domingo, 31 de agosto de 2014

La torpeza, repetida se transforma en mi estilo - Federico Manuel Peralta Ramos

La historia de hoy arranca lejos, pero termina cerca.

      Un tipo, comerciante de Buenos Aires, nacido en 1814 prospera al amparo de la guerra civil entre Unitarios y Federales vendiéndole uniformes a las tropas de Rosas. Cuando finalmente el bando de Urquiza triunfa, se encuentra con que no hay nadie que le pague lo adeudado desde el gobierno central. Por lo tanto, con esposa y 2 hijos decide vender todo lo que tiene aquí en la ciudad y probar suerte en el medio rural. Compra unas estancias en la zona llamada "Laguna de los Padres" e intenta mejorar el funcionamiento de un saladero de carne en las cercanías de Balcarce. El éxito no lo acompaña por lo que decide avanzar hacia el mar y con el permiso del Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, un tal Nicolás Avellaneda, lotea unos terrenos cercanos al mar y funda la ciudad de Mar del Plata. Con la venta de los terrenos en esos inhóspitos parajes comienza una fructífera carrera inmobiliaria que aún hoy continúan con éxito sus descendientes. El nombre del protagonista de este párrafo era Patricio Peralta Ramos, quien falleció en 1887. Un bosque que se conserva en las afueras de Mar del Plata, lleva su nombre. Pero más allá de tratar de él en las líneas de aquí arriba, Bombilla Tapada hoy descubrirá para aquellos que no lo conocieron la apasionante y corta vida y obra de uno de sus descendientes, el artista plástico Federico Manuel Peralta Ramos.

      Tataranieto de Don Patricio nació en la ciudad fundada por su antecesor el 29 de enero de 1939. Por mandato familiar lo mandaron a estudiar arquitectura carrera que no terminó. De todos modos y a instancias de su padre (Federico a secas) formó parte de la nómina de empleados del SEPRA prestigioso estudio de arquitectura de Buenos Aires aunque nunca aportó casi nada de su trabajo. Su padre lo mantuvo con rango y sueldo de "albañil" aunque nunca pegó ni un sólo par de ladrillos. Cuando alguien con ánimo de ofenderlo lo llamaba "mantenido" su respuesta era: - No te permito, che! Yo trabajo de hijo!

       Lo que Federico Manuel realmente disfrutaba era la bohemia de los años 60 y se acercó al mítico Instituto Di Tella, cuna de todos los artistas de vanguardia. De allí saltaron a la fama pintores como Antonio Berni, músicos como Nacha Guevara, geniales humoristas como Les Luthiers o actores como Hugo Midón. La mayoría de los plásticos del movimiento que dominaba la línea del Di Tella de esos años tenía por objeto romper la estructura estática del arte plástico hasta ese tiempo. Sus obras eran en 3 dimensiones, o se modificaban con el paso del tiempo u ocupaban lugares enormes. 



       Ganó el Premio Nacional del instituto en 1965 con la presentación de un huevo gigante que llevaba por título "Nosotros Afuera". La obra estaba construida en madera, metal y yeso y no estuvo lista hasta unos minutos antes de que comenzara la exhibición. Bueno, lista es un modo de decir, puesto que a minutos de comenzar la exposición el huevo comenzó a temblar mostrando claramente que pesaba demasiado para su estructura interna. La cubierta de yeso se quebró y comenzaron a caer pedazos de la cáscara exterior. Federico Manuel no se quedó cruzado de brazos y terminó de destrozar su obra de arte a martillazos frente al público.

       La siguiente idea grandiosa de Peralta Ramos fue la de incluir en su próxima exhibición, a modo de obra, un toro Gran Campeón de la Rural, un automóvil de Fórmula 3, un caballo pura sangre de carrera y una montaña de dinero. Había conseguido todo menos el toro. Se presentó entonces en el remate final que se hace luego de que termina la tradicional muestra agropecuaria en el invierno de 1967. Pujó en la subasta levantando su mano ante cada nueva oferta a fin de superarla. La disputa por el toro cerró en un valor de $ 1.100.000 de la época. El único problema es que Federico no tenía ese millón de pesos. Es más ese día se volvió a su casa desde la Rural caminando dado que no contaba con dinero ni para pagarse el colectivo. 

      Federico Manuel había llegado demasiado lejos con sus locuras artísticas a ojos de su padre. Mitad para llamarlo al orden, mitad para zafar de tener que afrontar una demanda por no pagar el millón de pesos adeudado por el toro, don Federico padre adujo que su hijo estaba desequilibrado mentalmente y para sostener sus dichos lo internó en una clínica psiquiátrica. Luego de unos meses logró que le dieran el alta no sin antes organizar el Festival de Mate Cocido en el neuropsiquiátrico en el que participaban los internos. Durante el festival, Federico lucía sobre su ropa un papel recortado a mano y escrito con lápiz que decía "Federico Manuel Peralta Ramos / Organizador".

