domingo, 16 de noviembre de 2014

De Jacobo VI a Luca Prodan. La historia de Sawney Beane, luciendo todos primorosas polleras escocesas

(La escena en la Gran Sala de Reuniones de la Nave Oeste de la Sede Central de Bombilla Tapada. Paredes revestidas en roble. Mesa de Nogal. Tapices en las paredes. Alfombra color salmón de pared a pared. Un gatito de la suerte de plástico dorado saludando con su mano derecha sobre una de las mesas de servicio. Ingresan los Directores. Caminan sobre la moquette casi sin hacer ruido. Cada quien toma asiento en el sitio habitual.)

- A ver - abre el fuego el Director Supremo desde la cabecera de la mesa - ¿Que tenemos para el próximo domingo?
- La historia del cero - postula una voz desde la cuarta silla 
- La explicación de en que consisten las trayectorias de Hoffman para alcanzar cuerpos celestes con menos gasto de combustible - se entusiasmó una voz con claro acento árabe desde una de las sillas más lejanas.
- Los espejos en la literatura - plateó un señor pasado de kilos levantando su regordeta mano.
- La sangre siempre vende - apuntó con voz casi inaudible un caballero extremadamente delgado sentado casi al fondo del salón. Su corbata negra lisa era tan fina como sus bigotes - y más si la historia incluye incesto, canibalismo y a Luca Prodan - agregó con voz temblorosa
- ¿Existe tal historia? - se entusiasmo el Director Supremo
- Fíjese - extendió una carpeta de cartulina celeste grisáceo con signos de haber estado usada más de una vez hacia la cabecera de la mesa. Tenía escrito con birome el nombre "Sawney Beane" en su caratula  Pasando de mano en mano la carpeta llegó hasta el director quien la abrió y examinó sus primeras hojas mecanografiadas en máquina de escribir.

El Director Supremo extendió un dedo y presionó un botón en el intercomunicador que reposaba sobre la brillante mesa de nogal.
- Teresita - dijo - llame al Jefe del Departamento de Estudios Escoceses. Tenemos el tema para el próximo domingo...

Sawney Beane
     Alexander Beane nació en East Lothian, cerca de Edimburgo en algún momento del siglo XV. De su padre solo se conoce su ocupación: cavar zanjas y cortar setos y arbustos. Pretendió durante algún tiempo que su hijo, conocido como Sawney (que es la forma escocesa de llamar a los Sandy. Que es la forma inglesa cariñosa para llamar a los Alexander) siguiera sus pasos. Y durante algún tiempo lo logro. Pero luego abandonó, y cuando digo abandonó lo digo del todo. No solo dejó de cavar zanjas sino que abandonó la casa de su padre y nadie lo vio más durante muchos años. Veinticinco, para ser exactos. La cosa es que previamente Sawney andaba de novio, o algo así con una señorita llamada Agnes Douglas. Agnes no tenía buena fama y no es que se le conocieran vicios lujuriosos sino que lisa y llanamente estaba acusada de brujería. Cuestión que el matrimonio, o algo así, Beane - Douglas desapareció del mapa.

Costas de East Lothian
      Durante esos años de ausencia los caminos de East Lothian se habían vuelto peligrosamente inseguros. Muchos viajeros en ruta hacia a Edimburgo desde el sur habían desaparecido en sus cercanías sin que nadie más los volviera a ver. Las primeras sospechas cayeron sobre algunos posaderos cuyos comercios se encontraban al borde del camino. Varios de ellos fueron detenidos solo por el hecho de haber tenido contacto con algún viajero desaparecido. Algunos fueron torturados a fin de que confesaran un supuesto crimen. Unos pocos fueron quemados vivos por alguna evidencia eventual. Ninguno, ni aún ante la certeza de su próxima muerte por el fuego confesó haber tenido nada que ver con las desapariciones. Ante la eventualidad de ser detenidos y acusados, los restantes cerraron sus posadas. Los caminos de East Lothian quedaron desiertos. Los pocos viajeros que se aventuraban por esos caminos, además del natural miedo no encontraban donde pasar la noche o agenciarse algún alimento.

