domingo, 7 de septiembre de 2014

Woolrich, Hitchcock, De Palma y Cerati. ¡Que delantera!

      Un desconocidísimo Cornell George Hopley-Woolrich es la persona que comienza esta interesante cadena que terminará en nuestro recientemente desaparecido Gustavo Ceratti. Es que a veces las historias son sorprendentemente intrincadas y son particularmente esas las que nos gustan más en Bombilla Tapada.

      Cornell había nacido en 1903 y estudió periodismo en la Universidad de Columbia. Además de su actividad profesional gustaba de escribir ficción y tan bien lo hacía que ganó un premio que le dio la oportunidad de vivir un tiempo prolongado en París. De ese período provienen sus tres primeras novelas. Tuvo algún éxito por lo que a su regreso a los Estados Unidos, la Paramount Pictures lo contrata para adaptar guiones cinematográficos. En ese medio conoce a la hija de un productor de películas mudas y se casa con ella. La boda ocurre en 1933, su esposa se llamaba Gloria Blackton y el matrimonio duró un par de semanas. Es que Woolrich era completamente homosexual, y solo se había casado para guardar las formas que la sociedad de la época exigía. Su mujer lo comenzó a sospechar de inmediato, luego de casarse y el hallazgo por parte de ella del diario íntimo de su marido terminó de confirmar que esa unión no iba a durar mucho.

      La Gran Depresión del 30 estaba haciendo ya estragos en la economía mundial y particularmente en la Norteamericana. Cornell deja las novelas medulosas de sus primeros tiempos y comienza a escribir policiales, literariamente menos valiosos pero comercialmente más rentables. Y escribe muchísimas novelas y cuentos policiales negros. Lo hace bajo varios seudónimos como William Irish o George Hopley además de con su nombre real. Su vida personal era desastrosa. Comenzó a beber, se recluyó en un hotel donde vivió durante 11 años. Enfermó de ictericia. Perdió una pierna a causa de una gangrena y murió en solitario en 1968. A los efectos de esta nota nos interesa saber que en 1942 escribe una novela llamada "It had to be murder". Dejemos descansar en paz a Cornell Hopley-Woolrich.

    Un año antes de que terminara el siglo XIX nacía en Leytonstone, Inglaterra el segundo protagonista que nos acercará un poco más a nuestro destino final. A sus 16 años falleció su padre por lo que debió dejar sus estudios y ponerse a trabajar para mantener a la familia. Comenzó como empleado de la compañía Henley de telégrafos y como trabajo ocasional caligrafiaba los cartones con diálogos y aclaraciones que se incluían en las películas mudas. De ese modo se acercó al cine y lentamente se convirtió en el mejor director de cine británico de la historia.




    Lógicamente hablamos de Alfred Joseph Hitchcock. Se especializó principalmente en la realización de películas de suspenso. Sus films se caracterizan por sus repentinos giros de la trama, trozos del argumento que sirven solo para distraer la atención de modo que el final sea sorprendente y una simpática particularidad: le gustaba aparecer en sus películas de modo casi oculto. Aparecía como un vecino que vacía un tacho de basura de fondo en una escena callejera, o como pasajero de un transporte público donde viaja uno de los protagonistas o como un invitado más de una fiesta numerosa. Sin dudas, su película más famosa es Psicosis, la que contiene una de las escenas más recreadas de la historia: el asesinato de Janet Leigh en la ducha y que fue continuada, recreada y repetida siempre de forma peor que la original.

      Buscando literatura en la que basar sus guiones dio con la novela "It had to be murder" de Cornell Hopley-Woolrich. La historia: un fotógrafo sufre un accidente y debe tener su pierna enyesada por un tiempo prolongado por lo cual se ve obligado a permanecer encerrado en su departamento sentado en una silla de ruedas. Aburrido comienza a espiar desde su ventana los movimientos de los vecinos. En algún momento cree descubrir que su vecino ha asesinado a su esposa. Si la vieron sabrán como sigue. Si no la han visto no voy a estropearles la trama. Hitchcock la bautizó como "La ventana indiscreta"




      Otra de sus películas famosas se llamó "Vértigo". En esta, un detective que sufre de acrofobia (lo que comúnmente se llama vértigo) trata de solucionar un caso encargado por un amigo. Debe seguir a su esposa (la del amigo) a pedido de éste. Sin quererlo se enamora de ella. La mujer de su amigo se empeña en subirse a toda edificación alta de San Francisco, ciudad en la que transcurre la película, para pánico de James Stewart, protagonista de la misma. La señorita en cuestión finalmente se mata. El detective conoce luego a otra mujer de asombroso parecido con la occisa. Y de eso va la película, otra vez no nos interesa develar detalles a aquellos que no la vieron pero sepan que don Stewart se hace una ensalada de personalidades entre la muerta y su nueva amiga, ambas protagonizadas por Kim Novak. Hichcock se murió el 29 de abril de 1980 y vamos a dejarlo también descansar en paz por ahora.

