domingo, 20 de enero de 2013

Soooomos los piraaatas.....

     

        Hay que reconocerlo, los tipos manejan su negocio a la perfección. Han hecho que uno sienta pena y hasta llore por un extraterrestre panzón y deforme, con dedos luminosos y cara de tortuga. Se ponga contento cuando un dinosaurio cacha del cogote a un pobre cristiano (en verdad era bastante odioso, pero deberíamos estar del lado del humano. ¿No?) en pleno ejercicio de sus deposiciones fisiológicas. Nos parezca adorable un gorila gigantesco enamorado contra natura de una fémina humana o nos terminen pareciendo simpáticos unos sanguinarios mafiosos ítalo - norteamericanos. En función del espectáculo, Hollywood ha deformado, falseado y re interpretado casi cualquier acontecimiento, biografía o época histórica. Para ejemplos locales, tanto en la ópera como en la película, Eva Perón está acompañada de alguien que figura como el Che, cuando entre ellos no se conocieron y la misma Eva renuncia a la postulación a la vicepresidencia desde un balcón distinto al que lo hizo en realidad, sólo porque quedaba mejor la Casa Rosada que el Ministerio de Obras Públicas.

        Desde que se puso en funcionamiento la maquina de producir espectáculo los tipos descubrieron rápidamente que era lo que más atraía. Y desde la antigua Roma para acá, por mucho que nos esforcemos en parecer mejores, la violencia y el sexo ocupan los primeros dos lugares, seguidos de muy lejos por la ternura, el amor y la rectitud. Es que sin el lobo, el cuento de Caperucita no le llama la atención ni a un niño de 3 años y hasta las películas más moralmente edificantes tienen un crucificado y tanto mejor cuanto mas explícita y sangrienta sea la escena en cuestión.

           Allá por los años 20 del siglo pasado la cosa se les estaba yendo de las manos. Muchos productores habían descubierto que la antigüedad clásica les daba, además de argumentos ya escritos, muy buenos pretextos para mostrar danzas sensuales, cortesanas ligeras de ropa y luchadores forzudos para la platea femenina. A fin de ponerle límites a lo que se exhibía en pantalla un senador republicano (cuando no) redactó un código que pasó a la historia con su apellido. El Código Hays. El código lo prohibía casi todo. Los triángulos amorosos, los desnudos, la violencia explícita, los insultos y demás. Si se cometía algún delito en la trama de la película (o un adulterio) éste tenía que ser debidamente castigado y no podía quedar como un hecho simpático. Hasta las heridas estaban prohibidas, y cualquiera de nosotros puede recordar películas de pistoleros en blanco y negro en las cuales las víctimas caían al suelo luego de un disparo inexplicablemente carecientes de sangre alguna en sus ropas. A pesar de lo estricto del código un único género cinematográfico  atravesó toda la vigencia del Código Hays (duró hasta 1967) sin sufrir mayores sobresaltos. Las películas de piratas. 

            Es que los piratas del cine son seres simpáticos, glamorosos, románticos, caballerosos, valientes y hasta se diría que virtuosos. Desde 1921, se están filmando películas que los tienen como protagonistas pero la que abrió el fuego al género fue "Capitain Blood" en 1924. De allí en adelante hasta Disney ha rodado una serie de películas que los tienen como protagonistas y en la actualidad, un par de dibujos animados destinados a la más tierna infancia tienen como tema las aventuras de estos marinos. La misma Disney, que ha logrado que una rata nos caiga simpática nos impuso un Jack Sparrow, pirata que, de comportarse como un verdadero representante de su profesión, trataríamos de mantener lo más alejado posible de nuestros hijos. Sin embargo los llevamos al cine gustosos y no sentimos ningún arrepentimiento en que nuestra prole sea engañada inocentemente dado que la verdad es que los piratas ( y otros sub géneros del oficio) eran criminales despiadados y sangrientos, auténticos delincuentes de las aguas y sádicos sin misericordia alguna. 

            Vamos a ver:

            El origen del nombre tiene 2 explicaciones posibles. O bien viene del griego Peirates (algo así como buscar fortuna dedicándose a la aventura) o bien viene del también griego Pyros (fuego) en alusión al método que estos simpáticos muchachos utilizaban para no dejar rastros de sus tropelías, incendiando los despojos del barco atacado. Lo cierto es que nuestros amigos eran básicamente ladrones, chorros, cacos, rateros, chorizos, atracadores o cualquier otro sinónimo que gusten ponerle. Y no tenían ningún tipo de miramientos en matar a todo el que se le pusiese delante, a excepción claro, de aquellas personas por las que pudieran pedir un rescate. (agreguen secuestradores a la lista). De hecho, originalmente la bandera era roja (probablemente en alusión a la sangre) o bien negra. Los agregados de calaveras, huesos o espadas servían para infundir terror de sólo vislumbrar uno de sus barcos cerca. Existía hasta no hace demasiado tiempo una suerte de conducta caballeresca aún en medio de guerras declaradas. Se cuenta en los partes de guerra de Manuel Belgrano que, antes de la batalla de Salta, don Manuel hizo celebrar misa y el ejército realista aguardó respetuosamente que esta concluyera antes de dar inicio a la contienda. En diciembre de 1914, en plena Primera Guerra Mundial, los combates se suspendieron en navidad, a pesar de lo cruel de las batallas. En cambio, nuestros simpáticos émulos de Capitain Blood utilizaban esa bandera a modo de advertencia de : "No doy ni pido cuartel". Esto viene a ser una especie de "Pido gancho" en el que alguno de los dos contendientes puede rendirse de manera de evitar seguir teniendo bajas o destrozos en caso en que note que esta siendo indefectiblemente derrotado. Los piratas no aceptaban ningún tipo de rendición del enemigo ni la propia. Peleaban hasta el final, vencedores o derrotados. 

