente lejos del campo de pruebas como para que la radiación no los alcanzase. Unos 200 kilómetros. En la fotografía pueden ver a John Wayne operando un contador Geiger a fin de medir el nivel de radiación del ambiente. Algunas de las escenas que simulaban haber sido rodadas al aire libre fueron en realidad filmadas dentro es un estudio cercano por necesidades de iluminación u otros efectos. Los productores dispusieron, entonces, mover unas 60 toneladas de tierra hacia el estudio para cubrir el piso con ella. Si el suelo estaba contaminado por sales radiactivas no sólo serían afectados afuera sino también dentro del estudio.

Pedro Armendáriz
      Siete años después de la realización de la película el director Dick Powell murió a causa de un linfoma, es decir de un cáncer en los ganglios linfáticos. Todo el elenco protagónico (a excepción de Pedro Armendáriz) murió de cáncer. En el caso de Armendáriz, este se pegó un tiro al enterarse que era victima de un estadío terminal de....cáncer renal. En suma: de 220 personas que participaron en la filmación de la película (actores, técnicos, extras y demás) se sabe con certeza que 91 de ellos murieron de una u otra forma de esta enfermedad. Pero las estimaciones alcanzan a unas 150. Para la época en la que se produjeron las muertes no existían aún métodos que permitieran determinar indudablemente la relación entre la contaminación causada por la exposición a polvos radiactivos y las muertes por cáncer entre los miembros del elenco y personal técnico de la película.


Howard Hughes
      Al tiempo corrió la voz y comenzó a hablarse de la relación entre la película y las muertes. Creció el rumor de que el millonario productor Hughes había comprado todas las copias a fin de que nadie más la viera (unos 12 millones de dólares. Un vuelto para él) de tan avergonzado que estaba. La "demostración" que esgrimían los defensores de la hipótesis de censura por parte de Howard Hughes era que la película no había sido vista desde su salida de cartel y para este entonces habían pasado ya unos 20 años de su estreno. Nada de eso era cierto. La película nunca se había repuesto sencillamente porque era mala. Finalmente en 1974 fue comprada por un canal de televisión junto con otras películas de la RKO, la productora que la lanzó oportunamente y desde ahí repetida innumerables veces. Se comenta que sobre el final de su vida, completamente desquiciado, una de las películas que veía con obsesiva insistencia Hughes era "El Conquistador".

      Muchos libros se han escrito sobre la vida del caudillo mongol. Algunos novelados, otros apelando al rigor histórico tradicional de las biografías. Ciertamente si lo que quieren ustedes es aprender sobre la vida de Genghis Khan la película "El Conquistador" no es la mejor fuente en la que pueden abrevar. Ahora si el morbo les impulsa a ver como un grupo de actores y técnicos se pasean frente a cámara mientras van muriendo sin darse cuenta, esta es su mejor opción.




      Y ahora los dejo. Esta noche en el gran salón de Roble del Blog proyectan una película que supongo, trata de la faringe de un cantante de ópera o la vida de algún tenor famoso. Garganta profunda se llama.

Que anden bien.