      Un par de años antes de que Cornell escribiera "It had to de murder" nacía un tal Brian Rusell De Palma. Quizá el cine nos arrebató un brillante físico, que es lo que estudiaba en un principio Brian, pero ya con Los Intocables o Scarface podemos coincidir en que la física puede esperar. Uno de los directores que despertó su interés por el Séptimo Arte fue, casualmente Alfred Hitchcock y entre película de mafiosos y película de mafiosos dirigió un thriller que homenajea al director británico.






     Se trató de "Doble de Cuerpo" una película de 1984 donde el protagonista sufre de claustrofobia (como el de Vértigo sufría acrofobia), donde el detonante de la acción es la conducta voyeur del protagonista, espiando a una joven Melanie Griffith a través de la ventana de su dormitorio (como en La ventana indiscreta). En la trama de la película, que otra vez no vamos a revelar, aparecen sustituciones de personalidad (como en Vértigo) haciendo de Doble de Cuerpo todo un homenaje al cine de Hitchcock. Brian De Palma vive aún, tiene 73 años, y también vamos a dejarlo descansar, no en paz pero sin molestarlo por un rato.



A estas alturas se preguntarán: ¿A donde va este desquiciado con todo esto? Calma, amigos, ya estamos llegando.

      La retirada en franca derrota de la dictadura militar en el 83 le terminó de abrir la puerta al rock nacional que ya estaba filtrándose por las hendiduras abiertas durante la Guerra de Malvinas del 82. El aire fresco llegaba a las radios y los penosos temas de Rafaela Carrá o Village People eran reemplazados lentamente por Luis Alberto Spinetta, Charly García o Virus. Podía escucharse entonces, en Radio del Plata un programa llamado El Submarino Amarillo conducido por Tom Lupo en donde se difundían los temas del renaciente rock autóctono. A su vez, el diario Carín editaba una vez por semana un suplemento dedicado a los jóvenes llamado "Si", que aún sigue editándose, no así el programa de Lupo. Ambos medios, el programa de radio y el suplemento del diario organizaron un concurso de letras. Se invitaba a los lectores y oyentes de ambos a escribir una letra para un tema musical. El ganador lo recibiría a modo de premio musicalizado por Gustavo Cerati, guitarrista y líder del por ese entonces arrasador Soda Stereo. Eso era todo. El eventual vencedor podría mostrarle a sus amigos y parientes como sonaba su letra cantada y tocada por Gustavo grabada en un casette (aún no se habían inventado los CD´s grabables y los CD convencionales eran toda una curiosidad. De hecho, el único disco que se nombrará en esta nota fue la primera producción nacional que se editó en CD).

      Un artista plástico de nombre Jorge Antonio Daffunchio, sin relación con Germán Daffunchio el actual guitarrista de Las Pelotas, venía escuchando radio en su auto. Se detuvo en Del Plata porque le atrajo el tema que estaba sonando. Terminada la música anuncian la existencia del concurso y recuerda que, además de su vocación pictórica, hacía un tiempo había escrito algunos cuentos y poemas, a modo de prueba. Sin ser oyente habitual del programa ni fan de Soda decide mandar uno de los poemas, para probar suerte.

       De las más de 1.200 letras recibidas, Cerati recibió 10. De las 10 eligió una. Hablaba de un detective que espiaba a una mujer que se desvestía (Tus ropas caen lentamente/ Soy un espía, un espectador) . Era la letra de Daffunchio inspirada en la reciente película Doble de Cuerpo. Cerati y Daffunchio se encontraron. Gustavo le pidió que modificara algo ciertas partes duras de su poema haciéndolo algo más romántico. Finalmente el tema fue incluido en el disco Signos de 1986 bajo el nombre de "Persiana Americana" y se convirtió en uno de los temas emblema de Soda Stereo.



        Los meteorólogos hablan del "Efecto mariposa". Esencialmente dicen que los acontecimientos finales son suma de tantas variables infinitamente pequeñas que el aleteo de una mariposa en el Amazonas determina que termine lloviendo en Bruselas. Si Woolrich no hubiera escrito la novela, si Hichcock no la hubiera leído. Si De Palma hubiese seguido estudiando física. Si Daffunchio no hubiese escuchado la radio esa noche, quizá nunca hubiese existido Persiana Americana.

      De nueva York con Cornell Woolrich parando en todas las estaciones hasta Buenos Aires con Gustavo Cerati.

Que anden bien