Jacobo VI
      Preocupado por semejante situación, el Rey Jacobo VI de Escocia envió espías fuertemente armados a la zona. Los que volvieron no pudieron averiguar nada. Los otros ni siquiera volvieron. Para peor recorrieron la zona sin hallar ni siquiera guaridas, escondites o casas donde los salteadores de caminos pudieran esconderse. Los guardias del rey estaban absolutamente desconcertados. Desaparecían viajeros solitarios, gente que viajaba en pareja, y hasta grupos de más de seis personas. 





      Un matrimonio joven, montado en un único caballo volvía de la feria del pueblo por el camino desierto. Fueron emboscados por un numeroso grupo de asaltantes. El hombre se defendió como pudo a espadazos hiriendo a unos cuantos delincuentes. Su esposa fue derribada e inmediatamente atacada por la pandilla. Para estupor del marido fue degollada y algunos de los asaltantes bebieron su sangre. Luego le abrieron el vientre y le sacaron las vísceras. El tipo, viendo que ya no podía hacer nada por su mujer y consciente de que si lo atrapaban correría la misma suerte, buscó la forma de escapar a semejante barbarie. Y lo logró.

     Volvió sobre sus pasos y encontró a otros viajeros que también habían estado en la feria del pueblo cercano. Les contó como pudo lo que le había sucedido a su mujer y se unieron a él poniendo rumbo hacia donde habían sido atacados. Eran cerca de 30 jinetes. Llegaron y solo encontraron el cadáver de la mujer horriblemente mutilado. Horrorizados, el grupo entero se puso en viaje hacia Glasgow, unos 70 kilómetros de ahí, llevando consigo el cuerpo sin vida de la mujer con el objeto de presentarse ante los magistrados reales.



      El Rey Jacobo VI en persona organizó una partida de 400 hombres y un importante número de sabuesos. Llegaron al lugar mediante las indicaciones del viudo reciente pero no encontraron nada. Revisaron el bosque cercano sin encontrar nada que pudiera utilizarse como guarida. Los perros señalaban una gruta cuya entrada daba al mar. Ingresaron y recorrieron unos metros pero alguien notó que con la creciente diaria la gruta habría de quedar bajo el agua por lo tanto la eliminaron de la lista de posibles escondites. Siguieron buscando durante cuatro días sin hallar nada, sin embargo los perros continuaban con canina tozudez señalando la gruta. Organizaron entonces, a pedido de los perros, un grupo de búsqueda equipado con antorchas y obviamente armas. Ingresaron a la cueva y notaron que los sabuesos, a medida que avanzaban, se ponían más y más excitados. Caminaron cerca de 200 metros en la oscuridad girando conforme las vueltas del pasillo de la gruta. Llegaron al final de un pasadizo angosto donde la cueva se abría en una gran sala y lo que vieron les heló la sangre. 

Gruta de Sawney Beane
      La cueva la habitaban unas 48 personas siendo los cabezas del grupo Sawney Beane y su mujer Agnes. Ocho hijos varones y seis hijas mujeres. Hasta aquí extraño pero nada más. El problema es que el grupo se completaba con 18 niños y 14 niñas nietas de la pareja original. De más está decir que los últimos no podían ser otra cosa que fruto de la relación incestuosa entre hermanos o algo aún peor. Además de la exótica familia los exploradores encontraron oro, joyas y otros bienes pertenecientes a los asaltados, que al fin de sus 25 años de correrías sumaban una cifra cercana a los 1000. Pero había aún más.

      Dentro de la caverna se encontraron miembros cercenados, brazos, manos y pies, puestos a secar como si jamones fueran. Los muchachos de la familia Beane no solo asaltaban, robaban y mataban a sus victimas sino que también se las comían. Los exploradores aducen que no encontraron restos de ningún otro tipo de alimento por lo que llegaron a la conclusión de que eran exclusivamente caníbales. 