           Las películas los muestran en barcos armados con cañones. Cuando todos los barcos de guerra los utilizaban para provocar roturas en el casco enemigo, los piratas los apuntaban a los mástiles. Lo que buscaban era que el barco atacado no pudiera escapar pero evitando que se fuera a pique. Como ladrones que eran, lo último que les interesaba era perder la carga del barco asaltado en el fondo del mar. De modo que las armas más utilizadas eran las blancas. Puñales, espadas, ganchos, hachas de abordaje y demás linduras eran los implementos preferidos de nuestros amables amigos para sus asaltos. Como dentro de los códigos internos se imponía la prohibición de tener mujeres o niños a bordo, en el caso de que algún desdichado perteneciente a alguna de estas dos categorías tuviera la mala fortuna de viajar en un barco atacado por piratas, estos probaban en carne (y cuello) propia lo afilado de los puñales de nuestros caballerosos marinos a no ser que la fortuna estuviera de sus lados y el barco se encontrara cerca de algún puerto hospitalario, caso en el cual eran vendidos como esclavos. Una joyita.

          La imagen de la Isla del Tesoro tiene algo de realidad y algo de mito. Los barcos de madera necesitan  un importante mantenimiento para prolongar lo más posible su vida útil. Periódicamente hay que eliminar incrustaciones calcáreas y moluscos varios que se adhieren a la base del casco y le restan velocidad y además debe mantenérselo libre de entradas de agua, mediante un procedimiento llamado calafateado, para que en lo posible siga flotando. Estos trabajos llevaban bastante tiempo y no se los podía realizar en mar abierto. Debían buscar algún lugar aislado de las rutas comerciales (si los encontraban les daban el mismo tratamiento que ellos a sus víctimas) y las islas desiertas y alejadas de la mano de Dios eran ideales para estos fines.

         Otra imagen que era mitad cierta, mitad mito es la del pirata vestido de encajes y perfectamente rasurado tipo Errol Flynn. Es verdad que algunos, muy contados, hacían de su aspecto personal un culto como Jack Rackham llamado Calicó Jack por su pasión por vestirse de pies a cabeza con ropa confeccionada con una tela de algodón estampada llamada "calicó" carísima en su época. La verdad es que la vida a bordo hacía imposible que el aseo personal se pareciera ni un poco a lo que se ve en los films. Por otra parte las constantes batallas los dejaban sin un ojo, una mano o una pierna, con cicatrices y discapacidades. La mayoría sufría de escorbuto, una enfermedad causada por la falta de vitamina C debida al escaso consumo de vegetales frescos. Por otra parte la costumbre de gastar parte de los botines obtenidos en los prostíbulos del puerto más cercano los hacían presa fácil de múltiples enfermedades venéreas. Así el famoso Francis Drake murió a los 53 años de disentería. Baba Aruj, conocido como Barbarroja murió en batalla a los 45. Henry Morgan (el famoso pirata Morgan) murió de vaya uno a saber que en Jamaica a los 53. Francoise L`Olonnais, el más ilustre de los franceses no vivió más allá de sus 41 terminando como almuerzo de los indios antropófagos de la tribu Kuna, cercana al lago Nicaragua.

             La última aclaración. Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros eran básicamente la misma escoria. El pirata era libre, robaba para sí, no tenía ningún tipo de protección. Si lo agarraban, comúnmente lo colgaban en la plaza pública a modo de escarmiento. El corsario, en cambio obtenía un documento de parte de un gobierno (mayormente en inglés. ¿Quién otro sino?) lo que le otorgaba protección en los puertos bajo el dominio del gobierno que le había otorgado la llamada "Patente de Corso" y de ahí el nombre. Estaban obligados a entregar un porcentaje de los botines obtenidos a cambio de dicha protección. En idioma caribe, la parrilla donde se pone carne para ahumar lleva por nombre "bucán". Muchos bucaneros (que eran los que preparaban y vendían la carne ahumada a las tripulaciones de los barcos, inclusive a los piratas) aprovechaban la cercanía con los piratas y decidían, digamos, ampliar el negocio. Para cerrar, los filibusteros  operaban sólo en el caribe y no solían salir a mar abierto sino que su principal objetivo eran las localidades costeras. Aparentemente su nombre proviene de la deformación del término Fly-boat que denominaba al tipo de embarcación que acostumbraban a utilizar. 

            En resumidas cuentas, si un niño pidiera como regalo de cumpleaños el kit de asaltante de bancos o una foto autografiada del Gordo Valor, lo llevaríamos al psicólogo alarmados y sin embargo posaremos nuestras asentaderas mansamente en la butaca del cine a ver Piratas del Caribe XVII mientras a Johnny Depp le dé el cuero.