domingo, 6 de enero de 2013

No, no está mal escrito. Dije Kircher

        Uno, que trabaja en una oficina, en un comercio, en una escuela, que su aventura más arrojada fue escalar un médano en Mar de Ajó, y que aspira como todo reconocimiento ajeno, a una pequeña dosis de cariño por parte de el escaso centenar de personas a las que conoce, no puede menos que maravillarse de las vidas exitantes que tuvieron algunos hombres y mujeres que nos antecedieron. Es conciente tambien que ya no quedan Marco Polos, que la China la visita vía aérea cualquier imbecil con el dinero suficiente y que los desafíos de nuevos descubrimientos en cualquier campo están reservados a profesionales pertenecientes a una selecta elite en áreas científicas muy delimitadas.
        Pero hubo tipos, que con mentes abiertas, hace algunos cientos de años, tuvieron la oportunidad de meter las patas en innumerables sectores del conocimiento en los que faltaban respuestas. Lo tenemos por ahí al genial Leonardo Da Vinci, inventor de enorme cantidad de aparatos (la mayoría de ellos para nada funcionales) , anatomista, genial artista, arquitecto, botánico, pintor y escultor. El enorme Isaac Newton (este sí que la tenía clara) co-descubridor del cálculo diferencial, pionero de la óptica, la dinámica, la física de fluidos y démas. En cambio hubo algunos otros que lo intentaron sin llegar a la popularidad general, sin ser visitados por miles en sus tumbas de Saint Hubert o la abadía de Westminster. Ya supongo que imaginan que, esta vez vamos a hablar de un genio no demasiado conocido. Si apostaron a ello, ganaron. En los próximos párrafos les voy a presentar a un personaje delicioso, digno de Bombilla Tapada. El padre Athanasius Kircher.
       Por esas inexactitudes a las que nos tiene acostumbrado la antigüedad, no está bien claro si Athanasius nació en 1601 o 1602. Poco importa, en esas épocas, a nivel científico, todo estaba por hacerse y don Kircher no dejó hueco donde meter la naríz. A instancias de su padre se ordenó sacerdote Jesuita y ya salió del seminario de Paderborn sabiendo griego y hebreo, además del obligatorio latín y obviamente su alemán natal. A lo largo de su vida acumuló conocimientos de 11 lenguas diferentes, entre ellas el copto egipcio sobre el que volveremos más adelante. Allá por 1635 se mudó a Roma y desde ahí estableció su base de operaciones. Ante la noticia de que en Palermo habían aparecido enterrados unos huesos que parecían de elefantes pero eran algo distintos (mamuts) se mudó ahí y los estudió.  De paso y ya que estaba, como hacía poco el volcán Vesubio había hecho erupción, se le ocurrió ir a dar un vistazo. No contento con el vistazo, se descolgó, soga mediante, dentro del cráter del volcán y lo estudió, dibujó y midió y al salir se escribió un libro sobre el tema: "Mundus Subterraneos" que es considerado como el primer tratado de geología que se ha escrito.
        Por ese entonces, una diversión aristocrática eran las "linternas mágicas". Una especie de proyectores, que a falta de fotografía o cine, desplegaban imágenes ampliadas de dibujos realizados sobre una placa de cristal. El efecto cámara oscura era ya conocido desde hacía mucho tiempo, pero el padre Kircher lo perfeccionó. Para no ser menos que con el caso de los volcanes, fué y se escribió otro tratado: "Ars Magna Lucis et Umbrae" sobre el tema.
       Su obra escrita abarca 44 volúmenes, todos ellos ilustrados. Para que tengan idea, Athanasius escribió sobre China, con mapas incuidos, sin haber estado nunca allí. Supuso que la peste era causada por un microorganismo (todo un avanzado, puntualmente en una época en que nacía el microscopio pero eran apenas una lupa con un poco más de aumento) y propuso medidas profilácticas realmente efectivas como quemar las ropas de los infectados o que los visitantes y parientes sanos utilizaran mascarillas protectoras en presencia de un enfermo.