      El rey Jacobo los hizo encadenar y sacar fuera de la cueva para conducirlos a Edimburgo. Además, la partida de expedición retiró de la cueva los pedazos de humano que encontraron y les dieron sepultura en la arena de la playa cercana. Una vez en la corte la justicia de la época no consideró necesario ningún tipo de juicio. Eran culpables y punto. Toda la familia fue trasladada a Leith, localidad que alberga al puerto de Edimburgo. Allí los varones adultos fueron desmembrados (les cortaron los brazos y las piernas) y dejados desangrar por lo que murieron al cabo de unas horas de agonía. Las mujeres y los niños en cambio, en un gesto enternecedor por parte del rey, solo fueron quemados vivos no sin antes presenciar la tortura a sus padres-hermanos. Ninguno de ellos se reconoció culpable de ningún crimen. Ninguno mostró arrepentimiento, Ninguno pidió clemencia.

- Pero, escuchemé - le preguntó el Director Supremo al sujeto del fino bigote - ¿Está seguro de que esta historia es cierta?

      Al no haber juicio formal, el sistema legal Escocés de la época no registra ningún dato sobre el tema. Pero más aún, durante todo ese siglo no hay ni un solo registro oficial que mencione a ningún Alexander Beane por ninguna parte. Los historiadores suponen que un hecho como este habría causado una conmoción social importante que debería verse reflejada en la incipiente prensa de la época o en algún diario personal  o correspondencia privada de algún noble de la corte. Pero nada




      Es más, la historia aparece en la prensa sensacionalista británica recién en el siglo XVIII y allí se la comenta con el lujo de detalles con que la exponemos hoy aquí. 

- Lo entiendo, pero - dijo el Director Supremo quitándose los lentes - ¿Por que va alguien a inventar una historia semejante sin un buen motivo? ¿O es que hay un motivo?

Anna I Stuart
      Jacobo VI era de la familia Stuart (Estuardo para nosotros) y su dinastía duró hasta que Ana I procedió a morirse sin dejar descendencia. Como dato extra y sin intentar desviar la atención sobre el tema principal, su matrimonio con Jorge de Dinamarca (El de Ana) le dio 19 hijos, ninguno de los cuales llegó a la adultez. Cuando Ana I Stuart murió la sucedió un pariente cercano (Jorge I) de la casa Hannover dando por terminado el ciclo Stuart. Los Estuardo eran de Escocia y tenían toda la intención de volver a reinar. Por lo tanto intentaron varias veces ocupar por la fuerza el trono de Gran Bretania. La casa Stuart contò con el apoyo, en primera instancia de Francia y luego de España; a ambos países les convenía que Inglaterra tuviera una conmoción interna y hasta una guerra civil por tanto no dudaron en apoyar a los Estuardo tanto moral, diplomática y militarmente. Por otra parte, una victoria Estuardo los dejaría con una deuda de gratitud que españoles y franceses sabrían cobrarse. Buena parte de los escoceses veía con buenos ojos el retorno de un hijo de su sangre al trono de la isla y apoyaron la reinstauración de los Estuardo como casa regente. Cualquiera que haya visto "Corazón Valiente" sabrá de la histórica inquina mutua entre británicos y escoceses

Batalla de Culloden
      Como la pretensión era entronizar a un descendiente de Jacobo, el movimiento es conocido como levantamiento jacobita. Más allá de algunas victorias parciales el levantamiento fue sofocado definitivamente en abril de 1746 en la batalla de Culloden. Como ocurre en todas las guerras cada bando trata de demonizar a su rival y en ese contexto es que aparece la poco documentada historia de Sawney Beane, escocés, incestuoso, asesino y caníbal. El ejemplo se contraponía con los respetuosos, ilustrados y civilizados británicos.

- Comprendo - dijo el Director Supremo dejando la carpeta sobre el escritorio - Ahora. ¿Que tiene que ver Luca Prodan en todo esto? ¿Por que insiste en incluirlo en el título de la nota?

Luca
      Uno de los regimientos escoceses leales a los Estuardo fueron los Highlanders de Argyl y Sutherland participantes de la batalla de Culloden y su grito de guerra era: Crua Chan. El genial Luca Prodan homenajea a esos hombres en el tema de Sumo que lleva ese nombre, de ahí que durante el desarrollo del mismo suenen gaitas (en realidad es la guitarra de Mollo con efectos). 




- Me convenció - se puso de pié el Director Supremo acomodándose el chaleco - se publica el domingo. Se levanta la sesión.

(como regalo de mi parte, va el video del tema subtitulado en español para que, aquellos que no lo sabían, sepan de que habla)




Que anden bien!