       En los Estados Unidos vivía un tipo llamado Salomon Guggenheim miembro de una adinerada familia dedicada a la minería en el hemisferio norte. Cuando Salomon se hizo con el dinero suficiente, abandonó sus negocios y se dedicó al mecenazgo de nuevos artistas. Creó la fundación que lleva su apellido e instauró una beca que también lo lleva. En 1968, el comité encargado de seleccionar al beneficiario del premio eligió a nuestro protagonista como nuevo merecedor de tal beca. En la actualidad el valor de la donación que la fundación hace al artista premiado es de unos U$S 35.000 (en ese entonces eran unos U$S 3.000)

       Con el dinero, Federico invita a todos sus amigos (25) a una fastuosa cena en el Hotel Alvear de Buenos Aires, luego de lo cual la fiesta sigue en los boliches bailables de moda en la época (llamados boites, para ese entonces) con el excedente compra tres cuadros. Uno para su padre, uno para su madre y otro para él. Indignados los representantes de la Fundación Guggenheim le envían una carta solicitando explicaciones y, en caso de que no fueran satisfactorias, la devolución del dinero.

Original manuscrito de la carta de Federico a la fundación
       Federico Manuel responde, también vía postal del siguiente modo: "Una organización de un país que ha llegado a la Luna, que tenga la limitación de no comprender y valorizar la invención y la gran creación que ha sido la forma en que yo gasté el dinero de la beca, me sumerge en un mundo de desconcierto y asombro. Devolver los tres mil dólares que Uds. me piden sería no creer en mi actitud, por lo tanto he decidido no devolverlos" y agregó "Leonardo pintó la Última Cena, yo la dí".



       La Galería Witcomb lo invita a exponer y prepara un cuadro de gigantescas dimensiones. Como era de esperarse no había modo de pasarlo por la puerta de un local comercial. La solución encontrada por Federico tuvo forma de serrucho. Cortó en dos el cuadro y lo expuso en dos mitades apoyado en el piso en lugar de colgado como es habitual.

Mandamientos de la Religión Gánica
       Para fines de los años 60 Federico Manuel Peralta Ramos había postulado una nueva religión a la que adscribía e invitaba a unirse a todos sus conocidos que era la "Religión Gánica". Su primer mandamiento (la lista sumaba 23) era: "Ser Gánico" es decir, hacer lo que uno tenga ganas. El tercer mandamiento sugiere "Dejar a Dios tranquilo". El cuarto y el quinto se contradicen entre si: "Perder tiempo" postula el cuarto y "No perder tiempo", el quinto. El sexto sugiere que hay que regalar el dinero. El décimo primero "Tratar de divertirse todo el tiempo" a la vez que el décimo sexto ordena "Jugar con todo". El vigésimo segundo sostiene "No mandar" y el último, quizá el menos posible de cumplir contiene únicamente la palabra "Flotar". El original de Peralta Ramos que figura como imagen aquí al lado finaliza con la sugerencia "Clavar esto con una chinche en la pared".

       Incursionó luego en el mundo de la música grabando un inconseguible disco simple que de un lado tenía grabado el tema: "Soy un pedazo de atmósfera" y del otro "Tengo un algo adentro que se llama coso". Se grabaron solo 1.300 copias y hoy por hoy es dificilísimo de conseguir. Para ese entonces su fama excedía el mundo del arte y de la mano del cómico Tato Bores llegó a la televisión. Incursionaba en medio de los monólogos políticos del actor interrumpiendo con recitados de sus poemas. Algunas cosas de sus últimas épocas pueden verse vía Youtube. 

       Hizo algunos personajes menores en el cine con lo que no dejó medio artístico por utilizar. Podía vérselo tomando un café en Galería del Este o en el Florida Garden entablando conversación con cualquiera que le propusiera dialogar. La muerte de sus padres, con pocos meses de diferencia entre uno y otro, fue un escollo que le costó superar. Y tanto le costó que el 30 de agosto de 1992, con jóvenes 53 años, Federico nos dejó. Sin dudas, el día que algún escultor decida hacer la estatua al Loco Lindo, seguramente estará obligado a tomar como modelo la figura y la cara de Peralta Ramos.

       Les dejo un par de frases de su autoría y un video de él mismo, recitando uno de sus poemas preferidos: La hora de los Magos.

"Creo que nunca hay que perder la niñez y la locura: el adulto que abandona la infancia abandona la creatividad. El enemigo de alguien creativo es la vanidad, enfermarse de pomposidad y solemnidad, convertirse en un tronco cristalizado. Es bárbaro fomentar eso, porque lo que le hace falta a la Argentina son creadores"

"Soy un artista plástico sin capacidad comercial y sin efectivo y con una incapacidad innata para ganarme la vida"

"Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir, canté sin saber cantar. La torpeza repetida se transforma en mi estilo"



  
Que anden bien