        También incursionó en el campo de la música. Construyendo instrumentos musicales, inventando un sistema automático para la composición musical (algún día voy a hacer un post completo al respecto) y siendo el pionero de la moderna musicoterapia cuando proponía cierto baile particular para ser realizado acompañado de la música adecuada ante la picadura de tarántulas (de más está agregar que la música sugerida no era otra que la Tarantella, de la que proviene su nombre). Para no dejar dudas, papel y pluma en mano, se escribió otro tratado sobre el tema: "Magnes sive de arte magnetica".
       Contemporaneo de Blas Pascal, inventó tambien una máquina de cálculo. La de Pascal funcionaba (de hecho pudo vender unas 50 y no porque fueran malas sino porque eran caras) pero sólamente sumaba y restaba. Kircher creó una a decir de su inventor que era capáz de resolver casi cualquier problema matemático. La gran dificultad para aprender a manejar el intrincado sistema de correas, engranajes y poleas es que su manual de uso (escrito obviamente por Athanasius) constaba de unas 850 páginas. Si bien la máquina no prosperó, el padre Kircher se lleva el honor de haber publicado el primer manual de usuario de que se tenga noticias.
       Como todo genio inventor, también creó una máquina de movimiento perpetuo que, como era de esperar, no funcionó. Ideó, entre otras cosas, una máquina de escribir, órganos musicales ejecutados mediante autómatas (no se conocía la palabra robot) que a su vez funcionaban con agua, creó un reloj (por llamarlo de algún modo) que combinaba imanes y girasoles (aprovechando el cambio de orientación del vegetal en función del transcurso del dia). En otro de sus tratados, con mapas incluidos, ubicó la mítica Atlántida. Se mandó tratados sobre el Arca de Noé y la Torre de Babel, llegando a calcular, en este último caso, las posibilidades de construir semejante torre, tal que fuera posible ascender mediante ella a la Luna. Las conclusiones del padre Kircher acerca de tal posibilidad la desestiman, pero no por las razones que uno podría aducir hoy. Athanasius llegó a la deducción de que, habiendo calculado la masa necesaria de material para construir una torre de 178.000 millas en 3 millones de toneladas, tal movimiento de materiales provocaría un desequilibrio tal a la Tierra que la sacaría del "centro del universo". Mejor no construyamos nada.
      Como les conté mas arriba, Athanasius conocía la lengua copta. Este idioma era usado por los cristianos que vivían en Egipto. Envalentonado y pensando que el copto era un buen intermediario entre los jeroglíficos y las lenguas actuales se propuso descifrar uno de los mayores misterios de la época. Tomó las inscripciones de uno de los obeliscos egipcios, y copto mediante, tradujo lo que allí decía. Un par de siglos más adelante, la famosa Piedra de Rosetta (una placa que contenía el mismo texto escrito en jeroglíficos, griego y demótico) facilitó la traducción y desciframiento definitivo de la escritura jeroglífica. No obstante ello, don Athanasius escribió el Prodomus Coptus sive Aegyptiacus, siete años despues el Lingua Aegyptiaca restituta y finalmente 12 años más tarde el Oedipus Aegyptiacus. A la luz de las comparaciones entre las traducciones de Kircher y de Champolion (quien definitivamente tuvo a su cargo descifrar la piedra de Rosetta) se produce un hecho muy curioso. Kircher no pego ni uno solo de los jeroglíficos. Ni siquiera uno sólo de los jeroglíficos "traducidos" por Kircher, se corresponde con su verdadero significado. Todo un logro.
      Athanasius Kircher murió a los 78 años en Roma habiendo escrito como dijimos 44 libros, que abarcan 158 tomos, para quien pretenda tener la biblioteca completa, pasando por los más variadísimos temas. Óptica, magnetismo, linguística, geografía, esoterísmo, geología, matemáticas, geometría, música, fisiología y más. Mucho de erudito, bastante de genio y una gran dosis de loco. Razones suficientes para honrar con su presencia el presente post de Bombilla Tapada.
Buenas tardes.